La noticia, recogida por los medios de prensa de todo el mundo, es para poner los pelos de punta. Un catedrático de la Facultad de Economía de Estocolmo, Magnus Söderlund, ha afirmado en un programa de televisión que consumir carne humana en lugar de animal podría ser una propuesta sostenible para limitar el calentamiento global. Según el investigador sueco, alimentarse de cadáveres humanos en vez de carne y verdura podría ser la solución ideal al problema del medio ambiente, ya que dicho consumo sustituiría la industria de la carne y la agricultura, que, según muchos ambientalistas, es responsable en gran medida del calentamiento global.

Ingerir esa clase de alimento, según Soderlund, liberaría a la civilización de uno de los tabúes más antiguos de la humanidad: comer a sus semejantes. «Hoy en día, consumir el cuerpo de un cadáver supone ultrajar el difunto», explicó Söderlund. Pero mañana podría ser la solución a nuestros problemas. A la pregunta de si estaría dispuesto a comer él también carne humana, respondió que no le importaría.

El canibalismo o antropofagia es tal vez la primera característica que se atribuye a los pueblos primitivos. No todos los pueblos primitivos son caníbales; lo son únicamente los salvajes. ¿Nos vamos a sorprender de que el retorno al tribalismo, cada vez más extendido entre los ambientalistas, suponga también el canibalismo? La antropofagia es la consecuencia lógica de la opción indigenista que caracteriza la cultura postmoderna. El documento preparatorio del próximo Sínodo de la Amazonía, empapado de indigenismo, insiste en la necesidad de redescubrir la sabiduría ancestral de los salvajes, sus tradiciones y sus ritos. Entre dichos ritos se cuenta el canibalismo que todavía practican algunos de esos pueblos.

Los yanomamis de la Amazonía, por ejemplo, practican un canibalismo ritual: en un funeral colectivo de carácter sagrado, queman el cadáver de un pariente difunto y se comen las cenizas de los huesos porque creen que en ellos reside la energía vital del muerto, el cual de esa manera se reintegra al grupo familiar. Del mismo modo, el yanomami que mata a un adversario en territorio enemigo practica esa forma de canibalismo para purificarse.

Los misioneros necesitaron siglos para extirpar dichas aberraciones, de las cuales quedan pocos sobrevivientes. El nuevo concepto de misión no tiene por objeto civilizar a los salvajes, sino de volver bárbaros a los pueblos civilizados. Es de locos, pero la sabiduría de los salvajes será el tema del sínodo que se celebrará el próximo octubre en el Vaticano.

(Traducido por Bruno de la Inmaculada)

Roberto de Mattei
Roberto de Mattei enseña Historia Moderna e Historia del Cristianismo en la Universidad Europea de Roma, en la que dirige el área de Ciencias Históricas. Es Presidente de la “Fondazione Lepanto” (http://www.fondazionelepanto.org/); miembro de los Consejos Directivos del “Instituto Histórico Italiano para la Edad Moderna y Contemporánea” y de la “Sociedad Geográfica Italiana”. De 2003 a 2011 ha ocupado el cargo de vice-Presidente del “Consejo Nacional de Investigaciones” italiano, con delega para las áreas de Ciencias Humanas. Entre 2002 y 2006 fue Consejero para los asuntos internacionales del Gobierno de Italia. Y, entre 2005 y 2011, fue también miembro del “Board of Guarantees della Italian Academy” de la Columbia University de Nueva York. Dirige las revistas “Radici Cristiane” (http://www.radicicristiane.it/) y “Nova Historia”, y la Agencia de Información “Corrispondenza Romana” (http://www.corrispondenzaromana.it/). Es autor de muchas obras traducidas a varios idiomas, entre las que recordamos las últimas:La dittatura del relativismo traducido al portugués, polaco y francés), La Turchia in Europa. Beneficio o catastrofe? (traducido al inglés, alemán y polaco), Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta (traducido al alemán, portugués y próximamente también al español) y Apologia della tradizione.