Esta vez, queridos amigos, quisiera leerles un texto publicado por el vaticanista Aldo Maria Valli en su blog Duc in altum, que me ha parecido muy pertinente y merece la pena divulgar. Valli comenta un artículo del padre Spadaro en La Civiltà cattolica, órgano de los jesuitas y muy afin al papa Francisco.

El padre Spadaro habla del encuentro que tuvo Francisco con los jesuitas de Mozambique y Madagascar con ocasión de su viaje apostólico a África. Las notas del encuentro se han publicado con el título de La soberanía del pueblo de Dios, y podemos leerles la respuesta del Sumo Pontífice a uno de sus compañeros de orden durante la reunión.

En un determinado momento, respondiendo la pregunta del padre Bendito Ngozo sobre el problema de las iglesias protestantes y el proselitismo, dice el Papa: «Hoy he sentido cierto sabor amargo al final del encuentro con los jóvenes. Se me acercó una señora acompañada de un joven y una muchacha. Alguien me dijo que formaban parte de un movimiento algo fundamentalista. La señora me dijo ella en perfecto castellano: “Santidad, vengo de Sudáfrica. Este muchacho era hindú y se ha convertido al catolicismo. Y esta muchacha era anglicana y se ha hecho católica.” Me lo dijo con aire triunfal, como quien presume de una pieza cobrada en una cacería. Esto me desagradó, y le dije: “Señora: evangelización sí, proselitismo no”».

Comenta Valli: Lo he leído y releído, y efectivamente, así dice. ¿Entienden? En vez de abrazar a ambos conversos, alegrarse con ellos y bendecirlos, ¡poco menos que les ha dado una reprimenda y ha reprochado a la señora que los haya ayudado a hacerse católicos! En su respuesta, el Papa establece la acostumbrada distinción entre evangelización y proselitismo, estribillo ya habitual en él. Ahora bien, más allá de toda distinción (que sería discutible), ¿cómo puede tener semejante actitud ante quien ha llegado a la fe católica y procede de otra experiencia religiosa? La señora mencionada se habrá expresado también con tono triunfal, pero es muy comprensible.

Si uno se encuentra con el Papa y tiene la oportunidad de presentarle a dos jóvenes convertidos al catolicismo, es más que comprensible que rebose de satisfacción. Y sin embargo, le sienta mal al Papa (repito: al Papa, cabeza visible de la Iglesia Católica). Por otra parte, en el encuentro con sus hermanos de la orden ignaciana hay un momento que deja perplejo. Despotricando contra el clericalismo (lo cual tampoco tiene nada de novedoso), dijo: «El clericalismo tiene como consecuencia directa la rigidez. ¿Han visto alguna vez a sacerdotes jóvenes muy rígidos con sotana negra y tocados con un sombrero con la forma del planeta Saturno? Pues bien, tras el clericalismo rígido se esconden problemas graves. Hace poco he tenido que intervenir en tres diócesis a causa de problemas que terminan por manifestarse en esas formas de rigidez que ocultan desequilibrios y problemas morales. Una de las dimensiones del clericalismo es la fijación moral exclusiva por el sexto mandamiento.

»En cierta ocasión un jesuita, un gran jesuita, me dijo que tuviera mucho cuidado a la hora de dar la absolución, porque los pecados más graves son los más propios de ángeles: la soberbia, la arrogancia, la prepotencia… Y los menos graves son los menos propios de ángeles, como la gula y la lujuria. Se concentran en lo sexual y no se da importancia a la injusticia social, a la calumnia, a las chismes o a la mentira. La Iglesia de hoy necesita una conversión profunda en este sentido. Por otro lado, los grandes pastores dan mucha libertad a la grey. El buen pastor sabe conducir a su rebaño sin sujetarlo a reglas que lo mortifiquen, mientras que el clericalismo conduce a la hipocresía. Y en la vida religiosa también pasa eso.»

Señala Valli: No quisiera participar en el debate sobre cuáles son los pecados más graves, si los sexuales o los sociales, porque me parece que es un discurso estéril. Me centraré, por el contrario, en el paralelo que ha establecido el Papa entre el clericalista, entendido como arribista y persona moralmente corrupta, y el rígido, ejemplificado por el joven sacerdote que viste sotana. Afirmo que es un grado totalmente inaceptable de insinuación malévola y maledicencia.

¿En qué se basa el Papa para afirmar que el sacerdote joven que viste como tal, con sotana y saturno, es un rígido, y por tanto, un clericalista, y moralmente corrupto? ¿Es posible que un pontífice se exprese así ante quien tiene en estima la propia identidad sacerdotal? Estos discursos, difícilmente digeribles aun en un bar, no son de recibo. Pongámonos en el lugar de un sacerdote que por aprecio a su identidad viste habitualmente como tal, con sotana y saturno. En la práctica, el Papa lo tilda de perverso e hipócrita, de persona poco recomendable. ¿Cómo se lo puede permitir?

¿Y qué decir –prosigue Valli– de la segunda afirmación, que “los grandes pastores dan mucha libertad a la grey”? ¿Qué significa eso? ¿Libertad en qué sentido? ¿En qué basa semejante afirmación? ¿A dónde quiere llegar? ¿Por qué los católicos, que tenemos derecho a entender claro qué quiere decir nuestro supremo pastor en materia de fe y doctrina, vamos a estar a estas alturas apacentados por un papa que se muestra hostil a todo lo que sea católico y profiere ambigüedades, maledicencias, insultos e indirectas malintencionadas y e injustificadas?

Por patriotismo, mejor dicho, por amor a la Iglesia, prescindo de comentar otros puntos del coloquio del Papa con los jesuitas. Sólo me pregunto una cosa: ¿hasta cuándo tendremos que soportar esta devaluación, este empobrecimiento, esta desconcertante labor de progresivo deterioro de la figura del Sumo Pontífice y de su autoridad? Estas consideraciones no son sólo mías, sino de Aldo Maria Valli en su blog Duc in altum, cuya lectura recomiendo.

(Traducido por Bruno de la Inmaculada)

Roberto de Mattei
Roberto de Mattei enseña Historia Moderna e Historia del Cristianismo en la Universidad Europea de Roma, en la que dirige el área de Ciencias Históricas. Es Presidente de la “Fondazione Lepanto” (http://www.fondazionelepanto.org/); miembro de los Consejos Directivos del “Instituto Histórico Italiano para la Edad Moderna y Contemporánea” y de la “Sociedad Geográfica Italiana”. De 2003 a 2011 ha ocupado el cargo de vice-Presidente del “Consejo Nacional de Investigaciones” italiano, con delega para las áreas de Ciencias Humanas. Entre 2002 y 2006 fue Consejero para los asuntos internacionales del Gobierno de Italia. Y, entre 2005 y 2011, fue también miembro del “Board of Guarantees della Italian Academy” de la Columbia University de Nueva York. Dirige las revistas “Radici Cristiane” (http://www.radicicristiane.it/) y “Nova Historia”, y la Agencia de Información “Corrispondenza Romana” (http://www.corrispondenzaromana.it/). Es autor de muchas obras traducidas a varios idiomas, entre las que recordamos las últimas:La dittatura del relativismo traducido al portugués, polaco y francés), La Turchia in Europa. Beneficio o catastrofe? (traducido al inglés, alemán y polaco), Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta (traducido al alemán, portugués y próximamente también al español) y Apologia della tradizione.