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Andante con Motu

Los amantes de la música saben de qué se trata. Y los inexpertos, se lo figuran. Es un movimiento musical, con más agilidad que el andante (a secas); y algo menos que el allegro. Hace ya tanto tiempo que no estudiamos música, que las definiciones se me oscurecen.

El caso es que a los amantes de la misa tradicional (en su multitud de variantes), se le ha prohibido el allegro, el allegretto y cualquier explosión de velocidad que hayan podido tomar, especialmente en los últimos 13 años, justamente desde el Motu Proprio de Benedicto XVI. Frenazo en seco, parada cardíaca, electroencefalograma plano. A la vista de este nuevo Motu de Francisco I el de las Mercedes, se aconseja vivamente -o sea, se prohíbe-, cualquier celebración de “éstas” (pronunciado despectivamente, claro).

Muchos comentaristas de estos días, incluidos los que le trae al fresco la Misa Tradicional de Siempre, se han percatado de la injusticia malévola que lleva adosado el documento. Es como un papiro que se hubiera pasado antes por el veneno de un escorpión, o como esos mensajes de algunas películas de ficción, que llevan una tinta que se descompone en ácido mortal, en el momento que se comienza a leer. Y es que eso es precisamente el documento: un destilado de acidez. El Redactor no ha pasado por la Escuela diplomática vaticana, o se ha dejado llevar por un “santo rencor”, cuando se ha expresado de esta forma tan poco diplomática. Podría haber disimulado. Claro que el Redactor ha expresado bien lo que quería decir el Mentor, del que sí sabemos con seguridad que no ha pisado los pasillos diplomáticos, aunque sí haya pasado por la habitación del moribundo Fidel Castro.

Afortunadamente, como les decía yo a mis novicios recién llegados y con ansias de entrar en el “ámbito” de Fray Gerundio (nos seguimos reuniendo en su antigua celda), nosotros no tenemos que ser diplomáticos; aunque, al menos por ser monjes, sí debemos guardar algo de compostura y no ser tan amargos. De ahí que como siempre decía Fray Gerundio, debemos abordar incluso las cuestiones más delicadas y espinosas, con un sano humor que no permita que la desesperanza se instale en nuestros corazones. Por eso justamente, yo aconsejaría a todos los “afectados” por el Motu: que levanten sus cabezas y que tengan ánimo. Claro que aquí no nos van a tratar como a todos esos afectados por alguna cuestión, siempre apoyada por los medios gubernamentales. No podemos crear la Plataforma de Afectados por el Motu Custodes, porque nos sentimos sin Custodio. Nadie en la Iglesia va a dar un dólar por nosotros. Si fuéramos la Plataforma de Cristianos Gay Afectados por la Homofobia, un buen número de Congregaciones Vaticanas ya se habría puesto en contacto con nosotros.

Los afectados están custodiados realmente por Nuestro Señor y por la Virgen del Carmen, porque elegir este día para publicar el Motu “con efecto inmediato”, no va quedarse sin consecuencias. Para todas estas cosas, la Virgen María siempre ha sido muy especial. Y cargarse el latín de siempre, con la misa de siempre y el sentido de siempre de un plumazo, en un viernes estival, recién salidos del quirófano y con esa premura que no se ve en ningún otro documento, creo que no se quedará sin alguna consecuencia. Pero bueno, eso no es cosa nuestra. Dejémoslo a la Misericordia Divina (y a su Justicia).

El primer resultado ha sido, que muchos de los Obispos a los que se les “insta” a poner en práctica el dichoso documento ese-mismo fin de semana, se lo han tomado con calma y han dicho que hace mucho calor y que iremos despacito. Claro que siempre hay pelotilleros entre los cortesanos que han ido incluso más allá que el Jefe (si es que se puede ir mas allá), y han prohibido los manteles de lino, la cera de abeja virgen, las casullas de guitarra, las puntillas en punto de cruz, las gafas de sol polarizadas, la ropa comprada en Zara…y un montón de cosas más. Pero esos son más que despreciables. La Conferencia Episcopal de Costa Rica en pleno ha querido destacarse. Pobrecillos. La que les espera va a ser de espanto.

Pero insisto en que una gran parte de obispos, han dejado las cosas como están. Al fin y al cabo, los pobres católicos que preferían esta misa, no se merecen este odio a muerte, este calificativo brutal de que producen división en la Iglesia. Y se merecen una actitud paternal. No es tanto lo que quieren. Ni siquiera tienen que modificar los Mandamientos de la Ley de Dios, o la Moral católica, o la comunión a los divorciados, o la aceptación del nuevo marxismo hispanoamericano. No hace falta que las Autoridades toquen nada. Ni siquiera hay que poner una nota a pie de página en alguna encíclica. Sencillamente: se trata de que dejen en paz lo que ya se viene haciendo desde hace veinte siglos. Pero justamente ahí está la cuestión: Molesta lo de siempre, y con eso no se puede dialogar. Hay que acabar con ellos.

Creo que lo ha expresado muy bien el Secretario de la Conferencia Episcopal Española, Monseñor Argüello, aunque haya sido a propósito de una ley inicua que acaban de aprobar en España (o quizá se refiere también al Motu):

Por mucho que se reivindique el diálogo es imposible cuando se sustituye la razón por la emoción y el rostro por la tribu. Se fomenta el odio cuando se declara “delito de odio” cualquier discrepancia. No hay mejor manera de controlar el pensamiento que negando su existencia.

Es verdad. Por mucho que se reivindique el diálogo, el odio lo hace imposible. Y este Motu lleva mucha carga de odio. Quiere acabar con los que van a Misa Tradicional con un golpe de Ley. Pobres Legisladores. Creo que Su Santidad debería rectificar. Pero él sabrá. Mientras tanto, como nos prohíben el Allegro, porque ya se sabe que somos pepinillos en vinagre, nosotros seguiremos adelante en un jubiloso Andante con Motu. Y en gregoriano.

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