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De cuando la Virgen, hace cuatro siglos, en Quito, anunció la terrible crisis de la Iglesia en el siglo XX

De La profecía final. Carta al papa Francisco sobre la Iglesia en tiempos de guerra, de Antonio Socci (Rizzoli)[i]

Que el propio siglo XX – en el cual espiritualmente aún estamos sumergidos- sea el tiempo de las tinieblas, el tiempo de la gran apostasía profetizada en las Sagradas Escrituras (y recordada en el Catecismo) también lo haría pensar una extraordinaria aparición mariana acontecida hace algunos siglos.

Esa tiene toda la oficialidad de los reconocimientos eclesiásticos, sin embargo –por alguna misteriosa disposición de la Providencia- había quedado hasta ahora prácticamente desconocida y hoy vuelve a la luz.

Fue la misma Virgen quién pidió que, su mensaje, sólo se diera a conocer al mundo en el siglo XX.

Se trata de las apariciones de  la Virgen a madre Mariana Francisca de Jesús Torres y Berriochoa (1563-1635), mística española que vivió y murió, en olor de santidad, como monja de la Inmaculada Concepción en Quito, Ecuador.

Hoy en día está en curso el proceso de beatificación de madre Mariana, cuyo cuerpo, por cierto, fue encontrado incorrupto y completo el 8 de febrero de 1906.

La Virgen se le presentó como “la Señora del Buen Suceso” y la Iglesia –por medio de los obispos de Quito- ha aprobado la veneración de la Virgen con este título.

La devoción del pueblo ecuatoriano, ininterrumpida desde hace 400 años, llevó a la archidiócesis de Quito a hacer la coronación canónica de Nuestra Señora del Buen Suceso como Reina de Quito en 1991, con permiso de la Santa Sede.

Y bien, la particularidad de esta aparición consiste en la petición de la Virgen a la vidente, y a las monjas de su convento, de rezar y ofrecerse en holocausto, por los hombres del siglo XX.

Reconstruyendo esta historia, cuyo centro es la madre Mariana, Paola de Lillo explica que la mística vivió, incluso, dos experiencias de pre-muerte:

«Su primera muerte se produjo en 1582. De pie, delante de un tribunal, sufrió un proceso por el cual le fue ofrecida una elección: quedarse ya en la gloria celeste o volver a la tierra y sufrir, como chivo expiatorio, por los pecados del siglo XX. Ella escogió la segunda posibilidad. Su segunda muerte se produjo el viernes Santo del año 1588, después de una aparición en la que le fueron mostrados los horribles abusos y las herejías que serían perpetradas en la Iglesia actual. Se despertó dos días después, en la mañana del Domingo de Pascua.»

¿No es singular que la Virgen, en los primeros años del siglo XVIII, pidiera a las almas consagradas, rezar e inmolarse por los hombres del siglo XX? ¿Qué  cosa tan terrible debía suceder en el siglo XX? ¿Qué abusos y herejías debían ser verificadas para justificar semejante intervención preventiva del Cielo, sin precedentes en la historia de la Iglesia?

Es increíble, si pensamos que todo ocurrió algunos siglos atrás, leer que: «serán los preferidos de su Corazón, sobre todo, aquellos que vivirán hacia finales del siglo XX, porque en aquel tiempo, el infierno se desencadenará y muchas almas se perderán.»

Marian T. Horvat, estudiosa de este acontecimiento, explica en una entrevista que es particularmente importante la aparición del 2 de febrero de 1634 cuando:

“La luz del santuario se apagó. La Virgen explica después a madre Mariana, que esto representa a la Iglesia del siglo XX, y explica los cinco significados de aquel acto simbólico. Según las palabras de Nuestra Señora, la luz que se apaga representa, en primer lugar, la difusión de herejías en el siglo XIX y XX que apagarán la preciosa luz de la fe en las almas. En segundo lugar, la gran catástrofe espiritual en el convento y, por extensión, de toda la Iglesia. Tercero, la gran impureza que saturará la atmósfera. ‘Como un mar sucio, inundará las calles, las plazas y los puestos públicos con una sorprendente libertad -dijo-. Así, no habrán almas vírgenes en todo el mundo’. En cuarto lugar, la corrupción de la inocencia de los niños y la crisis del clero. Quinto, la pereza y la negligencia de los ricos que serán testigos al observar su Iglesia oprimida, perseguida y el triunfo del demonio, sin emplear sus riquezas para atacar el mal y restaurar la fe.”

Se dice que, en las revelaciones que la Virgen hizo a madre Mariana, habían muchas profecías que se realizaron puntualmente, en referencia a la historia del Ecuador y a los acontecimientos de la Iglesia Católica.

Con respecto a la historia universal, y en particular la Iglesia, en el siglo XX la Virgen habla de acontecimientos trágicos y sangrientos relacionados con una terrible crisis espiritual.

Esta noche oscura de la Iglesia fue sintetizada por Paola De Lillo bajo estas voces: masiva apostasía en la Iglesia, corrupción del clero y crisis de las vocaciones; propaganda de herejías, abandono de las reglas de la vida religiosa y culpa de la autoridad eclesiástica por semejante ruina. Naturalmente:

“Este aparente triunfo de Satanás procurará mucho sufrimiento a tantos buenos pastores de la Iglesia, a la mayoría de bravos sacerdotes y al Vicario de Cristo en la tierra… El pequeño número de almas que mantendrán el culto de la fe y de la moral, padecerán un sufrimiento cruel e indescriptible, como un prolongado martirio; por este sufrimiento serán considerados mártires”.

[Traducción de H.A. Artículo original]

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[i] http://www.rizzoli.eu/libri/medjugorje-dopo-la-tempesta-cover/

 




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