ADELANTE LA FE

En la Argentina la Ley del Aborto tuvo un fracaso inicial

El 8 de agosto, en realidad durante la madrugada del 9, el Senado de la Argentina resolvió decir NO a la Ley del aborto que había obtenido media sanción en la Cámara de Diputados. Ciertamente es una buena noticia. Y nadie debe arrogarse esta victoria. “Non nobis Domine” canta el salmo 113, “No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a Tu Nombre da la gloria”. Sin dudas es el fruto de las oraciones de tantos que sin cesar han implorado al Señor y a la Patrona de la Argentina, Nuestra Señora de Luján, para que la Ley que autorizaba el aborto, (obligaba a los médicos a realizarlos, todo a costa del erario público, desconociendo la patria potestad en el caso de los menores) no fuera impuesta en la Argentina.

Sin embargo, todos percibimos que se trata de una batalla que recién comienza. Porque el capitalismo internacional ha invertido mucho para someter a esta nación a su designio. La solicitada amenazante de Amnesty International el día 7 de agosto en la contratapa del New York Times, terminaba afirmando “The world is watching”. Esta solicitada fue pagada en 1 millón de dólares. Planned Parenthood invirtió 5 millones en la campaña para imponer el aborto en la Argentina; mientras los grupos izquierdistas y feministas, identificados con el color verde, decían defender los intereses de las mujeres (sin importarles los niños) han sido funcionales a los intereses del capitalismo liberal ateo y anticristiano. Ninguno se va a resignar a tan enormes pérdidas. En el mismo debate parlamentario se mencionaron dos posibilidades: incluir la despenalización del aborto en el código penal o que el presidente lo saque por decreto.

Además de esto, señales de alarma sobran. La violencia que han demostrado los grupos verdes, las manifestaciones realizadas a lo largo y ancho del país, aún en provincias muy conservadoras como Salta o pequeñas ciudades como San Rafael. La virulencia anticlerical de dichas manifestaciones que han incluido actos colectivos de apostasía, que han “entusiasmado” o manipulado principalmente a adolescentes del secundario en estos hechos, tienen tanta gravedad que no permiten pensar que el triunfo sea algo más que pasajero. Ciertamente aunque sea unos meses de retraso de la ley inicua, sólo Dios sabe cuántos niños puede salvar, cuántas madres, evitará, que se conviertan en asesinas. Pero en medio de la alegría y agradecimiento al Señor por este pequeño triunfo, a nuestra pequeña Señora de Luján que con su medida exacta de 38 cm, nos consiguió 38 senadores, esa alegría y agradecimiento no deben cerrar nuestro entendimiento.

Esta lucha recién empieza, hemos de templarnos para lo que sigue. Tampoco es cierto que el triunfo se deba al pueblo argentino en la calle, ni a su episcopado encabezándolo. ¡No, no a nosotros se debe la gloria! Nuestro episcopado demasiado tarde se acordó de ponerse al frente de este combate, demasiado tarde y lo hizo resignando aspectos importantes de la doctrina cristiana: como decir que para evitar el aborto hay que alentar la educación sexual en las escuelas o el uso de métodos anticonceptivos y profilácticos. Tampoco del pueblo en la calle, pues las diferencias que hemos tenido durante esta batalla son muy grandes y trascendentes.

Andrea Greco

Doctora en Historia. Profesora de nivel medio y superior en Historia, egresada de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, Argentina. En esta misma Universidad actualmente se encuentra terminando la Carrera de Doctorado en Historia. Recibió la medalla de oro al mejor promedio en historia otorgada por la Academia Nacional de la Historia. Es mamá de ocho hijos. Se desempeña como profesora de nivel medio y superior. Ha participado de equipos de investigación en Historia en instituciones provinciales y nacionales. Ha publicado artículos en revistas especializadas y capítulos de libros. Ha coordinado y dirigido publicaciones.
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