Hace unos años alguien me escribió lo siguiente: Es que yo pensaba de que todo lo que se refiere a Satanás es simplemente un argumento para mover a los cristianos a huir del pecado.

I. Ciertamente como esa persona, hay muchas que decretaron la muerte del diablo, y se extrañan de que en la doctrina católica se hable todavía del diablo y el infierno.

Pero no sólo los fieles de a pie. A través de los siglos ningún teólogo había negado la existencia del demonio.

«Lo que nunca había sucedido en la historia bimilenaria de la Iglesia ha acontecido en estos últimos decenios: por primera vez se ha venido formando una corriente teológica, sobre todo en el período posconciliar, que prácticamente niega la existencia del diablo.

Estos teólogos afirman concretamente: existe el mal, y es al mal que llamamos diablo; es, por tanto la personificación del mal. Se trata, pues, de un concepto abstracto y el demonio no existe».[1]

Muchos de estos teólogos ocupan ahora sitiales de influencia en la cúspide de la Iglesia, como los cardenales Karl Lehmann y Walter Kasper, entre otros.

Un episcopado entero, el de Francia, se pronunció contra el dogma del infierno: El infierno es simplemente una manera de hablar de Cristo a hombres poco evolucionados religiosamente: posteriormente nosotros hemos evolucionado.[2]

Bastaría leer con atención el Nuevo Testamento que tiene como fondo la figura de Satanás para descubrir su identificación con Jesús, y el descubrimiento de los males que el diablo provoca en la humanidad, porque Jesús destaca la presencia trágica del diablo al que llama ser maloespíritu contrario al hombre, etc. Dijo Jesús que el diablo es el Príncipe de este mundo (Jn 12, 31), y siembra el mal en el campo de Dios.[3]

Negar la existencia y la actividad del diablo, es negar el Nuevo Testamento, ya que apenas hay página en la que no aparezca alguna acción diabólica, o alguna condenación de Jesús de la acción del Malo.

Sus obras son tentar, engañar, promover la mentira, inocular doctrinas falsas, afligir con enfermedades, sembrar la cizaña. Satán lucha continuamente con el hombre, atacándole de codicia, de cólera, de soberbia, de maledicencia, con lo que desea arrastrar al hombre a la perdición. Es doctrina expresada por Jesús. Precisamente la acción salvífica de Jesús se dirige en el fondo contra el diablo.

El reino de Dios que Jesús anuncia y ofrece, supone la destrucción del inquebrantable poder satánico como nos revela San Lucas. Jesús ha dado a toda persona la posibilidad de huir y liberarse de las garras de Satanás.

Hasta se atrevió a tentar al mismo Redentor Jesús, (Heb 2, 18; 4, 15), y fracasado no ha perdido nada de su odio contra los hijos de Dios, contra el Cuerpo místico de Cristo. Su actual obsesión y su misión es, ya sea con promesas, ya con amenazas, inducir a la apostasía a todos los que han venido a la fe, para acabar así, y aniquilarles, según el testimonio del Apóstol San Pedro en su Primera Carta, capítulo 5.

Lo que frecuentemente sucede es que una persona no da importancia a la existencia del diablo, porque ella misma se encuentra bajo el influjo de Satanás.

Como el muy piadoso David que tras cometer adulterio y un asesinato se creía tranquilo y sin culpa, hasta que el profeta Natán le recordó su estado de condenación.

Estaba tan poseído de Satanás que consiguió el diablo que David siguiera danzando sus impúdicos salmos a Dios, mientras en su corazón dominaba totalmente su enemigo el Demonio, por eso tras su pecado de negación de Cristo, nos escribió Pedro el Apóstol: Estén despiertos, porque su enemigo el diablo, ronda como león rugiente, buscando a quien devorar (1Pe 5, 5).

II. El Padre Malachi Martin, en su novela Windswept house (La casa abatida por el viento, o, El último papa), de la que dijo que casi la totalidad de la misma se basa en hechos reales, inicia ésta narrando que una semana después de la coronación del papa Paulo VI, es entronizado Satanás en la Iglesia, en un ritual del que participan miembros de las más altas jerarquías de la Iglesia.

Al inicio del libro describe la doble misa negra, que tuvo lugar al mismo tiempo en Roma y en Charleston (USA), el 29 de Junio de 1963, para entronizar a Lucifer en el Vaticano.

«La entronización de Lucifer, el Arcángel Caído, tuvo lugar en el seno de la Ciudadela Católica Romana el 29 de Junio de 1963; una fecha ideal para esta promesa histórica que debía ser realizada tarde o temprano. Como bien sabemos, los principales agentes de este Ceremonial, la tradición Satanista, siempre predijo que el Templo del Príncipe sería inaugurado en el momento en que un Papa tomara el nombre del Apóstol Pablo.

Desde el momento en que el Cónclave hubo terminado, el 21 de junio de 1963, con la elección de Pablo VI, el tiempo para organizar el evento era bastante escaso; pero el Tribunal Supremo había decretado que ninguna otra fecha sería más adecuada para la Entronización del Príncipe que la fiesta de los Santos Pedro y Pablo. Y ningún otro lugar hubiera sido mejor que el de la Capilla de San Pablo, desde el momento que se encontraba en las cercanías del Palacio Apostólico.

El fin de todo el Ceremonial, como bien lo sabía, era el de venerar “la abominación de la desolación”. Pero los fines últimos eran los de asegurar que se cumpliera el Surgimiento del Príncipe en la Ciudadela como una fuerza inexorable».

Sea un hecho real llevado a la novela por el P. Martin, o ficticio en sus detalles de ritual satánico, son evidentes sus sórdidos frutos, los frutos malos.

Dicho sea de paso, dicho ritual se habría verificado por línea telefónica, como lo afirmó el autor del libro en una entrevista llevada a efecto por John F. McManus, Citamos la parte de la entrevista concerniente al tema en cuestión:

Pregunta. «Su libro empieza con una vívida descripción de una “Misa Negra” sacrílega celebrada en 1963 en Charleston, Carolina del Sur. ¿Ocurrió eso realmente?»

Respuesta. «Sí, sucedió. Y también es un hecho que participaron altos cargos eclesiásticos del Vaticano por teléfono.

La mujer joven forzada en el ritual satánico aún vive, y felizmente ha sido capaz de casarse y de llevar una vida normal. Ella dio los detalles del suceso».

III. El 29 de junio de 1972, celebraba Paulo VI -en la fiesta de los apóstoles Pedro y Pablo- el XI aniversario de su coronación, con la celebración de la Misa en la Basílica de San Pedro, durante la cual afirmó el probablemente sea el más sorprendente comentario que jamás haya hecho un Pontífice Romano, deploró que «por alguna rendija el humo de Satanás ha entrado en el Templo de Dios

«A través de las ventanas, destinadas a dejar pasar la luz, había penetrado la duda en nuestra conciencia. Incluso en la Iglesia misma reinaba la inseguridad. Después del concilio, se habían esperado días soleados para la historia de la Iglesia, pero en vez de ello habían llegado días de nubes, de tormenta, de oscuridad, de dudas e inseguridad. La culpa era debida a la intervención de un poder adverso. “Su nombre es el Diablo, este ser misterioso al que se alude también en la carta de san Pedro”. El papa está convencido de que “cierta cosa de preternatural ha venido al mundo para turbar”.»

Según algunos demonólogos, Paulo VI tuvo dos motivos que orientaron sus catequesis sobre el demonio: ante todo, se iba formando entonces, como ya se dijo, una corriente teológica que prácticamente terminaba negando su existencia; además se vivía –y se sigue viviendo- en un período en el que la presencia maléfica y pervertidora de Satanás indudablemente es más activa que en otros tiempos.

El 13 de octubre de 1977, Paulo VI dijo:

«La cola del diablo está obrando por la desintegración del mundo católico. Las tinieblas de Satanás han entrado y se han extendido por toda la Iglesia católica hasta la cima. La apostasía, la pérdida de la fe se está propagando por todo el mundo, hasta los más altos niveles de la Iglesia».

Cuando Pablo VI habló del demonio, muchos se escandalizaron, porque ¡eso significaba un regreso a la Edad Media!

El conocido fatimista Padre Paul Kramer en su libro La última batalla del diablo, escribe así:

«Como el propio Pablo VI admitió ocho años después del Concilio, “la abertura al Mundo se convirtió en una verdadera invasión del pensamiento mundano en la Iglesia. Tal vez hayamos sido excesivamente débiles e imprudentes”. Solo tres años después del Concilio, Pablo VI reconoció que “la Iglesia se halla en un turbulento período de autocrítica, que más bien podría llamarse autodemolición”.»

El deseo principal de Satanás es alejarnos de Dios, y la mejor táctica del diablo ha sido actuar desde el propio campo enemigo, es decir desde el interior de la Iglesia.

¿Acaso no ha habido una autodestrucción con la infiltración de movimientos subversivos? Ese caballo de Troya Rojo, denunciado por la Dra. Bella Dodd, que había sido comunista, convertida después a la Fe católica por el Arzobispo Fulton Sheen. Ella testimonió públicamente que había enviado personalmente un número superior a mil jóvenes a los seminarios católicos, para que pudiesen destruir la Iglesia desde su interior, muchos de ellos homosexuales. Y cuando ella estaba deponiendo públicamente, dijo: «Algunos de ellos ya son Obispos». Y estaba hablando al final de la década de 1940 e inicios de los 1950.

Una contra-Iglesia, el «cuerpo místico de Satanás».[4]

La pederastia en sectores del clero, ¿acaso no es una consecuencia de ese humo maléfico?

¿Acaso no ha habido un intento de autodemolición en los sínodos de 2014 y 2015, en los cuales justamente el negador del diablo, cardenal Kasper quiso imponer una revolución total doctrinal atentando al depósito de la fe, con un viraje doctrinal respecto de las uniones civiles, los divorciados re-casados y las uniones homosexuales?

Un listado de la penetración del humo del diablo en el templo santo de Dios sería inacabable.

Muy a propósito, este texto compuesto por el Siervo de Dios, Tomás Morales S.J., a partir de las reglas de discernimiento de los Ejercicios Espirituales del gran San Ignacio de Loyola. El P. Morales lo había impreso en 1972, pidiendo que esa estampa la lleváramos siempre, para que no olvidemos el Credo del diablo:

1º. Creo que existe y que es muy eficaz y potente.
2º. Creo que tiene mucho interés en hacerme creer que no existe.
. Creo que ataca por el punto más débil.
4º. Creo que ataca poco a poco.
5º. Creo que se envalentona si me acobardo y se acobarda si con valor doy rostro.
6º. Creo que está empeñado en que me quede solo.
7º. Creo que utiliza táctica alternante. Cuando estoy en baja: placeres aparentes. Cuando en alza: desganas, desconfianzas, desalientos.
8º. Creo que intentará haga yo mudanza en tiempo de desolación.
9º. Creo que se disfraza de «ángel bueno».
10º. Creo que si permanezco unido a la Virgen Inmaculada, no tengo nada que temer.

Un credo que nos coloca en la dirección correcta en estos tiempos de tanta confusión y decadencia ad intra, tiempos en los que parece cumplirse la profecía de Nuestra Señora en La Salette: «Roma perderá la fe, y se convertirá en la sede del Anticristo».

Germán Mazuelo-Leytón

[1] BALDUCCI, CORRADO, El demonio existe

[2] AMERIO, ROMANO, Iota unum, p. 621.

[3] Cf. Mateo 13, 1-9, Marcos 4, 1-9 y Lucas 8, 4-8.

[4] MAZUELO-LEYTÓN, GERMÁN, La contra-Iglesia, ¿Cuerpo místico de Satanás? https://adelantelafe.com/la-contra-iglesia-cuerpo-mistico-de-satanas/

Germán Mazuelo-Leytón
Es conocido por su defensa enérgica de los valores católicos e incansable actividad de servicio. Ha sido desde los 9 años miembro de la Legión de María, movimiento que en 1981 lo nombró «Extensionista» en Bolivia, y posteriormente «Enviado» a Chile. Ha sido también catequista de Comunión y Confirmación y profesor de Religión y Moral. Desde 1994 es Pionero de Abstinencia Total, Director Nacional en Bolivia de esa asociación eclesial, actualmente delegado de Central y Sud América ante el Consejo Central Pionero. Difunde la consagración a Jesús por las manos de María de Montfort, y otros apostolados afines