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Don Pietro Leone:El Concilio y el eclipse de Dios (II). Perspectiva histórica

Beatissimae Virgini Mariae humillime dedicatum,

Quae cunctas haereses sola interemisti in universo mundo


A.    Introducción Histórica

Los 20 concilios anteriores al Concilio Vaticano Segundo habían sido convocados para extinguir el mal o la herejía principal de aquel tiempo: a través de una enunciación más profunda y clara de la doctrina de la Iglesia. Este Concilio fue diferente por dos cuestiones: primero, que no fue incitado por una herejía o un mal contemporáneo, y segundo (como hemos dicho antes), no fue dogmático. En ninguna parte usó la formula por la cual un dogma es definido infaliblemente y, más aún, no se presentó a sí mismo como dogmático, sino como un Concilio ‘pastoral’, entendiendo lo pastoral como una cuestión de acción y reforma. En una audiencia general el papa Pablo VI afirmó que: ‘a diferencia de otros Concilios, este no fue claramente dogmático, sino doctrinal y pastoral’[1]. Uno podría decir que fue dogmático indirectamente, en cuanto a que contenía enunciaciones dogmáticas que habían sido declaradas en concilios anteriores, pero que no definía, y no pretendía definir, ningún dogma.

Con la expansión del Modernismo, ‘la suma de todas las herejías’, había bases doctrinales suficientes como para convocar un Concilio, y con el crecimiento del comunismo y el espíritu de impureza de la década de 1960, había suficientes bases pastorales, y sin embargo al Concilio no le interesaba combatir estos males, sino implementar un programa de reforma ad intra y ad extra: dentro de la Iglesia y en las relaciones de la Iglesia con el mundo exterior.

La prueba de que el Concilio definió su propio carácter en contradicción con los Concilios dogmáticos anteriores se encuentra en la evasión de definiciones dogmáticas y en el uso del lenguaje discursivo [2], tal como veremos ahora, pero en un nivel más profundo, en su escepticismo sobre la Verdad. [3]. Este hecho también recuerda la primacía de la ‘praxis’ sobre la Verdad para Marx: ‘Es en la práctica donde el hombre debe demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poder, la terrenidad de su pensamiento.’ Tal como explica el profesor de Mattei: ‘Para Marx, la praxis, es decir, el resultado histórico de la acción política, es el máximo criterio de la verdad de las ideas, porque implícitamente la acción contiene doctrina, incluso sin enunciarla’ [4]Am Anfang war die Tat [5].

La idea de un Concilio General (o ‘Ecuménico’) fue presentada por el papa Juan XXIII como ‘un impulso de la Providencia Divina’[6], ‘un rayo de luz de lo alto, una gran dulzura en los ojos y en el corazón’ [7] ante el cual las cenizas de San Pedro y otros santos predecesores suyos se estremecieron ‘con arcana alegría’; por el Papa Pablo VI fue descrito de manera similar, como efecto de la ‘inspiración divina’ [8], pero las consecuencias que tendría para la Iglesia y el mundo iban a contar otra historia.

El comienzo del proceso del Concilio estuvo marcado por tres victorias de lo que el padre Wiltgen denominó ‘el Grupo del Rin’ [9]. La primera fue la postergación de las elecciones de los candidatos para las comisiones del Concilio; la segunda fue la elección a dedo de los hombres que iban a ocupar dichos cargos; y la tercera fue el rechazo de todo el trabajo preparatorio realizado para el Concilio.

Cardenal Josef Frings

La primera Victoria fue obtenida tras una reunión de los obispos alemanes en la casa del cardinal Frings, en la que se decidió que la intervención para frustrar el proceso electoral debiera ser realizada por el cardenal no alemán Liénart de Lille [10]. El texto fue preparado por los monseñores Garrone y Ancel la noche previa a la primera sesión del Concilio. Al día siguiente, el cardenal Liénart preguntó debidamente al cardenal Tisserant, quien presidía, si podía intervenir, y cuando éste último le informó que eso era contra las reglas, tomó el micrófono y habló de todos modos; su propuesta fue secundada por el cardinal Frings en nombre de los demás obispos alemanes, acompañada por aplausos provenientes del primer piso, con la resultante interrupción del proceso electoral y el cierre de la primera sesión después de tan solo 50 minutos. ‘Esa fue nuestra primera victoria’, dijo un Obispo holandés a un amigo mientras se retiraba de San Pedro.[11]. ‘¡Un feliz y dramático giro en los acontecimientos’ comentó el cardenal Suenens en su diario, ‘y una audaz violación de la norma! El destino del Concilioestaba, en buena parte, decidido en aquel momento, y el papa Juan estaba contento con ello.’   

En cuanto a la segunda victoria, el grupo del Rin armó una lista de candidatos en el Anima College, la casa de estudios alemana, bajo la presidencia del mismo cardenal Frings, y comenzó un proceso de lobby el 19 de octubre, día siguiente a la primera sesión. El cardenal Heenan explicó que muchos Padres confiaban en esa lista, habiendo poco tiempo para investigar la idoneidad de varios de los candidatos para el trabajo de la comisión; monseñor Lefebvre notaba que todos los candidatos tenían la misma tendencia (liberal). Al final fueron elegidos 79 de los 109 candidatos presentados por el grupo del Rin, y el Papa agregó otros 8 de esos candidatos en las comisiones. Mientras tanto, el grupo del Rin se extendió hasta incluir eventualmente a los obispos de Alemania, Austria, Suiza, Holanda, Bélgica y Francia. ‘Tras esta elección’, escribe el padre Wiltgen, ‘no era difícil prever qué grupo estaba sobradamente organizado como para tomar la conducción del Concilio Vaticano Segundo. El Rin había comenzado a desembocar en el Tiber… la alianza [12] pudo operar eficazmente porque sabía de antemano lo que quería y lo que no quería’ [13].

Cardenal Lineart

En relación a la tercera victoria, primero hay que explicar que se habían dedicado 2- 3 años antes a preparar esquemas conteniendo unas 2.000 páginas, preparados por 871 expertos. Su contenido era ortodoxo, como puede verse en los títulos de las cuatro primeras ‘constituciones dogmáticas’: ‘Las Fuentes de la Revelación’ [14]; ‘La Preservación Íntegra del Depósito de la Fe’; ‘El Orden Moral Cristiano’; ‘Castidad, Matrimonio, Familia y Virginidad’ – ‘solo los títulos… suficientes como para enviar chillando al psicoanalista a cualquier liberal que se precie’ [15].

Padre Marie Dominique Chenu

El padre Chenu le había escrito al padre Rahner antes del Concilio para expresar su sentimiento de ‘aflicción y tristeza’ frente al tenor ‘estrictamente intelectualista’ de los esquemas, los cuales se limitaban a denunciar ‘errores inter-teológicos… sin referencia a las preguntas dramáticas que los hombres se hacen, sean cristianos o no, a razón de un cambio en la condición humana, externa o interna, jamás registrado en la historia… el concilio se está convirtiendo en una suerte de operación de limpieza intelectual dentro de las paredes del escolasticismo.’

Padre Karl Rahner 

El padre Rahner presentó a monseñor Volk, Obispo de Mainz, su estrategia para sustituir los esquemas ya preparados con unos nuevos. El prelado invitó a un número de obispos alemanes y franceses y teólogos a la casa ‘Mater Dei’ el mismo 19 de octubre en que comenzó el lobby, para determinar cómo llevar a la acción esta estrategia. La reunión fue animada y duró más de tres horas. El obispo Volk convocó a otra reunión en el mismo lugar el mes siguiente. La importancia fundamental de este segundo encuentro fue la introducción de un estilo de lenguaje diferente en los nuevos esquemas. El cardenal Siri lo describió como un criterio discursivo: ‘… se excluía el método de proposiciones simples y concisas para la afirmación de verdades o para la precisa condena de errores.’ El profesor de Mattei acota: ‘la elección de un método discursivo tuvo como consecuencia principal la falta de claridad, que a su vez fue la causa de esa ambigüedad, la nota dominante de los textos conciliares’ [16].

Monseñor Volk, Obispo de Mainz

El resultado de las dos reuniones fue que la jerarquía holandesa publicó un comentario en tres idiomas, obra de tan solo un hombre, el padre Schillebeeckx OP, entregado a todos los padres a medida que llegaban al Concilio. Atacaba violentamente el primero de los cuatro esquemas y proponía un quinto, el esquema de la liturgia, a ser considerado inmediatamente. Este esquema, descrito por el padre Schillebeeckx como ‘una verdadera obra maestra’ [17], fue el fruto de la única comisión controlada por los liberales, la de la Reforma Litúrgica [18]. Dos tercios de los padres, convencidos por la rigurosa argumentación de los dominicos, lo aceptaron incautamente. Tal mayoría no habría sido suficiente para rechazar los esquemas preparatorios, pero la alianza europea logró convencer al Papa de rechazarlos de todos modos [19]. El cardenal Ottaviani se quejó de que el primer esquema a considerar no era doctrinal, como se había anticipado, sino litúrgico, pero su protesta fue ignorada [20].

Padre Schillebeeckx

La primera sesión del Concilio, que debía durar solo seis semanas de discusión doctrinal, cerró el 8 de diciembre de 1962. Antes de la segunda sesión en septiembre del año siguiente, bajo un Papa nuevo, los obispos de varios países se reunieron para debatir.  Mientras los obispos de otros países mantenían sus propias reuniones, el grupo del Rin planeaba su estrategia en Múnich y en Fulda, bajo la iniciativa de los cardenales Döpfner, Frings y König. Participaron cuatro cardenales y 70 arzobispos y obispos, quienes debían asistir a la segunda sesión con un plan de 480 páginas cada uno. El experto teólogo que más contribuyó al trabajo realizado en esta reunión relacionada a los documentos sobre la revelación, la Santísima Virgen María, y la Iglesia, fue el padre Rahner, descrito por el cardenal Frings como ‘el teólogo más grande de este siglo’ [21].

Cardenal Konig 

La prensa catalogó a la reunión como ‘una conspiración contra la curia romana’ [22], y en el transcurso de ese verano, los cardenales Suenens, Döpfner, y Lercaro elaboraron un proyecto para quitarle la supervisión del concilio a la curia y dársela a cuatro cardenales ‘moderadores’. El papa Pablo estuvo de acuerdo y designó para esos cargos a los tres cardenales mencionados, ‘conocidos universalmente por su ardor reformista’ [23], así como también al conservador, pero ‘no muy enfático’ [24], cardenal Agagianian.

Cardenal Döpfner

El padre Wiltgen resume: ‘Con las conferencias de Múnich y Fulda, los cambios drásticos que el papa Pablo había realizado en las reglas del procedimiento, y el ascenso de los cardenales Döpfner, Suenens, y Lercaro al cargo de moderadores, el dominio de la alianza europea (el grupo del Rin) estaba asegurado.’[25] Cuando el papa Pablo accedió a permitir nuevos miembros en las comisiones, la alianza europea se propuso ‘conformar una lista imbatible. El trabajo fue facilitado considerablemente dado que… la alianza europea se había convertido en una alianza mundial’ [26]. Se reunían todos los viernes por la noche y ‘lograron determinar la política para la mayoría liberal controladora[27]. Su poder se vería reforzado cuando consiguieran que todos sus candidatos resultaran elegidos como nuevos miembros en las comisiones. Consecuentemente, ‘no hacía falta dudar hacia qué dirección se dirigía el Concilio’ [28].

Cardenal Suenens 

Narrar más sobre la historia del Concilio excedería los límites de una crítica de esta naturaleza. Que esta breve introducción, así como las que acompañan las próximas secciones, basten para presentar el contexto y aclarar los motivos tras las doctrinas que estaremos analizando.

Cardenal Lecaro

Este primer bosquejo ya rememora a algunos de los protagonistas más importantes de este drama: por un lado aquellos que podemos llamar ‘los hijos de la luz’, entre los que hemos visto al cardenal Ottaviani, el mismísimo símbolo de la curia romana y prefecto de la Congregación del Santo Oficio [29], el órgano del Vaticano responsable por la pureza y la integridad de la fe; por otro lado, ‘los hijos del mundo’, un reparto lleno de masones: los liberales (o ‘progresistas’) expertos teólogos y obispos, principalmente de origen francés y alemán, bien preparados y organizados, y sin achicarse por la inconstitucionalidad o el engaño en su celo por alcanzar sus objetivos; en el centro un Papa que no respalda a este grupo pero que actúa como mediador y conciliador entre ambos. Y así la escena se prepara para un drama que ocasionará un daño incalculable a la Santa Iglesia de Dios, y su dinámica, como una enorme rueda infernal, continúa desgranando y reduciendo a la humanidad hasta el día de hoy.

C.   La Oposición del Concilio a la Fe Católica

Hemos dicho antes que el objetivo de este libro es mostrar cómo las enseñanzas del Concilio se oponen a la fe católica. Utilizamos la palabra neutra ‘opone’ no deseando comprometernos aun mediante descripciones de los textos en cuestión como ‘errores’, ‘ambigüedades’, o ‘ataques.’ Nos abocaremos a ello luego, tras haber examinado un número suficiente de dichos textos como para hacer esta aseveración. Procederemos brevemente para demostrar:

  1. Cómo el Concilio se opone a la fe;
  2. Cómo ha respondido el mundo tradicional;
  3. Cómo responde la presente obra;
  4. Cómo se estructura, en consecuencia, este libro.
  1. Cómo el Concilio se opone a la fe

El Concilio se opone a la fe de dos maneras, verbalmente y tácitamente; por lo que dice y por lo que no dice. La oposición verbal puede ser explícita o implícita. La oposición explícita ocurre cuando, por ejemplo, el Concilio habla de ‘iglesias’, cosa que contradice la enseñanza católica de que hay una sola iglesia; la oposición implícita ocurre cuando, por ejemplo, el Concilio dice que el hombre es ‘el comienzo… de toda organización social’[30] insinuando que la autoridad del Estado deriva del pueblo. En instancias como esta última, las interpretaciones pueden variar, pero siempre debiera tenerse en cuenta el contexto. La oposición del Concilio a la fe es tácita cuando pasa por encima de una doctrina católica en silencio, así como cuando falla en no condenar explícitamente la anticoncepción.

2. Cómo ha respondido el mundo tradicional

En tiempos postconciliares se han lanzado pocas críticas contra el Concilio. La reacción de parte de los institutos tradicionalistas canónicamente regulares frente a la heterodoxia conciliar ha sido de tendencia típicamente neoconservadora. En cambio, los institutos canónicamente irregulares tales como la Sociedad de San Pío X o los sedevacantistas, así como el laicado tradicionalista, han sido más directos y francos [31] siguiendo los pasos de monseñor Lefebvre y de renombrados comentaristas laicos del pasado, tales como el profesor de Oliveira y Jean Madiran. El único prelado respetado por Roma que se opone al concilio en su totalidad y en términos enfáticos es, al día de hoy, el arzobispo Carlo Maria Viganò – ad multos annos! 

3. Cómo responde la presente obra

Para mostrar las deficiencias del Concilio, responderemos refutándolas con la enseñanza católica tradicional, dado que la tradición, junto con las sagradas escrituras, constituye una de las dos fuentes de fe. Cuando tal doctrina es definida como dogma, frecuentemente citaremos dicho dogma dado que la fe consiste de sus dogmas. Claramente no se trata de enfrentar un documento magisterial contra otro, como enfrentar un caballo blanco con uno negro en un tablero de ajedrez; sino de mostrar a la luz de la tradición y el dogma, es decir, a la luz de la doctrina de la Iglesia que ha permanecido inalterada por 2.000 años y ha progresado solo en profundidad y claridad de expresión, que el segundo texto es falso.

4. Cómo se estructura, en consecuencia, este libro

Ahora bien, dado que los textos heterodoxos se han diseminado por todos los documentos conciliares, el material sobre el cual debemos trabajar son los documentos conciliares en su totalidad. ¿Cómo debiera estructurarse un trabajo de este tipo? La forma más efectiva de evaluar los textos en cuestión será claramente examinarlos de acuerdo a sus temas: no cronológicamente documento por documento, sino temáticamente. Nuestro criterio para establecer los temas de los documentos conciliares será lo que entendamos es la intención subyacente del Concilio, precisamente, el deseo de adaptar la Iglesia al mundo. Sin embargo, comenzaremos nuestro estudio con otro tema, el cual, como veremos en el transcurso del libro, es de hecho el tema más fundamental que se pone en juego en todo el Concilio, y que es la cuestión de la Verdad.

Comenzamos, entonces, por hablar de la Verdad; de ahí en más consideraremos las enseñanzas del Concilio respecto a la Iglesia en sí misma, luego respecto a las relaciones de la Iglesia con las realidades fuera de sí misma: primero con los cristianos no católicos; luego con otras religiones, con el Estado, y finalmente con el mundo; posteriormente consideraremos las enseñanzas del concilio sobre el hombre, al ser lo que colorea su visión de la Iglesia y ciertamente su visión de todo el mundo: este estudio se enfocará en el hombre en sí mismo, en su realización mediante su elección de vida, y en relación a Dios, permitiéndonos entonces la oportunidad de examinar también la enseñanza del Concilio sobre el matrimonio, el sacerdocio, la vida consagrada, y la santa misa; y concluiremos el libro con un análisis de todo el concilio desde el punto de vista teológico y filosófico, y un resumen breve sobre su dinámica e importancia en un nivel profundo.

En consecuencia, este libro se estructura de acuerdo al siguiente esquema:

Introducción: Verdad

Parte I: la Iglesia

I) La Iglesia en sí misma;

II) La Iglesia en relación a los cristianos no católicos;

III) La Iglesia en relación a las otras religiones;

IV) La Iglesia y el Estado;

V) La Iglesia y el mundo;

 Parte II: Hombre

VI)  El hombre en sí mismo;

VII) El hombre realizado por su elección de vida;

VIII) El hombre en relación a Dios.

Conclusión

IX) Análisis del Concilio;

X) Resumen de hallazgos.


[1] 6 de agosto 1975, MD pjc, p.208

[2] ‘La mayor parte de los documentos… consiste… en vagas generalizaciones, observaciones, exhortaciones, y especulaciones sobre el posible resultado de un curso de acción recomendado.’ MD pjc, p.211

[3] ver la sección sobre la Verdad en el capítulo I más abajo.

[4] RdM p.19-20

[5] Goethe, Fausto, l.1237. Aquí Goethe, con su habitual brillo y vigor, pone en boca de Fausto el principio de la primacía de la voluntad que él alcanzó tras rechazar la primacía de la razón expresada en el prólogo de San Juan con la frase: ‘En el principio el verbo era.’

[6] Humanae Salutis, 1961, MD pjc, p.2

[7] Discurso de apertura de la primera sesión, MD pjc, p.2

[8] Discurso de apertura de la segunda sesión, MD pjc, p.2

[9] El Rin Desemboca en el Tíber, p.84, MD pjc, p.40. Este es considerado generalmente como uno de los relatos más objetivos de los testigos (tal como lo confirmó el primer director espiritual del autor, un peritus del concilio)

[10] Nombrados en la ‘lista Pecorelli’ de prelados masones.

[11] Padre Wiltgen p.17, op cit., MD pjc, pp. 29-30

[12] ‘la alianza europea’

[13] MD pjc, p.31, ver Padre Wiltgen p.19 y p.63 narra la historia de la toma de poder de los liberales en las páginas 17-19 de su libro.

[14] De Fontibus – un título que expresa el dogma de que hay dos fuentes de revelación: las sagradas escrituras (o ‘tradición escrita’) y la tradición oral. Luego veremos cómo el concilio, en una movida protestante, iba a poner el foco en las escrituras en perjuicio de la tradición (oral).

[15] MD pjc, p.38

[16] Cardinal Siri, ‘Il post-concilium’ p.178, RdM III 7

[17] RdM p.238

[18] fundada en 1948 y ya responsable de los cambios en todos los libros litúrgicos, más notablemente en Semana Santa. El secretario en el período 1948-1960 había sido monseñor Bugnini, quien reportaba al cardenal Bea cada semana. Quedan pocas dudas de que el primero era masón, y el Segundo aparece como tal en la ‘lista Pecorelli’

[19] MD pjc, pp. 39-40

[20] RdM p.239

[21] RdM p.304. Respecto a la Revelación, sostenía que la tradición no es constitutiva de la revelación sino interpretativa de ella, y que el intérprete de las escrituras no era la Iglesia sino los exegetas y teólogos (RdM p.256); respecto a la Santísima Vírgen María que el documento (clásico y tradicional) relativo a ella provocaría, de ser aceptado, ‘un daño imaginable desde el punto de vista ecuménico…’ (RdM p.321) y que el título ‘Mediatriz de todas las gracias’ era inaceptable; respecto a la Iglesia iba a colaborar en un texto que promovía las ideas innovadoras del padre Congar en relación a una Iglesia ‘neumática’. Este texto fue elaborado en secreto en paralelo al oficial que representaba la doctrina tradicional de la Iglesia como ‘Cuerpo Místico de Cristo.’ (RdM p.267 y p. 311) Si este era el teólogo más grande del siglo, uno debiera también preguntarse quién era el peor.

[22] RdM p.305

[23] Henri Fesquet, cf. MD pjc, p. 34

[24] P. Wiltgen, cf. MD pjc, p. 34

[25] MD pjc, p. 35

[26] Padre Wiltgen cf. MD pjc, p.35

[27] Padre Wiltgen, cf. MD pjc, p.36

[28] ibid.

[29] La Suprema

[30] GS 22, ver nuestra discusión en el capítulo VI sobre la dignidad del hombre.

[31] cosa que es facilitada, por supuesto, por su status eclesiástico. 

Traducido por Marilina Manteiga. Fuente: https://rorate-caeli.blogspot.com/2021/02/don-pietro-leone-enemy-within-part-ii.html

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