CORRISPONDENZA ROMANA

El frío trato de Francisco a los obispos chilenos

“Yo también presento mi renuncia solidaria”. Cuando el obispo emérito de Ancud, Juan Luis Ysern, pronunció esas palabras, la tensión de los 33 prelados que se encontraban reunidos con el Papa en la auletta del Aula Paulo VI del Vaticano desapareció, aunque fuera por unos minutos.

Y se tradujo en risas.

Las únicas en los tres días que estuvieron los obispos chilenos con Francisco.

La cita -que fue una invitación de Francisco luego de conocer el informe elaborado por el arzobispo de Malta, Charles Scicluna- duró tres días: del martes 15 a jueves 17. Desde el principio, comenta el obispo emérito de Ancud, vivieron las consecuencias de la expectación mundial por el caso chileno.

-Vivimos una vez más lo que me decía un amigo. Y es que cuando los periodistas llegan ‘de a uno son personas encantadoras, pero en manada atacan al hombre’.

Juan Luis Ysern y Manuel Donoso, de La Serena, fueron los únicos obispos eméritos en asistir a la cita. Once días antes de la reunión fueron invitados por Francisco. La invitación tenía otra intención: asegurar la presencia del cardenal Francisco Javier Errázuriz. Sin embargo, días después, cuando la autoridad informó que no iría a Roma, fuentes vaticanas informaron que el mismo Papa lo llamó para obligarlo a viajar.

Ysern, a pesar de ser el obispo con más edad en el viaje, 88 años, debió hospedarse en la Casa del Clero, a 200 metros de la Casa Santa Marta. En esta última residencia solo pudieron quedarse tres obispos: Alejandro Goic, de Rancagua; Cristián Contreras, de Melipilla, y Ricardo Ezzati, de Santiago. El Papa, por disponibilidad de habitaciones o quizás para mantener las distancias, solo dejó a los obispos más delicados de salud hospedarse a pasos del Vaticano. Aunque eso no significó que, en la práctica, la cercanía con Francisco fuera mayor.

Hasta ahora no se ha sabido de ninguna reunión privada del Papa con alguno de los obispos.

El martes 15 se vio alegría y leves sonrisas en los sacerdotes chilenos. Las expectativas de la primera reunión eran altas. Uno a uno comenzaron a llegar. El primero en hacerlo fue el obispo de Aysén, Luis Infanti.

Mientras el sacerdote esperaba en el patio, sorpresivamente llegó el Papa Francisco. Conversaron cerca de cinco minutos, especialmente de temas de Aysén y la Patagonia. Incluso, Infanti le entregó dos folletos, uno de ellos sobre la campaña “Declaramos ilegal la pobreza”. Pero la conversación no pudo seguir, porque llegó el resto de los obispos. Y, apenas estuvieron todos, la reunión comenzó de inmediato.

Fue en la auletta del Aula Paulo VI donde el Papa Francisco le entregó a cada uno de los 34 obispos chilenos un documento de 10 páginas. En el texto se detalla la crisis existente y las fallas que hubo al interior de la Iglesia chilena en las investigaciones por casos de abuso sexual. La reunión duró poco más de 30 minutos. Francisco les dijo a los obispos que tenían que rezar y meditar. Y nada más.

No hubo diálogos.

Tampoco hubo reuniones entre todos los miembros de la Conferencia Episcopal. La mayoría estaba en la Casa del Clero, los más viejos en la Casa Santa Marta y otros tres estaban por su cuenta. Entre ellos, el obispo de Aysén, Luis Infanti, y el obispo emérito de La Serena, Manuel Donoso.

La tarde del martes 15 la oficina de prensa del Vaticano publicó la fotografía de la primera reunión, en la que aparecían los 34 obispos sentados en una medialuna alrededor de Francisco. Podría ser una foto cualquiera, excepto por un detalle: en ella no se ve a ninguno de los prelados usando sotana, que es reglamentaria a la hora de entrevistarse con el Papa. Pero esa reunión no era una entrevista, era una reunión de trabajo.

Pasado un día y medio de meditación y oración, llegó el discernimiento. Pero aunque todos los obispos han descrito el trato del Papa con ellos como “grato y con mucha cercanía”, ese, dicen fuentes vaticanas, fue el ambiente que se vivió durante los encuentros formales que tuvo Francisco con los chilenos. Fuera de eso, el trato fue casi inexistente.

Ya con los obispos lejos de casa, a 11.900 kilómetros de Chile, el Papa se encargó de mantener la distancia. Una cosa eran las reuniones que tuvieron al interior del Vaticano y, otra, lo que pasó fuera de esas puertas.

El miércoles 16, un día después de la primera y breve reunión con Francisco y como cada miércoles, Francisco realizó una audiencia pública. Lo normal es que el Papa invite a quienes se encuentran en el Vaticano, en especial si son obispos. Ningún prelado chileno fue invitado. Menos se les ofreció celebrar, como es usual, una misa con Francisco. Además, y haciendo una gran diferencia con el trato que tuvo con los denunciantes de Fernando Karadima, tampoco se les invitó al Angelus del día domingo 13, cuando ya varios prelados se encontraban en Roma.

Ni hablar de tener un anfitrión durante su visita, como sí pasó en el caso de las tres víctimas. Una alta fuente eclesiástica chilena lo describe así:

-La acogida del hospedaje para las víctimas era top, porque eran invitados. Acá los obispos se tenían que cuidar solos.

Era como si estuvieran castigados. Eso sí, según un obispo, el Papa dispuso de 2.000 euros para pasaje y estadía en Roma para cada uno de los asistentes a la cita.

Tiempo de sorpresas

-El Papa se dio tiempo para escuchar a todos. Pero permaneciendo todos en reunión, de modo que todos podíamos escuchar lo que cada una iba diciendo -cuenta el obispo Juan Luis Ysern.

Para escuchar a cada uno de los 34 prelados se necesitaron tres reuniones, divididas entre el miércoles 16 y el jueves 17. Y, según el obispo emérito, cuando cada uno de los obispos tuvo su oportunidad de hablar, comentó sus reacciones a la carta inicial del Papa.

Luego cada uno colocó su cargo a disposición.

-Fue significativo, porque fue un acto personal de cada uno en forma autónoma, totalmente libre. No fue un acto corporativo mediante votación alguna de modo que alguien tuviera que someterse a la mayoría -asegura Ysern.

El viernes 18. Pocos minutos después de las 12.30 horas de Roma, en la sala Pío X, a pasos de la Plaza San Pedro, el obispo de San Bernardo, Juan Ignacio González, fue el encargado de leer la declaración de todos los obispos de la Conferencia Episcopal.

“Queremos anunciar que todos los obispos presentes en Roma, por escrito, hemos puesto nuestros cargos en las manos del Santo Padre para que libremente decida con respecto a cada uno de nosotros”.

En Chile eran las 6.30 de la mañana.

Una hora después, justo a las 7.30 horas, comenzaron a llegar los primeros obispos en un vuelo Alitalia directo desde Roma. Los rostros ya no eran sonrientes, como cuando recién embarcaron para llegar a la reunión a la que los había invitado el Papa.

El primero en aparecer fue Carlos Pellegrin, obispo de Chillán, y luego fue el turno de Cristián Contreras, obispo de San Felipe. El resto decidió salir por la zona de protocolo. Entre ellos estaban Alejandro Goic, obispo de Rancagua, y Juan Luis Ysern, obispo emérito.

Sin embargo, y a pesar de que la noticia sobre la renuncia de todos los obispos chilenos recorría el mundo, el obispo de Chillán, Carlos Pellegrin, explicó que dos de sus pares no presentaron su dimisión.

Ysern afirma que ninguno de los obispos dejó de colocar su cargo a disposición.

-Monseñor Santiago Silva, al colocar su cargo a disposición del Papa, hizo constar su particular situación, que requería un trámite especial con el Estado, y monseñor Infanti, por ser vicario del Papa en Aysén, siempre tiene su cargo en manos del Papa.

Aunque cercanos al obispo de Aysén explican que el prelado, más allá de hacer un gesto, nunca tuvo la intención de presentar su renuncia.

Lo que viene

Consultado semanas atrás, el oficial para la Congregación para la Doctrina de la Fe y uno de los autores del informe Scicluna, Jordi Bertomeu, se refirió a la situación como el reflejo de cierta fractura social que viviría Chile.

-El profeta es más profeta cuando llega de más lejos y por ello, para un europeo, algunas realidades vuestras sorprenden y explican muchas otras cosas. Por ello, “hacer los deberes en casa”, además de devolver la credibilidad a la Iglesia y reparar muchas y terribles heridas, creo que podría ser de gran ayuda para replantearos vuestro futuro en común como pueblo -dice Bertomeu.

El cónclave de los obispos chilenos con Francisco, que se extendió por tres días, terminó con la renuncia masiva del Episcopado chileno. Sin embargo, las renuncias no se harán efectivas hasta que el Papa, si así lo decide, las acepte. Hasta ese momento, cada uno de los obispos podrá seguir con sus actividades normalmente en sus respectivas diócesis.

Fue en 2005 cuando el sacerdote español Juan Luis Ysern, al haber cumplido los 75 años de edad, renunció a su cargo como obispo de Ancud. A pesar de eso, de no tener actividades oficiales, 13 años después y con ya 88 años, no dudó en hacer lo mismo que el resto.

-Hace muchos años que no tengo ningún cargo que pueda poner a disposición del Papa, pero ante la actitud de cada uno de mis hermanos obispos, me sentía mal al no hacer lo mismo y dije que presentaba mi renuncia solidaria. No sabía a qué renunciaba, pero solidarizaba con cada uno. Todos se rieron, pero todos me entendieron. Fue mi forma de decir que quedaba plenamente a su disposición.

Pero más allá de que una de las grandes consecuencias del encuentro en Roma haya sido la masiva dimisión, Ysern cree que otro de los puntos importantes del encuentro fue el examen de conciencia que realizó cada uno.

-Para que cada uno se comprometa a hacer todo lo posible para evitar que lo sucedido nunca más se repita y, además, prestar toda ayuda y atención a las víctimas para la sanación de sus grandes heridas.

Uno de los 32 obispos pertenecientes al Episcopado chileno resume lo que podría venir en los próximos días así:

-Los ritmos que plantea el Papa, con respeto, misericordia y participación eclesial, no necesariamente son los ritmos que espera y exige la prensa. Las noticias, hasta ahora, se han planteado con la lógica de “las posibilidades” y de “las suposiciones”.

Con el Papa Francisco, definitivamente, hay que seguir la lógica de “las sorpresas”. Las que descolocan.

 

Carla Pía Ruiz Pereira, La Tercera – 20 mayo 2018

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