S.E. Mons. Rino Fisichella, Presidente del Pontificio Consejo
para la Promoción de la Nueva Evangelización
Roma, 18 de noviembre de 2013
El Año de la fe se acerca a su epílogo. Termina un Año dedicado completamente a reavivar la fe de los creyentes, pero continúa el deseo por mantener viva la enseñanza que en estos meses hemos recibido. El pueblo de Dios disperso por el mundo entero ha vivido con gran intensidad este momento. Los más de 8 millones y medio de peregrinos que han venido a la Tumba de Pedro para profesar la fe es solo una muestra, entre las más pequeñas, aunque significativa, que quedarán en nuestro recuerdo. Lo que se ha vivido a nivel local es imposible describirlo en su totalidad. Pequeñas iniciativas que en todo el mundo han demostrado que la fe permanece viva y dinámica entre los fieles, como demuestra la piedad y el profundo sentido religioso que está presente en nuestro pueblo. Momentos para recordar la enseñanza del Vaticano II, catequesis sobre la fe, celebraciones variadas, testimonios de caridad, actividades culturales di diverso género…, todo eso quedará como señal que demuestra el compromiso de los cristianos en el mundo. En definitiva, este Año ha sido realmente una experiencia de gracia que llevaremos dentro con renovado sentido de gratitud al Señor por cuanto nos ha hecho vivir. Hemos recibido testimonios emocionantes que quedarán como documento vivo de una fe que sabe dar significado a la vida, incluso en los lugares más escondidos, de pobreza, de sufrimiento, incluso donde los cristianos son una exigua minoría. La fe ha unido y permitido recordar a todos el fundamento de nuestro credo: Jesús Resucitado, esperanza de una vida nueva.
Para el momento conclusivo hemos pensado en una serie de actos que pretenden mostrar la continuidad de la fe y el camino que estamos llamados a recorrer para que no se vuelva rutinaria en la vida diaria.
Un primer acto será de la visita del Papa Francisco al Monasterio de Monjas Camaldulenses en el Aventino, el próximo 21 de noviembre, a las 16.45. Una visita breve, pero significativa. Ese día está, desde hace tiempo, reservado “pro orantibus”. Una jornada, por tanto, dedicada a los que ha elegido la vida de clausura, como entrega privilegiada de una vida de oración y contemplación. La elección de este Monasterio se debe a que esas monjas, a partir del Concilio Vaticano II, revisaron su regla, buscando volver a los orígenes de su carisma. Según una antigua tradición, probablemente en el mismo Aventino se hallan los primeros restos de vida monacal femenina en Roma. El Papa rezará con las monjas, que en estos años han abierto su monasterio para compartir la lectio divinay la mesa de los pobres. Una ayuda que va en la doble exigencia de la fe: descubrir la riqueza de la Palabra de Dios y compartir la propia mesa con quienes no tiene para comer. La oración del Papa será la de la comunidad monástica: el canto de Vísperas según la regla camaldulense, y un breve momento de adoración eucarística. Una señal que invita a captar el fundamento de la vida cristiana en la contemplación del Rostro de Cristo y en la oración. En cierto modo, volvemos a la primera señal que abrió el Año de la fe: la canonización de algunos mártires, confesores y doctores de la fe. El Año de la fe invita a las comunidades cristianas a construir esas “escuelas de oración” que manifiestan lo específico del encuentro con Cristo. Condición necesaria para hacer luego de la propia vida un servicio a los marginados, débiles, pobres en el cuerpo y en el espíritu. Al terminar la oración, el Papa se reunirá él solo con la comunidad. Por feliz casualidad, el 21 de noviembre coincide con el aniversario del ingreso en ese monasterio de Sor Nazarena Crotta, última reclusa que vivió entre esos muros. Entrada en el monasterio el 21 de noviembre de 1945, dedicó toda su vida a la oración y a la penitencia. Se alimentaba solo de pan y agua, dormía en una sencilla celda adornada con un crucifijo, y su ejemplo de santidad permanece entre esos muros como memoria viva. Las monjas ofrecerán al Santo Padre las cartas que Sor Nazarena escribía a su Padre espiritual, donde se demuestra su fuerte fe y su vida entregada por la Iglesia.
Un segundo acto se vivirá la tarde del sábado 23 de noviembre. Será un momento dedicado a los catecúmenos. Llegarán de diversos países los catecúmenos que se están preparando en estos años para recibir el bautismo. La alusión es explícita, y se encuentra en el tema del encuentro: “Preparados para traspasar la Puerta de la fe”. Se quiere dar una señal concreta de que el Año de la fe llega a su final, pero en sí no se concluye. Qué mejor expresión que presentar al Papa los catecúmenos que han decidido de adultos entrar en la Iglesia recibiendo los sacramentos de la iniciación cristiana. El Papa Francisco recibirá a 35 candidatos al catecumenado en la entrada de la Basílica de san Pedro y les hará las tradicionales preguntas del rito: “¿Cuál es tu nombre? ¿Qué pides a la Iglesia de Dios? ¿Qué te da la fe?”. La señal de la cruz en la frente y la acogida en la Iglesia son el signo evidente del camino que estos jóvenes emprenden para lograr un día confesar personalmente la fe. Estarán presentes unos 500 catecúmenos, acompañados por sus catequistas, provenientes de varios países. Concretamente de 47 nacionalidades de los cinco continentes. Me agrada recordar en particular, a los catecúmenos de Rusia, Moldavia, Bosnia Erzegovina, Egipto, Marruecos, Argelia, China, Kirghizistan, Mongolia, Cuba… Experimentaremos también en esa circunstancia la universalidad de la Iglesia católica. La fe es un camino que continúa toda la vida. Quien está marcado por la señal de la cruz sabe que el encuentro con Cristo, en la Iglesia, no es un encuentro cualquiera, sino el encuentro que cambia la vida y por eso merece ser vivido con un crecimiento permanente y un compromiso de vida coherente. Para muchos cristianos que a menudo no viven el bautismo y para otros que sienten vivo el deseo de Dios, ese momento puede ser una “provocación” para descubrir la novedad de la fe. En definitiva, una señal para que todos descubramos de nuevo la belleza del bautismo y la vida nueva que en Cristo nos ha sido dada.
Se llega a la Conclusión del Año de la fe con la celebración de la Eucaristía el domingo 24 de noviembre, a las 10.30, en la Plaza de San Pedro. Tres señales quieren evidenciar el valor de este momento. En primer lugar, la exposición de las reliquias de San Pedro. El Año de la fe ha sido pensado como una peregrinación a la Tumba de Pedro. Los peregrinos han estado ante la Tumba y han profesado la fe, signo de la unidad de la Iglesia y síntesis del contenido de lo que creemos. El rezo del Credo aprendido de memoria, entre otras cosas, desea acompañar a los cristianos, como oración diaria, para mantener su testimonio en el mundo. Era justo, pues, que la Iglesia viviese, al concluir este Año, un momento especial: por primera vez, serán expuestas las reliquias del Apóstol. Pedro fue llamado por el Señor a confirmar a los hermanos en la fe. Alrededor del Sucesor de Pedro, pero casi en presencia física del primero de los apóstoles, a quien se debe con Pablo la fundación de esta Iglesia de Roma, seremos llamados a profesar una vez más, con convicción y fuerza, nuestra fe. Una segunda señal será la entrega, por parte del Papa Francisco, de la Exhortación Apostólica Evangelii gaudium: es un compromiso que la Iglesia debe asumir. Creer significa también hacer partícipes a los demás de la alegría del encuentro con Cristo. La Exhortación del Papa, por tanto, es una misión que se confía a todo bautizado para hacerse evangelizador. Simbólicamente, el Papa entregará la Carta a un obispo, a un sacerdote y a un diácono, elegidos entre los más jóvenes en ser ordenados, y que provienen respectivamente de Letonia, Tanzania y Australia. También habrá religiosos y religiosas, otros que se preparan para la Confirmación, un seminarista y una novicia, una familia, catequistas, un ciego —a quien el Papa entregará su Carta en CD-rom para ser reproducida de forma auditiva—, jóvenes, fraternidades, movimientos. Hemos añadido también dos profesiones representativas por el alto valor que poseen: los artistas, por demostrar el valor de la belleza como forma privilegiada de evangelización; estarán presentes Etsuro Sotoo, escultor japonés famoso por su colaboración en la Sagrada Familia y Anna Gulak, joven pintora polaca. Además, dos representantes del periodismo, para mostrar el gran compromiso de los que se dedican a este servicio, que representa cada vez más una nueva forma de cultura con la que la Iglesia siente la urgencia de entenderse y de sentirse ayudada y sostenida en su tarea de evangelización. En definitiva, una presencia que no se detiene ante las fronteras de los pueblos, sino que una vez más pretende expresar la universalidad del pueblo de Dios. Serán 36 representantes de 18 países distintos, que son expresión de los cinco continentes. Un tercer signo será el gesto de caridad a favor de la población filipina de Haiyán. La fe sin obras no es nada. El Papa Francisco ha repetido a diario durante estos meses lo importante que es vivir la fe “tocando la carne” de Cristo en los pobres y en los que sufren. Por este motivo, unidos a tantas otras realidades que en estos días se están haciendo intérpretes de la común solidaridad, se realizará durante la celebración de la Santa Misa una colecta como contribución de los peregrinos del Año de la fe a tantos hermanos y hermanas que han sido afectados por esa calamidad y están en situación de profunda necesidad. Desde los celebrantes hasta los fieles, se hará una colecta de dinero, como señal de participación concreta y solidaria con los que comparten la misma fe y atraviesan situaciones de extrema necesidad. Un gesto con el que el Papa Francisco se hace presente en esa población con su cariño y la caridad de los fieles.
El Año de la fe tenía como objetivo “volver a encontrar el gusto de la fe”. Quería ser un momento de reflexión más profunda para descubrir el encuentro con Cristo y su Iglesia. Anunciar, celebrar y testimoniar la fe, como forma de nueva evangelización para recuperar la alegría de creer y el entusiasmo por comunicar la fe. Hemos asistido a un interrumpido compromiso por parte de los creyentes, que ha crecido día a día, al hacer propio este objetivo. A menudo, acostumbrados como estamos a ver solo los factores de crisis, olvidamos mirar también las muchas señales positivas y de esperanza que están realmente presentes en la Iglesia. El Año de la fe nos ha permitido experimentarlo. Por eso, sostenidos por un testimonio tan imponente, entusiasta y convencido, expresado sobre todo en el silencio de lo ordinario, miramos al futuro con mayor serenidad, fortalecidos por la experiencia de este Año, que esperamos pueda prolongare mucho en el tiempo y en sus efectos positivos.

Padre Santiago González
Nacido en Sevilla, en 1968. Ordenado Sacerdote Diocesano en 2011. Vicario Parroquial de la de Santa María del Alcor (El Viso del Alcor) entre 2011 y 2014. Capellán del Hospital Virgen del Rocío (Sevilla) en 2014. Desde 2014 es Párroco de la del Dulce Nombre de María (Sevilla) y Cuasi-Párroco de la de Santa María (Dos Hermanas). Capellán voluntario de la Unidad de Madres de la Prisión de Sevilla. Fundador de "Adelante la Fe".