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Acomplejados versus Orgullosos

El fenómeno Orgullo Gay, es un pecado gravísimo que además se ve reforzado por su propia descripción. O sea, orgullo de pecar, orgullo que se regocija y que se reafirma de tal comportamiento, orgullo que se exhibe y se pasea por nuestras calles, orgullo que se muestra a todos y exige reconocimiento como algo bueno y como un derecho inalienable.

Pero es que además, como todo pecado (y éste más que muchos otros), tiene un fuerte componente de ridiculez, de payasada (véanse si no, las imágenes de los orgullosos), de postizo y de prótesis malvada, introducidos en la naturaleza humana. No es de extrañar, dado que el pecado no es sino algo postizo y pervertidor, que no estaba en los planes de Dios al crear al hombre a su imagen y semejanza. Claro que decir esto hoy día puede resultar peligroso, cuando se enseña entre muchos teólogos (casi siempre bendecidos por las Altas Instancias), que el mismo Dios bendice este comportamiento y se regocija con él. Vean si no, los twites o como se diga, del afamado Padre Martin, yanqui de alto postín, mimado por Su Santidad y encumbrado por todos los Falsos Pastores que ya ni siquiera se ponen la piel de oveja. Ahora van directamente con la bandera multicolor asaltando los rebaños y obligando, incluso a Dios, a hacerse gay o al menos pro-gay. Dios se ha convertido en boca de estos malvados, en el notario que da fe y que aprueba, todas las malas acciones que destruyen la naturaleza humana y matan las almas de los incautos; y ahora hasta de los niños, a los que se obliga a instruir en el despropósito, la perversión y el pecado nefando.

Sí. Porque en realidad es un pecado nefando. Claro que esto puede constituir un motivo de encarcelamiento porque se opone a las leyes. A la vista está el respeto que estos tienen a las leyes. Las sacan de la chistera cuando les interesa. Y las esconden o les dan un rodeo monumental cuando no les vienen bien. No hace falta poner ejemplos, tanto en el plano civil como en el eclesiástico.

Es un escándalo ver cómo casi ningún obispo –con las pocas clásicas excepciones-, habla en estos días de junio, sobre la vergüenza del Orgullo de estos tipos-as multivocales. Aunque solamente fuera para instruir a sus fieles sobre la pecaminosidad de estas actitudes. Que se limitaran a decir: –Los que son católicos no pueden abrazar estos comportamientos, ni pueden aprobarlos, ni pueden asistir a estas paradas, ni pueden opinar que esto es algo personal que Dios no aborrece. Y mucho menos, enorgullecerse de ello. Claro que si algún Obispo hace esto, rápidamente tiene en su palacio al motorista de Francisco, o al de sus redes de sátrapas y nuncios, que le lleva el sobrecito con la dimisión.

Se da la circunstancia de que mientras se muestra “horror y escándalo” por los abusos de niños por parte del clero, se acepta y se ordena la pedagogía homosexual a los niños. Mientras se hace dimitir a Obispos porque no tomaron medidas adecuadas en su momento ante abusos de esta calaña, se encumbra a otros que aseguran que Dios ama la homosexualidad y la Pachamama la bendice. Son unos hipócritas, aunque sean almas que un día recibieron la ordenación presbiteral/episcopal. ¿De verdad creen que la homosexualidad no conlleva este tipo de abusos? ¿De verdad piensan que la enseñanza de estas prácticas no lleva a las otras?

Pero volvamos a lo de la ridiculez, porque así podemos sonreír un poco, en medio del triste espectáculo de pecado y de muerte eterna. Esta misma semana, con toda pompa y solemnidad, cierta ministra sumergida en la patología, ha cantado victoria con una ley de no sé qué, por la que se permite el cambio de orientación (nada de sexo), a los niños de 14 años. Está muy bien. Los niños de las parroquias del P. Martin y sus terminales jesuíticas (y otras), pueden acceder directamente a este cambio, inmediatamente después de haber recibido el Sacramento de la Confirmación. Porque el Espíritu Santo aprobaría esto con toda seguridad. Lo dicen ellos. Pues bien, en la presentación de la ley en algún jardín de las delicias de Madrid, se ha presentado a la vez el himno de la ley cis, trans…, etc. Me cuesta trabajo comentar las escenas o poner título a los gestos. Bueno, no es que me cueste trabajo, es que me da una risa monumental, viendo a tíos bien talludos, y viejorras amachadas (perdón, con otra orientación) haciendo marcha al son del himno. Se nota que les va la marcha, porque lo hacen muy bien. Ridículo, ridículo, ridículo. Y luego se ríen de las Juventudes Hitlerianas o del Frente de Juventudes. Les dejo el video para que lo gocen y luego por favor recen un Rosario por ellos y otro por nosotros. Pobrecillos ellos y pobres de nosotros. Como el perro se vuelve a su vómito y los cerdos se revuelcan en sus heces, así se refocilan estos en el Orgullo.

Y frente al Orgullo, el Acomplejamiento. Ni una nota de la Conferencia Episcopal, banderas en el ayuntamiento de Madrid y de toda España, y hasta un Presidente Católico (el de Ecuador), bendiciendo estas prácticas. La verdad es que yo y mis hermanos monjes nos percibimos como monjes católicos y nos sentimos discriminados y queremos que se nos reconozca como tales monjes católicos. Aunque nos exponemos a que nos manden una Visita Apostólica desde Roma y una multa gorda desde el Gobierno y nos cierren el monasterio. Bueno, pues en ese caso, lo cerraremos con Orgullo.

Fray Luco

Fray Gerundio de Tormes
Dichos y Sentencias de un fraile tradicional

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