Debido a las continuas “torpezas” del género humano, Dios ha tenido que hacer en multitud de ocasiones “borrón y cuenta nueva”. Lo hizo en tiempos de Adán y Eva, posteriormente con Noé; y más cercano a nosotros, con Cristo. Después de Cristo, en varias ocasiones Dios tuvo que echar una mano para arreglar los desmanes que el hombre estaba haciendo: las primeras herejías del cristianismo, en los siglos X-XI por la separación de la Iglesia ortodoxa, en el XVI con Lutero, Calvino y otros heresiarcas… y últimamente en el Vaticano I para intentar acabar con el Modernismo.

Después de cada golpe de timón dado por Dios en la historia del hombre, surgió una “nueva humanidad” más purificada y centrada, pero también con más heridas y lesiones en su cuerpo. Recordemos que después de Adán y Eva, el hombre ya no fue el mismo. Cristo vino a reparar gran parte del daño causado por el pecado original; no obstante, el hombre perdió el don de la inmortalidad, la ciencia infusa, el don de integridad, la gracia de Dios… A pesar de tantos avatares la humanidad siguió adelante, y la Iglesia fundada por Cristo permaneció fiel a su Fundador.

En los últimos tiempos, es la misma Iglesia católica (la única verdadera), la que está necesitada de nuevo de un “borrón y cuenta nueva”. Los numerosos casos de corrupción de sus pastores, las desviaciones morales y teológicas no corregidas a su tiempo, la separación doctrinal de aquellos que tendrían que enseñar el Magisterio auténtico, la gravísima infiltración masónica en las altas esferas de la jerarquía y muchas otras “cosas”, parecen indicar que la Iglesia está llegando a un final de ciclo y pronto Dios tome de nuevo el timón de la historia e intente poner a la humanidad en el rumbo correcto. ¿O quizá estemos ya entrando en lo que se ha llamado “los últimos tiempos”?

La Revelación nos dice que este mundo tal como ahora lo conocemos llegará a su fin. ¿Cuándo ocurrirá? No lo sabemos. Lo que sí nos avisó Cristo es que antes de que ese final llegara, habría terremotos, guerras…, la aparición del anticristo y la apostasía prácticamente general de la Iglesia. Fue el mismo Jesús quien nos dijo: “Cuando venga el Hijo del hombre ¿encontrará fe sobre la tierra?” Guerras, terremotos y otros desastres naturales o causados por el hombre siempre han habido; pero un elemento nuevo que ha entrado a formar parte de esas señales que nos anuncia Cristo para el final de los tiempos, es la apostasía prácticamente general de la Iglesia. Si los pastores que tendrían que conducir el rebaño no cumplen su función: o todo el rebaño será aniquilado por los lobos, o Dios tendrá que poner un remedio antes de que sea demasiado tarde.

The statue of the Virgin Mary is carried by believers to the church of the Fatima shrine for the night mass  on May 12, 2009. Thousands of pilgrims are on their way to the Fatima Shrine to attend the 92nd anniversary celebrations of the claimed first appearance of the Virgin Mary to three shepherd children in 1917. AFP PHOTO/ FRANCISCO LEONG TELETIPOS_CORREO:REL,REL,%%%,%%%

Hace unos días, con motivo del 13 de mayo, aniversario de las apariciones de la Virgen María en Fátima, muchos pensamientos me vinieron a la mente. Aproveché ese día para releer el mensaje de Fátima, y quedé sorprendido por una de las conversaciones que la Virgen tuvo con Lucía:

“En la primera ocasión en que se apareció a los tres pastorcitos, Lucía preguntó a la Virgen: -¿Yo iré al Cielo? -Sí, irás. -¿Y Jacinta? -Irá también.
– ¿Y Francisco? También irá, pero tiene que rezar antes muchos rosarios.
Lucía se acordó de dos amigas que habían muerto hacía poco: -¿Está María de las Nieves en el Cielo?

-Sí, está (tenía cerca de dieciséis años).
– ¿Y Amelia? -Pues estará en el Purgatorio hasta el fin del mundo (tenía entre 18 y 20 años)”.

Acabado de leer este fragmento, no pude por menos que estremecerme y pensar:

“Pues si Amelia, con sólo 18 años, permanecerá en el Purgatorio hasta el fin del mundo, ¿hasta cuándo tendré que estar yo?”

¡Cuán ligero nos tomamos el “negocio” de nuestra salvación/condenación. Parece ser que la Virgen María no había oído el mensaje del Papa Francisco sobre la Misericordia y el “todos, todos se salvan”.

Aunque yo nunca he sido profeta, ni aficionado al “profetismo”, sabemos lo que la Virgen le dijo a los pastorcillos en Fátima sobre: la necesidad de arrepentirse, rezar el Santo Rosario, la devoción al Inmaculado Corazón de María… Y también habló de las cosas terribles que le ocurrirían a la humanidad si ésta no se arrepentía y cambiaba.

Después de casi ya cien años de estas apariciones, ni el hombre se ha convertido, ni ha hecho caso de ninguna de las indicaciones de la Virgen; es más, parece como que el género humano está cada vez más empecatado, soberbio de sí mismo, separado de la fe y de las virtudes cristianas.

Por otro lado, las abundantes catástrofes naturales: terremotos, volcanes, inundaciones; los destrozos causados por el mismo hombre: guerras, el crecimiento exponencial del islamismo radical; y la apostasía de los pastores, están poniendo en serio peligro la seguridad del mundo entero. Si a todo esto le añadimos el cumplimiento o finalización de la lista de papas que aparece en las profecías de San Malaquías, y los vaticinios que auguran que el último papa reinaría sólo tres años y medio – que precisamente se cumplirán en el 2017, a los cien años de las apariciones de Fátima -, mi temor a un borrón y cuenta nueva se acrecienta.

Conforme nos vamos acercando a esa fecha voy teniendo más “miedo”. ¿No pasará nada? ¿Será un momento de inflexión de la historia con un nuevo borrón y cuenta nueva? ¿O será quizá el tiempo en el que la humanidad entera tenga que rendir cuentas a su Creador? No lo sabemos. De todos modos, son muchos los hechos que nos hacen temer que ocurra lo peor. En situaciones similares ya hemos visto cómo actuó Dios, ahora parece que los patrones se están repitiendo, por lo que hemos de “temer” que Dios comience a tomar el timón de la historia más pronto que tarde.

Después de haber releído estos días los mensajes de Fátima.., he de decirles, que espero esa fecha con un poco de miedo.

Padre Lucas Prados

Padre Lucas Prados
Nacido en 1956. Ordenado sacerdote en 1984. Misionero durante bastantes años en las américas. Y ahora de vuelta en mi madre patria donde resido hasta que Dios y mi obispo quieran. Pueden escribirme a lucasprados@adelantelafe.com