Avanzan las pruebas técnicas de la islamización de Europa. Ahora es oficial: una delegación turca irá a Francia entre el 20 y el 21 de mayo próximo, para que el deseo manifestado por el presidente Erdogan de abrir verdaderas y propiamente dichas escuelas turcas en Francia se haga realidad.

Solo para preparar el terreno, los responsables de los liceos franceses en Turquía, en particular el de Estambul y Ankara, recibieron el último mes numerosas visitas «moderadamente corteses» por parte de funcionarios de Ankara, que ejercieron presión, contestando genéricamente «los fundamentos legales de las acciones de escolarización de los niños turcos», llevadas a cabo en el interior de aquellos institutos, como lo refiere el semanario Le Point.

Lo cual, traducido, significa una cosa sola: si los encuentros con los franceses fracasaran, todas las opciones serían posibles, incluida la posibilidad de la clausura de las escuelas francesas en Turquía. Todo esto sucedió, sin que el Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia haya encontrado nada que objetar respecto a la insólita conducta de los funcionarios turcos.

Cabe señalar que los liceos franceses en Turquía no acogen únicamente a estudiantes hijos de compatriotas transferidos a la península de Anatolia, sino también a los hijos de dirigentes del Akp, el partido de Erdogan, definido como «islamico-nacionalista» y conservador. Sin que ello conlleve, en realidad, ningún riesgo de “ocidentalización” para ellos. De hecho, más bien, es todo lo contrario. El cotidiano Le Figaro ya se declaró preocupado respecto al nivel pedagógico que las escuelas turcas podrían proponer en Francia.

Desde febrero del año 2012, de hecho, el presidente turco declaró querer «formar una generación devota». Al Islam, obviamente. Declaración inmediatamente seguida por el lanzamiento de tres nuevos cursos de religión en los liceos: uno sobre la vida de Mahoma, otro sobre la lectura del Corán y el tercero sobre los fundamentos de la religión musulmana.

Los tres, absolutamente coherentes con el pensamiento sunita, fueron pensados originariamente como optativos, pero rápidamente se volvieron obligatorios en muchos institutos. Más aún: con un nuevo programa, introducido en el verano de hace dos años, el gobierno puso en marcha incluso la enseñanza de la «jihad» en la gran mayoría de las escuelas públicas, trasformadas, por orden de la autoridad turca, en entidades llamadas a formar los futuros imanes y predicadores.

Según el Ministro de Educación Nacional turco, Ismet Yilmaz, todo es normal: «La jihad existe en nuestra religión, por lo tanto es deber de mi Ministerio vigilar, para que sea enseñada de modo correcto y apropiado». Si este fuera el adoctrinamiento dado en las escuelas turcas en Francia, no habría ciertamente de que estar tranquilo.

En el año 2017 los liceos de este género, en Turquía, ya eran 1408 para un total de 517 mil alumnos, donde ahora son inscriptos de oficio todos los estudiantes que hayan superado el test de ingreso, por tanto los mejores. Al término de los estudios, no todos los diplomados pasan a ser automáticamente predicadores, pero en todo caso es entre ellos que se elige la futura clase dirigente islámica.

A esta altura está claro que, el concepto de reciprocidad entre los liceos es pura hipocresía, porque la verdad es otra y es esta: por una parte, Turquía es un País que obligó a las escuelas francesas en el propio territorio nacional a islamizarse, por otra Francia es un País concebido como un nuevo terreno de conquista para islamizar a Occidente.

Al final, la conclusión es una sola: conquistar en todas partes espíritus y corazones para la medialuna, desde los bancos de la escuela. En estas condiciones cualquier eventual tratativa ya sería una derrota no solo para Francia sino para la cultura de todo Occidente, para su moral, para su fe. Y este es un precio demasiado alto que no absolutamente no podemos permitir…,

No debemos olvidar que, hace exactamente un año, el Canciller austriaco Sebastián Kurz hizo expulsar unos sesenta imanes, financiados con dinero del Exterior, y cerrado siete mezquitas en territorio nacional, precisamente por haber descubierto y frustrado su plan de islamización del País.

Muchos de esos imanes pertenecían al Atib-Unión islámica turca de Austria: «Para la sociedad paralela, para el Islam político y para la radicalización no hay lugar en nuestro País», declaró Kurz durante una conferencia de prensa especial. Es evidente que el intento, puesto en marcha por el gobierno turco, es el de islamizar a Occidente de un modo sistemático, metódico, estratégico y no episódico o improvisado.

Por ello, en caso de cederse a la extorsión, a las imposiciones y a las presiones de los funcionarios de Erdogan, los encuentros entre la delegación oficial turca y las autoridades francesas del 20 y 21 de mayo corren el riesgo de transformarse en un desastre anunciado. Y de terminar en un abrazo, sí, pero letal.

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