fbpx

Declaración de la FSSPX sobre la moralidad de las vacunas propuestas contra el Covid

(NOTA DE ADELANTE LA FE: Esta “declaración” se nombró tal porque inicialmente fue publicaba por un sacerdote de la Fraternidad en su medio oficial de noticias, la misma posteriormente al artículo fue retirada y luego republicada con retoques. Formalmente no queda claro si esto puede considerarse una toma de posición oficial o solo la opinión de uno de sus miembros, parece prudente esperar una declaración más oficial para considerarla como tal)

Sospecho que gran parte de la audiencia de One Peter Five desconfía ante el hecho de recibir cualquiera de las vacunas propuestas contra el Covid.

Considerado el asunto pragmáticamente, se descubre la existencia de ciertas preocupaciones, entre las cuales, y no la menor, aparece la de los posibles efectos secundarios que provoca cualquier vacuna que se comercializa rápidamente.

Sin embargo, también se dan preocupaciones de naturaleza ética, que están basadas en los métodos que se han utilizado para desarrollar esas vacunas. Y en este sentido, la Sociedad San Pío X ha dado un paso adelante para reiterar los principios morales que rodean el tema, especialmente en el caso del uso de vacunas derivadas de células de fetos humanos.

Y aunque muchos católicos retrasen la recepción de tales vacunas, o las rechacen de plano, hay quienes (y estoy pensando aquí en médicos, enfermeras y otros trabajadores sanitarios en particular) probablemente sufrirán la exigencia de ser vacunados como condición para el mantenimiento de su puesto de trabajo. Para ellos, al menos, estas declaraciones éticas y morales son importantes.

La declaración de la FSSPX distingue dos tipos de vacunas en desarrollo: vacunas de ARNm / sintéticas y vacunas derivadas de células madre fetales abortadas:

“El ensayo Pfizer / Biontech, que ayer mostró una eficacia del 95%, y la vacuna Moderna, que ofreció una eficacia del 94%, se desarrollan utilizando métodos para crear una molécula sintética fabricada en un laboratorio. Es una vacuna de ARNm (ARN mensajero), que se desarrolla a partir del código genético del propio virus. Los avances en biotecnología han permitido a los científicos convertirlo en una molécula de ARNm estable para una vacuna. Este ARNm se envía a las células del cuerpo, donde nuestras propias células lo convierten en una pequeña porción de una de las proteínas del virus, después nuestras células inmunes lo atacan y permiten que nuestro cuerpo aprenda a defenderse contra él y desarrolle inmunidad.

Las vacunas de ARNm, dado que son sintéticas, se desarrollan más rápidamente, de ahí el rápido lanzamiento de este tipo de vacunas que de otro modo exigiría mucho más tiempo.”

(….)

“Otras vacunas candidatas prometedoras, incluidas las de Oxford, se han obtenido utilizando células de fetos humanos.

Las células que utilizan la mayoría de las empresas que ahora intentan encontrar un tratamiento para el Covid-19, llamadas 293T, se derivan del tejido renal de un feto abortado en la década de 1970. Un tipo de células similar, Per.C6, se obtuvo en 1985 a partir de las células retinianas de un feto abortado de 18 semanas. Son iguales, o similares, a las células utilizadas en el desarrollo de otras vacunas, como la vacuna contra la rubéola, así como en tratamientos clínicos de diversa índole.

De hecho, los tratamientos farmacológicos más efectivos contra el virus, Remdesivir y Regeneron, que ayudaron a la recuperación del presidente Donald Trump del coronavirus, también se desarrollaron utilizando células fetales.”

La Fraernidad deja claro que las vacunas sintéticas desarrolladas sin células de fetos humanos no deben considerarse problemáticas; pero que las vacunas derivadas de células de fetos humanos pueden, en determinadas circunstancias, utilizarse, pero no fabricarse lícitamente:

“Esta parece ser una declaración contradictoria; sin embargo, la Iglesia se da cuenta de que si no hay otros tratamientos disponibles para un problema de salud pública generalizado, aparte de los desarrollados a partir de células abortadas, la participación del receptor en este pecado es material, no formal.

La cooperación material existe cuando una persona participa de alguna manera en una acción maligna, por ejemplo, aprovechándose de sus consecuencias, pero sin compartir su mala intención.

De hecho, si no existen otras alternativas, la participación en esta vacuna o tratamiento podría incluso ser considerada como necesaria:

.   .   .   así que cuando no exista una alternativa a tales vacunas y cuando la salud de los niños o de la comunidad en general lo requieran, no solamente será permisible utilizar tales vacunas para las cuales no hay alternativa, sino que a veces incluso será obligatorio hacerlo.

La cita anterior está tomada de un fragmento más extenso desarrollado por la Fraternidad San Pío X sobre la vacuna contra la rubéola. Además, esta cuestión fue bien tratada por la Academia Pontificia para la Vida, en un documento aprobado por la Congregación para la Doctrina de la Fe de fecha 9 de junio de 2005.”

La Fraternidad argumenta, de acuerdo con las directrices de la Iglesia, que si existe una opción para aceptar una vacuna o un tratamiento de igual eficacia desarrollado sin células fetales, un católico está obligado a elegir esta vacuna antes que otra que se desarrolle con células fetales.”

Por el contrario, “Cuando no exista la opción de elegir una vacuna alternativa, se permite recibir una producida con células fetales.”

Cabe señalar aquí la obligación de la objeción de conciencia, incluso cuando el uso de vacunas derivadas de células fetales se use lícitamente por razones de prudencia, tomado de la propia instrucción del Vaticano de 2005 sobre el tema:

““Corresponde a los fieles y ciudadanos de conciencia recta (padres de familia, médicos, etc.) oponerse, incluso con objeción de conciencia, a los ataques cada vez más generalizados contra la vida y la “cultura de la muerte” que los sustenta. Desde este punto de vista, el uso de vacunas cuya producción está relacionada con el aborto provocado constituye al menos una cooperación material pasiva remota mediata al aborto, y una cooperación material pasiva inmediata con respecto a su comercialización. Además, a nivel cultural, el uso de tales vacunas contribuye a la creación de un consenso social generalizado para el funcionamiento de las industrias farmacéuticas que las producen de manera inmoral.

Por tanto, los médicos y padres de familia tienen el deber de recurrir a vacunas alternativas (si existen), presionando a las autoridades políticas y a los sistemas de salud para que se disponga de otras vacunas sin problemas morales. Deberían recurrir, en caso necesario, al uso de la objeción de conciencia con respecto al uso de vacunas producidas mediante células procedentes de fetos humanos abortados.

Igualmente, deben oponerse por todos los medios (por escrito, a través de las distintas asociaciones, medios de comunicación, etc.) a las vacunas que aún no tienen alternativas moralmente aceptables, generando presión para que se preparen vacunas alternativas, que no estén vinculadas al aborto de un feto humano, y solicitando un riguroso control legal de sus productores en la industria farmacéutica.

Con respecto a las enfermedades contra las cuales no existen vacunas alternativas disponibles y éticamente aceptables, es correcto abstenerse de usar estas vacunas si se puede hacer sin que los niños, e indirectamente la población en su conjunto, corran riesgos significativos para su salud. Sin embargo, si estos últimos están expuestos a peligros considerables para su salud, las vacunas con problemas morales que les conciernan también se pueden utilizar de forma temporal. La razón moral es que el deber de evitar la cooperación material pasiva no es obligatorio si hay graves inconvenientes. Además, encontramos, en tal caso, una razón válida para aceptar el uso de estas vacunas ante el peligro de favorecer la propagación del agente patológico, debido a la falta de vacunas para los niños. Esto es particularmente cierto en el caso de la vacuna contra el sarampión alemán.”

Sin duda, se ofrecerán argumentos de forma prudente, acerca de si la razón para tomar una vacuna es lo suficientemente válida, y gran parte de esa argumentación se basará en los debates existentes sobre la verdadera gravedad y letalidad del COVID-19, cuestión aún muy discutida. No es mi intención dirimirla aquí (ni en la sección de comentarios).

Pero para aquellos que tengan una razón de peso para recibir la vacuna, o que estén forzados a recibirla para mantener su empleo, estas consideraciones éticas deberán ser tenidas en cuenta. Agradezco a la Fraternidad volver a plantearnos el asunto de forma clara y comprensible.

Ver también: Instrucción CDF Dignitas Personae: sobre ciertas cuestiones bioéticas.

Steve Skojec

Traducción AMGH. Artículo original

One Peter Fivehttps://onepeterfive.com
Edición en español de la web norteamericana One Peter Five (onepeterfive.com) bajo la dirección de Steve Skojec

Del mismo autor

El paradigma del Novus Ordo. Qué es y porqué importa

Hoy me he visto envuelto en una discusión en Facebook en la...

Últimos Artículos

El apóstol Santiago, santo y guerrero

En esta España que reniega de su historia, sus...

Traición a la Tradición: Diane Montagna entrevista a Mons. Schneider sobre Traditionis custodes

Diane Montagna: Excelencia, la recién publicada carta apostólica en...

Peter Kwasniewski: «Este motu propio es la peor decisión de un papa en la historia»

Publicamos la entrevista realizada al profesor Kwasniewski por Gerhard...