La rueda de prensa en el vuelo de regreso de Panamá ha confirmado la tendencia del Papa a utilizar un lenguaje a base de afirmaciones que se contradicen para que los oyentes se queden con lo que les resulte más cómodo. Pero si se examina con atención, se hace patente a dónde se propone llegar.

Como siempre, la conferencia de prensa en el avión de vuelta de Panamá presenta ideas interesantes. Teniendo siempre presente que no se trata de magisterio sino de opiniones personales y por tanto  discutibles, con todo, nada más por tratarse de juicios del Sumo Pontífice, están destinados a orientar la opinión pública católica y crear falsas impresiones sobre lo que es la Iglesia entre quienes no son católicos. Además, vale la pena hablar de ellos porque por un lado dan pistas sobre la forma de razonar del Papa, y por otro sobre las opciones pastorales que ha adoptado o piensa adoptar.

Lo primero que salta a la vista es su contradictoria forma de expresarse, que afirme una cosa y luego la contraria, de manera que cada uno saque de sus discursos lo que más le convenga. Un ejemplo evidente de ello está en la respuesta que dio ayer sobre el celibato sacerdotal. En la primera parte defendió a capa y espada el don del celibato, su perenne validez que él no tiene ni de lejos la intención de poner en tela de juicio. Pero un poco después, ya tenemos la excepción: «Sólo quedaría alguna posibilidad en lugares muy apartados, me refiero por ejemplo a islas del Pacífico, pero es algo que se debe tener en cuenta cuando hay una necesidad pastoral». O sea: si no hay sacerdote y la Eucaristía sólo se puede distribuir de tarde en tarde, entonces… Entonces se entiende por qué algunos titulares de prensa han dicho que el celibato es sagrado mientras otros hablan de apertura a los sacerdotes casados. Cada uno puede sacar de sus palabras lo que más le guste.

En realidad, si examinamos más a fondo su respuesta, está claro que una vez más se trata del método que tanto le gusta de iniciar procesos. Se empieza por las excepciones: un lugar remoto, sacerdotes que visitan a sus feligreses una vez al año (pero ese problema no es nuevo, y sin embargo a ningún papa se le había ocurrido hasta ahora la posibilidad de que pudieran casarse algunos sacerdotes), y luego las excepciones se convierten rápidamente en la regla. Al fin y al cabo, los obispos alemanes ya han emprendido ese camino y el tema de los viri probati se incluirá en el próximo Sínodo de la Amazonía  que se celebrará en Roma el próximo mes de octubre.

El Papa también mencionó la tesis de un tal padre Fritz Lobinger sobre una forma de sacerdocio reducido para hombres casados, dando la impresión de que se trata de una idea extemporánea, no pensada en realidad, como si dijera que hay muchas hipótesis que estudiar. Mentira. En realidad, es una vía que está pensada desde hace mucho tiempo: el cardenal Reinhard Marx, presidente de la Conferencia Episcopal Alemana y uno de los más estrechos colaboradores del Romano Pontífice, dijo en noviembre de 2017, hablando precisamente del tema de los sacerdotes casados, que ya en 2015 el papa Francisco, durante la visita ad limina de los obispos alemanes, les había recomendado leer las obras del P. Lobinger. Así pues, está claro adonde quiere llegar.

Otro ejemplo de este estilo titubeante lo vemos cuando habla de la inmigración. Este pontificado no deja de machacar con el tema de la acogida, de las fronteras abiertas, de recibir a todo el mundo, hasta el punto de que entre los admiradores más acérrimos de Francisco se comienza a pedir la excomunión para quienes quieren poner coto a la inmigración descontrolada. Pero ayer, y a decir verdad no fue la primera vez, el Papa pronunció un discurso bastante más moderado y  mejor expresado  en el que llegó a afirmar la idea de ayudarles en sus propios países. Palabras que serían esperables en boca del ministro de interior Matteo Salvini. Una vez más, cada uno entiende las palabras del Papa como más le gusta.

Sin embargo, también en este proceso verdadero que ha iniciado el Papa se deben entender a partir del conjunto de intervenciones y mecanismos que pone en marcha: frente a alguna norma que de vez en cuando pone al principio de acoger a todos, hay una cantidad tremenda de intervenciones y gestos en favor de la abolición de las fronteras. Y hay incluso obispos —como vimos ayer— que se han convertido en verdaderos fanáticos de ello.

En todo caso, esta forma de promover su pensamiento genera inevitablemente confusión, frustración y división, lo cual se puede observar en que los observadores y muchos fieles se arrojan mutuamente citas del Papa que se contradicen entre sí.

Ricardo Cascioli

(Traducido por Bruno de la Inmaculada/Adelante la Fe)