SÍ SÍ NO NO

El Abad Giuseppe Ricciotti. Vida y obra

Familia e infancia 

Giuseppe Ricciotti nació en Roma, en la via Merulana, cerca de la Basílica de San Juan de Letrán, el 27 de febrero de 1890, de Giovanni Ricciotti y Margherita Gasparri. Fue bautizado en la parroquia de San Martino ai Monti, el 9 de marzo de 1890 y confirmado el 27 de junio de 1897 en San Juan de Letrán.

La familia de Ricciotti era espiritualmente muy cercana a la Comunidad de los Canónigos Regulares Lateranenses[1] de San Pietro in Vincoli, que estaba situada en el Colle Opio en el barrio Monti.

Giuseppe tenía un hermano, Giacomo, que desgraciadamente era psicológicamente inestable y murió suicidado (ahogado en el Tíber) el 29 de mayo de 1943. Él en cambio creció sano y sereno, con un carácter abierto, bromista y emprendedor.

La vocación religiosa 

Giuseppe comenzó el noviciado el 1 de noviembre de 1904, en los Canónigos Regulares Lateranenses, en los que emitió los votos temporales el 4 de marzo de 1906 y en el mes de octubre del mismo año fue transferido a Roma a San Pedro in Vincoli, donde estaba el Colegio de los jóvenes Profesos, que estudiaban filosofía y después teología, preparándose al Sacerdocio. Siempre en Roma, frecuentó los cursos de filosofía y teología en la Universidad Gregoriana, en la que se graduó en las dos disciplinas. Contemporáneamente frecuentó las lecciones de estudios orientales en la Universidad “La Sapienza” bajo la dirección del celebérrimo profesor Ignazio Guidi y llegó a ser Oyente en el Pontificio Instituto Bíblico. Además, consiguió la Licencia en Ciencias bíblicas en la Pontificia Comisión Bíblica[2].

El servicio militar y el Doctorado en la Gregoriana 

El 14 de octubre de 1911 partió al servicio militar en el Hospital Militar del Celio en Roma y permaneció allí hasta enero de 1913, momento en que volvió al Convento de Gubbio, en el cual hizo su profesión solemne el 27 de agosto de 1913. Allí escribió su primera obra: un librito apologético sobre la vida del Canónigo Regular Lateranense el Beato Arcangelo Canetoli, que había vivido en Gubbio y había muerto en 1513 en Castiglione Aretino. El mismo año consiguió el doble doctorado en filosofía y teología en la Universidad Gregoriana. El 30 de noviembre de 1913 fue ordenado Sacerdote en Roma en el Apollinare por el cardenal Panfili y cantó la Misa solemne el día siguiente en San Pietro in Vincoli.

Capellán militar de los Arditi 

El 22 de septiembre de 1914, murió su padre. El joven don Giuseppe se dolió y, al mismo tiempo, se preocupó por la suerte económica de su madre, que podía contar solamente con la inconsistente ayuda de su frágil hijo Giacomo. Por ello don Giuseppe pidió y obtuvo el permiso para poder ayudarla económicamente. Para hacerlo solicitó ser asignado como Capellán militar de los Arditi[3] de modo que la discreta paga obtenida le habría permitido enviar algo a su madre.

El 8 de agosto de 1915 tuvo su primera “prueba de fuego” durante la Gran Guerra: estaba comiendo junto a otros soldados, cuando hacia las 13 horas comenzaron a llover las granadas austriacas a una cierta distancia de los militares italianos. Parecía la habitual pequeña escaramuza destinada a terminar pronto, pero no fue así. Los golpes aumentaban cada vez más y golpearon el puesto italiano, que se salvó gracias a una gran roca situada junto a ella y que la salvaguardó. Sin embargo, hubo heridos y don Giuseppe junto a otros 5 voluntarios salió con las camillas, como improvisado enfermero, para socorrer a los desafortunados. Un caso era particularmente grave. Ricciotti dejó escrito: “en un cierto momento vi sangre por el suelo detrás de una roca. Rodé la roca y ¡Dios, qué vista! En el suelo había un soldadito de la sanidad; de las cejas hasta la nuca tenía el cerebro destapado. Con prisa y furia lo tomamos para colocarlo en la camilla y al hacerlo toda la masa del cerebro, compacta, le cayó al suelo y por encima vi toda la base del cráneo hasta el paladar. Lo tomé de un brazo y el brazo me quedó casi en la mano, de lo destrozado que estaba. Me hizo más impresión este pobrecito en aquella jornada que todas las granadas que nos explotaron encima”[4].

En Libia 

Después del final de la guerra (4 de noviembre de 1918), don Ricciotti fue enviado a Libia y permaneció allí hasta mayo de 1919, pero no fue tiempo perdido ya que consiguió – pudiendo estudiar en su tiempo libre – sacar algún provecho para su formación de estudioso de las lenguas orientales. Finalmente, el 6 de agosto de 1919, volvió a su amadísima San Pietro in Vincoli. Allí le fue confiada la enseñanza en la escuela secundaria. Además, rico por la experiencia libia, don Giuseppe se presentó el 9 de diciembre de 1919 ante la Comisión Bíbilica en el Vaticano para hacer los exámenes de Licenciatura en Sagrada Escritura, superándolos cum laude.

En Bolonia 

El 13 de noviembre de 1920, tuvo que partir a Bolonia para enseñar lengua hebrea y griego bíblico en el Seminario inter-diocesano. Permaneció allí hasta junio de 1923, enseñando también allí Sagrada Escritura.

El periodo boloñés fue muy prolífico. En efecto, realizó sus obras (traducción y comentario) sobre “El Libro de Jeremías” (Turín, Bocca, 1923), sobre “El Libro de Job” (Turín, Marietti, 1924) y sobre “El Cantar de los cantares”, que no será publicado hasta 1928 (por la SEI de Turín) y que causó muchos malestares a Ricciotti, pues algunos prelados envidiosos de la fama que iba conquistando lo calumniaron, acusando a su trabajo de favorecer una interpretación erótica del “Cantar de los cantares”, ya que en la Introducción había aportado algunas poesías antiguas que fueron mal interpretadas. En Bolonia, por tanto, se encontró bien, pero le faltaban todos los libros que habría podido consultar en las numerosas bibliotecas de Roma. Por ello, el Abad general lo volvió a llamar a Roma el 5 de septiembre de 1923.

A Andora para el Seminario 

El 29 de octubre de 1925 fue enviado a Andora (cerca de Savona) para abrir allí un Seminario menor. Esta fue una prueba para don Giuseppe. En efecto, la casa que debía transformar en Seminario era pequeña y pobre. Los colaboradores de don Giuseppe eran dos, pero jóvenes y poco preparados y hubo de remplazarlos por otros dos elementos más válidos. El vicario de la parroquia del pueblo, para nada preparado, se entrometió en los asuntos del Seminario e intentó hacer él de Rector. Además, fue confiado a don Giuseppe un encargo de libre docencia de “Literatura hebrea del Antiguo Testamento” en la Universidad de Génova. El viaje de Andora a Génova era largo y no ayudaba a Ricciotti a ocuparse como debía del Seminario. En aquel tiempo, llamado allí por su amigo y válido exegeta el padre Alberto Vaccari, comenzó también a colaborar en la “Enciclopedia Italiana” de la Editorial Treccani, dirigida por Giovanni Gentile, escribiendo para ella numerosas voces muy bien redactadas; una de las primeras es “Apocalíptica literatura” (que se remonta a 1929), que todavía hoy no ha perdido su frescura y es una verdadera obra maestra.

De nuevo en Roma

En ese momento, el nombre de Ricciotti comenzaba a ser conocido en los ambientes académicos y el Abad general comprendió que Andora no era el lugar apto para él, por lo que fue trasferido a Roma a San Pietro in Vincoli en 1929. Don Giuseppe retomó sus estudios ayudándose del vasto material disponible en las numerosas bibliotecas romanas y pidió poder continuar su carrera de docente universitario en la Pontificia Universidad Lateranense, pero le fue impuesto el veto por las acusaciones que en el Vaticano pesaban todavía sobre él a causa de su libro sobre el “Cantar de los cantares”. Sin embargo, con el permiso del papa Pío XI, fue admitido para trabajar como “Ayudante subordinado” en la Biblioteca Vaticana (aun sin hacer parte oficialmente del personal de la Biblioteca), donde pudo consultar los numerosos y preciosos documentos semíticos y especialmente siríacos allí presentes.

Desde 1929 a 1949 permaneció siempre en Roma, donde cambió tres veces de resicencia: 1º) San Pietro in Vincoli (1929-1932); 2º) Sant’Agnese en la via Nomentana (1932-1935); 3º) otra vez San Pietro in Vincoli (1935-1949). Este último periodo es el de su madurez, después del ’49 fue trasladado al Colegio San Vittore adyacente a San Pietro in Vincoli.

Después de 1929, continuó e intensificó su colaboración en la “Enciclopedia Italiana”, de la cual llegó a ser Redactor de las “Materias Eclesiásticas”. Contemporáneamente comenzó a escribir la “Historia de Israel” (Turín, SEI, 1932, en dos volúmenes; reimpresa por la SEI de Turín en 1997). Don Pietro Guglielmi escribe: “Por la posibilidad que tuvo de una aplicación intensa y no distraída, el libro le salió especialmente bien, documentado, legible” (L’Abate Ricciotti. Una via con la Bibbia e per la Bibbia, cit., p. 89). El trabajo fue acogido con notable interés tanto en Italia como en el extranjero y Ricciotti se apresuró a ultimar el segundo y último volumen. Esta obra, junto a la “Vida de Cristo” (Milán, Rizzoli, 1941)[5] y a “Pablo Apóstol. Biografía”, editada en 1946 por la Políglota Vaticana de Roma (una ilustración de la vida y de la doctrina de San Pablo), representa la trilogía más alta de las obras de Ricciotti.

La Historia de Israel 

La “Historia de Israel” fue compuesta por él sobre todo en la Canónica de Sant’Agnese en la via Nomentana, en la que Ricciotti vivió de 1932 a 1935. En este periodo comenzó también a pensar en la redacción de una “Enciclopedia Católica” italiana, que no comenzó a imprimirse hasta 1948, pero – según lo que escribe don Guglielmi – si “la iniciativa de la Enciclopedia Católica, en el fondo se debe a él, después pasó a otras manos, de manera belicosa. Él la había comenzado con toda la habilidad y la pasión que solía poner en las cosas que amaba y se expresaba con sufrimiento cuando la iniciativa le fue sustraída. Se vociferaba que en el asunto hubiera altos prelados” (L’Abate Ricciotti. Una vita con la Bibbia e per la Bibbia, cit., p. 100). El Padre Celestino Testore, en la voz “Enciclopedia Cattolica” de la homónima Enciclopedia (Ciudad del Vaticano, 1950, vol. V, col. 334) escribe que “en Italia faltaba una Enciclopedia Católica, que pudiese estar al mismo nivel de las que hubo en distintas naciones. A esta laguna quisieron proveer el padre Abad Giuseppe Ricciotti, de los Canónigos Regulares Lateranenses y Monseñor Pietro Barbieri de la Sagrada Congregación de los Sacramentos, que empezaron a actuar su propósito en 1939…”.

En 1933, obtuvo la Docencia Libre en la Universidad “La Sapienza” de Roma con el encargo de “Historia religiosa del Oriente cristiano”. Desgraciadamente, su figura, muy a menudo, fue más aceptada en los ambientes laicos (no laicistas) que en los curiales, a causa de las incomprensiones que se remontaban a 1928 con respecto a su obra sobre el “Cantar de los cantares”. Entre tanto, Ricciotti, se convertía cada vez más en un personaje conocido por el público y era llamado a menudo para dar conferencias en varias ciudades de Italia e incluso a hacer experiencias como arqueólogo en Tierra Santa.

Un incidente doloroso 

En 1933, la Pontificia Comisión Bíblica condenó, sin dar ningún nombre, dos interpretaciones de los textos de la Sagrada Escritura (Salmo XV, 10 ss.[6]; Mt., XVI, 26[7]) aportadas por Ricciotti en su libro “Biblia y no Biblia” (Brescia, Morcelliana, 1932). En realidad, no se trató propiamente de una condena suya, pero todos la refirieron a Ricciottti, que enmendó las páginas de su “Biblia y no Biblia” puestas en causa, aportando en un folio adjunto a la nueva edición del libro los juicios de la Comisión Bíblica. En 1958, hubo también una prohibición oficiosa y no oficial de publicar la segunda edición de su trabajo sobre “El Cantar de los Cantares” de 1928. Don Pietro Guglielmi escribe: “No hay duda de que una cierta aura de desconfianza y de censura sobre Ricciotti, por cierta parte del ambiente vaticano, permaneció durante toda su vida” (L’Abate Ricciotti. Una vita con la Bibbia e per la Bibbia, cit., p. 103). En 1935, su nombramiento como Consultor de la Pontificia Comisión Bíblica fue rechazado (siempre a causa de la edición del “Cantar de los Cantares” de 1928). En resumen, se puede decir que la figura de Ricciotti, por parte oficial, recibió muchos honores y muchos reconocimientos, pero también mucha oposición y desconfianza.

Su obra maestra: La Vida de Cristo 

La “Vida de Cristo” fue publicada por la Editorial Rizzoli de Milán en 1941, que imprimió sólo cinco mil copias y deshizo la matriz para una eventual segunda edición, pensando que no habría vendido muchas, pero apenas dos semanas después de la primera edición, ya se había agotado y se tuvo que recomponer la matriz para reimprimir el libro, que conoció siete ediciones hasta cuando Ricciotti, en 1954, tuvo un desencuentro con Rizzoli y pasó a la Editorial Mondadori, que, en 1974, imprimió la decimoctava edición: en los años noventa salió la última edición con Prefacio de Vittorio Messori.

El trabajo que más lo absorbió fue la “Vida de Cristo”, que es también su “obra maestra”; comenzó a trabajar en ella en 1939. Lo dio a conocer en todo el mundo y le dio la máxima notoriedad. El tono del libro es científico, pero al mismo tiempo lleno de pathos y de contemplación sapiencial y escrito en un italiano muy elegante y fluido. Como escribía Ricciotti en su Prefacio: “He osado incluso imitar la impasibilidad de los Evangelistas, que no tienen ni una exclamación de alegría cuando Jesús nace ni un acento de lamento cuando muere”.

La sola idea de componer una Vida de Jesús le espantaba, pero cuando vio que las nubes de una Segunda Guerra Mundial se hacían cada vez más densas sobre Europa, tomó la iniciativa. Durante el servicio militar como Capellán de los Arditi en la Gran Guerra, había hecho voto de escribir una Vida de Cristo, si volvía a casa sano y salvo. Europa estaba nuevamente a punto de ser inundada por la sangre de sus hijos y comprendió que “la humanidad se encontraba como echada en un catre semejante al de los soldados en la Gran Guerra con un Evangelio manchado de sangre”. Por tanto, se puso alegremente a la obra. Su hermoso libro sobre Jesús lo escribió parcialmente en Roma, pero en gran parte en Gubbio, en la Canónica de San Secondo, de la que era Abad titular. “Se retiraba allí en una habitacioncita interna, lejos de la calle y de los ruidos, pequeña y casi llena por una larga mesa donde podía abrir y tener en desorden libros y folios de papel; escribía durante horas, con una manta sobre los hombros, confortado de tanto en tanto por una tacita de café caliente” (P. Guglielmi, L’Abate Ricciotti. Una vita con la Bibbia e per la Bibbia, cit., p. 124).

En noviembre de 1940, se desplazó a Milán para entregar personalmente al Comendador Rizzoli su “Vida de Cristo”. Fue imprimida en abril de 1941.

En 1935, don Giuseppe fue nombrado Procurador General de los Canónigos Regulares Lateranenses y tuvo que trasladarse a la Curia Generalicia en San Pietro in Vincoli. Este encargo era prestigioso, pero le obligaba a cuidar las relaciones con la Curia vaticana, que en gran parte le era hostil. Don Guglielmi escribe: “Debía frecuentar ese mundo particular de las Congregaciones vaticanas, del cual espiraba para él el gélido viento de la desconfianza y de la frialdad. En realidad, no iba a gusto ni a menudo a esos ambientes, hasta perder la razón. Y algunas veces los hermanos, sobre todo los de fuera de Italia, murmuraron por las inesperadas e injustificadas lentitudes o falta de respuestas a sus instancias” (L’Abate Ricciotti. Una vita con la Bibbia e per la Bibbia, cit., p. 111).

En todo caso, siguió siendo disciplinado y observante de la vida religiosa en común. Don Giuseppe era un cultor de la vida en común y era también un habitual hombre de oración.

Flavio Josefo 

En 1938, estuvo al cargo de una obra poderosa por mole y erudición: “Flavio Josefo traducido y comentado”. “La Guerra de los Judíos” fue publicada por la editorial SEI de Turín en 1937, pero precisamente ese año, cuando tenía apenas cuarenta y ocho años y había tenido siempre una óptima salud, fue aquejado de un ataque de gota aguda en la pierna izquierda, hizo también curas termales en Cave, pero “se habían anunciado los síntomas precedentes del oscuro mal en las piernas que lo atormentará a partir de entonces, obligándolo a infinitas curas médicas y finalmente le hará terminar en silla de ruedas” (P. Guglielmi, L’Abate Ricciotti. Una vita con la Bibbia e per la Bibbia, cit., p. 116).

La Vida de San Pablo 

Durante la Segunda Guerra vivió en Roma “imitando al cardenal Cayetano, que, durante el Saco de Roma de 1527, seguía imperturbable en su Convento, escribiendo tratados teológicos” (P. Guglielmi, L’Abate Ricciotti. Una vita con la Bibbia e per la Bibbia, cit., p. 121). Ricciotti trabajó entonces en torno a la vida y al pensamiento de San Pablo.

Al comienzo de 1939 preparó y revisó para la publicación con la Editorial Salani de Florencia “La Sagrada Biblia”, que había sido publicada ya en 1929 por la Librería Edictrice Fiorentina, obra que fue republicada más veces (la última reimpresión fue hecha por la Editorial Effedieffe de Proceno di Viterbo en 2016).

Dos tristes lutos 

El 29 de mayo de 1943 desapareció su hermano Giacomo, no volvió a casa, estaba mal psicológicamente y, después de muchas trepidaciones y búsquedas, el cadáver fue repescado en el Tíber hacia mediados de junio. En el mismo periodo, la hija del difunto Giacomo, Fausta, se enfermó de tisis. Don Giuseppe la hizo ingresar en el Sanatorio de Gubbio, que estaba cerca de la Canónica de San Secondo, de la que era Abad titular y adonde se desplazaba a menudo, pero la jovencita no se curó y se apagó en Gubbio el 7 de enero de 1946. Estos dos lutos le apenaron mucho y le hicieron derramar muchas lágrimas. Don Giuseppe dedicó su obra “Pablo Apóstol” a sus dos queridos familiares difuntos.

En 1949 estuvo al cargo de la traducción y las notas de “Las Cartas de San Pablo Apóstol” (Roma, Coletti), en 1951 “Los Hechos de los Apóstoles traducidos y comentados” (Roma, Coletti) y en 1956 un libro muy interesante y todavía actual “Juliano el Apóstata” (Milán, Mondadori), su último libro.

En abril de 1949 se embarcó en Nápoles hacia América Latina (Brasil, Argentina, Chile, Colombia y Perú). En Chile fue huésped del Cardenal José María Caro (el autor del libro “El misterio de la Masonería”, Buenos Aires, Editorial Difusión, 1954), Arzobispo de Santiago de Chile, que había leído casi todos los libros de Ricciotti y quiso tenerlo como huésped en el Obispado.

En 1950 comenzó a enseñar en la Universidad de Bari. En 1954 se desplazó a España para una serie de conferencias.

En 1949, después de haber sido liberado de los deberes de dirección de la Orden en 1946, se había trasladado al Colegio San Vittore en via delle Sette Sale número 24, que fue su última residencia terrena y donde se apagó en 1964 a los 74 años. El Colegio San Vittore fue instituido en 1946 como Colegio Internacional para la formación espiritual e intelectual de los jóvenes estudiantes provenientes de las distintas Provincias de la Orden. La obra fue realizada después de haber despejado una hermosa propiedad cerca de San Pietro in Vincoli. Desde el 30 de noviembre de 1949 al día de su muerte (22 de enero de 1964), el Abad Ricciotti vivió allí.

La parte final de su vida 

Con 1949 comenzó también la fase final de su vida, que declinó mucho a partir de 1956. En el ’49 don Giuseppe tenía sólo 59 años, pero su físico robusto había sido ya parcialmente minado en 1938, 11 años antes, por una fuerte gota que, en 1956, lo llevó a la parálisis y a vivir en silla de ruedas. “A menudo estos dolorosos procesos de decadencia vienen acompañados de sorprendentes caminos espirituales. Esto se ve especialmente en la vida de los buenos sacerdotes, cuando son personas habitadas por Dios y que habitan en Dios. En el Reino de Dios no nos jubilamos; realizada su propia parte, el buen sacerdote se abandona a los diseños misteriosos de Dios y, si no se puede hablar de Dios a la gente, se hablará de la gente a Dios” (P. Guglielmi, L’Abate Ricciotti. Una vita con la Bibbia e per la Bibbia, cit., p. 137).

“Su vida religiosa fue para él, como lo es para todos, un recorrido. Desde el periodo juvenil, caracterizado por un cierto espíritu arrogante y por el deseo de emerger, a la inmovilidad de la vejez, con el cortejo de silencios, dolores y de soledad, caracterizada por largas oraciones y por tanto desprendimiento, tuvo que hacer camino. Ya no escribía, no sólo y no tanto por el deterioro físico y psíquico, sino también porque no estaba convencido de la utilidad de hacerlo; repetía, de vez en cuando, el aforismo (que alguno atribuye al padre Réginald Garrigou-Lagrange): ‘Cuando era joven yo enseñaba de todo. De adulto sólo lo que sabía. Ahora que soy viejo enseño poco y menos de lo que sé’. Ahora ya se preparaba a morir”.

El declive y el final 

Hacia 1956, sufrió un desplome de salud en el que se manifestaron de manera muy fuerte graves males físicos: citas médicas, ingresos, intervenciones quirúrgicas. En 1959 un mal más grave alarmó a quienes vivían a su lado. Fue por ello que tuvo que comenzar a celebrar la Misa sentado, se levantaba sólo en el momento de la consagración, pero muy pronto tuvo que celebrar en la habitación, sentado siempre y sólo la Misa votiva de la Virgen. Después no pudo ya dejar la silla de ruedas, pero no perdió su habitual buen humor. “Aun viviendo en la silla de ruedas, no perdió el tiempo de sus jornadas, ni lo hacía perder a quien estaba a su lado con excesivas solicitudes de asistencia. Se hacía poner delante de una mesa con atril y se hacía preparar algunos volúmenes de la Enciclopedia Italiana o de la Católica, o también algunos clásicos (la Divina Comedia, los Novios, la Imitación de Cristo – que conocía casi de memoria – y Pinocho…). Y pasaba las páginas despacio… cuando los ojos se cansaban tomaba el Rosario y oraba. Esperaba pacientemente que fueran a recogerlo para ser conducido al refectorio de la Comunidad, donde el encuentro fraterno le rompía la pensativa soledad. En 1962 fue ingresado de nuevo, primero en la Clínica “Valeria” (en Monte Sacro) y después en el Policlínico Umberto I (Clínica neurológica del Prof. Rizzo); finalmente en el Hospital San Camillo. El 30 de noviembre de 1963 se celebraba el 50º aniversario de su Ordenación sacerdotal. Muy agotado, se prestó a la fiesta que se le quiso hacer. Sin embargo, la disfrutó y se conmovió visiblemente. El último ingreso fue el 11 de enero de 1964. Murió el 22 de enero. Al hermano que le asistía, le dijo, como últimas palabras (estaban recitando tranquilas jaculatorias): ‘Continúa tú, no puedo más’ y entregó el alma a Dios” (P. Guglielmi, L’Abate Ricciotti. Una vita con la Bibbia e per la Bibbia, cit., p. 147).

Juliano el Apóstata y la Fe de Ricciotti 

El último libro de Ricciotti se titula “Juliano el Apóstata” y se imprimió en 1956, precisamente cuando comenzaron los males serios para su salud y el inicio de su declive. ¿Por qué Ricciotti se interesó por la figura de Juliano, que se embarcó en la aventura – carente de grandes esperanzas – de hacer volver a Roma al Paganismo? Según don Guglielmi fue el problema de la Fe el que movió a Ricciotti a sondear el motivo por el que el Emperador Juliano – inteligente, sensible y no desprovisto de una cierta rectitud moral – odió al Cristianismo y se volvió hacia el Paganismo antiguo. En resumen, la llave para abrir la puerta de la personalidad de Ricciotti debe ser buscada en la Fe y no en la cultura. Ricciotti no fue sólo o principalmente un gran escritor, un gran biblista, sino sobre todo un gran buscador de Dios, un verdadero religioso y sacerdote, que profundizó con el estudio su vocación religiosa, dirigida totalmente a la gloria de Dios también mediante la investigación erudita y los estudios escriturísticos.

En el libro sobre Juliano, Ricciotti sondeó el alma del Emperador para intentar comprender qué pudo mover a un hombre culto y refinado como él a una empresa tan absurda. Encontró un motivo, que explicaba el modo de actuar de Juliano en el hecho de que su tío, el Emperador Constancio, de Fe cristiana pero muy mezquino espiritualmente hizo exterminar a toda su familia. Este motivo encendió en el alma de Juliano (que no supo distinguir la religión de Cristo de sus falsos fieles) un odio hacia el Cristianismo y un deseo de venganza que le llevó a abrazar la causa, ya perdida, del Paganismo. La lectura del libro resulta agradable e interesante, tanto desde el punto de vista histórico, como desde el psicológico-espiritual.

Ricciotti vio él también (pero de modo distinto que el Emperador Juliano) no sólo las bellezas, sino también las miserias de los hombres de Iglesia, que a menudo lo persiguieron por envidia y celos y eso le hizo comprender (no justificar) la actitud y la reacción de Juliano, que él evitó aceptando los límites del elemento humano de la Iglesia, la cual, sin embargo, es divina en sí misma. Desgraciadamente, Juliano no consiguió hacerlo. Este es el grave límite y la tragedia de la vivencia interior de Juliano, definido el “Apóstata” en el título mismo del libro de Ricciotti, precisamente para hacer comprender explícitamente que, aun habiendo sondeado las profundidades de su alma, no compartió su decisión, que, sin embargo, había comprendido bien. Don Guglielmi escribe: “Ricciotti vio esplendores y miserias en el edificio de la Iglesia, pero se albergó en él sin vacilaciones ni lamentos; no sólo, obedeció también. No expresó jamás una duda o escepticismo en sus libros; ciertamente luchó y se esforzó por custodiar su Depositum Fidei; en el curso de la vida fue herido, pero supo mantener la serenidad de la Fe” (L’Abate Ricciotti. Una vita con la Bibbia e per la Bibbia, cit., p. 165).

Conclusión 

Como nos enseña don Guglielmi, que conoció personalmente a Ricciotti, son tres los eventos que lo maduraron interiormente: 1º) el sufrimiento en la trinchera como Capellán de los Arditi; 2º) la observancia fiel de la Regla de los Canónigos Regulares Lateranenses; 3º) la oración personal acompañada del estudio riguroso. La vida de Ricciotti fue un largo acto de inteligencia que contempla y de voluntad que ama. El conocimiento de Dios nos lleva a amarlo, pero el amor de Dios está también en la base de su conocimiento. En efecto, se busca y se conoce sólo lo que ya se desea y se ama.

Que el ejemplo de su vida y de su doctrina pueda ayudarnos a conocer, amar y servir a Dios y, por medio de esto, salvar nuestra alma.

Natanael

(Traducido por Marianus el eremita/Adelante la Fe)

[1] Son una rama de la Orden de los Canónigos Regulares de San Agustín, que comúnmente son considerados la Orden más antigua de la Iglesia.

[2] Cfr. P. Guglielmi, L’Abate Ricciotti. Una vita con la Bibbia e per la Bibbia (1890-1964), Roma, Coletti, 2004. Para este artículo me baso en este libro de don Pietro Guglielmi, ex-Abad General de los Canónigos Regulares Lateranenses y alumno de Ricciotti.

[3] Arditi fue el nombre adoptado por los soldados de asalto de élite del Regio Esercito italiano en la Primera Guerra Mundial (ndt).

[4] Citado en P. Guglielmi, L’Abate Ricciotti. Una vita con la Bibbia e per la Bibbia (1890-1964), Roma, Coletti, 2004, p. 34.

[5] De la cual se han hecho 16 traducciones.

[6] “Porque tú, oh Señor, no abandonarás mi alma en los infiernos, ni dejarás que tu pío vea la corrupción”. Ricciotti no había referido este versículo directamente a la Resurrección de Jesús.

[7] “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si después pierde su vida?”. Ricciotti había escrito que el sentido literal del versículo no se refería a la vida eterna y a la salvación del alma.

SÍ SÍ NO NO

Mateo 5,37: "Que vuestro modo de hablar sea sí sí no no, porque todo lo demás viene del maligno". Artículos del quincenal italiano sí sí no no, publicación pionera antimodernista italiana muy conocida en círculos vaticanos. Por política editorial no se permiten comentarios y los artículos van bajo pseudónimo: "No mires quién lo dice, sino atiende a lo que dice" (Kempis, imitación de Cristo)
¡Ya a la venta en Amazon!
Recibe nuestras noticias por email