Francisco Franco fue en vida un católico ejemplar tanto en su vida privada como en la pública. Como gobernante cristiano salvó a la Iglesia Católica en España de su práctica desaparición ante el genocidio rojo, a la par que salvó a la Patria de su disolución por la revolución marxista. Venció al comunismo y fue condecorado por la Santa Sede con la máxima distinción que la Iglesia otorga: la Suprema Orden de Cristo (recibida desde hace 600 años solo por doce jefes de estado entre reyes y caudillos).

En su vida personal era asiduo de los sacramentos, hombre de profunda piedad, que pasaba la noche entera haciendo oración ante el Santísimo cada vez que tenía que tomar decisiones de elevada importancia para la nación. Su mismo testamento es un canto a la caridad fraterna, al perdón, a la gratitud y a su inmenso amor por España.

Pero NADA de esto ha valido para que desde alguna instancia de la jerarquía eclesiástica se haya al menos alzado una voz de denuncia por el doble atropello sacrílego: la profanación de su tumba y la ocupación armada del recinto sagrado donde se ubica la misma. Ni Su Santidad el Papa, ni el Nuncio pontificio en España, ni el Arzobispado de Madrid, ni la Conferencia Episcopal……nadie. Todos se han puesto de perfil en actitud de cobarde sumisión al poder político y al pensamiento “correcto” según la pauta modernista.

Solo el Prior Benedictino, a quien ya dedicamos una laudatoria entrada en esta página, ha estado no ya a la altura sino en una postura heroica que supone el testimonio más firme y fiel que se ha dado en esta tragedia criminal. 

Desde esta página expresamos nuestra más enérgica condena a la profanación y violación de templo sagrado (hecha desde una ley injusta, promovida por una clase política cobarde y consentida por una justicia dependiente del poder ejecutivo, a la par que acompañada del silencio del ejército español del que Franco es Generalísimo a título perpetuo, y una monarquía que debe su existencia presente a Franco), a la vez que nuestra absoluta confianza en la Divina Providencia que sacará algo muy bueno de toda esta barbaridad.

“Todo es para bien para los que aman a Dios” (San Pablo a Romanos, 8). Con esta miserable acción píirica del poder político ni consiguen revertir la victoria de Franco en 1939 ni tampoco manchar o deshonrar su memoria. La VERDAD sigue siendo VERDAD aunque los mentirosos la denigren con sus gestos (denigrándose así a ellos mismos y poniendo su alma en peligro de eterna condenación). 

“Christus vincit! Christus regnat! Christus imperat!”

Adelante la Fe