El pequeño apóstol del latín se llama Paul Antoine, tiene nueve años. Vive en Francia con sus padres. Su madre se llama Rosario. Paul Antoine cree firmemente en la eficacia de rezar en latín, es consciente de las gracias que el Señor le ha otorgado por rezar en latín, y también de otras gracias a otros.

No considerar la valía del latín eclesiástico en la liturgia, y muy especial en el Santo Sacrificio de la Misa, supone una deficiencia para la santidad sacerdotal y para la de los fieles, y para la comprensión del misterio de la Sagrada Liturgia. El latín es la lengua sagrada que la Iglesia ha forjado para alabar y dar gloria a Dios Uno y Trino. La lengua que la Iglesia, Cuerpo místico, debe usar para dirigirse a su Cabeza debe ser santa y sagrada.

El latín eclesiástico tiene una cualidad, que por ella misma sería suficiente para tenerla en grandísima consideración: no podemos pecar en latín, porque no lo conocemos, pero sí en la lengua vulgar. Se da el caso que con la misma legua, la vernácula, con la que damos gloria a Dios, con ella misma pecamos y ofendemos a Dios. Pero no así con el latín, que sólo lo usamos para la alabanza y gloria a Dios. Pero no vamos a extendernos sobres las excelencias del latín, queremos hablar de este pequeño apóstol que cree con fe firme en la eficacia de rezar en latín.

La muela

La historia del pequeño apóstol empieza cuando su madre, Rosario, contacta con un servidor para hacerme una consulta sobre una amiga. Entre los consejos que humildemente le doy le digo que su amiga intente rezar en latín, al menos las oraciones más elementales, como el Pater Noster, Ave María y Gloria. Rosario puede comprobar, con sorpresa, el bien que hace a su amiga rezar en latín.

Paul Antoine tenía un problema con una muela que le estaba creciendo y que se veía obstaculizada por otra muela que le había salido previamente y que debía caérsele. Pero esta muela estaba muy sujeta y al impedir el crecimiento de la anterior había provocado inflamación en la encía. Rosario, la madre, pensó que el dentista debería abrir la encía par la extracción de la muela.

Pero antes de tomar la decisión de ir al dentista, Rosario y Paul Antoine empezaron a rezar el Santo Rosario en latín. Tras el primer misterio, es decir, después del primer Pater Noster y las diez Ave María, el pequeño se tocó la muela y comprobó con gran sorpresa que se movía con facilidad, y con esa facilidad se la extrajo. El hecho que Paul Antoine se tocara la muela por iniciativa propia, ya denota su confianza en la eficacia de rezar en latín.

Días más tarde Rosario estaba buscando su tarjeta sanitaria, y Paul Antoine le preguntó que para qué servía tal tarjeta, ella le contestó que para ir al médico cuando lo necesitaran, a lo que contestó el pequeño: entonces rómpela mamá, ya no la necesitamos, cuando estemos enfermos rezamos en latín.

El cerrojo de la puerta

Pasaron los días, y se encontró Rosario con problemas con una puerta de la casa que no podía abrir. La puerta en cuestión, tenía un cerrojo antiguo y Rosario no conseguía abrirla. Pasó el día entero intentando abrirla, también Paul Antoine. Pero en un momento del final del día, Rosario, tuvo la intuición de decir Sancta María, Mater Dei, al tiempo que por enésima vez intentaba girar el cerrojo; y he aquí la sorpresa al comprobar que el cerrojo cedió y la puerta se abrió. Esta jaculatoria ya ha quedado gravada en la mente de Rosario y de su hijo.

Dolor de estómago

Paul Antoine estaba muy mal del estómago, Rosario muy preocupada pensaba en llevarlo al hospital, pero antes de hacerlo le propuso al pequeño rezar el Santo Rosario en latín. Tras el primer misterio, Paul Antoine seguía con los dolores, y fue en el trascurso del segundo misterio cuando sintió que ya no le dolía el estómago. Sorprendido se levantó de la cama para comprobar que efectivamente no tenía dolor, y así fue. En agradecimiento al Señor y a Su Santísima Madre, terminaron de rezar todo el Santo Rosario.

Qué poca fe tienes mamá

Estaba Rosario hablando con su marido referente a la tarjeta del seguro médico, cuando Paul Antoine, que estaba al lado, se dirigió discretamente a la madre, sin que se enterara el padre, diciéndole al oído: qué poca fe tienes mamá, recuerda que no necesitamos tarjeta.

¿Por qué el pequeño apóstol del latín?

Paul Antoine no sólo se sabe las oraciones principales de nuestra fe en latín, también ha aprendido a cantar el Pater Noster. Está ávido de seguir aprendiendo más oraciones en latín, se ha convertido un fervoroso defensor de la lengua de la Iglesia. Ha experimentado que el rezar en latín no le ha proporcionado más que beneficios, ha aumentado su fervor por la oración, por ser una niño santo, sin importarle lo que hagan o digan sus compañeros.

Paul Antoine se siente protegido cuando reza en latín, tiene una convicción envidiable de la “fuerza” del latín. No le ha preocupado si la pronunciación era la correcta o no, no ha sido obstáculo para él, sólo con el tiempo ha ido perfeccionando la dicción. Mientras se escriben estas líneas, con toda seguridad Paul Antoine ha vuelto a tener más experiencias.

Nadie podrá convencer a Paul Antoine que el latín es una lengua que no sirve para nada, que su uso es un atraso, que es una lengua del pasado que nadie la entiende. Para Paul Antoine el latín es su lengua viva, la lengua para rezar y alabar a Dios. No la entiende pero no le importa, lo que sí entiende es que el Señor le llena de gracias cuando reza con el convencimiento y amor con que lo hace. Y lo que sí sabe Paul Antoine es que el Señor sí le entiende cuando reza en latín.

Verdaderamente Paul Antoine es un apóstol del latín.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa