Con el nombre de “Americanismo” se conoce a un conjunto de ideas surgidas en los Estados Unidos de Norte América en el siglo XIX y condenadas por la Iglesia, en concreto por el Santo Padre León XIII en su Carta Testem Benevolentiae Nostrae de 1899.

¿Qué dicen estas ideas? El Papa León XIII las resume en su Carta:

  • Nuevas ideas con el fin de atraer más fácilmente a aquellos que disienten de ellas.

  • La Iglesia debe adecuar sus enseñanzas más conforme con el espíritu de la época.

  • Aflojar algo de su antigua severidad y hacer algunas concesiones a opiniones nuevas.

  • Estas concesiones deben ser hechas no sólo en asuntos de disciplina, sino también en las doctrinas pertenecientes al “depósito de la fe”.

  • Sostienen que será oportuno, para ganar a aquellos que disientes de nosotros, omitir ciertos puntos del Magisterio de la Iglesia que son de menos importancia, y de esta manera moderarlos para que no porten el mismo sentido que la Iglesia constantemente les ha dado.

El Papa León XIII recrimina a quienes mantienen esas ideas, que lo hacen en base a que el “Espíritu Santo derrama gracias más ricas y abundantes que antes sobre las almas de los fieles, de manera que sin intervención humana, Él les enseña y los guía por ciertas inspiraciones ocultas”, como si el Espíritu Santo no hubiera inspirado a la Iglesia desde sus inicios. Recuerda el Papa la época apostólica, el inicio de la Iglesia con su ingente cantidad de mártires y santos como fruto y obra del Espíritu Santo.

Y nos preguntamos, ¿a caso la fe que hemos recibido no es obra del Espíritu Santo? ¿A caso el Espíritu Santo sopla de nuevo con aires nuevos para cambiar aquello que Él mismo inspiró?

¿No nos recuerdan estas ideas “americanistas” a las de los que quieren redefinir el concepto de familia católica y de las mismas relaciones entre hombre y mujer? Estamos antes nuevas ideas que se corresponden el espíritu de una nueva época que tienden a hacer concesiones al depósito de la fe con el fin de suavizarlo, y cambiar el sentido, y con ello atraer a aquellos que disienten de la fe católica.

Nada es nuevo cuando se trata de atacar la fe la de la Iglesia contenida en su Tradición y Magisterio. ¿La Tradición recibida no era inspiración del Espíritu Santo? La Sagrada Comunión de rodillas y en la boca es inspiración y obra del Espíritu Santo.

¿Puede alguien sostener que las Sagradas Comuniones sacrílegas que vemos constantemente son fruto de la inspiración del Espíritu Santo? ¿El silencio en torno a la constante profanación del Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo es fruto de una nueva época propiciada por el Espíritu Santo que anima a la Iglesia?

¿La fe de los sacerdotes que reparten la Sagrada Comunión en vasos de plástico, o la reparten a puñaditos para que los fieles se sirvan es la nueva fe la nueva Iglesia posconciliar? ¿Y la de los fieles que comulgan el Cuerpo de Cristo? ¿Profesan unos y otros su fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía?

¿Por qué guardamos silencio ante tal ultraje al indefenso de los indefensos, al pobre de los pobres, al inocente de los inocentes, al Rey de Reyes? ¿Por qué no se atajan de raíz tales ofensas?

No, no es el Espíritu Santo quien anima a quienes callan y no ponen remedio.

¿No habrá, al menos entre los fieles, un puñado de valientes dispuestos a reparar tal ignominia comulgando de rodillas y en la boca, con la intención de crear un movimiento imparable dentro de la Iglesia que diga: no más comuniones en la mano fruto de tantos sacrilegios?

Yo no puedo callar, Dios mío.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa