ADELANTE LA FE

Cómo la liturgia puede abrir o cerrar la puerta a Cristo

Nota de Adelante la Fe: Con este artículo damos la bienvenida como autor a Peter Kwasniewski, quien ha aceptado incorporarse como autor a esta web. El Sr. Kwasniewski -teólogo tomista, experto liturgista y compositor- necesita muy poca presentación, pues es una de las personalidades del mundo “tradicional” más reconocidas y prestigiosas, colaborador frecuente de publicaciones como New Liturgical Movement, Rorate Caeli, One Peter Five y Life Site News. Es para nosotros todo un honor y un privilegio poder ofrecerles sus artículos en español.

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Siguen lloviendo los datos sobre cómo los jóvenes abandonan el cristianismo en masa. Y esto incide en todas las denominaciones. Estudios recientes, como el Shell-Jugendstudie, muestran  que la iglesia no es uno de los lugares en los que precisamente sea fácil encontrar jóvenes.

¿Cuál es el problema exactamente? Hay, como de costumbre, una variedad de teorías, pero creo que debemos tomarnos muy en serio el argumento que Dom Karl Wallner de la Abadía de Helligenkreuz dio en su conferencia “La profanación de lo sagrado y la sacralización de lo profano”. He aquí algunos fragmentos:

La experiencia de lo sagrado es más fundamental que la noción de lo divino. Esto quiere decir que la religiosidad se basa en primer lugar en dejarse tocar por la existencia de algo que trasciende el día a día, a través de una suerte de pureza y majestad, algo que impone respeto, algo inesperado. Sólo con base en esta experiencia el hombre puede buscar el origen de este sentimiento en Dios. […] Repetimos: la necesidad de verse afectado por lo que uno siente que es “sagrado”, incluso hasta el punto de ponernos el vello de punta, es fundamental para el hombre: porque el hombre está predestinado a lo sagrado. […] Si no cultivamos lo sagrado y lo dignificado en nuestras iglesias, si olvidamos el tremendum y el fascinosum, podemos esperar que la psicología humana irá a otro sitio a llenar la necesidad de temblar ante algo majestuoso. Si degradamos nuestras ceremonias litúrgicas al nivel de simples ceremonias mundanas, si las banalizamos, no debería sorprendernos de ver a la gente ir a otro sitio a satisfacer su innato deseo por los lugares sagrados, por los símbolos sagrados, por los textos sagrados y por personas a las que venerar.[i]

Aunque Peter Wallner no lo dice, podría haber dicho fácilmente que el movimiento de desacralización en el nombre de la modernización es precisamente lo que caracteriza la liturgia católica reformada, en su concepción y en su ejecución.

Digámoslo así. El Novus Ordo cuida a la congragación como si fueran niños; los párrocos podrían también repartir chupetes y mantitas a la puerta. El hecho es palabrería flexible, desde “Buenos días. Hoy es el x domingo del Tiempo Ordinario. Abriremos con el himno “Dios, qué himno tan bonito es este”” hasta “Podéis ir en paz. Que tengáis un buen día” [ii]. ¿Pueden pensar en muchos adultos jóvenes de este mundo postmoderno que quieran tener nada que ver con eso? ¿Pueden pensar en mucha gente en general que de verdad quiera que le hablen durante el rito de apertura, durante las tres lecturas, durante la homilía, durante las pesadísimas, anémicas y sentimentales preces, durante la plegaria eucarística, durante el rito de la comunión y durante los avisos de cierre? Es a duras penas una receta para atraer ni a convertidos ni a revenidos. No vamos a atraer a nadie con una liturgia que atrae mayormente a bibliotecarios de clase media. Antes preferirían ayunar con un silencio zen o tomar alguna droga alucinógena a atiborrarse con un buffet de “come lo que quieras” de palabras.

En el capítulo 1 de mi libro Noble Beauty, Transcendent Holiness (Noble belleza, Santidad trascendente), refiero varios testimonios sobre cómo los encuentros de algunas personas con la liturgia tradicional fueron un momento impresionante de descubrimiento, un inesperado “impacto de lo bello”, una teofanía. Tales testimonios siguen aumentando, según año a año ahora esta parroquia, después tal otra diócesis, se convierten en nuevos hogares para el antiguo rito romano. Observar cinco de estos testimonios (son nuevos, no incluidos en mi libro) nos dará mucho que reflexionar.

Un laico me envió el siguiente e-mail:

Ahora asistimos a la misa latina tradicional como nuestra misa ordinaria. Al principio nos superaba un poco pero ya después de un par de meses se ha vuelto algo normal para nosotros. Mi mujer y yo estábamos asombrados de que, aunque al principio no teníamos idea de lo que estaba pasando, todavía rezábamos más en misa durante el primer mes de las liturgias de la misa latina tradicional que en los 10 últimos años de las NO liturgias combinadas (¡o al menos así lo sentíamos!).

A lo que sólo pude responder: “Sé exactamente lo que quieres decir”.

Una seglar me escribió:

Tengo 38 años y he pasado toda mi vida en la misa del Novus Ordo. Estaba muy poco interesada hasta hace unos cuatro años, cuando Nuestra Señora me puso en relación con su Hijo a través del rosario […] Finalmente asistí el mes pasado a la misa latina tradicional por primera vez y me sentí tan abrumada por la solemnidad y belleza de la misa que se me llenaron los ojos de lágrimas.

Es sólo una de las incontables personas que han reaccionado así… y obviamente no por nostalgia (una persona de 38 años no tiene edad suficiente para ello, a no ser que se tome “nostalgia” en el enrarecido sentido filosófico que Wojtila y Ratzinger le dieron). Acompañados por los Padres del Desierto, deberíamos sumergirnos en el significado de las lágrimas. En mis 25 años como director de música sagrada para el Novus Ordo, sólo he visto un par de veces que alguien saliera de misa con lágrimas porque la liturgia les había conmovido. Pero ocurre a menudo en la misa mayor que a personas de mediana y avanzada edad se les asoma una lágrima por la “solemnidad y belleza” que experimentan. Esto es de común conocimiento entre músicos, probablemente porque es más probable que estas personas nos aborden después. Lágrimas como estas son un signo de estar conmovido en lo profundo, más allá del ruido de las opiniones e ideas preconcebidas. Son el signo de una liberación y restauración interiores, a la vez llegar a uno mismo y salir de uno mismo. Son muy opuestas a algo que te pones para enseñarlo o que quieres a regañadientes porque es bueno para ti, como el aceite de hígado de bacalao.

Mi tercer ejemplo está tomado de un artículo publicado en el Chant Café, en que una escritora describía como percibe y experimenta el usus antiquior. El testimonio es tanto más valioso en cuanto esta escritora se definiría (creo) como una proponente del ROTR, pero aun así escribe conmovedoramente sobre cómo es asistir a la misa tradicional:

Este sabor del cielo, este tiempo fuera del tiempo refuerzan mi corazón ante los rigores del Evangelio como nada antes lo ha hecho. La receptividad tiene que ver con un cierto silencio y paz. Experimento el silencio, el silencio interior, incluso cuando hay un montón de actividad, por ejemplo en la misa mayor solemne, con sus movimientos y sonidos que se solapan, con oraciones que se repiten, se susurran, se anuncian. Es muy tranquilo. Respiro más profundamente. Una paz tan callada.

Esta tranquilidad es posible en la forma postconciliar y ordinaria del rito. Es posible, pero no normal. Lo que para mí es más normal es una experiencia precipitada y apresurada. La atmósfera a veces informal y a menudo irreflexiva se hace parte de mi propia experiencia al intentar rezar la misa. En lugar de participar de la paz participo de todas las distracciones que me rodean.

Me parece que se ha invertido cierta jerarquía. La misa dominical debería ser la experiencia de oración por excelencia, una experiencia de la que nuestras misas diarias y oraciones personales son un eco pero que nunca alcanzan con la misma profundidad. Por el contrario, encuentro que mis oraciones privadas son más devotas y solemnes que la misa diaria en la forma ordinaria, que a su vez contiene más oración, y menos distraídas que la misa dominical en el rito ordinario[iii].

Un cuarto ejemplo es de un discurso de fin de curso de instituto en la Academia de Gregorio el Grande:

Aunque era extraño al principio, rápidamente me enamoré de la estructura y la poesía de la misa [tradicional] y, sobre todo, de las tradiciones musicales que enlazan a Oriente y Occidente en un coro de alabanza divina. Llegué a conocer de nuevo lo que siempre había conocido pero nunca había entendido: la tradición de mi fe. Del mismo modo en que me convertí a apreciar las muchas bellezas de la Liturgia Divina, fui llevado a un nuevo entendimiento del rito romano, viendo en su estructura un objetivo común, que es el objetivo de la salvación y la profundidad de las tradiciones sagradas. A través de estas tradiciones y la experiencia de la liturgia, fui llevado a una nueva experiencia de mi lugar en la familia divina y de mi herencia espiritual… Fui proyectado de cabeza en un nuevo mundo de tremendo significado y misterio.

El quinto testimonio es de una carta escrita a un monje por uno de sus antiguos amigos de la época universitaria. Tanto el monje como el amigo me han dado permiso para incluirlo aquí:

Escribo en el medio de la Octava de Pentecostés y he ido a tres misas en latín durante esta semana (N. ha ido a dos), y espero ir también mañana y el domingo de la Trinidad. Es un tiempo lleno de gracia en mi vida. No he tenido tanta paz ni fuerza para trabajar bien en mucho tiempo. En parte debido a que el curso está terminando por fin, pero estoy convencido de que el Espíritu Santo también ha hecho lo suyo en mí a través de la misa en latín.

Podría añadir tantos más a estos cinco… Podemos tomar como resumen de todas estas reacciones las palabras de Dom Alcuin Reid, que dice del usus antiquior:

Sus exigencias dan lugar a una respuesta en nosotros. Encontramos que el recogimiento y la belleza del ritual; el silencio, en que encontramos espacio para la oración interior; la música, que no trata de imitar el mundo o calmar las emociones, sino que nos reta y facilita la adoración de lo divino; hallamos en verdad que la experiencia ritual total de lo numinoso y lo sagrado es edificante y nutricia.

“Me sentí tan abrumada por la solemnidad y belleza de la misa que se me llenaron los ojos de lágrimas”.

“Este sabor del cielo, este tiempo fuera del tiempo refuerzan mi corazón ante los rigores del Evangelio como nada antes lo ha hecho…”

“Un nuevo mundo de tremendo significado y misterio”.

“No he tenido tanta paz ni fuerza para trabajar bien en mucho tiempo”.

“Sus exigencias dan lugar a una respuesta en nosotros”.

Todos vosotros, proponentes de la Nueva Evangelización (obispo Barron incluido); todos vosotros, aparejadores de pseudo-sínodos de la juventud; vosotros, vendedores ambulantes de las mercancías de antaño, ¿lo escucháis? ¿Escucháis el sensus fidelium, la vox populi Dei? “El que tenga oídos que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Ap. 2-7).

Nueva vida en Cristo, nueva vida en la Tradición

Nueva vida en Cristo, nueva vida en la Tradición

[i] El P. Wallner continúa ilustrando prácticas religiosas de sustitución en las que la gente intenta encontrar o fabricar un significado para ellos mismos y entrar en contacto con algo “separado” del día a día, tal como peregrinaciones a tumbas de famosos, una devoción obsesiva por el deporte, el culto a los famosos, la dramaturgia de películas o festivales de rock, una dedicación celosa a movimientos políticos, prácticas supersticiosas. No puedo recomendar lo suficiente esta corta conferencia , pues contiene preciosas reflexiones sobre el curso del pasado medio siglo y las perspectivas y peligros del momento presente. En particular, todos los que están involucrados en el ministerio de los jóvenes deberían leerla atentamente.

[ii] Véase Noble Beauty, Trascendent Holiness, cap. 10, “The peace of Low Mass and the Glory of High Mass” (“La paz de la misa rezada y la gloria de la misa mayor”), para más sobre este problema.

[iii] Es esta una sorprendente declaración que me suena a verdad: “encuentro que mis oraciones privadas son más devotas y solemnes que la misa diaria en la forma ordinaria, que a su vez contiene más oración, y menos distraídas que la misa dominical en el rito ordinario”. Un católico, que rece Laudes o Prima tradicionales por la mañana solo, tendrá más sentido de fuerte devoción y la solemnidad de una oración sobria y sincera que en la misa del Novus Ordo, excepto en rarísimas circunstancias. Y la misa del domingo será normalmente la peor de todas, es decir, la más lejana de ese espíritu de devoción y oración.

(Traducido por Natalia Martín/Adelante la Fe. Artículo original)

Peter Kwasniewski

El Dr. Peter Kwasniewski es teólogo tomista, especialista en liturgia y compositor de música coral, titulado por el Thomas Aquinas College de California y por la Catholic University of America de Washington, D.C. Ha impartrido clases en el International Theological Institute de Austria, los cursos de la Universidad Franciscana de Steubenville en Austria y el Wyoming Catholic College, en cuya fundación participó en 2006. Escribe habitualmente para New Liturgical Movement, OnePeterFive, Rorate Caeli y LifeSite News, y ha publicado seis libros, el último de ellos, Noble Beauty, Transcendent Holiness: Why the Modern Age Needs the Mass of Ages (Angelico, 2017).
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