Desde hace meses venimos observando cómo la mayoría de los obispos alemanes alzaban la bandera herética de la administración de la Sagrada Comunión  a los divorciados que sin tener la nulidad matrimonial se han vuelto a casar por lo civil, y todo alegando a la “Misericordia” pero no a la Verdad de Nuestro Señor Jesucristo que con tanta claridad nos dijo:

Mateo 5:27

27 Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio.

28 Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.

29 Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.

30 Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.

Este hecho, inusual en la Iglesia, de  querer administrar  la Sagrada Comunión a personas que viven en  pecado ha sido aplaudida  por muchos obispos latinoamericanos, como poniendo como modelo la actuación de la Iglesia Alemana.

Miles de sacerdotes y laicos de todo el mundo nos preguntábamos en la oración que estaba pasando en el corazón de tantos obispos y sacerdotes alemanes  y latinoamericanos para estar como cerrados a la luz del Evangelio y sobre todo a esa falta de celo apostólico por la salvación de las almas, que es por lo que Dios nos ha concedido este ministerio, para ayudar a las almas a llegar al cielo.

Muchos nos imaginábamos lo que podía estar ocurriendo. Pero  es el Domingo IV de Pascua por la mañana cuando los que seguimos la web del padre Santiago Martín www.magnificat.tv  nos encontrábamos en su comentario editorial una bomba de relojería que nos ponía de manifiesto la causa del cambio de corazón en tantos sacerdotes y obispos alemanes. Así decía el comentario editorial:

“En un Informe oficial de la Iglesia Alemana, nos dicen  los obispos que el  52% de los sacerdotes alemanes no se confiesan nunca o como mucho lo hacen una vez al año y el  42% de los sacerdotes no rezan nunca a lo largo del día, ni el oficio divino (que es una obligación grave de todos los sacerdotes), ni el Santo Rosario, ni la Visita al Santísimo o la oración personal…

Son estos mismos sacerdotes y esta conferencia episcopal la que promulga que se pueden dar la comunión a los divorciados y vueltos a casar”.

¡Qué fuerte!

Sacerdotes, curas de almas, pastores del rebaño de Dios, los que tienen que salir al mundo como instrumentos de Dios para salvar a las almas… No se confiesan ni rezan. ¡Qué Fuerte!

Ahora se entiende todo. Que astuto es el demonio. ¿Cómo meter la malísima cizaña en el corazón de los sacerdotes y así hacer que estos no se preocupen de la Salvación de las almas? Pues apartándolos de la oración y de la confesión. Si los sacerdotes no rezan ni se confiesan… ¿Qué les dan a las almas? Les dan mundo, mundanidad,  pero no la Salvación de Cristo.

¿Y donde han preparado a estos hombres que no rezan ni se confiesan para ser sacerdotes? EN LOS SEMINARIOS.

¿Y quiénes tienen que cuidar los seminarios como si fueran la pupila de sus ojos de forma que salgan de allí Santos Sacerdotes?

LOS OBISPOS.

Es decir, el demonio está haciendo estragos en los seminarios. Es la forma más sibilina de cargarse a los futuros sacerdotes. La mayoría de los obispos no saben, o al menos eso quiero creer, la doctrina que se dan en sus seminarios, ni la formación que reciben sus seminaristas, ni las aspiraciones que hay en los mismos.

Queridos amigos, tenemos que rezar mucho por los seminarios y los obispos. Es ahí donde nos estamos jugando la doctrina que llegará a las parroquias, a cada alma. Si el demonio se mete en los seminarios consigue llegar hasta la última alma del último pueblo de una diócesis.

¿Y sabéis cual es el veneno que llega hasta la última alma del último pueblo?

Solo tenéis que ir a una parroquia en una Misa de difuntos. Escuchad la homilía que se está dando desde hace décadas a la gente: “Recemos por fulanito que ya está en el cielo”. Muchos Sacerdotes han metido en las almas la falsa doctrina de que después de la muerte no hay juicio particular, ni purgatorio, ni cielo ni infierno. Aquí va todo el mundo al cielo, hasta el tato. Porque Dios es Misericordioso con todos. Como si la Misericordia de Dios fuera incompatible con la Justicia divina.

Cuando la gente deja de luchar por ir al cielo, cuando las almas creen que hagas lo que hagas vas al cielo… el demonio gana la batalla.

Pregunta a alguien que conozcas o que te encuentres por la calle: perdone ¿Qué piensa usted que hay después de la muerte? Pregúntaselo también al cura de tu pueblo, o a una catequista, o a un seminarista, o al rector del seminario  o incluso atrévete a preguntárselo a tu obispo.

Cuando no se lucha en la tierra por la vida eterna junto a Dios, se vive ciego y enfermo.

Padre Francisco Javier Domínguez