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La eutanasia y los trasplantes de órganos

Cuestiones médicas con implicaciones morales (VII)

Con este último artículo dedicado a la eutanasia y a los trasplantes y donación de órganos, concluimos esta serie dedicada al estudio de las implicaciones morales que pueden tener ciertos procedimientos de la medicina.

¿Cuál ha de ser la actitud del médico ante una persona en estado terminal?

Caben tres actitudes, dos erróneas: la eutanasia y el encarnizamiento terapéutico, y una, correcta: el uso de los cuidados paliativos.

La Eutanasia

Definición y tipos de eutanasia

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define eutanasia como: “La intervención deliberada para poner fin a la vida de un paciente sin perspectiva de curación”.

El magisterio de la Iglesia define la eutanasia como la “acción u omisión que por su naturaleza e intención causa la muerte de una persona, con el fin de eliminar cualquier dolor”.

Se incurre en eutanasia cuando se tiene la intención de poner punto final a la vida o de acelerar la muerte de una persona.

No hay eutanasia cuando se tiene la intención de aliviar los sufrimientos de una persona terminal, aunque el suministro de fármacos pueda acortar la vida (pero nunca causar directamente la muerte) de esa persona.

Tampoco hay eutanasia cuando se omiten o se interrumpen cuidados que son desproporcionados e inútiles para el enfermo.

Hemos de distinguir varios tipos de eutanasia:

  • Eutanasia positiva u homicidio “piadoso”: que consiste en quitar la vida a un semejante aquejado de enfermedad incurable, de achaques de vejez o de malformaciones físicas o psíquicas, congénitas o adquiridas.
  • Eutanasia negativa: es la omisión de los medios ordinarios para mantener la vida de un enfermo.
  • Eutanasia suicida: cuando es provocada por el mismo sujeto.
  • Eutanasia eugenésica: cuyo objeto es eliminar de la sociedad a aquellas personas que se considera que ya no tienen valor para ella. Fue la practicada por el nazismo con el fin de purificar la raza; y más modernamente la que se está empezando a practicar en algunos hospitales europeos con los ancianos que no tienen esperanza de vida después de haber sufrido una embolia cerebral o algún otro proceso que los deja postrados en la cama sin esperanza de curación.

El camino hacia la cultura de la muerte empezó cuando algunos médicos aprendieron a pensar como contables. A medida que ha ido creciendo el coste de la medicina hospitalaria, los médicos han sido aleccionados y presionados para hacerles “aceptar” que el coste es demasiado elevado para una sociedad en crisis económica: “más vale dedicar ese dinero a salvar personas que tengan esperanza de vida”– les dicen. Con estos y otros engaños, han ido cauterizando la conciencia del cuerpo médico e incluso de la sociedad en general. En la actualidad hay ya muchas personas que aceptan la eutanasia por “piedad” hacia el enfermo, o porque -según dicen ellos-, no tiene “sentido mantener viva a una persona que ya no tiene esperanza de curación”.

Juicio moral de la eutanasia

Cualquier tipo de eutanasia antes mencionada es directamente inmoral, pues lo que se busca es la supresión de una vida humana. Es un atentado directo contra el derecho a la vida, incluso aunque sea la misma persona quien pida la muerte. Ningún hombre puede decidir entre vivir o morir; pues no tiene ese derecho. Dios es el autor de la vida y sólo Él puede darla o quitarla

La eutanasia es presentada como algo “razonable” y “caritativo” en aquellas sociedades que han perdido el respecto a la vida, han caído en el materialismo y se han olvidado de que el hombre es algo más que un cuerpo. El ser humano tiene un alma inmortal que tendrá que dar cuentas a Dios de sus acciones, por lo que ha de ser respetado hasta el último aliento de vida. ¡Cuántas personas han aceptado a Dios, se han arrepentido, y como consecuencia se han salvado, en el último instante de sus vidas!

El Juramento Hipocrático del siglo IV a.C. dice a este respecto: “No daré a nadie que lo pida un remedio mortal o un consejo que lo induzca a tal fin”.

El Código Deontológico de los Colegios Médicos de España dice: “En el caso de enfermedad incurable y terminal, el médico debe limitarse a aliviar los dolores físicos y morales del paciente, manteniendo en todo lo posible la calidad de una vida que se agota, evitando emprender o continuar acciones terapéuticas sin esperanza, inútiles y obstinadas, y asistirá al enfermo hasta el final con el respeto que merece la dignidad del hombre”.

La trampa de la “muerte digna”

Como consecuencia de la pérdida de los valores morales de la sociedad, cada vez se oyen más fuertes las voces de los que claman el derecho que tienen a una “muerte digna” aquellas personas cuya vida ya no es plena. En el fondo esta muerte digna que exigen no es otra cosa que una eutanasia disfrazada; del mismo modo que una “interrupción voluntaria del embarazo” no es sino un aborto criminal.

Salvador Paniker, presidente de honor de la asociación española “Derecho a morir dignamente”, es partidario de la despenalización de la eutanasia argumentando las siguiente razón: “La calidad de vida está por encima de la propia vida, hasta el punto de que cuando esta calidad degenera más allá de ciertos límites, reduce el ser humano a la condición de ‘piltrafa vegetativa’”.

¿Qué significa “morir dignamente”? En realidad no se puede hablar de muerte digna sino de personas que afrontan la muerte con dignidad. Para un cristiano la muerte es la última y definitiva ofrenda que el hombre hace a Dios; es la culminación de su vida aquí en la tierra; es el momento en que el que llega a la meta y espera el juicio de Dios. Como decía San Pablo: “He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida…” (2 Tim 4: 7-8).

Todo hombre tiene el derecho a morir en paz. Por tanto, es lícito tomar la decisión de renunciar a unos tratamientos extraordinarios que procurarían sólo una prolongación precaria y penosa de la vida. La aplicación de terapias extraordinarias para prolongar la vida del enfermo terminal, no hacen sino aumentar sus sufrimientos, siendo por otra parte desproporcionados los riesgos a los beneficios que ellos pueden dar, condenando al enfermo a una agonía prolongada más que a una curación de la enfermedad.[1] La medicina no puede seguir el principio de mantener la vida a toda costa. Si así se hiciera, entonces entraríamos en lo que se ha llamado “encarnizamiento u obstinación terapéutica”.

El encarnizamiento terapéutico

¿Qué es el encarnizamiento o la obstinación terapéutica?

Es el intento realizado por el médico para prolongar la vida de una persona a toda costa, usando para ello todos los medios que la medicina dispone en la actualidad.

Mientras que con la eutanasia se intenta acelerar la muerte, con el encarnizamiento terapéutico se intenta retardarla o evitarla a toda costa.

¿Qué se debe hacer a una persona a quien se le avecina la muerte?

Se deben evitar aquellas terapias intensivas que despojen al enfermo de la tranquilidad, lo aíslen de cualquier contacto humano con familiares y amigos, o le impidan prepararse interiormente para morir.

Se le deben proporcionar los cuidados ordinarios elementales: alimentación, hidratación, suministro de analgésicos, ayuda a la respiración, curas mínimas, higiene, cambios posturales, etc…, que vayan destinados a la supervivencia. Estos medios no son un modo de alargarle la vida y de hacerle sufrir más, sino una forma humana y digna de respetarlo como persona.

En un paciente terminal que ya no tiene esperanza de vida se consideran medios extraordinarios, y como consecuencia que se pueden retirar: las sondas nasogástricas, las perfusiones intravenosas, los antibióticos, los respiradores y las medidas de reanimación cardiaca.

El uso de los cuidados paliativos en el enfermo terminal

La medicina paliativa no busca alargar la vida por medio del encarnizamiento terapéutico, ni tampoco acortarla buscando la muerte del paciente, sencillamente la respeta. La medicina paliativa acompaña al paciente hasta el final, intentando calmarle los dolores, reducir la ansiedad del enfermo…, en una palabra, ayudándole médicamente en este trance final.

1.-¿Qué se entiende por cuidados paliativos?

Son aquellos programas médicos dedicados a aliviar los síntomas molestos y aumentar la serenidad del paciente terminal. Primero de todo estarían los cuidados antes mencionados de alimentación, higiene…, y a estos tendríamos que asociar el uso de ciertos fármacos para calmar el dolor o la ansiedad.

2.- ¿Es lícito usar analgésicos (u otras terapias) que puedan abreviar la vida y/o suprimir la conciencia del enfermo?

El uso de analgésicos que alivien o quiten el dolor está recomendado, aunque con ello se pudiera acortar la vida del enfermo terminal. Lo que se busca es que el enfermo muera en paz y sin dolor, aunque como efecto secundario no querido, pudiera producirse un acortamiento de la vida.

La supresión de la conciencia como efecto del uso de ciertos fármacos será ilícita si con ello se busca que el enfermo no sea consciente de su muerte. En cambio, es lícito el uso de ciertos fármacos (sobre todo analgésicos del tipo opiáceos) para calmar los dolores del enfermo, aunque con ellos se disminuyera su conciencia. No obstante, previamente al uso de estos fármacos, sería necesario que el paciente hubiera ya cumplido con sus obligaciones civiles (testamento) y religiosas (últimos sacramentos).

3.- ¿Cuándo se puede recurrir a la medicación paliativa?

Se puede recurrir a la medicina paliativa si están presentes todos estos factores:

  • Cuando exista la presencia de una enfermedad avanzada, progresiva e incurable.
  • Cuando exista la presencia de numerosos problemas (hepáticos, renales, cardiacos…) o síntomas intensos (dolor, angustia…).
  • Cuando haya falta de respuesta a la medicación específica para la curación de una enfermedad.
  • Cuando haya gran impacto emocional en el paciente.
  • Y cuando el pronóstico de vida sea menor de seis meses.

Trasplante y donación de órganos

1.- ¿Cuándo un donante vivo puede ofrecer uno de sus órganos para trasplante?

Para que una persona viva pueda donar alguno de sus órganos se han de cumplir los siguientes requisitos:

  • Que no entrañe peligro para la vida del donante.
  • Que se le haya informado debidamente de los problemas que podría tener después de la donación del órgano.
  • Que no se obtenga beneficio económico de ello.

2.- ¿Cuándo se pueden obtener órganos de un difunto para trasplante?

Para que se pueda disponer de los órganos de un difunto con el fin de poderlos trasplantar a otra persona es necesario:

  • Saber con certeza absoluta que la persona está muerta.
  • No se pueden extraer órganos de una persona que esté en coma irreversible mientras que tenga signos de vida.
  • Se debe tener la autorización por escrito, ya del difunto (donación en vida) o ya de los familiares del difunto.

3.- ¿Se pueden trasplantar órganos tales como el encéfalo o las gónadas de otra persona?

No. El trasplante debe servir para restituir la salud a un individuo que la ha perdido, y no para crear un nuevo ser. El encéfalo y las gónadas son estructuras que aseguran la identidad personal y procreativa de la persona.

4.- ¿Se pueden hacer trasplantes de órganos de animales a hombres?

  • Se puede recurrir a este tipo de trasplante si no hay grave riesgo para el receptor.
  • Se pueden hacer, siempre que el órgano trasplantado no menoscabe la identidad psicológica o genética del receptor. Es decir, no se pueden hacer trasplantes del encéfalo de un primate a un hombre ni tampoco de sus gónadas.

Padre Lucas Prados

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[1] Juan Pablo II, Evangelium vitae, n. 65.




Padre Lucas Prados
Padre Lucas Prados
Nacido en 1956. Ordenado sacerdote en 1984. Misionero durante bastantes años en las américas. Y ahora de vuelta en mi madre patria donde resido hasta que Dios y mi obispo quieran. Pueden escribirme a [email protected]

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