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Cardenal Madariaga: el Papa quiere llevar la “renovación de la Iglesia” a un punto “irreversible”

las reformas previas han sido “insuficientes y superficiales”, la reforma de la Iglesia debe ser “profunda y total”.

El 20 de enero de 2015, el cardenal Óscar Andrés Rodríguez Madariaga , coordinador del consejo de cardenales asesores del papa Francisco, dio una conferencia en el Centro Markkula de Ética Aplicada de la universidad de Santa Clara, Silicon Valley. Sus palabras fueron extraídas de un ensayo escrito por él titulado “La Iglesia de la Misericordia con el papa Francisco”. Los siguientes párrafos de su ensayo muestran hasta donde pretende llegar la “reforma franciscana”. (Su discurso, tal y como se desarrolló, puede encontrarse aquí: El significado de la misericordia. Reflexiones del cardenal Óscar Andrés  Rodríguez Madariaga sobre un tema central del papa Francisco).

Caminamos como Iglesia hacia una renovación profunda y global. Para que esta renovación sea verdaderamente católica, debe abarcar todas las dimensiones históricas de la Iglesia.

No hay renovación eclesiástica verdadera sin una transformación de las instituciones, de la calidad y objeto de sus actividades, de lo místico y de lo espiritual. Generalmente, la renovación comienza con las actividades pastorales. Es allí donde primero se manifiestan las inconsistencias entre un cierto “modelo” de Iglesia y la realidad. Los misioneros, los evangelizadores de los “márgenes” de la Iglesia, son los primeros en darse cuenta de lo insuficiente que son las formas de acción “tradicionales”. La crítica a la pastoral comienza con la experiencia de la misión en las “periferias”. Es aquí donde comienzan los ajustes y los cambios.

Después del Concilio Vaticano II, cambiaron los métodos y contenidos de la evangelización y educación cristianas. Se modificó la liturgia, se adoptaron las lenguas locales, se cambiaron rituales y símbolos, se tomaron medidas para lograr una mayor participación, etc. La perspectiva de la misión también experimentó cambios: los misioneros debían conocer la cultura y la situación humanas; el misionero debía establecer un diálogo evangelizador con ambas realidades. La “acción social” cambió; ya no se trata solo de caridad y desarrollo de servicios sino también de lucha por la justicia, los derechos humanos, la liberación…

Por coherencia cristiana, se abordaron ciertos cambios institucionales y organizativos de forma simultánea: nuevas funciones requerían instituciones nuevas y adecuadas.

El Concilio impulsó renovaciones institucionales, siguiendo la lógica del Espíritu. Estas reformas abarcan todos los niveles de la organización eclesial: las congregaciones religiosas y sociedades misioneras, cuyos “Capítulos de Renovación” se multiplican; las curias vaticana y episcopales; las Conferencias Episcopales, Sínodos y parroquias; las áreas pastorales, los presbiterios, las instituciones laicas apostólicas, la enseñanza de la teología, los seminarios, los colegios católicos… surgen nuevas instituciones para el diálogo misionero: ecumenismo, judíos, otras religiones… todo en la Iglesia cambia conforme a un modelo pastoral renovado.

Quizás algunos pensaron que la renovación de la Iglesia consistía sólo en eso. Pero los cambios institucionales y funcionales, solo por ellos mismos, demostraron ser insuficientes y superficiales. Crearon crisis y problemas nuevos, profundos e innecesarios. Cualquier cambio en la Iglesia requiere considerar la renovación de las motivaciones que inspiran las nuevas opciones. Sin motivaciones profundas, vividas y explícitas, ningún grupo humano, institución o sociedad puede sobrevivir largo tiempo, y mucho menos renovarse. Las motivaciones responden al “porqué” fundamental de las opciones, las empresas, las exigencias, y a la misma razón de ser de la institución.

El papa quiere llevar la renovación de la Iglesia a un punto de no retorno. El viento que empuja la nave de la Iglesia hacia el mar abierto de su profunda y total renovación es la Misericordia.

Para la Iglesia, las motivaciones son algo más que esenciales; son su sello de identidad. El “porqué” de su organización y su acción no puede ser explicado de forma contundente ni por las ciencias humanas ni por la mera racionalidad histórica: debe referirse a Jesús y su evangelio como su motivación global, indispensable y predominante. Es la motivación del Espíritu. Por lo tanto, hablar de motivaciones en el Cristianismo es hablar de lo místico, de espiritualidad.

[Traducido por Alberto Torres Santo Domingo. Artículo original]
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