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“El Niño Jesús, terror de los Reyes”

Estimado sì sì no no,

tú eres grande y adulto, pero yo he seguido siendo “un niñote”, un niño que ama al Niño Jesús y a la Niña María Santísima e intenta vivir en Su compañía. Mi madre, que solo fue a la escuela elemental, tenía una imagen de la Niña María y la conservaba siempre consigo: en los meses en que me esperaba (hace ya más de 70 años), rezaba y besaba varias veces al día la pequeña imagen y pedía tener un hermoso niño sano y bueno como Ella. No sé si fue contentada, pero aquella imagen de la Niña María, desde cuando tenía diez años, la tengo yo en mi misal y le pido a menudo parecerme un poco a Ella. En los días de Adviento y de Navidad, que yo prolongo al modo antiguo hasta el 2 de febrero, fiesta de la Purificación de María Santísima y de la Presentación de Jesús en el Templo, rezo mucho al Niño Jesús, incluso con unas letanías que he encontrado en un librito de oraciones, muy hermoso, que da al Niño Jesús los más hermosos títulos.

Esta mañana, haciendo la meditación sobre las Élévations sur les Mystères de J. B. Bossuet, he encontrado un título que no había pensado nunca: “Niño Jesús, terror de los reyes”. He leído las dos paginitas de corrido y he comprendido. Cuando el Niño Jesús nació, Hijo de Dios e hijo de David, por tanto “principito real”, Herodes, que reinaba solamente por haber sido impuesto por Augusto, tuvo un miedo loco de Él, pensando que podía privarlo de la poltrona en la que se sentaba, y decretó la matanza de todos los niños de Belén, para estar seguro de matar al neonato “Rey”. Bossuet continua explicando que del Niño Jesús tuvieron miedo los emperadores romanos durante alrededor de 300 años y le decretaron persecución y muerte. Lo mismo, antes de ellos, hizo Caifás (con los zorros del sanedrín), que mandó a la cruz a Jesús y persiguió a los cristianos. Bossuet explica que de Jesús tuvieron miedo casi todos los reyes, los poderosos de la tierra, ¡que no estaban dispuestos a reconocer su realeza divina! Por tanto, el Niño Jesús, “terror de los reyes”, increíble pero cierto.

Pero aquellos que tuvieron y aún ahora tienen miedo del Niño Jesús hasta el punto de estar aterrorizados son los gnósticos de ayer y todavía más de hoy. Los gnósticos son todos aquellos que, como escribe san Juan, apóstol y evangelista, niegan a Jesús venido en la carne y prefieren, en vez de a ÉL, la sabiduría solamente humana de los principios, de los valores, de las ideas; la sabiduría totalmente humana que Jesús, naciendo en la carne, Hijo de Dios hecho hombre por nosotros, considera insuficiente, ineficiente, incapaz de ofrecer salvación al hombre, de construir la sociedad y la historia. Jesús mete miedo, produce terror a los “gnósticos” de hoy. Por citar algunos muy de moda, los de la así llamada “teología de la liberación”, convertida en nuestros días en “teología de la migración”. Esta “teología sin Cristo” pretende que ni siquiera se pronuncie ya el nombre de Jesús, que se quiten el Belén y el Crucifijo de los lugares públicos (¡de las mismas iglesias!), que se elimine su nombre y su presencia de todo discurso, porque el Nombre de Jesús – Jesús venido en la carne, precisamente el Niño Jesús – sería un obstáculo para el diálogo, para la acogida, para la integración. En una palabra, el Nombre de Jesús se convierte en “blasfemo”, impronunciable ya, prohibido por la sociedad.

¡¿Pero lo podéis creer?! “Hombrones” grandes y gordos que gobiernan la cultura, la política, las costumbres, la modernidad, etc., etc., tienen terror a Jesús. Entonces, amigos, esta es la hora de permanecer unidos a Jesús y no temer a nadie, de seguir adelante con su Nombre en el corazón, en los labios y en la frente, conscientes y seguros de que Él es y será el Vencedor del pecado y de la muerte (“la última enemiga”), de todos los reyes y sabios según el mundo, de todos los poderes fácticos aliados, como Caifás, Herodes y Pilato, contra Él. ¡La victoria es nuestra ya! Sin embargo, lo añadiré a las Letanías al Niño Jesús. “Niño Jesús, terror de los reyes, ten piedad de nosotros. ¡Avanza y reina!”.

Candidus

(Traducido por Marianus el eremita)

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