RORATE CÆLI

En apoyo al Arzobispo Carlo Maria Viganò

Artículo de Opinión de Una Estudiante Jesuita de la Universidad de Fordham

En agosto, el arzobispo Carlo Maria Viganò, ex-nuncio papal, publicó una reveladora carta detallando cómo es que el papa Francisco estaba al tanto del terrible abuso clerical de parte del ex-cardenal McCarrick. Esta carta mordaz divulgó que el papa Francisco no solo había levantado las sanciones que el papa Benedicto XVI había impuesto sobre el depredador sexual, sino que lo protegió incluso haciendo de McCarrick su “confiable asesor.” Si bien muchos han desacreditado la carta de 11 páginas como una táctica de la extrema derecha para oponerse al Papa jesuita, este reporte es sin dudas preocupante, especialmente dado que el Vaticano se ha mantenido en silencio y no ha negado ni enfrentado estas denuncias. Esto ha provocado que muchos exijan respuestas de parte del pontífice, quien en cambio lo evade con el “silencio y la oración” en estos tiempos turbulentos.

Sin embargo, a pesar del peligro potencial, muchos prelados defendieron valientemente las declaraciones de Viganò. Por ejemplo, el cardenal Raymond Burke dijo que “las declaraciones de un prelado con la autoridad del Arzobispo Carlo Maria Viganò deben ser tomadas muy en serio por los responsables en la Iglesia.” Burke continuó hablando de la validez de los llamados a la renuncia del Papa en caso de que estas acusaciones resultaran ser ciertas. En forma parecida, monseñor Jean-Francois Lantheaume también habló sobre la veracidad de estas afirmaciones y cuestionó que Francisco permaneciera taciturno tras estas severas acusaciones, equiparando su silencio con el encubrimiento. Además, Viganò quebró su silencio recientemente y dobló la apuesta de su carta original, afirmando que su testimonio fue publicado “durante un crescendo de noticias continuas de terribles acontecimientos, con miles de víctimas inocentes destruidas y las vocaciones y vidas de jóvenes sacerdotes y religiosos perturbadas,” y asegura ante Dios que es verdad. Viganò, quien según se reporta activó una estrategia por si llegara a morir, señaló el hecho de que ni el Papa ni ningún cardenal de Roma negaron su testimonio, y acusó al papa Francisco de difamación e hipocresía.

Otros, como el cardenal Blaise Cupich de Chicago, rechazaron la carta y fueron en defensa del Santo Padre. En una entrevista de septiembre, Cupich sugirió impúdicamente que la iglesia no debía adentrarse en la “madriguera” del tema de los abusos sexuales, y que en su lugar debiera enfocarse en temas más importantes como el “medioambiente” y la “protección de inmigrantes”. Este desgraciado cardenal, conocido promotor de la agenda heterodoxa pro-LGBT, está actualmente en medio de una crisis propia, debido a que removió recientemente a un sacerdote de su arquidiócesis por quemar una bandera del ‘orgullo’ gay (no olvidemos que el orgullo es el más grave de los pecados mortales). Dicho sacerdote, el padre Kalchik, fue víctima de abuso clerical durante su adolescencia, y desde entonces ha sido obligado a esconderse “por temor a que el cardenal Cupich lo expulsara por la fuerza”, según le contó a la agencia independiente de noticias católicas Church Militant en una reciente entrevista. Cupich repitió los sentimientos del Papa, que esta crisis tiene poco que ver con la homosexualidad y es en cambio producto del “clericalismo”, y también fue nombrado en la carta de Viganò como involucrado directamente en el despreciable encubrimiento de la corrupción homosexual de la Iglesia Católica.

(Estaría siendo descuidada si dejara de mencionar que mientras el arzobispo Viganò y el padre Kalchik están viviendo con miedo por el enojo del Vaticano alhaber expuesto posibles herejías dentro de la jerarquía de la Iglesia, el desgraciado cardenal McCarrick fue sentenciado a una vida bastante pacífica de oración y penitencia en un monasterio de Kansas, no muy lejos de una escuela primaria.)

De igual manera, el cardenal Donald Wuerl, arzobispo de Washington DC, negó repetidas veces tener conocimiento de los años de acusaciones por la conducta sexual de McCarrick, su predecesor. Sin embargo, surgieron nuevas revelaciones del Washington Post que podrían poner esto en duda, en cuanto a que Wuerl se encontraba entre los nombrados en un acuerdo legal por abuso de 2005 que incluía alegatos contra el acoso de McCarrick. El padre Patrick Ciolek fue uno de los muchos seminaristas abusados por McCarrick y afirmó que es “inconcebible” que la diócesis haya fallado en notificar a Wuerl, quien en aquel entonces era obispo de Pittsburgh, donde se encontraba Ciolek. En su carta original, Viganò desmintió la ignorancia de Wuerl, y dijo que, como sucesor de McCarrick, debió ser “el primero en ser informado” sobre el abuso. Ahora, el llamado a la renuncia de Wuerl es más fuerte que nunca, con el episcopado hundido en una controversia y que ha ido al Vaticano debido a las acusaciones surgidas.

Asimismo, otros prelados de los Estados Unidos también fueron mencionados por Viganò, incluyendo el cardenal O’Malley de Boston y el cardenal Tobin de Newark, cosa que estimuló a que muchos teólogos y líderes solicitaran a la conferencia episcopal norteamericana que sigan el ejemplo de los hermanos chilenos y renuncien en masa. Es necesario que la Iglesia sea purgada de su clero aquí en los Estados Unidos, y como afirmó la carta, “Solo entonces podría comenzar el doloroso trabajo de sanación.” Para que la Iglesia Católica se levante de las cenizas de su peor escándalo en tiempos modernos, debe ocurrir una renuncia en masa de inmediato. Y solo después debiera seguirlos el papa Francisco. El rating de aprobación del Papa se está desplomando, y cuando más tiempo permanezca en silencio, más se lo cuestionará el mundo y terminará pensando en la validez del valiente testimonio de Viganò. Sí, esto no tendría precedentes, pero tampoco lo tienen las acusaciones, y la única forma verdadera para sentirnos en paz con el liderazgo de la Santa Sede es si todos los involucrados en estos crímenes son exorcizados.

Yendo hacia adelante, el punto crucial del punto anterior es claro, y todos los involucrados directamente o en el encubrimiento deben ser purgados de inmediato. Precisamente, la poderosa subcultura homosexual dentro de la Iglesia debe ser drenada, tal como lo afirmó el padre Dominic Legge, “el principal problema persistente es con la homosexualidad activa de los sacerdotes.” La Dra. Alice von Hildebrand—esposa del ex-profesor de  Fordham, Dietrich von Hildebrand—quien mantiene una relación cercana con la universidad de Fordham al haber sido ella tanto estudiante como profesora, contó a Church Militant en una entrevista de 2016, “Stalin, tras haber alcanzado el poder, ordenó a sus secuaces que invadieran los seminarios católicos… con jóvenes que no tuvieran ni fe ni moral. Entonces… los casos ideales: homosexuales.” Bella Dodd, una agente del Partido Comunista Americano entre 1927-1949, quien fue amiga cercana de los von Hildebrands después de haberse convertido al catolicismo bajo la dirección del arzobispo Fulton Sheen, relató cómo reclutó, bajo las órdenes de Stalin, a unos 1.200 jóvenes para infiltrar la Iglesia. Otros, tales como el padre David Marsden, también han notado esta presencia verdaderamente preocupante, hablando del seminario como “una cloaca de teología liberal y heterodoxia.”

Para poder combatir esta cuestión, no debemos ser cómplices. Se promueve que los fieles retengan toda donación a la conferencia episcopal norteamericana hasta que los obispos se hagan responsables de sus faltas, no sea que continuemos permitiéndoles conducir almas al infierno. Además, en la reunión anual de esa conferencia episcopal — que se llevará a cabo entre el 12 y el 15 de noviembre en Baltimore, Maryland — habrá manifestantes organizando la campaña El Silencio Se Termina Ahora para exigir que se termine este silencio ensordecedor, la renuncia de los involucrados de cualquier forma en el encubrimiento, así como una investigación y denuncia de toda actividad criminal.

Finalmente, y más importante para mis compañeros en la institución jesuita, debemos estar al tanto de estas graves acusaciones y no debemos desecharlas porque aquellos en posiciones de autoridad nos quieren hacer creer que son falsas. Los von Hildebrands, quienes hablaron con la corrupción, y muchos de los mencionados en la carta tienen vínculo cercano con la universidad de Fordham en particular, incluyendo el mismo McCarrick quien alguna vez fue uno de los ex-alumnos más reverenciados de la institución. Más aún, Carlo Maria Viganò habló en 2014 en un evento promoviendo la educación católica, en el cual se encontraba la dirección de Fordham. Por último, el padre Martin, el más abierto promotor de la normalización de la homosexualidad en la Iglesia Católica, y que muchos creen está conduciendo almas al infierno, es sin embargo un invitado frecuente en reuniones de estudiantes jesuitas, no porta la antorcha de San Ignacio, sino al contrario, como dijo tan claramente Viganò, “elige corromper a los jóvenes y es solo el más reciente y triste ejemplo de esa ala desviada de la Compañía de Jesús.”

El papa Francisco no es inmune al pecado simplemente por la naturaleza de su posición, o por ser un jesuita. Debiera haber tolerancia cero en casos de evidencia corroborada de esta magnitud, y si bien él es el juez último, Viganò está en lo cierto: “el Papa Francisco debe ser el primero en dar un buen ejemplo a los cardenales y obispos que ocultaron los abusos de McCarrick y renunciar junto con todos ellos.”

En estos tiempos difíciles en la única Iglesia que puede rastrearse hasta Jesucristo, y la institución más antigua en la historia del mundo, debemos estar vigilantes, y no sucumbir ante la hipocresía de los poderosos. Agradecemos a Viganò por su coraje al publicar estas verdades y oramos por su seguridad y para la sanación de la Única Iglesia Santa y Apostólica, Sin embargo, permanecemos fieles y optimistas porque, en las palabras proféticas de Hilaire Belloc, “La Iglesia Católica es una institución que estoy obligado a tener por divina, pero para los escépticos, una prueba de su divinidad puede encontrarse en el hecho de que ninguna institución meramente humana dirigida con tan artera imbecilidad habría durado un par de semanas.”

Olivia Ingrassia, estudiante de la Universidad de Fordham

(Traducido por Marilina Manteiga. Artículo original)

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