RORATE CÆLI

Constitución Conciliar sobre la Liturgia: ¿reforma o revolución?

Rorate se complace en presentar la traducción de una conferencia de Wolfram Schrems del 2 de abril 2017 en Viena, para el lanzamiento de la edición alemana del libro Resurgent in the Midst of Crisis (Renacido en Medio de una Crisis) de Peter KwasniewskiSchrems es teólogo, filósofo, catequista y activista pro-vida y uno de los firmantes de la Corrección Filial. El siguiente texto es una versión revisada de la presentación original (cuyo video pueden encontrar aquí). El autor quisiera agradecer al Sr. Stuart Chessman de la Sociedad de San Hugo de Cluny por la traducción al inglés.

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Constitución del Concilio sobre la Liturgia: ¿Reforma o Revolución? 

Wolfram Schrems

Viena, 2 de abril, 2017

Reverendos padres, señoras y señores, y queridos amigos,

Es un placer para mí contribuir con la presentación de la traducción alemana del libro del profesor Kwasniewski, Resurgent in the Midst of Crisis: Sacred Liturgy, the Traditional Latin Mass, and Renewal in the Church (Resucitado en Medio de una Crisis: Sagrada Liturgia, Misa Tradicional en Latín y la Renovación en la Iglesia). He leído la traducción alemana y la recomiendo fuertemente—si bien no concuerdo con ella al cien por ciento, especialmente con el análisis optimista de las acciones del papa Benedicto respecto a la liturgia. Lo que me llama la atención es que es de las críticas más agudas a la misa Novus Ordo que haya leído fuera de la FSSPX. Pareciera que ahora se volvió más generalizada la idea de que el misal de Pablo VI es un desastre para la Iglesia. Es muy relevante la fuerte crítica del cardenal Sarah al respecto, en la conferencia litúrgica de Herzogenrath. Lamentablemente, no pude incluir su presentación entre mis comentarios, dado que se leyó en mi ausencia.

El pontificado actual enfatiza el carácter de este desastre. El papa Francisco empuja el espíritu de dicha reforma hasta el límite. La celebración papal, disminuida ya al extremo, es empobrecida y aburrida. La genuflexión en la consagración está ausente. Algunos incluso susurran sobre una próxima pseudo-misa ecuménica, que se está planeando al momento tras bambalinas. Eso no me sorprendería en absoluto.

Está claro que entre muchos fieles católicos crece el descontento por la liturgia “renovada”, los abusos litúrgicos (que son sistemáticos), y el pontificado actual. También está creciendo el descontento por las justificaciones escuchadas: “el Papa pretende hacer tal o cual—no lo que dice. Deben interpretarlo de tal o cual manera.” Etcétera. Lo mismo sucede con la liturgia. Sobre esto hemos escuchado las mismas justificaciones durante años—y se vuelven cada vez más forzadas y disparatadas.

No, la “reforma litúrgica” es un desastre. Sus frutos son ahora evidentes para todos.

Por tanto, debemos dar gracias a los organizadores de la conferencia de esta tarde. Debemos agradecer especialmente al profesor Kwasniewski, quien ha brindado servicios extraordinarios en la cuestión de los temas litúrgicos. Sus contribuciones para Rorate Caeli son una guía para la difusión del conocimiento y el sentido litúrgicos. Su libro, que me gustó muchísimo, es otro paso en la actividad del profesor Kwasniewski. Y como suele suceder, son los laicos quienes, en cuestiones de fe y liturgia, personifican y afirman el sensus fidei.

El mensaje fundamental de mi presentación es este: Sacrosanctum Concilium—la Constitución sobre la Sagrada Liturgia (de ahora en más “SC”)—no es una reforma sino una revolución. Ella inició la revolución permanente. No devuelve el rito de la misa—el cual podía haber perdido su forma o requería de mejoras—a su forma correcta, lo que reformare significa después de todo. En cambio, asentó las bases para cambios de amplio espectro. Pero al hacerlo, el ímpetu revolucionario del documento conciliar se viste con un lenguaje tradicional, si no ampuloso, y por lo tanto es difícil de reconocer a primera vista. Es el producto de una conspiración que intentó socavar la fe de la Iglesia. Lo mismo es verdad para todos los restantes documentos del Vaticano II, tal como admitieron abiertamente Karl Rahner y Herbert Vorgrimler (Kleines Konzilskompendium).

Seis o siete años atrás, al preparar una conferencia, cierta frase del SC captó mi atención. Esta frase es discreta y corta, pero contiene un potencial revolucionario. Es una señal, como una palabra en código o una clave para una misión secreta. Esta frase está en la sección que habla del Oficio Divino, párrafo 89(d): Suprímase la Hora de Prima. 

Así de discreta y sucinta como parece esta frase, es el síntoma de una revolución. Me gustaría analizar esto con más detalle. Mi línea de pensamiento consiste en los siguientes tres puntos:

  1. Si uno puede suprimir la Prima, uno puede suprimir todo lo demás. Ademñas, posteriormente, se han suprimido más cosas.
  2. La Iglesia no suprime ritos que fueron santificados por viejas costumbres de oración. El Movimiento Litúrgico del siglo XX, no del todo unificado, tampoco lo pretendía.
  3. Una “Reforma de la Reforma” es inútil. El misal y el breviario debieran regresar a la vieja usanza. El asunto de las versiones sigue sin resolverse. (Juan XXIII cambió el canon insertando el nombre de San José y revisó la intercesión para los judíos del Viernes Santo.)

Como introducción, me gustaría describir una experiencia simbólica que tuve. Encaja bien con nuestro tema e incluso ofrece una clave interpretativa para comprender el tema de la conferencia de hoy.

Seis años atrás participé en una misa en la iglesia capuchina de Viena, un viernes a las cuatro de la tarde. Era la habitual misa Novus Ordo de los capuchinos. Al momento del Prefacio I vi a dos vendedores de un periódico de izquierda (creado para ser vendido por personas desempleadas), que intentaban vender sus productos en la forma agresiva de siempre. Por favor noten: esto fue durante la misa. Los dos hombres—obviamente gitanos—se arrodillaron durante la consagración y luego siguieron con su negocio. Me opuse a sus pretensiones y forcé a uno hasta la entrada. Se tornó poco amable y aparentemente me insultó (en un idioma que no pude identificar).

Esto muestra cuán poco se respetan las acciones sagradas. Al mismo tiempo, ambos gitanos esperaron hasta el final de la consagración antes de retomar su actividad. No obstante, es una gran falta de respeto hacia Cristo, cuyo sacrificio se hace presente nuevamente en la misa.

¿Por qué esa falta de respeto? Hay en ella una lógica interna. La propia Iglesia le ha faltado el respeto al misterio de la Eucaristía. El nuevo misal en sí provee menos demostraciones de respeto en comparación con la misa tradicional. Incluso sin los excesos litúrgicos que ocupan una zona canónica gris (como la comunión en la mano, los ministros extraordinarios de la eucaristía, las monaguillas aburridas y ancianas pseudo-sacerdotes), la Novus Ordo en cierto grado desacraliza.

Luego vienen los énfasis sociales en las misas: el domingo del inmigrante, el domingo de las caridades católicas, etc.

No interesa si los mendigos de los Balcanes lo analizaron de esta manera. Ellos saben que pueden molestar en una misa asistida por austríacos sin sufrir consecuencias. Nadie los confrontará seriamente—mucho menos entrará en una pelea física. La mayor parte de la congregación es demasiado anciana, demasiado cobarde, o demasiado débil para pelear. Molestar durante la misa croata en la iglesia de Am Hof (Viena, Austria) o en la misa bizantina ucraniana de Santa Bárbara conllevaría consecuencias más evidentes para los transgresores.

Dicho sea de paso, se han vuelto bastante comunes las interrupciones de celebraciones por radicales de izquierda y activistas en favor del aborto. También escuchamos que en Ottakring (16° distrito de Viena) la puerta se cierra con llave durante la misa—de no ser así los jóvenes musulmanes interrumpen.

Volvamos a la experiencia anterior: le pregunté al sacristán si los vendedores de periódicos solían imponer su mercadería durante la misa. Dijo que sí—y que a pesar de las advertencias volvían una y otra vez.

Sí, es un síntoma de nuestro tiempo. Los pastores de la Iglesia parecen no interesarse en la defensa de la misa y de los fieles reunidos para la misa. Jamás escuché algo de parte de nuestros pastores sobre este asunto.

Después de esta experiencia, enojado y agitado, me fui a reunir con un sacerdote para la cena. Le dije lo que acababa de ver. Nos quedamos absortos en el tema de la liturgia. Sin embargo, no salí de mi estado de asombro. Porque él, miembro de un grupo católico de fraternidades de estudiantes y graduados universitarios, me contó un hecho sucedido en una de las fraternidades. Un masón de alto grado había sido invitado. Según el sacerdote, el invitado afirmó en dicho evento que la reforma litúrgica era “su” obra (de los masones). Me sorprendió que este miembro de una sociedad secreta lo hubiese dicho tan abiertamente—y que el sacerdote lo transmitiera de manera tan realista. “La reforma litúrgica es obra nuestra.” Aún resuena en mis oídos. Por supuesto que lo sospechaba. Se dijo reiteradas veces que el arquitecto del Novus Ordo, Annibale Bugnini, fue enviado como pro nuncio a Teherán al ser descubierta por accidente su afiliación a la logia. Pero al menos es notable que un masón adjudique la reforma litúrgica a su organización frente a una fraternidad de estudiantes y graduados universitarios católicos.

Ahora pasemos al primer punto:

1. Si uno puede suprimir la hora Prima, puede suprimir cualquier cosa.

Insisto fuertemente en este punto, porque me parece simbólico y sintomático del documento SC y de todo el concilio. Una antigua costumbre de oración es suprimida absolutamente, sin ninguna explicación. Eso hace que la situación sea aún más increíble. ¿Cuál es la razón para esto?

Pareciera que aquí insertaron una bomba de tiempo. Se abrió una grieta en la pared. Porque si uno puede suprimir la Prima, ¿por qué no la Tercia o la Sexta, los Laudes o los Maitines (cosa que de facto ha sucedido, dado que los Maitines tal como existían desaparecieron y su reemplazo se llama el Oficio de Lectura)? ¿O suprimir el doble Confiteor, las oraciones del Ofertorio, el último Evangelio, o cualquier otra cosa? Como podemos ver, todo esto ha sucedido.

Para ser honesto, sabía de la existencia de la Prima solo gracias a la lectura. El sacerdote converso, y escritor inglés, Robert Hugh Benson—dicho sea de paso, el favorito del profesor Kwasniewski—en su novela Lord of the World (El Señor del Mundo) martiriza a un grupo de hombres descubiertos por la policía mientras rezaban la hora Prima. Yo experimenté la Prima por primera vez durante una visita a los benedictinos de Nursia, quienes, como es bien sabido, interpretan la Regla de San Benito y la viven una vez más de la manera más fiel posible a su forma original.

Desechar esta antigua forma de orar solo puede ser visto un sacrilegio.

Ahora sabemos, gracias a las investigaciones del P. Brian Harrison O.S., que en la víspera del Concilio no había deseos revolucionarios respecto a la misa en el episcopado del rito latino. No puedo decir nada respecto al breviario—pero probablemente podríamos sacar una conclusión análoga.

Un análisis de las presentaciones de los obispos a la secretaría para la preparación del Concilio muestra que lo único que deseaban eran más lecturas en sus idiomas nacionales. No hay nada respecto a la invención de un nuevo canon para la misa (mucho menos tres cánones nuevos [oraciones eucarísticas]); nada sobre la supresión de las oraciones del Ofertorio, ningún deseo por un “altar del pueblo”, comunión en la mano, o monaguillas. Sin embargo, todas estas deformaciones de la misa aparecieron poco después del Concilio.

Según lo entiendo, la supresión de la Prima sin explicaciones es símbolo de revolución y abrió la puerta a muchas otras acciones desastrosas.

Pasemos ahora al segundo punto.

2. La Iglesia no elimina ritos santificados por antiguas costumbres de oración. El Movimiento Litúrgico del siglo XX, si bien no siempre uniforme, jamás lo pretendió.

En su famosa conferencia en la academia teológica de verano del Círculo de Sacerdotes de Linz (iniciativa privada de sacerdotes diocesanos) en Aigen, 1997, Robert Spaemann, quizás el católico o filósofo alemán preeminente de nuestro tiempo, citó al cardinal John Henry Newman, quien una vez dijo en un sermón para la fiesta de la Circuncisión del Señor que la Iglesia nunca suprime oraciones comunes santificadas por su uso prolongado. Es siempre un sacrilegio y un daño severo a la fe el suprimir un viejo hábito de oración.

Incluso después de Pentecostés, los cristianos iban al templo y oraban ahí y participaban en los servicios del templo. Lo hicieron hasta que el templo fue destruido o hasta que los judíos los expulsaron de Jerusalén.

Siempre es un sacrilegio y un gran daño a la fe suprimir una vieja y santificada forma de oración. El papa San Pío V, cuya reforma tridentina del misal fue de todo menos revolucionaria, declaró que a partir de entonces todos los ritos en la Iglesia Latina quedaban prohibidos exceptuando aquellos de más de 200 años. Pío V conocía los límites del poder papal.

Entonces, si es posible abolir la Prima sin justificación, es posible abolir o reformar (que a veces son lo mismo) todo lo demás.

En este punto, me gustaría decir algo sobre el Movimiento Litúrgico. Sobre esto no soy un experto en absoluto. Sin embargo tomé algunas impresiones de aquí y de allá. (Solicito paciencia por las excursiones históricas y la cantidad de nombres.)

Ni Romano Guardini ni Odo Casel, O.S.B., ni Pius Parsch, Can. Reg., tuvieron planes revolucionarios, según Petrus Tschinkel, Can. Reg., en una entrevista con el Dr. Rupert Klötzl.

Odo Casel fue criticado en una declaración de la FSSPX sobre la liturgia y vinculado con tendencias destructivas. Permítanme dirigirme a una revisión que hice sobre esta declaración de la FSSPX. Al leer hoy los textos de Odo Casel o sobre él, uno tiene la impresión de que este monje era piadoso, fiel, reverente y “ultra conservador” para los estándares actuales. No es creíble que el caos litúrgico actual hubiera sido aceptado por Odo Casel, mucho menos deseado por él. Pero como puede leerse en otros sitios, Casel fue un pensador intuitivo, algo desconocedor del pensamiento discursivo. Lamentablemente, eso también podría significar que no explicaba suficientemente sus posturas. Los pensadores intuitivos son propensos al vocabulario eufórico y pueden ser apodícticos. Con frecuencia aparece cierta falta de sobriedad como también obstinación. Mi conocimiento es insuficiente como para juzgar si este era el caso de Casel. Pero en base a lo que sé, puedo rechazar la insinuación de que Odo Casel actuó de mala fe. En toda su vida y comportamientos, en su trato con sus pares y en su muerte durante la liturgia de la Pascua, demostró abiertamente una fe fuerte y un carácter ejemplar.

Está claro que se requirieron pasos intermedios para las catástrofes de la reforma litúrgica de 1969—autores y agitadores querían tomar una dirección diferente. Después de todo, Odo Casel había muerto en 1948. Ya no podía detener a quienes podían estar usando sus ideas. Lo mismo puede decirse de Romano Guardini, Pius Parsch, y todos los demás que son considerados parte del Movimiento Litúrgico. Por ejemplo, después de leer El Espíritu de la Liturgia de Romano Guardini, no podemos imaginar que él hubiese aprobado las maniobras litúrgicas actuales. Por lo tanto, nadie debiera ser injusto con estos hombres.

Sin embargo, la pregunta es si objetivamente sus obras exhiben debilidades y falta de claridad. De ser así, esto debiera ponerse de manifiesto. Heinz-Lothar Barth, un clasicista de la universidad de Bonn y vinculado a la FSSPX, ha escrito versadamente sobre el tema de la liturgia. En su publicación más reciente, The Mass of the Church, ha defendido a Odo Casel de las acusaciones realizadas por la FSSPX. El escribe sobre cómo el misterio pascual, descrito por Casel en su teología sobre el misterio, es un componente legítimo de la liturgia.

Pasemos ahora a Austria. Gracias al Dr. Rupert Klötzl, se ha conservado una entrevista con el reverendo Petrus Tschinkel de Klosterneuburg, un estudiante de Pius Parsch. Esto merece especial atención, dado que Parsch es considerado en Austria como el miembro más importante del Movimiento Litúrgico. ¡Lo que leemos aquí es muy sorprendente! Por lo tanto, examinémoslo más de cerca. Porque Tschinkel fue muy crítico de la “reforma litúrgica” post-conciliar. Según él, no era una “reforma” sino un “cambio”. De acuerdo a Tschinkel, las preocupaciones básicas de Pius Parsch eran sensatas. Sus preocupaciones no eran solo la “transmisión de textos bíblicos” sino la atracción del creyente hacia el misterio.

Estas son las palabras de Petrus Tschinkel—la entrevista no está editada:

Ahora puedo decirle que Pius Parsch no habría aceptado en absoluto los cambios de la era post-conciliar. Eso no es lo que él quería. Sí—(la liturgia) en lengua vernácula. Sin embargo, eso es todo. Pero también la misa como misterio, como una realidad hic et nunc, aquí y ahora. Y las bellas perícopas debieran elegirse como imágenes del misterio que tiene lugar. Esa era su preocupación.

Eso es muy interesante. Porque si aún se lo conoce entre un amplio grupo de fieles, es considerado como “progresista”. ¡Sin duda, debemos reflexionar claramente sobre la dirección en la que se quiere progresar!

Aún es más sorprendente el franco análisis de las formas litúrgicas post-conciliares. Aquí, Guardini es mencionado otra vez. Esta vez cito a Tschinkel:

Después del Concilio Vaticano Segundo, estas formas litúrgicas no quedaron más que ociosas: es todo texto más texto. Ni un rastro de disposición interna o misterio. Guardini, si ese nombre le significa algo, es una persona que reverencio mucho. Muchos años atrás, cuando Guardini aún vivía, recibí una visita de Munich en San Gertrudis. Él quería estudiar sobre San Gertrudis. Le pregunté—fue enseguida tras el Concilio—si sabía lo que Romano Guardini pensaba de los nuevos textos. Contestó que sí, que podía decírmelo porque se reunía con él con frecuencia. Cuando (Guardini) recibió los nuevos textos los revisó por largo tiempo y luego me dijo: “¡Obra de plomeros!”

Y:

Debo decir que [La Novus Ordo Missae] no es, por muy poco, clasificable como herejía. Si quisiéramos ser totalmente viles, podríamos llamarla incluso herética.

En tiempos como los nuestros, estas son afirmaciones totalmente sorprendentes. Pero no son sorprendentes si miramos al arquitecto del cambio en la liturgia: el arzobispo Annibale Bugnini, C.M.

¿Fue él un informante del masón que mencioné antes—el invitado por la fraternidad católica? Naturalmente, no puedo confirmarlo. Pero este es el problema: Bugnini designó explícitamente la transformación de la misa de 1969/70 como transitoria. Por lo tanto, ¡iban a haber más pasos revolucionarios! Su traslado a Teherán estuvo, después de todo, vinculado a la posibilidad de descubrimiento de su tarjeta de membresía masónica. Y eso convierte a la reforma litúrgica de 1969/70 y al Concilio en iniciativas engañosas. Según su propia confesión, fueron pasos intermedios. No se ha revelado cuál sería la forma final.

Un autor piensa que este método de proceder hizo del Concilio y de la reforma de la misa un proyecto “oculto”. Oculto en el sentido de que no es la palabra de los decretos relevantes la que es determinante, sino su significado oculto. Es por eso que la vida media del Novus Ordo es tan corta. Continúa desintegrándose. En este momento, estamos experimentando el colapso total de la liturgia. El papa Francisco, como Juan XXIII antes de él, cambió los cánones [oraciones eucarísticas] agregando específicamente a San José. En sus propias misas abolió la genuflexión y no distribuye la comunión. Él convierte el lavado de pies del Jueves Santo en un espectáculo con mensajes políticamente correctos y en sus sermones interpreta las escrituras en contra el sentido de las palabras. ¿Está esto respaldado por el Concilio? ¿Se encuentra SC detrás de toda esta locura? En cierto sentido, sí.

Como es frecuente en textos del Concilio Vaticano Segundo, SC es verboso y lleno de tensiones. Uno no suele saber qué es lo que significa y qué se pretende. Como sabemos todos, los documentos conciliares respiran un espíritu de optimismo eufórico y un deseo entusiasta de renovación. También lo es aquí, en SC 23, donde se ha insertado una oración llena de significado:

  1. Por último, no se introduzcan innovaciones si no lo exige una utilidad verdadera y cierta de la Iglesia…

47 años después de la promulgación del misal de Pablo VI, y en vistas del desastre que ha creado, debemos decir: ninguno de los cambios surgidos del misal de Juan XXIII en 1962 o del misal de 1965 de corta duración (según Spaemann fue una reforma prudencial) puede considerarse de “utilidad verdadera y cierta.”

Para concluir el segundo punto: la supresión de los ritos antiguos—simbolizados por la supresión de la Prima en el mismo texto conciliar y sin discusión—ha demostrado ser un desastre y un gran daño a la fe. Ningún protagonista del Movimiento Litúrgico hubiera imaginado lo que está sucediendo hoy. Además, hasta donde yo sé, ninguno de ellos quería algo así.

Sin dudas, debemos conjeturar que los elementos subversivos del tiempo del Movimiento Litúrgico estaban insertados en la curia desde antes. La conspiración estaba en marcha desde hacía tiempo. Sin embargo, se llevaba a cabo discretamente, para no ser descubierta de inmediato. El cambio en el canon de la misa bajo Juan XXIII debiera ser visto bajo esta perspectiva. Aparentemente, el Papa quería demostrar que la Iglesia podía alterar la parte más sagrada de la liturgia. En otras palabras, fue un piadoso engaño.

3. Una “Reforma de la Reforma” es inútil. El misal y el breviario debieran regresar a la vieja usanza, aunque la cuestión de la versión quede abierta.

Ahora me gustaría arribar a mi conclusión. Observé que la actitud del profesor Kwasniewski sobre las acciones del papa Benedicto XVI es más optimista que, en mi opinión, puede sostenerse. Porque con el fracaso del papa Benedicto y su renuncia extremadamente dudosa, también han fallado dos lemas del Papa: en particular, la hermenéutica de la continuidad y la Reforma de la Reforma.

Las fuerzas motoras detrás del Concilio,  según sus propias declaraciones, no estaban interesadas de ningún modo en la continuidad con la tradición. Sus protagonistas hablaron claramente al respecto (cf. Ralph Wiltgen, S.V.D., El Rin Desemboca en el Tíber). No tiene sentido ahora, cincuenta años después del Concilio, buscarle la quinta pata al gato o la cuadratura al círculo. En 2011, Roberto de Mattei ya había exigido que los textos del Concilio fuesen contrastados con la tradición (en su libro Apologia della Tradizione).

Yo agregaría: que entonces debe tomarse una decisión respecto a lo que permanece y lo que debe irse. El papa Benedicto dudó demasiado sobre esto; permaneció atrapado en una mentalidad que no podía remediar los desvíos. Lo mismo sucede con la “Reforma de la Reforma.” Esta frase fue utilizada por Klaus Gamber y el cardenal Ratzinger—no sé quién la dijo primero.

Más aún, en el lema “Reforma de la Reforma”, la segunda “reforma” es vista como la revolución de Pablo VI, y la primera “reforma” como la restauración de lo que había sido deformado, lo degenerado.  Por lo tanto, la palabra “reforma” significa dos cosas diferentes; no, contradictorias. Como este lema contiene una equivocación confusa, es problemático.

El profesor Kwasniewski también nos hace comprender que es inútil hablar de “reformar hacia atrás” la misa del papa Pablo VI y gastar tanto tiempo y energía haciéndolo. Los obispos la sabotearon—especialmente en el caso del mundo alemán, la primera directiva del año 2006 para traducir correctamente las palabras de la institución del cáliz. Después de todo, hay un caos mundial sobre las palabras de la institución. Otras correcciones, como regresar a las oraciones del Ofertorio y transferir el “signo de la paz” al ofertorio, [solo] quedaron en etapas de planificación.

Summorum Pontificum, también fue tibio en ciertos sentidos. Las órdenes menores y el subdiaconado no fueron recuperados, sin embargo cambió la intercesión del Viernes Santo por los judíos frente a presiones externas.

Por lo tanto, pienso igual que la mayoría de los católicos tradicionalistas, que es mejor comenzar de nuevo desde el punto en que la reforma litúrgica comenzó a descarrilar, es decir, la desacertada y torpe revisión de la Semana Santa bajo Pío XII. Entonces, tomando la última edición del misal previo a 1955, pero permitiendo la celebración de fiestas universales o locales introducidas con posterioridad, nos daría una ‘hoja en blanco’ sobre la cual proceder con la confianza de haber recibido con agradecimiento y que vigilamos la herencia litúrgica de nuestros antepasados.

Después de todo, concierne a Dios—y la salvación y felicidad eterna del hombre. No podemos jugar con eso. Dado que: Lex dubia non obligat [la ley dudosa no obliga].

Toda ofuscación magisterial de lo que ocurre en la liturgia produce confusión. Requisitos poco claros no tienen autoridad obligatoria: lex dubia non obligat. La situación confusa no puede hacer, por ejemplo, que aquellos que deseen convertirse se interesen por la fe católica. Si la propia Iglesia juega con la claridad dogmática de los sacramentos, un catequista solo puede explicar la doctrina católica con grandes esfuerzos. Esto pone en peligro la salvación de las almas. Le resta valor a la reverencia debida a Dios. Debe detenerse.

En conclusión

En un par de semanas será el 100° aniversario de la primera aparición de Nuestra Señora de Fátima [13 de mayo de 2017]. La condición apocalíptica de la Iglesia y del mundo demuestra que los remedios dados en Fátima—el rosario, la reparación, los primeros sábados, la consagración de Rusia—no han sido empleados adecuadamente.

La sagrada liturgia está en una condición catastrófica. La misa parroquial de siempre difícilmente pueda ser considerada como liturgia. Las órdenes religiosas también han experimentado un profundo declive en su liturgia. Las promesas de Fátima permanecen, pero también lo hacen las advertencias y amenazas. El papa Benedicto XVI dijo en el año 2010 en Fátima que quien piense que los mensajes proféticos de Fátima llegaron a su fin está en un gran error. Solo podemos apelar a él para que revele toda la verdad acerca de Fátima y mueva al Papa reinante hacia la implementación dramática de las directivas de Nuestra Señora. Entonces, el caos de la liturgia quedaría casi resuelto. De no ser así, todos nosotros tendremos que enfrentar las consecuencias. ¡Gracias!

(Traducido por Marilina Manteiga. Artículo original)

RORATE CÆLI

Edición en español del prestigioso blog tradicionalista internacional RORATE CÆLI especializado en noticias y opinión católica. Por política editorial no se permiten comentarios en los artículos
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