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Consejos de un padre para sus hijos

Queridos hijos: os habla vuestro padre.

Me he preguntado qué podríais heredar de mí si un día Dios me llamase, y a raíz de ello os he incluido algunos consejos en esta carta. Me doy cuenta de que es una gran responsabilidad porque, como decía Sofocles, «no hay peor enemigo que un mal consejo». Pero los consejos de vuestro padre, que quiere vuestro bien, brotan de la adhesión a valores eternos que han elevado a la civilización a las cotas más altas: se trata de los valores cristianos.

Lo primero que os quiero decir es que la vida es una batalla: Militia est vita homini super terram. Que os guste o no luchar será parte integrante de vuestra vida: en primer lugar será una lucha espiritual, contra las tentaciones y las mentiras de este mundo, y en segundo lugar será una lucha material para defender vuestra vida, vuestra familia y el fruto de vuestro trabajo.

No os desaniméis si el mundo despliega fuerzas desmesuradas contra vosotros. El príncipe de este mundo nos odia y nos envidia porque ya está condenado, mientras que nosotros estamos destinados a los gozos eternos. Recordar siempre que tenéis la ayuda de Dios al alcance de la mano.

Estad siempre orgullosos de los valores que os ha transmitido vuestro padre, aunque otros no los compartan y quieran creer a toda costa que la vida va mejor sin Dios. Están homologados con el pensamiento único. Viven dentro de una lógica  inoculada a la que se han adaptado en su manera de hablar y comportarse, porque sólo así puede encontrar lugar y ser escuchados por los que son como ellos.

No os sorprendáis de que ridiculicen vuestra Fe. Lo hacen porque ella supone una amonestación a su  maldad  y su conducta, y ya quisieran cambiar sus dudas por vuestra confianza en Dios.

Apreciad el silencio. Las almas infelices tienen necesidad de ruido para apartar la mirada de su propia infelicidad.

«El que no trabaje que no coma», decía San Pablo, así que trabajad honradamente, pero atentos a no dejar que se aprovechen de vosotros. Aprended a utilizar las herramientas de vuestra labor porque, como decía Santo Tomás, «no existen oficios mezquinos, sino hombres mezquinos».

Sed humildes. «Una carreta de buenas obras llevada por la soberbia lleva al infierno, mientras que otra cargada de pecados pero conducida por la humildad lleva al Paraíso» (San Gregorio de Nisa).

Sed disciplinados. Tened voluntad firme y varonil, y no olvidéis que no podéis tenerlo todo ni tampoco todo de una vez. Es necesario proyectarse al futuro, elegir, decidir y luego actuar.

Recordad que la regla de San Pablo para el matrimonio es el único algoritmo que sirve: «Las casadas estén sujetas a sus maridos como al Señor. Los maridos amen a sus mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella».

Vivid vuestra vida sin dejaros condicionar por las opiniones de otros aunque sean vuestros superiores, obedeciendo sólo lo que se ajuste a la ley perfecta del Evangelio:  «Toda turbación del ánimo procede del deseo inmoderado de agradar a los hombres y el temor de desagradarles» (Imitación de Cristo).

Acordaos de la Santa Misa: «La Tierra podría prescindir más fácilmente del Sol que de la Santa Misa». Pero no olvidéis que la verdadera Misa es la Tridentina y no la moderna. La Iglesia moderna contiene todos los errores condenados en el Syllabus de Pío IX y en la Pascendi de S. Pío X.

He visto a muchos perder la fe y deslizarse hacia la indiferencia, la insatisfacción y la inquietud. No os hagáis ilusiones; ¡las pruebas que el Señor nos tiene reservadas sólo pueden superarse con la ayuda de Él!

Aprended desde ahora a entender que el sistema político, económico y mediático en que vivimos se opone frontalmente a las leyes divinas. Nunca como hoy se reducen los espacios vitales y la serenidad de mil maneras, presionando  en nuestra mente con necesidades falsas, imposturas y transigencias, o incluso presentando sus traicioneras pautas como útiles para protegernos.

Estad atentos, porque este sistema es muy astuto y está pensado para llevaros por mal camino. Intentará centrar vuestra atención en la infinidad los símbolos de bienestar y prosperidad. A diario os pondrá por delante todo lo que el mundo considera deseable y símbolo de éxito. Quien se deja absorber por ese mecanismo termina por perder el alma: las promesas incumplidas de felicidad son el más viejo de los trucos de Satanás.

Un alto nivel social, poder, dinero y gloria son el pago de los que han aceptado empeñarse en la causa del bien terreno. Pero no os llaméis a engaño; la pirámide social está ideada para mantenernos esclavizados por las necesidades creadas por los que dominan el mundo.

Sabed que el mundo del trabajo es un círculo del infierno dantesco. La competición económica y social que tiene lugar en el ámbito laboral está inducida desde arriba y sirve para mantener a las masas ocupadas como perros que se disputan la carne del hueso del dinero. Todo cometido laboral se convierte en una especulación defensiva en la que unos se comen a otros. Con todo esto, la gente no puede menos que volverse más mala.

No os dejéis intimidar por la ley de la selva de los que prescinden de Dios; Jesús prometió no dejarnos huérfanos.

Ojo con los que por envidia y malicia tratarán de acabar con vuestra fe mediante motivaciones que en apariencia serán difícilmente discutibles. ¡Esos siempre se desviven por poner objeciones a la religión verdadera, nunca a la falsa! He visto a muchos caer en la trampa de sus argumentos.

Os dirán que Jesús no era sino un hombre y que hay diferencias entre Él y los fundadores de imperios o los dioses de otras religiones. Las mentes superficiales ven esa semejanza, pero en realidad, la diferencia entre el catolicismo y cualquier otra religión es infinita. Como yo también me dejé arrastrar en mi juventud por corrientes erróneas, me gustaría hablaros un poco de esto.

El espíritu de Cristo supera a todo hombre, y no puede haber ni punto de comparación entre Él y cualquier otro en el mundo. Su capacidad de persuasión es imposible de explicar en un contexto humano. La historia de su vida, la profundidad de su dogma, su Reino, su victoria sobre los siglos y las civilizaciones… todo eso es un prodigio. Su religión procede de una inteligencia que no puede ser humana.

¡Con qué autoridad enseña a los hombres e impone, sin emplear la fuerza, su doctrina sin que nadie pueda contradecirla!

Su originalidad genera principios únicos. Jesús no se apoya en ninguna de nuestras ciencias. Actúa mediante milagros y persuade apelando al corazón. Por eso no tiene necesidad de exigir a nadie estudios preliminares ni ninguna clase de conocimiento: para Él, la religión consiste en creer. Además, ni las ciencias ni la filosofía sirven para la salvación del alma.

Al cristiano le bastan el sentido común, la pureza de corazón y el espíritu recto, porque el cristianismo no es una ideología, sino una norma que guía todas las acciones, pensamientos y momentos de la vida del hombre.

Por esa razón, Dios habla sólo al alma, y con Él el alma ha recuperado su propia soberanía, y todo el andamiaje de la especulación filosófica recobra su justo lugar  conforme a la fe en Dios y sometida a ella.

Ni la naturaleza, ni la historia ni los hombres tienen nada equiparable o al nivel de Jesús. Todo en el Evangelio es extraordinario y supera la mente humana. Es un libro único en el que el espíritu descubre una belleza que no puede encontrar en ninguna otra parte.

¿Alguien ha sido capaz alguna vez de llevar a cabo esa revolución?

Todo lo relativo a Cristo proclama su naturaleza divina, en tanto que todo lo relativo a los demás hombres, incluso los grandes personajes de la historia, pone al descubierto su naturaleza terrenal. La obra de tales personajes se circunscribió a su vida, y su huella en la historia no se prolongó más allá de su vida.

Después de su muerte, Cristo siguió conquistando el mundo. Los pueblos pasan, los tronos caen, pero la Iglesia sigue en pie.

¿Quién puede compararse a Él?

Mahoma sólo tiene credibilidad cuando se apoya en la Biblia y en el sentimiento innato de la fe en Dios. Fuera de eso, el Corán es un sistema de dominio político impuesto por la espada. En él se exalta la ambición humana estimulando todas las pasiones y la sensualidad. Mahoma quiere llevar a los árabes todos los goces sensuales permitidos en esta vida y prometidos en la futura. De ese modo, se ganó al pueblo. Pero al final la sensualidad destruye a la persona y a los pueblos cuando se convierte en el eje de su existencia.

Cristo jamás tuvo ambiciones terrenales. Estaba entregado a su trascendente misión. De haberlo querido, habría podido llegar a ser un político importante y adquirir poder y dominio absoluto sobre los seres humanos, como el que querían los judíos. Pero Jesús fue el primero que se atrevió a atacar abiertamente esa interpretación errónea de las Sagradas Escrituras, declarando que sus victorias eran espirituales; se trataba de victorias sobre los vicios humanos. En ningún momento se sirvió de su carisma divino para someter, sino para elevar espiritualmente a todos los seres humanos.

La inquietud del hombre es tan grande que sólo la puede calmar el maravilloso misterio del cristianismo. La religión católica es la única capaz de lograr la concordia. Es cierto que propone dogmas, pero quienes no reconocen dogma ni doctrina alguna son los que desmentirán o refutarán mañana aquello que hoy afirman creer.

Es innegable que para creer lo que dice Cristo hace falta fe. Es decir, hay que creer en Él como verdadero Dios y verdadero Hombre. No es difícil, por tanto, si se piensa en los muchos milagros que realizó en su vida y los que se han hecho después en su nombre. Si se cree en Él, todo lo demás se deriva de ahí con precisión matemática. El cristianismo no sólo satisface el corazón, sino también la razón de quienes aceptan creer. Más adelante, los creyentes descubren que con la fe se superan todas las dificultades.

La ciencia misma confirma al detalle el Evangelio gracias a los numerosos estudios realizados en la Sábana Santa. Las dataciones por radiocarbono que se hicieron en los años ochenta fueron un intento masónico de falsificar la edad de la tela, pero los últimos estudios realizados por el Centro de Investigaciones Enea de Frascati en 2012 demuestran sin lugar a dudas la autenticidad de la Sindone y dan fe de que el mecanismo de formación de la imagen del cuerpo se debió a la desmaterialización de un cadáver que se vuelve «mecánicamente transparente» con relación a la tela. Lo que los cristianos conocemos como resurrección.

Jesús es el personaje más extraordinario de la historia. No tenía siervos y lo llamaban Señor. No tenía ejércitos y los reyes lo temían. No venció batallas militares y sin embargo conquistó el mundo entero. No cometió delito alguno y lo crucificaron. Murió, y tres días después resucitó, y todavía vive y sigue a nuestro lado.

Queridos hijos: vuestra madre y yo hemos procurado ser buenos padres, pero los padres ideales no existen (fuera de San José y la Virgen). Seguramente habréis sufrido injusticias por parte de vuestros genitores, del mismo modo que habéis recibido mucho amor de ellos. Es necesario ver y reconocer las limitaciones y errores de los padres para no repetirlos. Espero que estos consejos os sean de utilidad en el camino de la vida. ¡Que Dios os bendiga y os guarde!

Vuestro padre que os quiere

(Traducido por Bruno de la Inmaculada)

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Mateo 5,37: "Que vuestro modo de hablar sea sí sí no no, porque todo lo demás viene del maligno". Artículos del quincenal italiano sí sí no no, publicación pionera antimodernista italiana muy conocida en círculos vaticanos. Por política editorial no se permiten comentarios y los artículos van bajo pseudónimo: "No mires quién lo dice, sino atiende a lo que dice" (Kempis, imitación de Cristo)

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