THE REMNANT

Cor Orans: otro espíritu maligno del Vaticano II

El Papa Purgará lo que Queda de las monjas Católicas

Sigue llegando a mi correo más evidencia de que la actual administración de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada [1] planea utilizar las disposiciones de la Cor Orans para reescribir totalmente la naturaleza de la vida religiosa de las monjas contemplativas, particularmente las comunidades “conservadoras” y tradicionales, en nombre del “Nuevo Paradigma” del Vaticano Segundo. [Nota del Editor:”Cor Orans” (“Corazones Orantes”) es el título de un documento del 1° de abril de 2018 que implementa instrucciones sobre cómo aplicar la Constitución Apostólica del papa Francisco de 2016 – “Vultum Dei Quaerere” (“La Búsqueda del Rostro de Dios”) dirigida a las religiosas en comunidades contemplativas.MJM]

Como he escrito muchas veces en otro lugar, la característica uniforme del actual pontificado es la purga. Hoy está claro que Jorge Bergoglio fue elegido por un grupo de progresistas de la década de 1960 para eliminar los últimos elementos del catolicismo que se resistieron a la revolución del Vaticano II. Tras 50 años de ambigüedad, de la convivencia de dos “paradigmas” en una misma institución bajo una incómoda tregua, los pocos obstinados que se negaron a aceptar las nuevas formas litúrgicas, las nuevas “fórmulas” teológicas, las nuevas disciplinas, están siendo forzados a amoldarse o retirarse.

En todas las instituciones católicas se ha evaporado el terreno considerado “conservador”, la posición segura y razonable que se permitió bajo los últimos dos pontificados. Así como Amoris Laetitia hará que se retiren los sacerdotes y seminaristas que se nieguen a profanar la sagrada comunión dándosela a adúlteros no arrepentidos, Cor Orans será utilizada para remover a las monjas contemplativas “conservadoras” que se nieguen a adoptar el completo programa de “renovación” de la vida religiosa del Vaticano II.

No debemos olvidar la conciliación de la Congregación para la Vida Consagrada con la LCWR (Conferencia de Liderazgo de Mujeres Religiosas) tras la elección del papa Francisco. El nuevo prefecto [2], el cardenal Joao Braz de Aviz, efectivamente pidió perdón a las más infames y heréticas de las religiosas modernistas, aplacando los ánimos que habían sido perturbados por los intentos de sus predecesores por atraerlas nuevamente al catolicismo. Contrastemos esto con la cruel represión de parte de la misma Congregación sobre las Hermanas y Frailes Franciscanos de la Inmaculada que sucedió al mismo tiempo, y el plan se torna evidente.

Esta semana recibí otro documento que incluía muchas citas del Secretario de la Congregación, José Rodríguez Carballo, en un discurso de 2015 en el que sugería que las formas tradicionales de vida religiosa habían “cumplido su función” y debía permitirse su desaparición para que las reemplace algo no definido aún pero seguramente nuevo y maravilloso.

En una reunión para formadores de religiosos, en abril 2015 en Roma, Carballo dijo claramente que el Vaticano II debía tener prioridad ante los carismas clásicos de la vida religiosa.

“Con esta referencia explícita al Concilio Vaticano II, señalamos nuestra profunda convicción de que el Concilio es el punto de referencia, no negociable, en la formación de los consagrados.”

En su discurso en Ávila [3], España, un mes más tarde, Carballo incluso habló más francamente, denunciando a “muchos grupos fundamentalistas” en la vida religiosa, diciendo “esto no es del espíritu”. “Nuestra brújula es el Vaticano II” dijo, agregando que el Papa “se deja guiar por el Vaticano II.”

Carballo dijo que con el colapso de las vocaciones en los últimos 50 años, está claro que las formas de vida religiosa que se conocieron durante los últimos 20 siglos “ya cumplieron su función en la Iglesia”. Dijo que éste es un tiempo de “purificación” para la vida religiosa. Llamó “anticuadas” a “algunas formas” de vida religiosa y afirmó que “casi no significan nada para la gente de hoy.” Dijo que “éstas no permanecerán aunque hayan tenido cierto éxito.” [las negritas son mías.]

“Como con el Evangelio,” dijo Carballo, los carismas de la vida religiosa están en “evolución” y “se desarrollan” y “continúan creciendo con el tiempo.” Dijo que “algunas formas están desapareciendo. Pero surgen nuevas.”

Con respecto a vivir su carisma, dijo que “la Iglesia nos pide no solo fidelidad sino fidelidad creativa.”

Les preguntó a los frailes y hermanas carmelitas allí reunidos, “¿Qué es lo que Teresa quiere ahora?” y “no queremos caminar como lo hicimos 500 años atrás”. El carisma “avanza”. Denunció a quienes respondían “siempre se ha hecho así” diciendo que “incluso las personas buenas necesitan cambios” y que “ser fiel no significa seguir igual”.

Como sucede frecuentemente con los católicos progresistas, sesgó el total colapso de la vida religiosa desde el Vaticano II como algo positivo, comparando el actual “caos” en la vida religiosa con las condiciones previas a la creación, invitando a los presentes a “pensar en el Génesis” e imaginar “la nueva creación” que se avecina.

Los discursos y documentos de la Congregación para la Vida Religiosa utilizan con frecuencia el término “fidelidad creativa” o “fidelidad dinámica” para hablar de las antiguas órdenes y carismas. En esta reunión, Carballo clarificó esto diciendo que “ser fiel no significa seguir igual”.

Dijo que esta “actualización” se logrará a través de la formación. “Solo la formación cambia el corazón y la mente.”

Considerando estos indicios, lo que nos dice Cor Orans es que, respecto a la vida contemplativa femenina, los progresistas que esperan un “caos” por los levantamientos post-conciliares que organizaron para dar lugar a una “nueva iglesia” están cansados de esperar.

Con este Papa, recibieron el mandato para aplastar las resistencias que aún permanecían, y en lugar de “cantar”, forzar “el surgimiento de la nueva iglesia”. El lenguaje de Cor Orans, junto con los claros mensajes de Carballo en sus discursos, se torna inconfundible; esta es una purga.

Y el documento es igualmente claro sobre su estatus como documento legal. No es una sugerencia; los superiores ya reportan estar recibiendo mensajes de Roma, de las federaciones y de las asociaciones, que deben implementarlo “inmediatamente”. Obliga la afiliación a una federación, cuyo presidente y consejo tienen poder sin precedentes sobre las financias, las nuevas fundaciones, la formación, y crucialmente, las decisiones sobre el cierre de monasterios.

No saben lo que hacen…

Y las propias órdenes religiosas ya están a bordo. Un documento de dicha reunión, el Capítulo General de las Carmelitas Descalzas de 2015, culpaba por el colapso de la orden a la incapacidad de las religiosas para adaptarse al programa del Vaticano II.

“A pesar de la renovación requerida por el Vaticano II, nuestro lugar en la sociedad ha permanecido esencialmente sin cambios en comparación a cincuenta años atrás: nosotros servimos a la misma gente, usamos básicamente los mismos métodos de comunicación, y nuestro estatus clerical-religioso es el mismo. Sin embargo, durante estos cincuenta años, la sociedad ha cambiado dramáticamente a todo nivel, económico, social, cultural, moral, y religioso. La consecuencia es que nuestro ‘nicho ecológico’ se ha reducido progresivamente,” decía el documento final del Capítulo.

“La libertad para cambiar…es verdaderamente lo primero que necesitamos, y es la condición necesaria para tomar una nueva ruta: ser libres, desapegados de estructuras y hábitos del pasado, pero buscando nuevas vasijas que puedan contener el vino nuevo.”

Creo que los laicos más fieles no necesitan una idea muy firme de cómo es la actual vida religiosa de clausura monacal. Solemos desarrollar una imagen romántica y rosa, mayormente derivada de la hagiografía, las películas y las fotos, y suponemos que una monja de clausura es alguien que no sale del monasterio salvo para consultas médicas o tal vez para votar. Al menos creemos que este es el ideal al que aspiran las monjas de clausura.

La mayoría supone que el claustro monástico se toma seriamente, que la formación de monjas se realiza en una casa, serenamente y bajo la organización del consejo monacal, aprobada por la abadesa y guiada, según la constitución de la comunidad, por una encargada de novicias que se encarga amorosamente de las postulantas tras su ingreso. Imaginamos clases que incluyen la lectura de los escritos de la fundadora, estudios bíblicos y teología de la oración, el estudio de la Patrística y fuentes antiguas. Imaginamos el silencio, el trabajo constante y tranquilo en la casa y el jardín, y horas de felicidad en la recreación grupal. Sobre todo, las imaginamos separadas del mundo exterior, en un lugar donde la concentración en la oración –la comunión con el Divino Esposo– no está sujeta a interferencias externas.

Y espero que la mayoría de las personas que aman la vida religiosa contemplativa del claustro, que la consideran la expresión más elevada de la vida católica en este mundo, y una necesidad absoluta para la supervivencia de la Iglesia, también consideren que el regreso a este ideal es el camino o, tal vez, la única esperanza [4]. Pero si pensamos que las personas que están actualmente a cargo de la vida religiosa en Roma comparten esta opinión y tienen el mínimo interés por preservar la vida religiosa tal como la conocimos, no llegan a captar las realidades actuales.

La información que estuve recibiendo de alrededor de los EE.UU. y Europa es que la imagen que tenemos de la vida en el claustro está casi extinta. Pocos monasterios de cualquier carisma apenas están intentando retenerlo. Casi todos los monasterios –la mayoría de los cuales está gobernado por superiores formados entres las décadas de 1970 y 1990– ya han internalizado totalmente las ideas fundacionales del Nuevo Paradigma de la Cor Orans.

La mayoría de los monasterios ya están gobernados por federaciones y asociaciones que esperan que todos sus miembros asistan a reuniones y sesiones de formación fuera del encierro monástico. El mandato de la Cor Orans para los programas compartidos de “formación continua” –que Carballo dejó en claro es la manera por la cual se impone el Nuevo Paradigma– ya han sido adoptados por la mayoría de los monasterios y conventos de clausura. Y la presión sobre los restantes, que prefieren formar a sus propias novicias y consagradas jóvenes, se reporta como intensa y constante.

El énfasis de las federaciones y asociaciones está en más y más interconexión –en realidad, más y más centralización y dependencia de la asociación. Los programas de formación compartida, como exige la Cor Orans, están preparados no por las encargadas de novicias del monasterio sino por “profesionales” elegidos por los líderes de la asociación. Estos “expertos” son personas con títulos universitarios en “psicología pastoral” y similares. Y esto sucede desde hace décadas. [5].

Las monjas, incluso las que podrían ser consideradas “conservadoras”, en hábitos completos, etc. dejan rutinariamente sus monasterios, usualmente viajan grandes distancias para asistir a reuniones en sus asociaciones. Las novicias y las profesadas deben asistir a los “cursos de formación”, y los monasterios que se niegan a participar son presionados. Estos cursos parecen estar estructurados como una conferencia académica en la que las novicias de diferentes monasterios se reúnen en un salón de conferencias de hotel a escuchar a los oradores para luego “formar pequeños grupos” y hablar de lo que escucharon. Pareciera que las técnicas modernas de gestión corporativa se han tornado en modelo de trabajo para la vida monástica, y con muy poca resistencia.

Y no se trata solo de las novicias. Todas las monjas en “formación inicial” deben asistir, incluyendo aquellas con votos temporales. Y no las dejan tranquilas para seguir en paz con su vida monástica después de los votos definitivos. La “invitación” para asistir a dichas sesiones de formación se extiende a las encargadas de las novicias y a las prioras, así como a cualquier monja que haya tomado sus votos en los últimos diez años. Una monja me escribió, “es como si creyeran que solo vivir esta vida no es formación suficiente.”

Le pregunté por qué creía que las monjas eran un blanco particular. Me dijo: “como bien sabes, estamos lidiando con muchos hombres europeos [españoles] y sudamericanos y mejicanos.” Por su ubicación, dijo, ha lidiado con estos hombres la mayor parte de su vida religiosa y ha “experimentado su falta de respeto (esta es una sutileza) hacia las mujeres.”

“Los hombres en Roma siempre han tenido la actitud de creer que las órdenes religiosas masculinas podían cuidarse solas porque son hombres. Nosotras necesitamos mucha ayuda y normas porque somos mujeres. Es la mentalidad del dictador sudamericano.”

Este tono salió sin duda del discurso de Carballo en Ávila, cuando castigó a las religiosas por temer que la Congregación les impusiera cambios no deseados, especialmente sobre su clausura. “La Iglesia ama su vida. Si promovemos un cambio es por su bien”. Agregó que no consideraría emitir otro cuestionario, diciendo que “solo les pido que confíen y contagien esta confianza en la Iglesia. La Congregación no va a destruir sino promover la vida religiosa por medio de una renovación adecuada que encaje con las circunstancias de hoy.”

Mi monja-corresponsal agregó: “No nos preocupa tener normas. Necesitamos normas. No necesitamos 289 normas. La Regla Carmelita es una de las más simples de la Iglesia, sin embargo, contiene todo lo necesario. Esta vida es muy simple. Cor Orans estrangulará al Carmelo hasta su muerte. Solo queremos centrarnos en nuestro Esposo.”

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[1] Formalmente, la “Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica” cuyo acrónimo en inglés es CICLSAL, apodada por algunas religiosas como “sickle cell”, una enfermedad de la sangre (anemia drepanocítica).

[2] Nombrado por Benedicto XVI, no Francisco.

[3] Quizás valga la pena mencionar que se reporta que el discurso de Carballo duró tres horas.

[4] Lo es.

[5] Recuerdo visitar un monasterio de Clarisas cerca de Vancouver a principios de la década de 1990 y descubrir que no reciben postulantas del mundo.  Una joven interesada en unirse era enviada del otro lado del país a pasar un año o dos en Casa Madonna, una comunidad extraña de laicos en medio del bosque cerca de Combermere Ontario. Incluso en aquel tiempo –yo tenía 23– pensé que ese envío de candidatas potenciales era extraño y no podía comprender cómo ayudaría a prepara a alguien para la vida específica de una clarisa.

(Traducido por Marilina Manteiga. Artículo original)

Hilary White

Nuestra corresponsal en Italia es reconocida en todo el mundo angloparlante como una campeona en los temas familia y cultura. En un principio fue presentada por nuestros aliados y amigos de la incomparable LifeSiteNews.com, la señora Hillary White vive en Norcia, Italia.
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