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El camarote de los hermanos Marx (sobre la carta manipulada de Benedicto XVI)

¿Recuerdan aquella genial escena de la película “Una noche en la ópera” de los hermanos Marx? Sí, aquella en la que en un minúsculo camarote de un barco cabían absolutamente todos, abarrotados. Pues en algo así se ha terminado convirtiendo la famosa carta manipulada de Benedicto XVI. Sí,sí, manipulada, pero no sólo por el Vaticano, también por benedictólatras, progres y conservadores de todo tipo, se podría decir que todos caben en dicha carta. Si se fijan desapasionadamente, y esto es sólo una descripción objetiva de ver los medios de comunicación y reacciones, la misma carta sirve:

  • Para atacar y defender a Benedicto
  • Para atacar y defender a Francisco
  • Para defender y no defender el libro.
  • Para concluir y no concluir.
  • Para afirmar y para negar.
  • Para haber leído y no leído el libro.

Aquí todos caben y todos manipulan para llevarla a su ascua. Sin duda lo vivido esta semana, que aún perdura, no puede sino recordarnos el humor absurdo y genial de dicha escena del camarote, que es digna de recordar para ilustrar mejor que cualquier palabra lo aquí descrito.

Pero dejemos el humor y volvamos a la seriedad que requiere el hecho. Muy a mi pesar, y siendo consciente de que hay mucha gente que no quiere oír la verdad y se molestan con ella, la amplia manipulación ocurrida por todos lados, sin duda, requiere un análisis más concienzudo de dicha carta para evitar que seamos manipulados por cualquier inquilino del camarote, de un lado o del otro.

 

La carta

Empecemos por reproducir la carta íntegra para que no se nos acuse de manipuladores a nosotros también

“Benedictus XVI
Papa Emeritus

Reverendísimo
Mons. Dario Edoardo Viganò
Prefecto de la Secretaría para la Comunicación

Ciudad del Vaticano
7 de febrero de 2018

Reverendísimo Monseñor,

Le agradezco su cortés carta del 12 de enero y por regalo adjunto de los once opúsculos editados por Roberto Repole.

Aplaudo esta iniciativa que quiere oponerse y reaccionar contra el tonto prejuicio, según el cual el papa Francisco sería solamente un hombre práctico privado de particular formación teológica o filosófica, mientras que yo habría sido únicamente un teórico de la teología que habría comprendido poco de la vida concreta de un cristiano actual.

Los opúsculos muestran, con razón, que el papa Francisco es un hombre de una profunda formación filosófica y teológica, y por eso ayudan a ver la continuidad interior entre los dos pontificados, aunque con todas las diferencias de estilo y de temperamento.

Sin embargo no puedo escribir sobre ellos una breve y densa página teológica, porque en toda mi vida ha sido siempre claro que he escrito y me he expresado solamente sobre libros que había leído verdaderamente. Lamentablemente, aunque sólo por razones físicas, no estoy en condiciones de leer los once opúsculos en un futuro próximo, por cuanto me esperan otros compromisos que ya he asumido.

Estoy seguro de que me comprenderá y lo saludo cordialmente.

Suyo

Benedicto XVI”

 

Benedicto sí leyó los libros, pero no detalladamente

Analicemos ahora fría y desapasionadamente lo que dice la carta, simplemente leámosla, olvidémonos de todo lo que nos han dicho.

La carta es una respuesta al envío de la colección de libritos editados sobre el pensamiento teológico del papa Francisco. Benedicto dice en ella explícitamente que sí los ha leído, pues afirma que “los opúsculos muestran con razón” y “ayudan a ver…”. Para hacer esos juicios de valor conclusivos no cabe pensar otra cosa que de alguna forma los ha leído al punto de poder hacerse un criterio formado y decir que lo que dice los libros lo hacen “con razón”.

 

¿De qué forma los leyó?

Aquí está la madre del cordero y foco de las manipulaciones. Si nos fijamos la carta no dice que “no ha leído los libros verdaderamente“, eso y sólo eso. Sino que dice que no los ha leído verdaderamente al grado de poder “escribir sobre ellos una breve y densa página teológica”. En este contexto “verdaderamente” es un sinónimo de “detalladamente”, no una negación absoluta como pretenden, puesto que esta frase no se puede descontextualizar de todos los párrafos anteriores, que refuerzan esta conclusión, ya que él mismo reconoce por otro lado haberlos cuando menos leído por encima al punto de atreverse a hacer un juicio de valor sobre los mismos indicándonos lo que “muestran con razón” y “ayudan a ver”.

Querer interpretar que la frase de que no los “había leído verdaderamente” es una negación absoluta que volatiliza todo lo anterior es una exégesis deshonesta de la carta, pues si el Vaticano ha querido eliminar ese último párrafo -como veremos-, otros han hecho lo contrario que es eliminar el resto de la carta agarrándose a ese párrafo. Esta interpretación, muy difundida, de hecho, a mi humilde modo de ver, le hace un flaco favor al propio Benedicto, pues se le estaría tachando de incoherencia máxima, de que en una carta de tres párrafos nos dice lo que “muestra con razón.. y ayuda a ver” una serie de libros que ni siquiera ha leído de ninguna forma, lo cual sería por su parte una deshonestidad intelectual. Esta interpretación mayoritaria no es sostenible a mi humilde modo de ver, y me da igual la apoye cualquier vaticanólogo o el sursum corda. Las cosas son como son y no como queremos que sean.

Por tanto, pienso, que un análisis frío de lo que dice la carta, permite concluir, solamente siguiendo sus propias palabras, que ha leído la obra superficialmente, por encima, ojeándola, no con detalle, por lo que dice que no la ha leído “verdaderamente” al grado de poder escribir una “una breve y densa página teológica”, que, lógicamente, requeriría un estudio más detallado de la misma, pero dicha lectura superficial sí ha llegado al punto de que le ha servido para atreverse a manifestar lo que el contenido “muestra” y “ayuda a ver”, concluyendo incluso que sirve para “oponerse y reaccionar contra el tonto prejuicio, según el cual el papa Francisco sería solamente un hombre práctico privado de particular formación teológica o filosófica, mientras que yo habría sido únicamente un teórico de la teología que habría comprendido poco de la vida concreta de un cristiano actual.” Y que “Los opúsculos muestran, con razón, que el papa Francisco es un hombre de una profunda formación filosófica y teológica, y por eso ayudan a ver la continuidad interior entre los dos pontificados, aunque con todas las diferencias de estilo y de temperamento”.

 

¿Por qué no leyó los libros con detalle?

Esto creo que tiene poca discusión, pues él mismo lo aclara con contundencia: “sólo por razones físicas..no estoy en condiciones física”. Hablamos de un hombre con 90 años, que él mismo insinuó hace poco que estaba cercano a ir a la casa del Padre, y que imagino tendrá múltiples achaques de todo tipo, de la vista también puede ser claro, y que le supone un gran esfuerzo ahora mismo este tipo de lecturas al grado de poder escribir una “densa página teológica”. De aquí concluir, como hacen muchos, que hay un desprecio a la obra y que ahí se afirma que, en resumen, no lee los libros porque no le da la gana, me parece de nuevo una exégesis verdaderamente atrevida e interesada

 

¿La escribió él?

En todo este camarote del humor donde todos caben, también han entrado quienes ante las evidencias que aquí expongo, y su difícil contestación, arguyen que la carta es por entera falsa, incluso prestigiosos vaticanistas parecen insinuarlo. Estamos de nuevo ante las manidas y sempiternas teorías del líder aislado, secuestrado, incomunicado, que no se entera de nada al punto de que medio mundo puede estar hablando algo sobre él, sin que ni siquiera se entere.

Personalmente, me cuesta creer que alguien de credibilidad a este tipo de teorías. ¿Puede alguien sensato pensar que, en esta época de comunicaciones extremas, donde con móviles e internet accedemos en segundos a información del mundo entero, donde nos comunicamos en fracciones de segundo con personas que andan por la calle, van en un avión o están en semáforo, se puede aislar a alguien de esa forma?

Como decía hace poco aquí mismo Hilary White, Benedicto recibe visitas con frecuencia, todos reportan que está comunicado y muy informado de todo lo que ocurre. Está rodeado por personas de su confianza e, imagino, tiene acceso a internet y la comunicación para comunicarse con familiares íntimos y amigos. ¿Alguien seriamente puede creerse que se podría hacer esto sin que se entere?

Y si se entera ¿por qué no dice nada? ¿por qué si sabe que le han falsificado su firma no emite una señal de denuncia, de socorro, aunque sea a un familiar, a su secretaria, un simple papel escondido en una postal, un sms, un email… nada?

La respuesta creo que es evidente. No desmiente la carta porque es auténtica.

 

La alabanza a Francisco

Guste a muchos o no, lo cierto es que Benedicto -con libros o sin libros- se ha atrevido a decir que Francisco:

  1. es un hombre de una profunda formación filosófica y teológica
  2. Existe “un tonto prejuicio, según el cual el papa Francisco sería solamente un hombre práctico privado de particular formación teológica o filosófica, mientras que yo habría sido únicamente un teórico de la teología que habría comprendido poco de la vida concreta de un cristiano actual”.
  3. Existe una “continuidad interior entre los dos pontificados, aunque con todas las diferencias de estilo y de temperamento”

Como hemos visto, nada de lo que hay antes o después en la carta permiten sembrar alguna duda sobre que esto lo escribe con plena conciencia y conocimiento. Y esto, de otra parte, no hace sino reforzar lo que el propio Benedicto ha venido haciendo en los últimos cinco años, pues en toda y cada una de las ocasiones que ha tenido de encuentro con Francisco, o ha podido hablar, jamás ha expresado el menor disgusto, al contrario, se ha prodigado en alabanzas a su figura. Tiren de hemeroteca. En esta ocasión llega incluso a decir que “su bondad (de Francisco) es el lugar donde vivo y donde me siento protegido”.

Veamos ahora someramente las diversas manipulaciones sufridas por la carta, algunas ya esbozadas.

 

Manipulación vaticana

El Vaticano en la información pública decide recortar el último párrafo, manipulando incluso la imagen de la carta, lo cual contraviene las normas más elementales de la ética periodística.

A mi modo de ver el motivo de fondo de dicha manipulación es sencillamente que la lectura rápida y superficial de dicho párrafo, podría ser fácilmente manipulable (como de hecho ha pasado) para sembrar dudas sobre lo expuesto en la propia carta -cosa que no es así como hemos visto-, y con idea de reforzar las conclusiones alabatorias a Francisco era mejor quitarlo a efectos comunicativos.

Fuera la intención que fuera, e independientemente del valor que pueda tener o no dicho párrafo -ya aclarado anteriormente-, muestra el estilo de comunicación que se ejerce hoy desde Roma que no duda en “recortar” textos y manipular.

 

Manipulación probenedicto

A mi modo de ver, peor aún es la manipulación que se ha ejercido sobre la misma por un amplio rango de sectores probenedicto, en el que encontramos desde benedictólatras acérrimos, neocones, pseudotradicionalistas, conservadores e incluso algunos sectores tradicionalistas muy ligados en Benedicto, pero que todos comparten una pasión exacerbada por su figura, cada uno a su modo y estilo, y que se han lanzado a la loca a querer negar los hechos.

En todos estos casos vemos como por un lado se quiere dogmatizar una palabra, pero incoherentemente se trivializan todas las demás, queriéndose descontextualizar el último párrafo y afirmar que descalifica por completo el resto de la carta. Como si no existiera. El Vaticano eliminó el último párrafo y ellos los anteriores. Cada uno queriendo desvirtuar al propio Benedicto a su favor y, en definitiva, mostrándole muy poco respeto, porque en esencia, como decía Hilary, no le creen, no lo respetan, y quieren que sea el Benedicto que ellos quieren que sea, no el que es.

 

Conclusiones

Creo que por todo lo visto se puede concluir sin “forzar” los textos, ni interpretaciones subjetivas, que la carta ha sido escrita por Benedicto, el cual ha leído los libros, pero no en detalle por motivos de salud, y que -con libro o sin libro-, la carta emite una clara alabanza a Francisco y su pontificado que sólo hace reafirmar lo que ha venido haciendo durante estos cinco años.

Dicha carta ha sido manipulada por todo tipo de sectores, el Vaticano para evitar dudas y manipulaciones del “otro lado”, y el “otro lado” para sembrar dudas sobre la autenticidad de unas palabras a todas luces auténticas. Todo ello ha convertido este episodio en un auténtico sainete, un festival del humor digno de los hermanos Marx. Esta es la realidad, y así la he contado.

“Que vuestro modo de hablar sea sí sí no no, porque todo lo demás viene del maligno” Mateo 5,37.

ACTUALIZACIÓN 20:09 PM

Para añadir más confusión a todo este affaire el Vaticano ha hecho pública esta tarde un nuevo fragmento “desaparecido” de la carta, en el cual Benedicto muestra su sorpresa porque uno de los volúmenes esté escrito por un autor, el profesor Hünermann, quien durante su pontificado se dedicó a realizar serias descalificaciones contra el papado y diversos ataques a él y a Juan Pablo II desde la óptica más radical. De lo cual volvemos a repetir todo lo comentado, lo dicho en los párrafos anteriores, dicho está por él y toda la carta hay que leerla en el contexto de la valoración positiva que hace de la obra, a pesar de manifestar sorpresa negativa con que dicho autor esté incluido en la colección. A mi modo de ver, resulta cuando menos sorprendente viendo el pelaje de los autores que se haga a pesar de eso una valoración positiva de la obra en conjunto como la que se hace en la carta. Esta nueva manipulación, otra más, sin duda aumenta considerablemente la gravedad de la responsabilidad por parte de la oficina de prensa de Bergoglio. Lo dicho, un auténtico sainete digno del mejor de los autores.

Miguel Ángel Yáñez




Miguel Ángel Yáñez
Miguel Ángel Yáñez
Director de Adelante la Fe

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