Pestes y profecías

Durante los tiempos posteriores a la peste negra, mientras las guerras y cataclismos, así como el cisma de Occidente espantaban a Europa, el aire «se llenó de fatídicos augurios y predicciones sobre la inminencia del fin del mundo y del anticristo»[1]. San Vicente Ferrer, por ejemplo, en carta a Benedicto XIII, le profetizaba el advenimiento del anticristo, que vendría cito, bene cito, valde breviter [2]-«pronto, sin tardar, en poquísimo tiempo»-. 

El cardenal Pedro de Ailly (1351-1420), el «gran teólogo y filósofo, obispo de Cambray», sostenía lo siguiente: «Hablemos de la octava y máxima conjunción de Saturno y Júpiter, que tendrá lugar hacia el año 1692 de la encarnación de Cristo, y al cabo de diez revoluciones saturnales vendrá el año 1789…Si dura el mundo hasta aquellos tiempos, lo cual sólo Dios sabe, habrá entonces muchas, y grandes, y asombrosas alteraciones y mudanzas del mundo, sobre todo en el aspecto religioso»[3]. Parece ser que el buen cardenal de Cambray no anduvo tan desencaminado, al margen, claro está de los graves riesgos que la astrología judiciaria pueda significar. No conozco de ninguna otra profecía natural tan exacta en la historia, bastante lejos de las capciosas cuartetas del doctor Notre-Dame.

Hace ya algunos años, conversando con el maestro Rafael Alvira en algún coffee break entre clases, le pregunté sobre la validez de las teorías de conspiración. Y me contestó, con su clásico laconismo castellano: «Es un error creer  que todo es una conspiración, como también lo es creer que nada es una conspiración».

Así, a lo largo de los últimos años, he decido siempre prestar alguna atención a los terrenos complicados de la criptohistoria y de ciertos vaticinios naturales. Nos permiten a veces desprendernos de prejuicios positivistas o de la idea común, pero a veces perjudicial, de que el futuro se parecerá al pasado inmediato y que todo irá más o menos bien. Eso sí, mi consejo a los cultivadores de esta disciplina o más bien arte, porque involucra cierto grado de imaginación y creatividad, pues es más especulativa que positiva, es premunirse primero de un sólido conocimiento del hombre, tanto filosófico como histórico clásico y literario. Y, a partir de ahí, conociendo más o menos su comportamiento, ponerse a cribar las diversas teorías y rechazar las más descabelladas e inverosímiles.

En fin: más allá de este preámbulo, quisiera centrar  mi atención en un hecho bastante real. Lamentablemente demasiado real: el 12 de septiembre de 2019, el papa Francisco anunció una de sus múltiples iniciativas políticas profanas, en el espíritu de Laudato Si, su encíclica ecologista y globalista, propugnaba el llamado «nuevo pacto educativo global», destinado a preparar, a través de la educación, un cambio hacia un nuevo humanismo, una construcción, en alianza con todos los habitantes de la tierra, de una «aldea», donde se «eduque» a los niños  para esa gran transformación.  El fundamento de este proyecto es el muy repetido y muy ambiguo y muy panteísta mantra (en palabras del documento preparatorio para el Sínodo de la Amazonía) francisquista: «todo está íntimamente conectado». A primera vista puede parecer un extraño parto de los montes trivial, lleno de la usual cháchara bergogliana vacía y ridícula a la que estamos acostumbrados, pero el énfasis que Francisco le ha impuesto e incluso el título del vídeo en Vatican News: «El Papa lanza un evento mundial el 14 de mayo de 2020» dan mucho qué pensar. Inmediatamente, la madre Miriam, famosa religiosa conversa al catolicismo y columnista de Lifesitenews, comentó tanto el mensaje como la iniciativa papal, calificándola de «puramente secular», «destinada a barrer con la humanidad y la familia» y crear una «casa común» pero del diablo. 

Poco después,  cultores de la criptohistoria en línea, de todos los pelajes, anunciaron que esa fecha marcaría el inicio del Nuevo Orden Mundial.

Pero, como el hombre propone y Dios dispone, cayó sobre la tierra el coronavirus y las cuarentenas.

¿Olvidó por eso ese día el papa Francisco? No. Postergó la presentación y firma del pacto[4], pero de todas formas celebrará algo grande el 14 de mayo: el orwelliano Alto Comité para la Fraternidad Humana (el engendro creado por Francisco junto con el imán de Al Azhar en agosto del año pasado) convoca a una jornada de oración  para que los creyentes de «todas las religiones» se «unan espiritualmente» el 14 de mayo pidiendo a Dios que ayude a la humanidad a superar la pandemia. ¿A qué Dios, habría que preguntarnos? Lo cierto es que el expresidente de la Internacional Socialista, el ultra-abortista António Guterres, actual secretario general de la ONU, cómplice de Francisco en otras aventuras políticas siniestras, twitteó entusiasmado su apoyo a esta iniciativa: «En tiempos difíciles debemos mantenernos unidos por la paz, la humanidad y la solidaridad. Me uno a Su Santidad el Papa Francisco y al Gran Imán de Al Azhar Sheik Ahmed Al Tayeb en su apoyo a la Oración por la Humanidad este 14 de mayo –un momento de reflexión, esperanza y fe».

(Una breve apostilla paulina: Cum enim dixerint: pax et securitas, tunc repentinus eis superveniet interitus. «Cuando digan: “Paz y seguridad”, entonces vendrá sobre ellos la destrucción repentina» (I Tes. 5,3)).

¿Pero qué es lo que tiene esa fecha, que parece tan amada por Francisco para sus designios globalistas y profanos?

Dediqué parte del día a investigar un poco el asunto y el resultado es algo escalofriante.

Una fecha singular: Judas, la Rockefeller Foundation y santa Corona

Revisé una lista de efemérides y me encontré con la siguiente sorpresa no tan sorprendente: el 14 de mayo de 1948 el Estado de Israel declaró su independencia. Es el día nacional de los «hermanitos mayores».  Cabe recordar que ese acontecimiento, según varios exégetas católicos, como el padre Castellani, guarda gran importancia esjatológica.

Como cosa curiosa, solía yo preguntarme cómo siempre, coincidiendo con las grandes hecatombes de la historia del siglo XX, les había caído algún regalito a los «hermanos mayores». Por ejemplo, con la Primera Guerra Mundial les vino la Declaración Balfour(1917) y con la Segunda, el Estado de Israel (1948). ¿Qué les tocará en la rifa ahora que, según algunos, estamos en una situación semejante a la de una guerra mundial? Mejor ni imaginarlo.

(Otra apostilla paulina, también de la Primera de Tesalonicenses: et Deo non placent et omnibus hominibus adversantur, etc.)

Otro dato interesante es que el 14 de mayo de 1913 se fundó la famosa Rockefeller Foundation. Que tiene, dicho sea de paso, una historia bastante interesante, especialmente en la década de 1930 y 1940, expresada en las siguientes iniciativas: financiar proyectos nazis de investigación racial y de  eugenesia en los que trabajaba el famoso doctor Josef Mengele, una celebridad médica del momento,  financiar el infame estudio Kinsey, financiar la inoculación masiva de sífilis  en  cientos de guatemaltecos entre la edad de 10 y 72, con la consecuencia de al menos 83 muertos, acción por la que actualmente algunos retrógrados la han demandado por mil millones de dólares, financiar un experimento de la Universidad de Vanderbilt que consistía en administrar sin su consentimiento a 800 mujeres embarazadas hierro radiactivo, crear la mayor colección de virus que afectan a los seres humanos y, cómo no, servir de modelo y dar forma a la Organización Mundial de la Salud,con tan excelentes antecedentes.[5]

Pero ese no es su único interés. También financia el famoso Council of Foreign Relations, fundado en 1921, cuyo factótum, el famoso coronel Edward House, tenía la mala costumbre de anunciar crímenes como el asesinato del archiduque Francisco Fernando con bastante antelación[6].

Parece que no ha existido maldad imaginable alguna que no haya sido financiada por la Fundación Rockefeller.

Y, como no podía ser de otra forma, la Fundación Rockefeller ha desarrollado una plácida y fecunda  colaboración con el Vaticano de Francisco. Cosa que ha escandalizado a muchos rígidos y neopelagianos, porque incluso en tiempos de Paulo VI y Juan Pablo II, la Santa Sede tendía a discrepar con el abierto, entusiasta y orgulloso apoyo de esta Fundación al aborto, la anticoncepción y la reducción demográfica.  Ahora son socios.

Luego de revisar las efemérides, me volqué al calendario litúrgico, para ver si, a lo mejor, habría algún indicio allí de la elección de una fecha tan amada por Francisco.

Descubrí que el 14 de mayo en el nuevo calendario es la fiesta de San Matías. Pero en el calendario tradicional, la fiesta de san Matías era el 24 de febrero.  En 1969, Paulo VI, para variar, decidió cambiarla al 14 de mayo. Qué curioso.

Recordemos que san Matías fue elegido por el colegio apostólico para reemplazar a Judas Iscariote.

Todos conocemos el espíritu paródico que caracteriza a los satanistas y a otras sectas anticristianas a la hora de mofarse y profanar todo lo sagrado de la religión católica, invirtiendo sus símbolos, ceremonias y fiestas. Y si tuvieran que elegir una fiesta para Judas Iscariote –en quien Satanás entró (Lc. 22:3) – ¿no sería el 14 de mayo, día que, según ellos, le correspondería legítimamente pues es ocupado por quien, a su parecer, usurpó su lugar?

¡Alto! Eso es llevar demasiado lejos una conjetura. Bueno, sí: el 14 de mayo no es la fiesta de Judas Iscariote, sino la Fiesta del Estado de Israel y de la Fundación Rockefeller. Menos mal. Ya quedamos más tranquilos.

Lo que sí está perfectamente claro en estos tiempos que vivimos es que el magisterio de Judas Iscariote sigue vivo. Su voz profética de ¿por qué no se vendió este perfume por trescientos denarios y se dio a los pobres? (Jn 12:5) encuentra eco en muchos otros visionarios que quisieran vender no solo  perfumes, sino a Cristo mismo, con tal de ayudar no solo a los pobres, sino a  la Amazonía, a nuestra casa común, a los refugiados, a los prostitutos transexuales de Roma, a los señores de la guerra de Sudán del Sur, a Alberto Fernández, a Soros, o a Giuseppe Conte o a cualesquiera otras periferias existenciales. Y a eso le llaman caridad y misericordia.

Sin embargo, las sorpresas no acaban ahí. Al revisar el Martirologio Romano, encontré lo siguiente: «En Siria, los santos Mártires Víctor y Corona, en tiempo del Emperador Antonino: a Víctor atormentó el Juez Sebastián con diferentes y horrorosos suplicios; Corona, mujer de un soldado, como, maravillada de la constancia con que el Mártir sufría, lo aclamase por santo, vio dos coronas que bajaban del cielo, destinadas, una para Víctor y otra para ella misma; y como diese de ello público testimonio, la partieron entre dos árboles, y a Víctor cortaron la cabeza».

Así que el 14 de mayo es también la fiesta de santa Corona. Curiosamente, esta santa ha conocido un renacimiento de su devoción en Alemania y en el resto de Europa a raíz de la pandemia del coronavirus. Y parece que su culto no deja de crecer.

Quizá entonces el Papa eligió la fecha de la fiesta de esta santa, dadasu vinculación con la pandemia que actualmente azota a la humanidad. Pero hay un pequeño problema: el Papa ya había elegido esta fecha meses antes de que apareciese esta enfermedad o que, por lo menos, el común de los mortales supiera de ella. Raro, ¿no? Memes aparte, claro está.

«¡No es más que una extraña coincidencia! ¡No hay que ser exagerados!», podría decir alguien.

Y muy probablemente sea así. Pero las extrañas coincidencias recién empiezan.

De símbolos y arcanos…y nuevamente Saturno y Júpiter

Pocos saben que Louis de Wohl, el famoso autor de novelas juveniles católicas, era también astrólogo y llegó a ser contratado por los servicios de inteligencia británicos durante la Segunda Guerra Mundial.

Y no era porque los caballeros del MI5, algunos muy empiristas, creyesen a pie juntillas en los astros, sino porque sabían que muchos de los jerarcas nazis sí. Y era necesario entonces tener información sobre una creencia que hasta cierto punto condiciona la acción del enemigo, al margen de su validez real.

En ese sentido, me empeñé en descifrar si, por casualidad, la fecha del 14/5/2020 tiene algún significado en los simbolismos de la numerología, en la tradición esotérica occidental. Así que tomé el Diccionario de símbolos del poeta español Juan-Eduardo Cirlot (1916-1973).

El «catorcees el número de la fusión y de la organización»[7], el cinco es el «símbolo del hombre, de la salud y del amor»[8], con respecto al dos,«todo el esoterismo considera nefasto el dos, significa asimismo la sombra y la sexualización de todo (…) Por esto el dos es el número de la Magna Mater»[9]. La Magna Mater es decir Cibeles, el nombre de la Pachamama del Asia Menor. Y el cero, «el no ser, misteriosamente ligado a la unidad (…). En la existencia simboliza la muerte como estado en el que las fuerzas de lo vivo se transforman»[10].

Entonces, e interpretando de lo más contingente (día) a lo más general (año),  estaríamos ante una fusión y organización del hombre y de su salud dentro de la Pachamama o Casa Común que muere para transformarse.

Tanta numerología para demostrar lo que siempre dice Francisco y que parece ser su única preocupación: que es necesario una fusión y organización de los hombres en un  «nuevo humanismo» para «restaurar» la Tierra, que es una suerte de milieu divin panteísta en-el-que-todo-está-conectado, al que se le debe un culto sagrado político, distinto y superior a las diversas tradiciones religiosas, cuyo principal deber hoy  parece ser colaborar arreando a sus fieles para este gran proyecto global. Esta misma Tierra está amenazada por una catástrofe ecológica, que será un gran infortunio pero también una oportunidad para crear una respublica universalis de marcado mesianismo carnal.

Vamos ahora a otra numerología esotérica occidental: la simbología del Tarot de Marsella, mazo de naipesque parece haberse originado a finales del medioevo con una mezcla de imaginería apocalíptica cristiana y elementos astrológicos que poco a poco fue evolucionando de un juego a un instrumento de adivinación y transmisión de contenidos ocultos. Carl Gustav Jung, el freudiano heterodoxo de tendencias gnósticas, valoraba su riqueza arquetípica.

En el tarot, los arcanos mayores consisten en 20 cartas asociadas a un número y a un personaje simbólico. El 14 corresponde a la Templanza, cuyo símbolo es una suerte de ángel escanciando líquido en dos copas, con un pie en la tierra y otro en el agua.  Según Waite representa la  «economía, moderación, frugalidad, administración, acomodo». Si sale de cabeza, representa asuntos vinculados a iglesias, religiones y sectas, el sacerdocio y también la desunión. Para Cirlot, siguiendo a Eliphas Lévi, este arcano indica «estaciones, cambios de la vida siempre diferente e igual»[11]. El 5 es el Papa o el Hierofante,  representa el «matrimonio, una alianza, cautividad, servidumbre; en otro recuento, misericordia y bondad, inspiración (…)». De cabeza significa: «sociedad, buen entendimiento, concordia, amabilidad extrema, debilidad». Para Cirlot, el 5 nos trae «indicación, demostración, filosofía y religión»[12].  El 20 es el juicio. La carta representa a un ángel que, desde el cielo, toca una trompeta con una bandera con una cruz, en la tierra, salen de sus tumbas desnudos y resucitados, un hombre, una mujer y un niño, en actitud extática y de adoración.  Waite sostiene que «es la carta que registra el cumplimiento de la gran obra de transformación en respuesta a las invocaciones a lo Superno (…) que la carta continúe representando, para aquellos que no pueden ver más lejos, el Juicio Final y la resurrección del cuerpo natural, pero que aquellos que tienen ojos interiores observen y descubran más allá de eso. Entenderán que ha sido llamada en verdad en el pasado la carta de la vida eterna y que puede compararse a lo que ocurre con la templanza».  Cirlot asocia el arcano a «lo vegetativo, la virtud generatriz de la tierra»[13].

Tendríamos entonces  una frugal alianza para la vida eterna, para la resurrección, entendida como el ciclo regenerativo de la tierra. Evidentemente aquí también estamos ante el proyecto francisquista de alianza de la humanidad y subordinación de las particularidades nacionales y religiosas en aras de un proyecto político global ecológico. 

Queda claro que para algún esotérico que quisiera buscar un día en que el cosmos fuera propicio para lanzar una iniciativa vinculada a este proyecto, tendría que ser el 14 de mayo de 2020.

Todo esto es, evidentemente, repugnante desde un punto de vista cristiano.

Pero la cosa no queda aquí. Existe un método esotérico para  encontrar el significado de una fecha o de cifras completas, reduciéndolas a un solo número del 1 al 9. Es la llamada reducción teosóficay se alcanza sumando todos los números hasta quedar con una sola cifra. Así, para reducir el 14 de mayo de 2020 tendríamos que sumar 1 + 4 + 0  + 5 + 2 + 0 + 2 + 0. El resultado sería 14. Y para terminar la reducción sumaríamos 1 + 4 = 5. 

Tenemos entonces el 5, representación de la alianza y de la religión. Y en el Tarot es, como ya vimos, esta figura:

Tarot de Jean Dodal, III Imperatris, restauration par JC Flornoy ...

El Papa. Es decir, para un esotérico, el 14 de mayo de 2020 no solo sería un buen día para promover un pacto globalista ecológico-político basado en la manipulación y la mentira, sino que, siendo el valor esencial numérico de esa fecha el 5, si resulta que ese esotérico –por algún azar- es también Papa vería en tal fecha un signo aún más propicio.

Finalmente, entre los ocultistas circulaba ya desde hace años la idea de la inminencia de la llegada de la famosa Era de Acuario. Muchos movimientos gnósticos y neoesotéricos empezaron, a medida que acababa el siglo XX, a verse como sus heraldos y preparadores bajo el nombre de New Age. Esta Era significaría una transformación radical de la consciencia de los hombres y un nuevo orden mundial espiritual, caracterizado por la superación de las religiones reveladas –que marcaron la agonizante Edad de Piscis – por una unidad trascendente de toda espiritualidad centrada en el dios interno, es decir, en el descubrimiento de que cada uno de nosotros es en verdad un cristo con un poder intrínseco de transformar la realidad prácticamente ilimitado, pero del que todavía no nos hemos  dado cuenta.  Así, el eritis sicut dii («seréis como dioses») es el objetivo de estos movimientos y la Era de Acuario el momento donde se alcanzará.

Ya en 2014, por ejemplo, se anunciaba que el inicio de esta Era sería en… 2020, inaugurándose con la conjunción de Saturno y Júpiter en Acuario el 21 de diciembre de 2020, hecho inédito y singular en muchísimo tiempo.

Entre los círculos astrológicos parece ser que  hay debate acerca de si  esa conjunción será el inicio de la tan magna Era, pero en lo que sí todos están de acuerdo todos es que ocurriría una gran mutación al elemento aire, suceso inaugura un ciclo de doscientos  años.Porque, según los astrólogos, hemos vivido en el elemento tierra, más vinculado a lo material, desde 1802. ¿Alguien se acuerda de otro sicofante que casi exactamente un año antes de este evento astrológico decía que la Iglesia estaba retrasada doscientos años?

Incluso el diario Clarín en febrero de este año anunciaba con esta conjunción un «cambio drástico en el mundo» pues la «conjunción de Saturno y Júpiter es la conjunción máxima, ésta indica cambios en las sectas, partidos y religiones».

¿Qué diría Pedro de Ailly? Porque la última vez que nos topamos con Saturno y Júpiter empezó una nueva era de horrores.

Conclusión: más allá de la conjetura, la canallada

Quizá algún bergogliólogo podría decirme que, en el caso de tan porteño personaje, más valdría una hermenéutica occamiana: la explicación más pedestre acaba siendo la más verdadera. Y que a lo mejor muchas cosas atribuidas a una malicia esotérica son más explicables por la estupidez y el usual tedio y cólera del hombre-masa contra la religión. No lo sé. A veces Francisco parece Caifás o la burra de Balaam: profetiza sin saberlo

Lo cierto es que su asociación con organizaciones tan crueles y siniestras como la Rockefeller Foundation –cuyos objetivos políticos tendientes hacia la creación de un estado mundial laicista, genocida y homosexualista son públicos-, su fariseísmo, su pasión por la abortista ONU y su cordialidad y entrega absoluta a la totalitaria República Popular China son públicas y notorias. Sus doctrinas entre modernistas, chabacanas y abiertamente panteístas lo son también. Y, por sobre todo, su elocuente opción preferencial por el poder, es decir, su subordinación de todo aspecto religioso, espiritual y filosófico, a un agere político perverso, vinculado al ecologismo, a la inmigración masiva, a las causas del  socialismo posmoderno y a los proyectos supranacionales de ciertos organismos internacionales.

Que sus proyectos políticos radicalmente antropocéntricos tengan un correlato religioso antropocéntrico es evidente.  Y el esoterismo, al final, se reduce a la más antropocéntrica de las doctrinas: la magia, es decir, la reducción de la espiritualidad a una técnica, a una praxis de control de fuerzas para fines exclusivamente profanos y antropocéntricos, para fines de puro poder terreno. Y los fines bergoglianos son absolutamente profanos. Así, su cratolatría no es comparable ni al cesaropapismo ni al Sacrum Imperium que, si sacralizaban el poder, lo hacían para una finalidad espiritual, sea en el orden natural o en el revelado. La cratolatría bergogliana en cambio es el poder para el poder, en el sentido más material posible.

Es entonces que se abre –de manera final y definitiva, creo yo- una disyuntiva gigantesca para los católicos: resistir o colaborar con este personaje.  A aquellos que apoyan a Francisco, negándose a reconocer sus errores y horrores, silenciando e infamando a sus críticos y prestándose a sus designios, no les quedará más que verse envueltos en el reino de la religión política, es decir, de la mentira, de la magia y del poder por el poder, en el reino del  Anomos, del Anticristo. Y aunque se llamen a sí mismos amigos de los pobres y teólogos de la liberación acabarán uncidos al yugo de grandes amigos de los pobres y grandes libertadores como la Rockefeller Foundation y otras cliqués oligárquicas siniestras. Y algo semejante ocurrirá con aquellos, desde la «derecha» que, sea por confundir la sumisión abyecta a la  jerarquía eclesiástica con la gracia santificante y considerar a esa sumisión como señal de «ortodoxia» o sea por simple ambición mundana, hacen lo mismo: negar sus errores y horrores, silenciar e infamar a sus críticos y prestarse a los designios francisquistas. Acabarán también ofreciendo incienso al Anticristo con ornamentos muy bellos y una liturgia muy reverente.

¿Pasará algo extraordinario el 14 de mayo de 2020? No lo sé. Lo que sí sé es que el 13 de mayo aplastará al 14 de mayo y que el Inmaculado Corazón triunfará.  GAUDE MARIA VIRGO, QUAE CUNCTAS HAERESES SOLA INTERIMISTI IN UNIVERSO MUNDO!

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[1] Ricardo García Villoslada y Bernardino Llorca, Historia de la Iglesia III. La Edad Nueva, BAC, Madrid, 1963, pp. 235-236.

[2] Ibíd.

[3] Ibíd.

[4] Ahora se celebrará el 11 de octubre, memoria opcional de «san» Juan XXIII, aniversario del  inicio del Concilio Vaticano y fecha del misterioso e iniciático «Discurso de la Luna»:  https://www.youtube.com/watch?v=PgrAOQKLecs

[5] “The Rockefeller Foundation (RF), the unparalleled 20th century health philanthropy heavyweight, both profoundly shaped WHO and maintained long and complex relations with it”: A. E Birn, Backstage: the relationship between the Rockefeller Foundation and the World Health Organization, Part I: 1940s-1960s. Public Health. 2014 Feb; 128(2):129-40. doi: 10.1016/j.puhe.2013.11.010:

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/24412372

[6] «Durante los meses que precedieron a la guerra, el coronel House, consejero íntimo del presidente Roosevelt [N. A.: y aún más de Wilson], había vaticinado el asesinato de Francisco Fernando. House era discípulo de los Masters of Wisdom (Maestros de la Sabiduría) (…) La guerra de 1914 había sido anunciada en documentos masónicos (…) Entre los objetivos de esta guerra declarada anticipadamente figuraban la destrucción de Austria-Hungría como potencia católica, la eliminación de la dinastía de los Hohenzollern y la creación de nuevos Estados en Europa Central, así como la Revolución rusa», Michel Dugast-Rouillé, Carlos de Habsburgo. El último emperador, Ediciones Palabra, Madrid, 2005, p. 36, n. 29. Tanto la Revista Internacional de Sociedades Secretas del padre Henri Delassusen 1911, como el mismo Francisco Fernando, sabían que ese atentado vendría. Incluso, en una cena a inicios de 1914, el archiduque encomendó a sus hijos a unos atónitos Carlos y Zita (op. cit., p. 36).

[7] Juan-Eduardo Cirlot, Diccionario de símbolos, Editorial Labor, Barcelona, 1992, p. 331

[8] Op. cit., p. 330

[9] Op. cit., p. 329

[10] Ibíd.

[11]Op. cit.., p. 427

[12] Ibíd.

[13] Ibíd.

César Félix Sánchez
Católico, apostólico y romano. Licenciado en literatura, diplomado en historia y magíster en filosofía. Profesor de diversas materias filosóficas e históricas en Arequipa, Perú. Ha escrito artículos en diversos medios digitales e impresos