Carta del Cardenal Mercier al Clero de la Diócesis de Malinas

El cardenal Desiderio José Mercier (21 noviembre 1851 – 23 de junio de 1926) fue Arzobispo de Malinas (Bélgica) desde 1906 hasta su muerte.

Esta carta es un hermosísimo testamento y testimonio de lo que debe ser la vida del sacerdote: el santo sacrificio de la Misa. Y ofrecida con la máxima fe y fervor posibles. El Señor, como bien dice el Cardenal Mercier, le otorgó la gracia de la experiencia de una vivencia del Santo Sacrificio en esos últimos momentos de su vida. Y desde el lecho de su sufrimiento en el hospital, se une de una forma más activa y directa a este tremendo misterio del Calvario, presente el altar. Desde esa íntima experiencia exhorta a sus sacerdotes a que vivan y celebren la Misa con la fe, devoción y unción como si estuvieran realmente ante el Calvario, ante Nuestro Señor Crucificado.

La verdadera participación en la Santa Misa consiste en lo que nos dice este ejemplar Cardenal: como si estuviéramos en el Calvario. Para fieles y sacerdotes.

¡Cuánta fe, devoción, respeto, unción y profundo dolor de contrición de nuestros pecados deberíamos tener en cada Misa! Cristo en el Calvario ganando nuestra redención al precio de su Preciosísima Sangre. Ante nuestros ojos.

Clínica de Bruselas

18 de Enero de 1926

AL CLERO DE LA DIÓCESIS DE MALINAS

Durante mis horas de recogimiento, mientras veía que todas las esperanzas humanas se desvanecían y mi alma se quedaba sola con Dios únicamente, mi pensamiento se acercaba cada vez más a vosotros. Y he vivido con vosotros en un comercio ininterrumpido.

SE TRATA DEL SACERDOCIO QUE PERCIBO EN VOSOTROS. Privado de la dicha del santo sacrificio de la Misa, me uno, el día entero, a la Misa que el Soberano Sacerdote, Nuestro Señor Jesucristo, ofrece en todo instante, por medio de sus ministros, sobre todos los altares del globo terrestre.

La Misa toma ante mis ojos un aspecto de realidad excepcionalmente sorprendente, porque el sacrificio del Calvario, que ella rememora, se me manifiesta bajo un aspecto tangible al cual me ha sido asociarme más activamente y más directamente que de costumbre.

Por esto me he preguntado que debía haceros participes de esta gracia que Dios me ha otorgado, en estas horas que son quizá las últimas de mi vida, para que celebréis siempre la Santa Liturgia de la Misa como si estuvierais en el Calvario, aportando todo el fervor de la fe y de la devoción del que sois capaces.

La celebración de la Misa es el acto por excelencia de cada uno de vuestros días y debe ser el acto central.

Mis queridos amigos me parece que he liberado mi conciencia dejándoos esta última exhortación.

Os habéis convertidos en sacerdotes con el fin de celebrar el santo sacrificio de la Misa. Vivir de vuestro sacerdocio, es ante todo, celebrar santamente la Misa y administrar santamente los sacramentos correspondientes.

Permaneced unidos a vuestro Obispo y, por él, al mismo Vicario de Cristo, para cooperar en la obra de la glorificación de la Santísima Trinidad y de la redención el mundo.

D. J. Mercier, arzob. de Malinas

Como si estuviéramos en el Calvario, así hemos de participar en la Santo Sacrificio de la Misa, tú y yo.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa