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Cartas desde el Purgatorio: de Dios nadie se ríe

No sabría cómo explicarlo para que se me entienda desde la vida mortal. Aquí en el Purgatorio, no se nos permite conocer todos los elementos que conforman las actuaciones de los humanos, que aún están en la vía peregrinante. Pero de todos modos, al estar ya las almas purgantes en un estado de esperanza por alcanzar el Cielo, ciertas actuaciones de Dios se nos muestran con alguna claridad, que si bien no es absoluta y total, nos proporciona al menos cierta información-intuitiva sobre las susodichas actuaciones.

El caso es que ha llamado la atención a todos el resultado final de la Exhortación Apostólica Querida Amazonia en lo que respecta a los viri probati, o dicho en términos más generales, a la supresión del celibato. Se ha estado hablando de ello desde el primer día. Eran muchos los que habían pedido ya esta intervención papal, para acabar con la ley que impide a los casados acceder al sacerdocio y su viceversa. Los socios de gobierno de Francisco habían irrumpido violentamente con esta cuestión, de tal manera que parecía obvio que Francisco cediera a sus deseos.

Por otra parte, el propio Francisco había alimentado estas expectativas desde el día mismo que convocó el Sínodo para la Amazonia. Se llevaron a cabo eventos vergonzosos en el Vaticano sobre los ídolos paganos amazónicos, se dio culto descarado a los dioses pachamámicos, se escondió -entre los clamores pontificios por la Madre Tierra-, la adoración de culturas ya superadas por el cristianismo, y se preparó delicada y astutamente por manos de los enemigos del celibato, una verdadera expectación sobre la eliminación de los que muchos llamaron ley trasnochada de la Iglesia, que ya era convenía superar.

Entre los enemigos merodeaban los obispos alemanes con su herética y arrogante sinodalidad (alimentados por Francisco al fin y al cabo); los Hummes descarados y otros pseudo-obispos sin fe (también arropados por Francisco); los laicos feministas, secuestrados por las ideologías al uso (nunca  desautorizados por Francisco), y un largo etcétera de opiniones de todo tipo (alimentadas por la ambigüedad de Francisco). Todo hacía sospechar que el resultado final era obvio. Celibato fuera.

Sin embargo y frente a toda expectativa, la Exhortación no ha anulado el celibato, ni ha propuesto la ordenación de hombres casados, ni siquiera ha abordado el tema de los viri probati directa o indirectamente. Todo ello en medio de un batiburrillo de consideraciones culturales y blablases, con mayor o menor acumulación de cuestiones variadas en torno a las civilizaciones, que un día ya lejano fueron evangelizadas para ser cristianas, y abandonar el culto a los dioses falsos, pero que ahora son aupadas y sobre-estimadas, con sus bendiciones de tierra, fuego sagrado y demás paganidades que hacen las delicias de eclesiásticos sin fe.

Inmediatamente, se han producido la reacciones. Para unos, reacciones negativas puesto que esperaban decir adiós al celibato. Algunos de ellos haciendo birlibirloques con el concepto de magisterio: que si es magisterio lo que se dijo en el documento, que si sólo es lo que se ha dicho en la Exhortación… Para otros, reacciones de recontra-ataque, como el malvado Hummes diciendo que el Papa tendrá que replantearlo y hay que seguir estudiando (como pasa siempre con estas cosas). Para otros reacciones positivas, como el bueno de Mons. Munilla que no se cansa de dar las gracias, gracias, gracias al Papa Francisco por haber sido tan honrado al no destruir el celibato. Para otros en fin, reacciones de agradecimiento al cardenal Ratzinger (nada de Papa emérito) y al cardenal Sarah por su libro sobre el tema, aparecido en medio de una escalofriante polémica de tira y afloja en el momento oportuno. Como si a Bergoglio le preocupara contradecir a Ratzinger. Unos y otros, cada uno interpretando las cosas con mayor o menor rigor. Es lógico.

Sin embargo, a todas las almas purgantes que estamos aquí intercediendo también por la Iglesia, nos ha parecido que ha sido una actuación directa del Señor y de la Virgen María. Ambos tienen un amor inmenso y profundo por el sacerdocio (Él es el Sumo y Eterno Sacerdote, por mucho que digan los nuevos expertos en la Carta a los Hebreos), y Ella, la siempre Castísima y Virginal Madre de Dios. No podían ellos permitir que Bergoglio pateara y ensuciara el sacerdocio con una nueva destrucción y demolición vandálica de uno de los Tesoros más preciados de la Iglesia. Y por eso ellos han pasado por encima de unos y de otros para intervenir directamente, incluso por encima del propio Habitante del Vaticano, mal que le pese, y después de su ambigüedad calculada durante más de dos años para “crear” el problema y generar esperanzas y dudas en los malos. Porque de Dios nadie se ríe. Y abolir el celibato es reírse de Dios y de la Sagrada Tradición de la Iglesia.

La burra de Balaán habló y habló palabras de Dios. Pues eso mismo. Al fin y al cabo las puertas del infierno no destruirán la verdadera Iglesia. Volverán los enemigos a seguir plantando cara, porque son siervos de Satanás y están en ello: desgarrar y hacer cenizas el sacerdocio católico. Pero –por el momento-, ha prevalecido la Victoria de Nuestro Señor, y de la Virgen María que aman el celibato sacerdotal, así como de tantos Santos Sacerdotes que lo vivieron pura y castamente y dieron su vida por él. Ellos –y no otros- nos han salvado.

Mater castissima, Ora pro nobis.

Fray Gerundio de Tormes
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