ADELANTE LA FE

Cómo encaja el acuerdo con la China comunista en el plan más amplio del papa Francisco

Como máximo experto en la política poblacional china, Steven W. Mosher está estrechamente familiarizado con los entresijos políticos del régimen comunista. En particular, con sus conocimientos de chino y sus frecuentes viajes al país, ha dedicado años a observar detenidamente y estudiar cómo tratan los comunistas a las organizaciones religiosas, en concreto a los católicos.

Este verano asistí a una conferencia que pronunció Mosher en Virginia sobre temas chinos, y me impresionó el pormenorizado conocimiento que tiene sobre dichas cuestiones y la sensatez de sus juicios. Al igual que los laicos, sacerdotes y obispos católicos clandestinos, Mosher se opone tajantemente al pacto entre Pekín y el Vaticano, sobre el cual se firmó un acuerdo provisional este fin de semana. Mosher nos ha hecho el inmenso favor de sintetizar la gravedad de la situación en un artículo publicado en OnePeterFive.

El concordato entre la Santa Sede y Pekín garantizará a la Iglesia católica un prestigio efímero por la supuesta normalización de las relaciones diplomáticas y una aparente victoria en la regularización de la jerarquía y la administración de los sacramentos en la China continental. Al gobierno comunista le garantizará una libertad para nombrar obispos que habría sido la envidia de gerifaltes laicos de la Europa medieval que durante siglos intentaron arrogarse la autoridad para investir prelados. Cualquiera que haya estudiado los procedimientos habituales de los gobiernos comunistas (como ha hecho Mosher) sabe que no tienen reparos para faltar a la palabra empeñada antes de que se seque la firma en el papel. ¿Cómo le va a remorder la conciencia a un ateo que cree en la dialéctica del materialismo, si no cree en la Ley de Dios ni en la ley moral natural?

Semejante acuerdo significa que por primera vez desde que existe la Iglesia el partido comunista que gobierna un país elegirá obispos con la aprobación del Vaticano. Esto quiere decir que la Asociación Católica Patriótica China quedará regularizada, a pesar de apoyar las medidas coercitivas sobre control de población y de que su máxima lealtad es para con el Partido Comunista chino.

Por consiguiente, Pekín seguirá persiguiendo impunemente a los católicos verdaderamente ortodoxos, y encima, ahora que el Vaticano se ha doblegado ante las autoridades seculares, esos católicos quedarán como unos desleales recalcitrantes. Ahora que lo pienso, quedarán igual que los católicos conservadores y tradicionalistas en el mundo libre occidental que no han querido dejarse arrastrar por el imparable monstruo del secularismo que promueven simultáneamente la ONU, la Unión Europea y el Vaticano. Visto desde esta perspectiva, el acuerdo de Pekín es el anverso de una moneda cuyo reverso es la omnipresente modernización de la moral que va desde la tolerancia de actos sexuales intrínsecamente perversos hasta la redefinición de la pena capital como un acto intrínsecamente malo y la exaltación del ambientalismo como paradigma de la virtud.

Tenemos, pues, una clave más para interpretar el programa más amplio de este pontificado. La tácita aprobación del comunismo implícita en esta traición a la Iglesia clandestina, que lleva décadas luchando al precio de grandes sufrimientos para mantenerse fiel a la plenitud del catolicismo (¡incluida la suspensión de la Misa Tradicional!) concuerda con muchas otras declaraciones procomunistas y prosocialistas de Francisco. Y ello, a su vez, complementa la política de laicidad masónica o secularismo (un estado secular «es mejor que uno confesional, porque los confesionales siempre terminan mal», Francisco dixit), una modernización litúrgica propia del conciliábulo de Pistoia (en sus propias palabras: «Podemos afirmar con seguridad y con autoridad magisterial que la reforma litúrgica es irreversible») y el rechazo modernista de la estabilidad dogmática y los absolutos morales (observados en una amplia gama de afirmaciones sobre desarrollo doctrinal y moral sexual).

El acuerdo con China encaja perfectamente con el intento de desmantelar la identidad católica, la exaltación postmoderna de normas mudables y el atentado a la fidelidad católica que ha caracterizado desde el primer día a este pontificado. La verdad es que resucita y amplía enormemente la trágica Ostpolitik de aquel predecesor de Francisco que fue Pablo VI, el cual traicionó y humilló al cardenal József Mindszenty al procurar más alianzas con los comunistas. No sorprende mucho que Francisco quiera canonizar a Pablo VI el mes entrante en un ejercicio narcisista como los que nos ofreció en la reciente homilía en que se comparó a sí mismo con el Cristo que guardó silencio y a sus acusadores con Satanás.

El pasado sábado 15 de septiembre, el cardenal Gerhard Müller predicó lo siguiente en una ordenación sacerdotal en Roma:

La Iglesia, fundada por Dios y constituida por seres humanos, atraviesa por lo que se refiere a su componente humano una honda crisis artificial de credibilidad (…) Las raíces del mal no están en el clericalismo, sea lo que éste sea, sino en el alejamiento de la verdad y en la anarquía moral (…) El verdadero peligro para la humanidad actual está en el gas de efecto invernadero del pecado, el calentamiento global de la incredulidad y la decadencia moral cuando nadie sabe ni enseña la diferencia entre el bien y el mal.

Una última reflexión: ¿Cómo puede estar la Asociación Católica Patriótica China en plena comunión y sus sacerdotes regularizados cuando la Hermandad Sacerdotal S. Pío X no lo está? Para mí, está más claro que el agua: porque la Asociación Patriótica está entusiasmada con la secularización, el Concilio y el Novus Ordo (¡que ella introdujo en China!) y con adaptar la ética dependiendo de la situación (moral situacional), mientras que la HSSPX defiende la coherencia religiosa, la doctrina perenne, el Rito Romano tradicional y la vigencia incuestionable y sin excepciones de la moral. Dicho de otro modo: asistimos a una inversión total del catolicismo, a todo lo contrario de lo que tendría que suceder. Que el Señor tenga misericordia y nos rescate de los que afirman actuar en su nombre.

(Traducido por Bruno de la Inmaculada/Adelante la Fe. Artículo original)

Peter Kwasniewski

El Dr. Peter Kwasniewski es teólogo tomista, especialista en liturgia y compositor de música coral, titulado por el Thomas Aquinas College de California y por la Catholic University of America de Washington, D.C. Ha impartrido clases en el International Theological Institute de Austria, los cursos de la Universidad Franciscana de Steubenville en Austria y el Wyoming Catholic College, en cuya fundación participó en 2006. Escribe habitualmente para New Liturgical Movement, OnePeterFive, Rorate Caeli y LifeSite News, y ha publicado seis libros, el último de ellos, Noble Beauty, Transcendent Holiness: Why the Modern Age Needs the Mass of Ages (Angelico, 2017).
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