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Acerca de un viejo artículo sobre Francisco

“La necedad es alegría para el insensato” (Pr. 15, 21)

Adjunto seguidamente enlace al artículo “El extraño pontificado del Papa Francisco”, publicado el 13/03/2014, en cinco idiomas -castellano, inglés, francés, italiano y portugués-, en una nueva edición: https://gloria.tv/Miles%20-%20Christi. Como la historia de este artículo tal vez pueda interesar a alguien, brindo a continuación una sucinta cronología, acompañada de algunos comentarios.

Transcurría el año 2013 y yo aún vivía en Francia. Consternado por las incontables aberraciones perpetradas por Bergoglio desde su muy humilde instalación en la Casa Santa Marta como simple “Obispo de Roma”, me puse a recabar información al respecto durante el verano septentrional de ese año, que fui apuntando en un cuaderno. Terminada la investigación, a fines de agosto, compuse un artículo en francés que difundí el 13 de septiembre, en coincidencia con el sexto mes desde su elección. En enero de 2014 lo traduje al castellano, añadiéndole el sexto y último capítulo -“Otros dichos y hechos”-, y lo publiqué en varios blogs argentinos y españoles el 13 de marzo de 2014, con motivo del primer aniversario de Bergoglio en el Vaticano.

Desde entonces, como algunos sabrán, me he visto moralmente constreñido a escribir varios más, en reacción al desenfrenado afán destructor que anima al formidable blasfemador porteño. No obstante, estimo que con lo consignado en esa reseña, hace ya más de seis años, hay sobrado material para comprender quién es este hombre, los principios en los que se inspira y los objetivos que persigue.

En definitiva, este viejo escrito, en el que, por razones obvias, falta la inmensa mayoría de las aberraciones bergoglianas[1], me parece ampliamente suficiente para percatarse de que nos encontramos en presencia de un impío notorio, de un enemigo jurado de Dios y de la Iglesia, y de que tenemos que habérnoslas con un perfecto modernista, según la minuciosa caracterización que de esta corrosiva herejía hiciera San Pío X en su encíclica Pascendi.

Los hechos referidos son todos del año 2013, y la gran mayoría se circunscriben a los primeros seis meses de su “pontificado”. Todo lo que vino después no añadió nada esencialmente novedoso a sus primigenios desvaríos: se trata simplemente de desarrollos o explicitaciones de lo que había puesto de manifiesto desde el inicio: ecumenismo, humanismo, naturalismo, mundialismo, ecologismo, etc.

Desgraciadamente, los escandalizados por Amoris Laetitia, por el Sínodo Amazónico y el culto a la “Pachamama”, o por el cuestionamiento del celibato sacerdotal, en general, no perciben esto. No logran comprender que, desde el vamos, Bergoglio dio muestras indiscutibles de su modernismo visceral, evidenciado por herejías y blasfemias tan numerosas como incesantes, prácticamente todas ignoradas, o minimizadas, dicho sea de paso. Lamento mucho tener que decirlo, pero esto es algo muy grave, dado que, desde esta perspectiva, aparentemente bastaría con que se eliminara una nota al pie de página de Amoris Laetitia -la que deja la puerta abierta para la comunión de los “recasados”-, o con que se preservara la disciplina del celibato sacerdotal, para que la situación retornara a la “normalidad”, o cuando menos, para que se hubiera “evitado lo peor”.

Esta mirada es tan ingenua como irresponsable, puesto que soslaya lo esencial del asunto, que reside en el ecumenismo y el naturalismo modernista de Bergoglio y de todos sus predecesores conciliares -con la sola diferencia de que éstos últimos solían cuidar más las “formas”, de manera análoga al proceder de Napoleón, quien consolidó los principios revolucionarios de 1789 camuflándolos bajo las “formas” del “Antiguo Régimen”-. Las múltiples reuniones interreligiosas de Asís son una prueba irrefragable de ello.

Pero aquí me apresuro a hacer una observación que considero capital, destinada a quienes “suspiran” al recordar los “buenos viejos tiempos” ratzingerianos. Me permito recordarles que Ratzinger fue cómplice y/o activo promotor nada menos que de los cinco grandes aquelarres idolátricos y apóstatas de Asís, mucho antes del lamentable episodio bergogliano de la “Pachamama”, que parece una “minucia”, podríamos decir, en relación al abominable invento wojtyliano. Primero lo hizo como Prefecto del Santo Oficio durante el pontificado del “Magno” polaco, en tres ocasiones; una cuarta vez, convocándolo él mismo, en pleno uso de su prerrogativa pontificia, en 2011; y por quinta y última vez, en su calidad de “Papa Emérito”, en 2016.

Si traigo a colación esas célebres “Jornadas de oración por la Paz” de Asís es solamente porque constituyen el ejemplo más flagrante del modernismo imperante en Roma desde el CVII, y también por concisión, ya que se podrían citar sobre el tema infinidad de textos del “magisterio” conciliar y post conciliar que demuestran fehacientemente este hecho.

Imposible dejar de mencionar los documentos conciliares Nostra Aetate, Unitatis Redintegratio y Dignitatis humanae -pero no exclusivamente-, en los que, en ruptura                        con casi 2000 años de magisterio eclesiástico, se adoptó una innovadora eclesiología “ecuménica” e “interreligiosa”, de fundamento gnóstico-panteísta, cuya meta es extender paulatinamente los límites de la Iglesia a la humanidad en su conjunto. Combatir los errores actuales sin remontar a sus causas profundas es una actitud incoherente y, huelga decirlo, un callejón sin salida…

Y, precisamente, la gnosis panteísta es el substrato mismo del modernismo, con su doctrina evolucionista de la “inmanencia vital”. Y es el modernismo el que hace posible el ecumenismo conciliar y las susodichas “Jornadas de Asís”. ¿Por qué? Porque el modernismo sostiene que la divinidad yace en las profundidades del psiquismo humano, del cual surgen todas las manifestaciones religiosas, todas ellas instrumentos válidos para vincularse con esa misma “divinidad”. La cual se encuentra en las antípodas del Dios Creador, Redentor y Remunerador, que trasciende infinitamente a sus creaturas. A quien pensara que exagero, lo invitaría a que leyera atentamente la encíclica Pascendi y podrá comprobar esto por sí mismo.

En definitiva, el “pontificado” de Bergoglio encarna la continuidad del proyecto conciliar de desnaturalizar a la Iglesia desde el interior, adaptándola a las ideas revolucionarias, naturalistas, liberales y “progresistas”, -el famoso “aggiornamento” o “puesta al día” de la Iglesia con los tiempos “modernos”-, las cuales fueron difundiéndose gradualmente en Europa desde el “Renacimiento”, seguido por la “Reforma” Protestante y el “Iluminismo” racionalista, y que terminaron imponiéndose a nivel político con la Revolución “Francesa”.

Y el modernismo, heredero del “catolicismo liberal” decimonónico, no es otra cosa que la infiltración eclesial de dichas ideas, la cual fue consumada oficialmente en el Concilio Vaticano II, gracias a la activa y esmerada complicidad de los neo “santos” conciliares Roncalli y Montini, de los cuales Jorge Mario Bergoglio es el legítimo y funesto heredero…

Alejandro Sosa Laprida


[1] Para mayor información sobre las innumerables herejías y blasfemias de Francisco, se pueden consultar los libros Tres años con Francisco: la impostura bergogliana y Cuatro años con Francisco: la medida está colmada, publicados por las Éditions Saint-Remi en cuatro idiomas (castellano, inglés, francés e italiano):

http://saint-remi.fr/es/livres/1436-tres-anos-con-francisco-la-impostura-bergogliana.html

http://saint-remi.fr/fr/anti-liberalisme/1497-cuatro-anos-con-francisco-la-medida-esta-colmada.html

http://saint-remi.fr/fr/35-livres#/filtre_auteur-miles_christi

Al igual que el libro Con voz de dragón. Francisco: ¿Vicario de Cristo o Precursor del Anticristo?, publicado por Cruzamante en 2017: https://www.catolicosalerta.com.ar/bergoglio2018/con-voz-de-dragon-tapa-y-contratapa.pdf                                                                   

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