Querido Germán, aún no me he repuesto del mazazo que ha supuesto enterarme de tu fallecimiento hace unas horas, cuando hace tan pocos días que nos comunicamos por última vez. Pensé en un primer momento dedicarte el típico epitafio de rigor, con todo su barroquismo de halagos, que por supuesto mereces, pero he querido escribirte estas líneas más personales, a ti que sé que me escuchas, porque tu no eras sólo un autor de esta web, sino que eres sobre todo un hermano y un amigo, fiel como pocos.

Hace sólo unos meses que te diagnosticaron por sorpresa un cáncer, recuerdo cuando me lo dijiste que me admiró tu entereza, pero sobre todo me asombró que, cuando ya te encontrabas muy mal, siguieras escribiendo para sacar de tu alma ese fuego que tenías evangelizador.

Renunciaste a mucho en tu vida, para llegar a este momento con los bolsillos bien llenos ante el Padre. Pero tu vida ha sido una vida alegre, consciente de que hacías lo que debías para llegar con esa sonrisa que tienes ante el Juicio de Dios. Has sido un auténtico guerrero, un luchador y sólo Dios sabe a cuantas almas has ayudado con tus escritos y acción apostólica.

Se que hace pocos días te dieron por desahuciado, pero se igualmente que no tenías ningún miedo, estabas muy tranquilo, sonriente, con la conciencia limpia como ya quisiéramos muchos llegar a ese momento.

Humanamente ha sido demoledora la noticia de que nos abandonas, te debo mucho y se que depositaste en mí una confianza que no merezco, incluso en tus peores momentos. Tengo la sensación de que esta web se ha quedado huérfana, pero sobre todo de que he perdido un gran y querido amigo.

Espero que si estas donde espero, ya o lo antes posible, sigas siendo tan fiel intercediendo por nosotros, porque si alguien ha merecido la Corona de la Gloria, eres tu.

Gracias amigo Germán por el ejemplo de tu vida y tu amistad, y tanto yo como nuestros lectores rezamos por tu alma y tu eterno descanso.

Germán Mazuelo Requiescat in pace

Germán en sus últimos días con su madre de 84 años.