El padre dominico Réginald Garrigou-Lagrange (1877-1964) fue una de las mentalidades especulativas más profundas del siglo XX. Es a la editorial Fede & Cultura que le corresponde el mérito de haber hecho el redescubrimiento gracias al empeño de un joven estudioso, Marco Bracchi, que con pasión se encargó de la traducción o la re-impresión de algunas obras importantes.

Bracchi tradujo ex novo, o revisó las traducciones, verificando las fuentes y las citas y acompañando los textos con minuciosas notas críticas. Fueron así publicados Esencia y actualidad del tomismo (2012), Introducción al estudio de Dios (2013), La síntesis tomista (2015), Dios accesible a todos (2017), La vida eterna y la profundidad del alma (2018) y, en estos días, El sentido del misterio y el claroscuro intelectual (2019).

En La vida eterna Garrigou-Lagrange enfrenta los grandes temas escatológicos de los novísimos, considerando la profundidad del alma en la vida presente, pero sobre todo con relación al juicio particular y al instante en el cual el alma se separa del cuerpo. El gran teólogo dominico nos da una mejor idea acerca de lo que es el Infierno, vacío inmenso que jamás será colmado, y el Purgatorio, el estado del alma que no puede todavía poseer a Dios; y en que consiste el instante del ingreso al Cielo, que coincide con la visión beatífica, la vida eterna que espera a aquellos que han amado a Dios en la tierra y que lo gozarán para siempre en el Paraíso. Bellas y profundas son sobretodo las páginas sobre la impenitencia final del pecador y sobre el insigne don de la perseverancia final; sobre el juicio, particular y universal, y sobre las razones teológicas de la eternidad de las penas.

El sentido del misterio es la primera edición en lengua italiana del sabio y gran teólogo. Es gracias a la categoría del claroscuro intelectual que el P. Garrigou-Lagrange nos lleva a comprender lo que hay de claro y lo que permanece misterioso en la solución tradicional de los grandes misterios de nuestro conocimiento de Dios, tanto natural como sobrenatural y de aquellas cuestiones de la gracia. Podemos saber por ejemplo que Dios existe, pero no conocemos a Dios. «Repetidas veces escribe Santo Tomás estas palabras: ´nesci mus de Deo quid est´ -no sabemos quien es Dios-; naturalmente no nos es dado conocer a Dios sino mediante el reflejo de sus perfecciones en las criaturas, mas su vida íntima, o la Deidad como tal, por ninguna naturaleza creada es participable, si no solo por medio de la gracia santificante, que es la única capaz de disponernos radicalmente para ver a Dios inmediatamente como Él se ve y a amarlo como Él se ama» (pp. 21-22).

El dominico francés nos ayuda entonces a comprender la razón de la confusión que con frecuencia se produce con relación a lo sobrenatural, explicando como algo se puede decir sobrenatural de dos modos, o intrínsecamente, por su misma esencia (es el caso de la gracia o de la virtud infusa) o extrínsecamente (por ejemplo el milagro). Son importantes las páginas dedicadas a La predilección divina y la salvación posible para todos, en las cuales nuestro autor reafirma y explica el principio tradicional, violentamente rechazado por los protestantes y jansenistas, según el cual «Dios no ordena jamás lo imposible, sino que hace posible a todo adulto el cumplimiento del deber» y, por otra parte, el principio de predilección, según el cual, «nadie sería mejor que otro si no fuese más amado por DiosLa íntima conciliación de estos dos principios no es sino aquella de la infinita justicia, de la infinita misericordia y de la total libertad. (…) Es uno de los clarobscuros más sublimes de la teología, pero para no desviar las especulaciones teológicas hay que dar lugar a la silenciosa contemplación» (pp. 299, 301).

Se trata de páginas desafiantes, pero luminosas por su claridad, cuya lectura es recomendable a quien, en la era de Internet, quiera hacer un esfuerzo para aproximarse con amor a los grandes misterios de nuestra fe.

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