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El «caso Minutella»: un poco de esclarecimiemto

¿El «pequeño resto católico» dirigido por el P. Alessandro Maria Minutella es realmente católico o simplemente se ha convertido, en poco tiempo, en una de las muchas sectas de inspiración cristiana? ¿Qué le está ocurriendo al movimiento de los incondicionales al sacerdote siciliano, que asegura a sus más de 43 mil seguidores de la página de Facebook Radio Domina Nostra que está alentado por voces interiores a batallar para oponerse a la «falsa Iglesia bergogliana», juzgada «herética y apóstata»?

El protagonista de la historia nació en Palermo el 13 de septiembre de 1973 y entró al seminario de la capital de la isla en octubre de 1992. Después de ser ordenado sacerdote el 27 de diciembre de 1999 por el Cardenal Salvatore De Giorgi, fue nombrado párroco de San Juan Bosco en la zona de Romagnolo de la misma ciudad. En el 2002 se graduó en Teología Sistemática en la Pontificia Facultad Teológica de Sicilia con una tesis sobre la mística del Purgatorio según Santa Catalina de Génova y en el 2007 obtuvo el doctorado en Historia del Dogma Cristiano en la Pontificia Universidad Gregoriana con una tesis sobre la Escatología Cristológica-Trinitaria de Hans Urs von Balthasar, que convirtió en un voluminoso libro presentado en Roma y Palermo en marzo del 2014. Orador brillante y fecundo, autor de algunas publicaciones, entre las cuales una sobre San Gregorio Magno, hombre de temperamento fuerte, apasionado e irónico, el P. Minutella afirma haber tenido al P. Pino Puglisi y al P. Gabriele Amorth como guías espirituales. Gracias a las redes sociales, adquirió una gran notoriedad con una catequesis ardiente transmitida on line: habla con entusiasmo de espiritualidad, devociones y mariofanías sean o no reconocidas; se presenta como un paladín de la sana Doctrina Cristiana, se refiere constantemente al Catecismo y, basándose en sus calificaciones académicas, combate las herejías y polemiza con los «modernistas».

Los Sínodos sobre la familia del 2014-2015 y del 2016 la promulgación de la exhortación apostólica Amoris Laetitia son la línea divisoria en las relaciones entre el P. Minutella y la jerarquía eclesiástica: el Papa Francisco es acusado pública y explícitamente por él de haber autorizado la Comunión a los divorciados y vueltos a casar, de haber profanado tanto el sacramento del Matrimonio como el de la Eucaristía y de haber traicionado el Magisterio. En 2017, el sacerdote comenzó una gira por Italia para la presentación del libro I tempi di Maria impreso por la editorial Fede & Cultura, que continuó con conferencias en hoteles en Verona, Milán y Roma para acercarse a sus admiradores y desarrollar nuevas relaciones.

A pesar de haber celebrado la Santa Misa durante algunos años en comunión con el Papa Francisco siguiendo las rúbricas del Misal de Pablo VI, el P. Minutella gradualmente llega a sostener que el pontífice «que vino del fin del mundo» nunca fue ni siquiera legítimamente elegido, debido a la conspiración de la «mafia de San Galo» y a la renuncia de Benedicto XVI, presentada como totalmente inválida. Más tarde, optará por el uso exclusivo de la liturgia pre-conciliar transmitiendo a través de Radio Domina Nostra las funciones oficiadas por él mismo de acuerdo con el antiguo rito romano.

La exhibición constante de las pretendidas comunicaciones celestiales lo ayuda a acreditarse ante pequeños grupos de sacerdotes y grupos de laicos mayormente inclinados a dejarse sugestionar por la narración de apariciones, revelaciones privadas y profecías. «Estábamos en alguna medida desilusionados y escandalizados por una cierta desviación modernista y el siguiente paso fue ver en el P. Minutella a un profeta de nuestros días.. Nos dijo que había sido elegido por Nuestra Señora como su enviado del Cielo y para recibir locuciones«, explica un ex activista del «pequeño resto». «Muchos de nosotros estábamos realmente inspirados por el deseo de servir al Evangelio, pero otros solo eran anticlericales dirigidos por el odio hacia la Jerarquía, incluido el Pontífice, y veían en el P. Minutella un «liberador de los cautivos», el líder de una revolución para liberar a Roma de los apostatas».

El párroco asegura que recibe estas locuciones interiores del Cielo y hace de las mismas uno de sus principales argumentos de persuasión. En una ocasión, documentada, intenta grotescamente, frente a algunos incondicionales, imitar la voz del Padre Pío -que estaría poseyendo su cuerpo- intimando a los suyos a la más estrecha fidelidad a su persona. En otra circunstancia, habla en falsete, tratando de presentarse a sí mismo como un médium en nombre de la «Santa Virgen».

Fue precisamente el recurrir al presunto elemento sobrenatural lo que había contribuido a perturbar la relación entre este vivaz e indolente sacerdote, anteriormente estimado como un brillante erudito, y el Arzobispo de Palermo, el Cardenal Paolo Romeo. Al recibirlo en septiembre de 2015 en la sede episcopal, el Cardenal le ordenó guardar silencio sobre las promocionadas revelaciones debido a la perturbación de los fieles. Esta orden era coherente con las disposiciones del Arzobispo de Monreale (provincia de Palermo, Siclia), Monseñor Michele Pennisi, dentro de cuya jurisdicción territorial, en Carini, en un terreno de propiedad privada, se encuentra el centro Piccola Nazareth, administrado por el P. Minutella: «Las locuciones son engañosas ». Comentando también la distribución en Piccola Nazareth de agua ni siquiera potable pero que se considera «prodigiosa«, el prelado protestaba porque era «como mínimo instrumental la invención del agua milagrosa, que tendría poderes sobrenaturales y terapéuticos, porque juega con la sagrada sensibilidad de la gente simple que vive serios momentos de prueba. Existe la obligación de advertir a todos los fieles que estas prácticas, además de ser contrarias a la voluntad de la Iglesia, son fuertemente sospechosas de manipulación de las conciencias». El Arzobispo de Monreale estaba seguro de la «falsedad de sus afirmaciones cuando se declara ´profeta´ de los mensajes sobrenaturales, cuya difusión pone seriamente en riesgo la genuina devoción popular a la Virgen, los Ángeles y los Santos«.

Este exhibicionismo que mezcla con desenvoltura las devociones sagradas y el marketing profano on line irrita a algunos entre los simpatizantes de la primera hora. Para los menos ingenuos, son las mismas catequesis del P. Minutella las que parecen ambiguas y confusas: él comienza citando como maestros de la ortodoxia, sin un verdadero y exacto criterio, a autores totalmente diferentes uno del otro, desde Hans Urs von Balthasar a Monseñor Marcel Lefebvre, desde Juan Pablo II a Benedicto XVI, hasta expresar su aprecio por los sedevacantistas de diversas corrientes, buscando recientemente contactos con sus representantes, tal vez para obtener con los sacerdotes de este ámbito cierta legitimación de la confrontación pública Y es precisamente de las publicaciones del Instituto Mater Boni Consilii de Verrua Savoia, perteneciente a ese constelación, que el P. Minutella toma la expresión «Una cum», al punto de hacer de la misma su propia bandera. La expresión latina forma parte del Canon de la Misa en el que se conmemora el nombre del Papa reinante: «Una cum famulo tuo Papa nostro Francisco«, es decir, «Junto con Tu siervo nuestro Papa Francisco«. No es lícito para los sedevacantistas celebrar los sacramentos en comunión con los ocupantes de la Sede Apostólica desde los tiempos de Juan XXIII; el P. Minutella elige en cambio celebrar «una cum Papa Benedicto«.

«El P. Minutella comenzó a celebrar en comunión con el Papa Benedicto XVI declarando que todavía él estaba en el cargo. Nos dijo que fue Nuestra Señora quien le reveló que Francisco no era el verdadero papa y que no había absolutamente ninguna necesidad de mencionarlo porque, al participar de las celebraciones eucarísticas en unión con Francisco, se arriesgaba llevar a nuestras almas a la condena eterna, traicionar a Jesucristo, contaminarnos con herejías», sustenta un subordinado suyo ahora decepcionado. Pero ni siquiera la confianza en Joseph Ratzinger es plena, Cuando el Obispo bávaro renunció a la Cátedra de San Pedro reitera «una vez más», en el contexto de la entrevista incluida en el libro de Peter Seewald Benedicto XVI. Una vida, su amistad con su sucesor, el P. Minutella parece perdido y exclama incrédulo que «la misma fe está en juego«, al igual que en la catequesis transmitida por Radio Domina Nostra en la noche del 5 de mayo de 2020. «¿Dónde está Pedro?, ¿quién es Pedro, qué le pasó a Pedro?», se pregunta en vivo en Facebook. «Ahora es innegable que existe una grieta profunda respecto al Romano Pontífice que sigue siendo Benedicto XVI pero que, sin embargo, nos desconcierta, desaparece y nos somete a una dura prueba. Este hombre, denuncia el P. Minutella, que continuó vistiéndose de blanco después de haber dicho que ya no intervendría más, él, a los 93 años, escribe estos libros donde dice y no dice, habla y no habla, confundiéndonos aún más acerca de lo que hace Bergoglio».

El supuesto defensor de la «Resistencia católica«, afirman algunos testigos, «respalda sus doctrinas con las obras de autores como Santo Tomás de Aquino, tergiversando sus contenidos. Exhortó a todos a no confesarse más con otros sacerdotes que no pertenezcan a su pequeño resto. Pidió no recibir de ellos la Sagrada Eucaristía, que cuando celebrada en comunión con el papa Francisco no sería el Cuerpo del Señor, sino el de satanás; ordenó no hacer bautizar a sus hijos por ellos, a no hacerse ni siquiera bendecir por los pastores de la Iglesia «oficial» para no recibir maldiciones».

Son varias las grabaciones de audio y video que confirman estas palabras, difundidas entre sus seguidores de WhatsApp y Telegram. «Dijo imperativamente que ni siquiera se entrara en los Santuarios. Muchas personas, creyendo en sus tesis, han comenzado a alimentar dudas sobre la validez de sus matrimonios, bautismos, comuniones recibidas, cayendo en la más obscura desolación. Pero el P. Minutella fue mucho más lejos. Dijo que si muriera un ser querido, no teníamos que aceptar los servicios funerarios de los sacerdotes una cum Francisco, sino a lo sumo enterrarlo con una simple bendición, de lo contrario habremos dañado el alma del difunto».

Retirado, a principios de abril de 2017, de la conducción de la parroquia de San Juan Bosco por Monseñor Corrado Lorefice, que sucedió al Cardenal Romeo como Arzobispo de la capital siciliana, el 13 de noviembre de 2018 se le comunicó al P. Minutella el decreto en el que se declaró la excomunión latae santentiae en la que había incurrido por herejía y cisma, firmado por el mismo prelado el 15 de agosto de 2018, «con todas las consecuencias derivadas de la misma disposición«.

Afirmar que los sacramentos administrados en comunión con el Papa reinante son inválidos, sacrílegos e incluso satánicos constituye indudablemente una herejía, y contrasta claramente con la enseñanza del mismo Concilio de Trento sobre la validez de los mismos ex opere operato. Estas imprudentes declaraciones también son expresiones extrañas y peligrosas que recuerdan la antigua herejía donatista sobre la invalidez de los sacramentos administrados por sacerdotes considerados indignos, combatida y refutada por San Agustín. La prédica constante contra el Romano Pontífice y el obispo local y la formación de una congregación de personas que no reconocen la autoridad constituye un cisma en el sentido propio del término.

Oscilando sucesivamente entre períodos de silencio y otros de activismo, el P. Minutella -a cuyo movimiento se une el P. Enrico Roncaglia, un ex monje benedictino en el monasterio de Monte di Cesena y más tarde párroco en la diócesis de Belluno- acusa a su vez a Monseñor Lorefice de haber «profanado» la «conciencia» de muchos católicos. El paseo en bicicleta en una nave de la Catedral de Palermo del nuevo Arzobispo en abril de 2016 y el reciente reemplazo de la palabra «infierno» por «exilio» en la jaculatoria «Jesús nos preserva del fuego del infierno» durante el rezo del Rosario dirigido por el mismo prelado en el Santuario de la Madonna della Milicia en abril de 2020, a pesar de que esta oración había sido enseñada por la Santísima Virgen a los pastorcitos de Fátima, ayudan al P. Minutella a utilizar algunos argumentos sólidos de crítica en las confrontaciones con su ex-superior. Además, la forma en que se enfatizó más tarde la excomunión, también a través de un comunicado distribuido por la CEI a los periódicos diocesanos locales y una nota publicada en Vatican News, representan una opción cuestionable para las propias autoridades eclesiásticas: el exagerado destaque dado a la censura contribuyó a desencadenar , entre los menos serios y culturalmente coherentes, una gran publicidad de un segmento marginal de la «oposición» al papado de Francisco. Además, esta forma de comunicación permitió al sacerdote afectado presentarse ante sus secuaces y followers como víctima de la jerarquía, el único entre tantos que protestan o están en desacuerdo con las orientaciones del actual Pontífice que sufrió una grave pena canónica. Por último, la misma sanción dictada parece desmentir, en los hechos, la figura de una Iglesia de la Misericordia, que persigue a los últimos y culpables hasta los más remotos suburbios de las periferias, recuperando, solo en algunos casos, la imagen de una Iglesia legalista y pre-conciliar.

Frente al exhibicionismo minutelliano habría sido más prudente recurrir a cualquier otra modalidad, para advertir a los sacerdotes y fieles acerca de la situación creada en el ámbito del «pequeño resto católico», sin otorgarle una fácil palma de martirio al eclesiástico desobediente, por lo demás en gran medida aislado del resto del clero. La llamativa declaración de la «doble» excomunión en otros aspectos ni siquiera parece evocar el mito de Themis, la diosa griega de la justicia, fría e imparcial. Quienes presentaron esta censura canónica al público con tanta solicitud parecen haber deseado imitar la habilidad política y cortesana de un Maquiavelo que se orienta según cálculos precisos de oportunidad y complacencia del «Príncipe».

En muchos otros casos, también en Italia, sacerdotes que afirman desde el púlpito que «al Credo no puedo creerlo» o que «relativizan» la Resurrección de Cristo como un elemento simbólico y no un hecho real -incluso mediante intervenciones públicas difundidas en las redes sociales al igual que las catequesis del P. Minutella- pero que, al mismo tiempo, se declaran entusiastas defensores del Papa Francisco, son fundamentalmente tolerados y mantenidos en sus cargos.

¿Qué deparará el futuro para el «pequeño resto» y su jefe? La ausencia total de contactos entre esta facción y la jerarquía, la necesidad de impartir el sacramento de la Confirmación a los hijos de sus miembros y la de llevar a cabo ordenaciones sacerdotales entre los candidatos «dignos» de recibirla, puede hacer suponer el escenario extremo del «episcopado místico», que cae directamente del cielo sobre la cabeza de los elegidos sin pasar por la imposición de las manos de un sucesor válido de los Apóstoles: no sería una sorpresa que un día el P. Minutella se presentara como Obispo, galardonado con el título por una «revelación ». O, si los contactos entre el sacerdote y los diversos movimientos sedevacantistas condujeran a algún resultado concreto, más allá de las profundas divergencias que en el plano teórico los separan, el podría usar una mitra y esgrimir una pastoral gracias a alguno entre los más desenvueltos exponentes del Episcopado del «Non una cum Francisco».

Finalmente, una hipótesis extrema, pero no inverosímil, está representada por la autoproclamación del P. Minutella como «papa», siguiendo el ejemplo de los cinco «obispos» de la llamada «Orden carmelita de la Santa Faz» de El Palmar de Troya, consagrados por el Arzobispo vietnamita Pierre Martin Ngô Đình Thục el 11 de enero de 1976, en el calor de las supuestas apariciones de la Virgen, nunca reconocidas, que habrían tenido lugar desde 1968. La localidad en las inmediaciones de Sevilla se convirtió en la capital de una comunidad dirigida por el líder de estos pseudo-religiosos, el visionario Clemente Domínguez Gómez, que falleció el 21 de marzo de 2005 y se proclamó «pontífice» el 6 de agosto de 1978 con el nombre de «Gregorio XVII» durante un viaje a Colombia, luego de enterarse por televisión de la muerte de Pablo VI, durante uno de sus célebres «éxtasis». En ese preciso momento, una desafortunada mariposa se había posado sobre la cabeza del elegido en su habitación del hotel, y este hecho fue considerado por los testigos como una manifestación simbólica de la preferencia del Espíritu Santo respecto al elegido: el desafortunado lepidóptero fue capturado por uno de los presentes con una red y clavado con una aguja sobre una tabla de madera para ser conservado como una tan extraordinaria cuanto paradójica reliquia de ese Paráclito que trasciende la materia.

Después Domínguez nombró «cardenales», construyó una catedral, «canonizó santos» (entre los cuales Francisco Franco, Luis Carrero Blanco y Cristóbal Colón), «excomulgó» a la misma familia real española y consagró «obispos» para respaldarlo en la conducción de la «Iglesia Palmariana». Una comunidad que actualmente está compuesta por casi 2000 personas, dirigida por su sucesor «Pedro III» y difundida en pequeñas comunidades en España y también en Irlanda, Nigeria, Estados Unidos, Suiza, Austria y algunos países de América Latina. Existen grabaciones de testimonios de personas que frecuentan el ambiente «minutelliano» que nos permiten presagiar esto como un desenlace totalmente posible: en una locución, la «Santa Virgen» ya habría entregado las llaves de San Pedro al fogoso presbítero. Además, el P. Minutella ya ha emprendido algunos viajes al exterior, en particular a la Argentina, España y Francia, para encontrarse con sacerdotes y círculos de laicos que comparten su mismo enfoque ideológico. Esclarecer en alguna medida este punto es necesario.

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