ADELANTE LA FE

¿Es compatible el estado de gracia con la vía Caritatis?

El publicano se quedó allá lejos y ni se atrevía a levantar los ojos al cielo, y golpeaba su pecho, diciendo: ¡Oh Dios, sé propicio a mí, pecador! Os digo que bajó justificado a su casa y no aquél (Lc. 18, 13-14).

Vía caritatis, piedra angular.

Queridos hermanos, de forma incomprensible, para quien escribe estas líneas, el punto 306 de Amoris Laetitia no ha merecido ninguna opinión pública, ni comentario alguno; da la impresión que su contenido es aceptado por todos. Personalmente pienso que el punto 306 es la piedra angular de Amoris Laetitia sobre la que se sustenta el punto 8 (posibilidad de recibir la Sagrada Comunión por parte de los adúlteros), que tanta discusión, dudas e interpretaciones genera. El punto 306 da sentido al contenido de la Exhortación postsinodal.

Dice así:

Ante quienes tengas dificultades para vivir plenamente la ley divina, debe resonar la invitación a recorrer la vía caritatis.

¿Es imperfecta la Ley divina? ¿Es una carga que oprime al hombre? ¿Es imperfecto Dios que da una Ley que no puede seguir el hombre? ¿Pretende Dios con una Ley difícil de cumplir poner obstáculo a la salvación del alma? ¿Está al arbitrio del hombre seguir o no la Ley de Dios? Sólo tenemos una respuesta: Dios es perfectísimo, santísimo y justísimo, y su Ley divina es perfecta, santa y justa, y constituye el único medio para la justificación del hombre y la salvación de su alma.

Estamos ante un texto inédito, inaudito y sorprendente en la historia de la Iglesia, en la historia del Papado,  pues vemos que un Papa exonera a los fieles del cumplimiento de la Ley de Dios. ¿Tiene autoridad para ello? ¿Puede la Ley de Dios estar al arbitrio del sucesor de Pedro? ¿Está acorde con el mandato dado por Jesucristo nuestro Señor a San Pedro y sus sucesores? Si la Ley de Dios es el medio de justificación del hombre, ¿qué supone la vía caritatis? ¿Busca la vía caritatis la santidad del alma?

¿Justifica la vía caritatis a quienes la sigan, alejándose del cumplimiento de los mandamientos?

 El Concilio de Trento responde a la Vía Caritatis.

Dejemos que sea el Magisterio de la Iglesia quien conteste. Así dice el capítulo 10 (Crecimiento de la justificación recibida) del Decreto sobre la justificación del Concilio de Trento (Denzinger nº 803):

Justificados, pues, de esta manera y hechos amigos y domésticos de Dios (Jn. 15, 15; Ef. 2, 19), caminando de virtud en virtud (Sal. 83, 8), se renuevan (como dice el Apóstol) de día en día (2 Cor. 4, 16); esto es, mortificando los miembros de su carne (Col. 3, 5) y presentándolos como armas de la justicia (Rom. 6, 13-19) para la santificación por medio de la observancia de los mandamientos de Dios y de la Iglesia: crecen en la misma justificación, recibida por la gracia de Dios, cooperando la fe, con las buenas obras (Sant. 2, 22), y se justifican más (Can. 24 y 32), conforme está escrito: El que es justo, justifíquese todavía (Ap.22, 11), y otra vez: No te avergüences de justificarte hasta la muerte (Ecli, 18, 22), y de nuevo: Veis que por las obras se justifica el hombre y no sólo por la fe (Sant. 2, 24). Y este acrecimiento de la justicia pide la Santa Iglesia cuando ora: Danos Señor, aumento de fe, esperanza y caridad (Domingo 13, después de Pentecostés).

El Capítulo 11De la observancia de los mandamientos y de su necesidad y posibilidad- dice lo siguiente:

Nadie, empero, por más que esté justificado, debe considerarse libre de la observancia de los mandamientos (Can. 20); nadie puede de aquella voz temeraria y por los Padres prohibida bajo anatema, que los mandamientos son imposibles de guardar para el hombre justificado.

Porque Dios no manda cosas imposibles, sino que al mandar avisa que hagas lo que puedas y pidas lo que no puedas y ayuda para que puedas; sus mandamientos no son pesados (1 Jn. 5, 3), su yugo es suave y su carga ligera (Mt. 11, 30). Porque  los que son hijos de Dios aman a Cristo y los que le aman, como Él mismo atestigua, guardan sus palabras (Jn. 14, 23).

Por último el Canon 20, dentro de los cánones sobre la justificación, dice:

Si alguno dijere que el hombre justificado y cuan perfecto se quiera, no está obligado a la guarda de los mandamientos de Dios y de la Iglesia, sino solamente a creer, como si verdaderamente el Evangelio fuera simple y absoluta promesa de vida eterna, sin la condición de observar los mandamientos, sea anatema.

Los Mandamientos de Dios no son pesados

Los preceptos de los mandamientos no son difíciles, he aquí el argumento de San Agustín que leemos en el Catecismo romano: ¿Cómo, dime, se dice que es imposible al hombre amar; amar, digo, al Creador todo bondad, Padre amantísimo, y en segundo lugar a su propia carne en la persona de sus hermanos? Pues, en verdad, el que  ama ha cumplido la Ley.

No hay palabras más claras que las de San Juan (1 Jn. 5, 3-4): Pues esta es la caridad de Dios, que guardemos sus preceptos. Sus preceptos no son pesados, porque todo el engendrado de Dios vence al mundo.

Seguimos leyendo en el Catecismo romano: Según el testimonio de San Bernardo, no ha podido exigirse al hombre ninguna cosa más justa, ni más digna, ni más fácil que tales Preceptos.

Dios no ha podido dar al hombre nada más justo, digno y fácil de cumplir que los Mandamientos, porque Dios no manda cosas imposibles, sino que al mandar avisa que hagas lo que puedas y pidas lo que no puedas y ayuda para que puedas. Quien tenga dificultades para vivir la Ley divina no ha de hacer otra cosa que pedir a Dios ayuda para cumplirla por encima de todo, porque quien ama a Dios, ama Su Palabra y desea hacer Su santa Voluntad. No ama sino aquel que cumple la Ley de Dios. Nadie conoce el amor de Dios  sino  quien cumple con Sus mandatos.

Nadie queda libre de la observancia de los Mandamientos

Queridos hermanos, la Iglesia ha hablado en el Decreto sobre la justificación, y lo ha hecho de forma dogmática, por tanto, infalible. Nadie queda exento del cumplimento de los mandamientos de la Ley de Dios, a menos que se exponga a la condenación eterna de su alma. Ni siquiera los tenidos por más justificados, santos, quedan exentos de ellos.

No existe, en modo alguno, un camino distinto al cumplimiento de los Mandamientos para la santidad del alma, cualquier otra vía distinta supone seguir el pecado. No existe autoridad en la Iglesia que libere del cumplimiento de los Mandamientos a los fieles en ninguna circunstancia.

El publicano quedó justificado porque tuvo temor de Dios; humildemente se reconoció  pecador y se golpeó el pecho con dolor de contrición. El publicano es el cumplidor de la Ley de Dios, por esa razón quedó justificado. Su dolor sincero y satisfactorio es la actitud del cumplidor fiel de la Ley divina.

La vía caritatis permite lo que condena la Iglesia. El estado de gracia no es compatible con la vía caritatis.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo "Mysterium Fidei" sobre la Misa tradicional.