En el ya lejano 1968, mi párroco decía a un grupo de muchachos: “¡Atención! A fuerza de hablar de pobres, de marginados, mirad de no empobrecer a Jesucristo. Al final, a este paso, será Jesús el verdadero marginado de vuestra vida.”. Mal asunto marginar a Jesús porque, cuando Jesús es marginado, entonces sólo queda la desesperación.

Pero Jesús es Dios y no se deja marginar, ni quitar la corona, ni destronar. También hoy, en este “esputo” general, en este mundo horrible, Jesús camina – Él el Viviente – por los caminos del mundo y se busca a sus amigos, se los reserva para sí. Y es algo maravilloso que te pregunta: “Pero estos, ¿de dónde vienen?”.

“Conviértete del judaísmo”

Pues bien, Jesús continúa suscitando conversiones extraordinarias para despertarnos a la Fe. Jean-Marie Élie Setbon viene del judaísmo y su conversión revela la fascinación con la que sigue atrayendo el Señor Jesús, fascinación que pasa por el Misterio de la Cruz. Sucede así que un muchachito judío, que ignoraba ser judío, recibe 30 años después el Bautismo en la Iglesia católica.

Nacido de padres judíos no practicantes, Elías había sido enviado a una escuela judía donde decide conformarse a los preceptos del judaísmo: “Llevo la kipá (= el casquete sobre la cabeza, propio de los judíos) y como aparte”, dirá Elías.

Esto crea tensiones en su familia, que deja a los 18 años para marcharse a Israel, donde se agrega a una escuela de sionistas religiosos. La Torá y el Talmud ya no tienen secretos para él… De vuelta a Francia, se casa con una muchacha que comparte sus ideas. Le nacen siete hijos, pero la prueba se abate sobre su familia. Su esposa muere de cáncer.

Dentro de sí había sentido siempre una secreta atracción hacia Jesús, pero ha llegado el momento en el que Jesús se le manifiesta en varias ocasiones: una vez en Trouville, tras haber visto un monumental monte Calvario con el Crucifijo, varias noches seguidas se despierta con escalofríos y con la certeza de Jesús está presente en su habitación.

Consigue y lee y medita las Obras de S. Juan de la Cruz; después comienza un recorrido doloroso hacia la Iglesia católica: recibe el Bautismo el 14 de septiembre de 2008, fiesta de la Exaltación de la S. Cruz.

¿Una historia de conversión? Sí, de conversión, pero ésta de nuestro días y nos permite comprender mejor las afirmaciones de S. Pablo Apóstol sobre la “novedad” cristiana, la libertad verdadera que Jesús nos ha traído y la necesaria conversión indispensable para todos – judíos y paganos – para revestirse de Cristo, “Hombre nuevo”. En este punto, Elías, convertido en el Bautismo en Jean-Marie, toma distancias del card. Lustiger, también él judío convertido (v. p. 146 del libro que citaremos dentro de poco).

El último capítulo, titulado “De la Torá a la Cruz”, es muy iluminador acerca de las diferencias entre judaísmo y Catolicismo: la Fe católica lleva a cumplimiento la fe de los profetas, pero precisamente en Cristo señala la ruptura con Israel, que rechaza al Cristo prometido. El protagonista de esta singular aventura hace ver cómo es más fácil en nuestro mundo contemporáneo ser judío que católico y sobre todo ser un judío convertido a Jesucristo.

Jean-Marie – Elías Setbon – narra con sencillez lo que ha vivido, como un himno a Cristo, que obra siempre en las almas, aun las más lejanas, en su libro “De la Kippa à la Croix. Conversion d’un Juif au Catholicisme”, Paris, Salvator, 2013, un libro lleno de esperanza.

“Sólo Jesús hace feliz”

En 2012, Annie Laurent, experta en cuestiones religiosas y políticas de Medio Oriente, publicó en Artège un librito titulado: “L’islam peut-il rendre l’homme heureux?” (= ¿Puede el islam hacer feliz al hombre?).

La autora intenta exponer brevemente la visión islámica del hombre y de su destino. Presenta con objetividad la posición del islam, contraponiéndola con el Cristianismo. Se constata entonces, en temas fundamentales como Dios, la paternidad divina, la persona humana y su dignidad, que existen divergencias inconciliables.

La vida eterna, en la que se realiza plenamente la felicidad del hombre, punto central de la obra, acaba dirimiendo la pregunta planteada por el título. Ser feliz para un musulmán es recibir una felicidad solamente natural, humana, que su “religión” le promete aquí abajo y en el más allá, la cual no es en absoluto la misma para el cristiano.

A quienes hablan a menudo de “vidas paralelas” entre islamismo y Cristianismo, de valores comunes a todo precio y que esperan frutos espirituales de las celebraciones del islam, etc., confundiendo a la almas, es necesario recordarles que el verdadero católico, encuentra su felicidad solamente en Dios, en la participación sobrenatural en el Ser divino, en la Vida divina que Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, nos ha merecido con su Sacrificio en la cruz. 

Cierto como es cierto que, como escribió Pascal, “el hombre supera infinitamente al hombre”, la respuesta al problema “hombre” puede venir sólo de Dios, que lo llama a la Vida divina con Él en Jesucristo. Por tanto, el islam, con su materialidad y su carnalidad no puede hacer feliz a nadie. 

La autora Annie Laurent termina aquí su libro, dejando otra pregunta: “¿Puede ser el islam la religión verdadera si no aporta ninguna felicidad verdadera al hombre?”. La respuesta está ya implícita en la pregunta: solamente Jesucristo hace feliz, solamente Jesucristo es la Verdad absoluta y eterna. Hoy, algunos musulmanes se hacen católicos, precisamente por esa sed de significado, de felicidad y de alegría que se alberga en el corazón humano y que es tácita pero acuciante aspiración de Jesucristo, hasta que no lo haya encontrado.

Pero esto es necesario decirlo a todos, comenzando por las “cabezas mitradas”, a menudo somnolientes, para que las almas no vayan a la perdición. 

Candidus

(Traducido por Marianus el eremita /Adelante la Fe)

SÍ SÍ NO NO
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