¿Es posible llevar las creencias privadas un paso adelante si tienes 63 años, eres un poco tímida y tienes la cabeza cubierta de canas? ¿Es posible protestar frente a una clínica abortista y salvar de verdad una vida en una mañana habitual de lunes?

“Sí, lo es,” dice Judy.* Esta es su historia, tal como se la contó a Sarah.

“¡Te amamos, Stephanie!” Faith, de 70 años y líder de mi grupo pro-vida, le grita a una abortista que llega a Planned Parenthood. “Por favor, cambia de parecer,” le dice Faith, “No has ido a la facultad de medicina para esto… Tú también has sido bebé una vez; estamos aquí por ti. Queremos ser tus amigos…”

La bondad de Faith hacia la abortista está lejos de la bravucona que plantó mis pies por primera vez en este lado de la vereda. Pero estoy agradecida por la bravucona que apareció en mi club de tenis anunciando que estaba “consiguiendo un trabajo en Planned Parenthood.” Estoy agradecida por cómo ella y otras mujeres se rieron en el vestuario cuando les conté sobre mi postura pro-vida.

Mientras dos jugadoras de tenis la felicitaban por “ayudar” a las mujeres, yo sabía que tenía que alzar la voz aunque mi corazón latiera fuerte en mi pecho.

“¿Por qué harías algo así?” le pregunté. “Solo mira un libro de biología de octavo grado. Los no nacidos son como tú y yo — tienen rostros y manos y pies.”

La bravucona respondió: “Te han lavado el cerebro y vives en la Edad Media. ¡Desearía que el niño que robó mi teléfono celular la semana pasada hubiera sido abortado!”

Las otras mujeres rieron, y en aquel momento sentí entre mis “amigas” y yo una distancia tan grande como el Gran Cañón. También me vi de pronto a mi misma como esas luchadoras que rezan en la vereda frente a la clínica. ¡Es gracioso —no se me había ocurrido la idea hasta entonces!

“¿Dónde están sus nociones de ‘tolerancia’ hacia mí?” pensé, muy herida por el ridículo.

Sin embargo, me horrorizó más aún que mis creencias pro-vida fueran una sorpresa para algunas de esas mujeres con quienes había jugado al tenis durante años. Conduje a casa llorando, arrepintiéndome de mi silencio en algunos momentos y preguntándome cómo podría haber presentado mis ideas de forma más clara. ¿Cuántas veces en el pasado me había “dejado llevar para llevarme bien” sólo para jugar al tenis por deporte y por diversión? Le pedí a Dios que me ayudara — una abuela de más de 60 con muchas exigencias familiares (incluyendo una hija con una enfermedad crónica y un nieto al que debía ayudar a criar) – a ser una voz para los no nacidos.

Una rápida búsqueda en Internet me condujo a 40 Days for Life (40 días por la vida). Seguí su breve pero informativo curso de entrenamiento y formé parte de varias protestas en las calles de los alrededores de la región de Filadelfia.

La semana pasada Dios respondió mi oración, colocándome frente a una clínica de abortos tardíos en el Barrio Chino. Las otras dos mujeres que debían acompañarme se habían retrasado, y por lo tanto me encontraba sola, con el rosario en la mano.

“¡Vete de aquí!” La recepcionista de la clínica salió, gritándome. Sus manos alzadas como si estuviera tratando de ahuyentarme. Le hice notar amablemente que yo estaba en una vereda pública. Luego apunté hacia mi cabello gris y mi camisa desalineada que dice, “Te amo a ti y a tu niño no nacido.”

“¿Tanto miedo provoco?” le pregunté sonriendo. “Solo soy una abuela que ama a los bebés.”

Permanecí de pie, sabiendo que probablemente mi presencia allí y mis cuentas de rosario impedirían que los clientes entraran. Según las estadísticas, puede haber un 75% de “inasistencias” los días en que hay  personas rezando fuera de una clínica abortista.

La recepcionista se fue resoplando, y si bien ninguna de las mujeres que entraron en la clínica ese día tomaron mis folletos, esa noche recibí un correo electrónico de mi jefa de equipo.  “¡Hoy se salvó un bebé de West Chester!” decía el mensaje. Luego contaba la historia de una adolescente en crisis que había aceptado la oferta de nuestro programa gratuito de asistencia en salud. Luego, la joven expresó claramente que había cambiado de opinión acerca de abortar.

“¡Nos alegramos!” cantaba el correo de Faith, y mi corazón también cantaba.

Ahora, cuando veo a la bravucona en la cancha de tenis, la que me empujó hacia el movimiento pro-vida, le doy un gran abrazo y le sonrío tontamente. Porque si bien para mí el ser pro-vida se trata en primer lugar y más que nada de salvar bebés, marchar al frente en la línea de batalla me ha dado un nuevo propósito y visión para mi vida. ¡Tan profundamente pro-vida!

Sarah Robsdotter

* Los nombres fueron cambiados por razones de seguridad. Presione en el siguiente vínculo para saber más de 40 Days for Life.

Traducido por Marilina Manteiga. Fuente: https://onepeterfive.com/bully-prolife-movement/