THE REMNANT

Entrevista al padre Buzzi (Fsspx): “El único futuro posible para la Iglesia es la Tradición”

Nota del editor: Esta es nuestra traducción de una reciente entrevista dada por el padre Fausto Buzzi, Asistente del Superior de Distrito Italiano de la FSSX, a Il Giornale. Por favor rueguen por nuestro querido amigo y traductor de The Remnant y su familia. Michael Matt

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Durante algunos años militó en las filas de Allenza Cattolica. Más tarde, en 1972, conoció a monseñor Lefebvre e ingresó en el seminario de Ecône. En esta entrevista en exclusiva, el sacerdote de la Hermandad Sacerdotal San Pío X habla entre otros puntos de la reconciliación doctrinal con el Vaticano.

¿Qué separa todavía la comunidad San Pío X de la Iglesia Católica?

Conviene precisar que no hay nada que separe la Hermandad San Pío X de la Iglesia Católica. Estamos unidos a ella y nunca nos separamos a pesar de los desacuerdos con las autoridades eclesiásticas. Ahora bien, esos desacuerdos no tuvieron su origen en nosotros. Monseñor Lefebvre siempre decía que lo condenaban por aquello por lo que antes lo elogiaban los papas, en particular Pío XII. Es Roma la que ha cambiado y se ha alejado con el Concilio Vaticano II de la tradición secular de la Iglesia. Se podría resumir afirmando que lo que nos separa de Roma son problemas doctrinales graves y fundamentales.

Un párroco católico me dijo en una ocasión: «Muchos hablan de cisma, pero no tienen el nivel teológico de un Marcel Lefebvre». ¿Es cierto?

Hay muchos que critican o condenan a la Hermandad San Pío X sin conocerla y sin entender los graves motivos que la colocaron en una posición de hostilidad con respecto a las autoridad eclesiásticas. Hoy en día, muchos –tanto sacerdotes como laicos– empiezan a preguntarse qué está pasando en la Iglesia, y se están dando cuenta de que aquellos a los que durante muchos años se les ha colgado el sambenito de cismáticos son tal vez los que se han mantenido más fieles a la Iglesia Católica y, paradójicamente, más fieles al papado. Monseñor Lefebvre quiso que en nuestros seminarios se estudiase la Suma teológica de Santo Tomás de Aquino y otros textos clásicos de teología. No le quepa duda de que para nosotros ha supuesto una gran gracia de Dios adquirir una formación tan profunda y tan sólida.

¿Qué opinión tienen del papa Francisco?

Para nosotros el papa Francisco no es ni mejor ni peor que otros papas conciliares y posconciliares. Trabaja en la misma obra que inició Juan XXIII, la autodemolición de la Iglesia Católica con vistas a construir otra que se ajuste al espíritu liberal del mundo. Le digo más: el pontífice actual no es tan responsable como lo fue Pablo VI, que hizo el Concilio, lo terminó y llevó a cabo todas las reformas. Pues bien: en todo eso está la raíz de la gravísima crisis a la que asistimos en la Iglesia. Es indudable que los gestos y las palabras de Francisco parecen más graves que los de sus predecesores, pero no lo son. Actualmente el efecto mediático tiene más resonancia que antes. En sustancia, sin embargo, los actos de Pablo VI fueron mucho más graves que los de Francisco.

Pero parece que Bergoglio ha dado algunos pasos positivos con relación a ustedes?

Desde luego no ha dado ningún paso hacia el acercamiento con nosotros. Con todo, nos considera una realidad de las periferias, y nos beneficiamos por tanto de su benevolencia. Cuando era cardenal en Buenos Aires, uno de nuestros sacerdotes le llevó la biografía de nuestro fundador para que la leyera. La leyó, y quedó hondamente impresionado. Es posible que ello haya contribuido a su actitud benévola hacia nosotros. Ahora bien, muchos se preguntan por qué no ha sido tan benévolo con los Franciscanos de la Inmaculada, que estaban abrazando resueltamente la tradición católica. Al contrario, en este caso, faltando a la misericordia, los ha tratado con extrema dureza y severidad.

Muchos los consideran a ustedes extremistas de la fe.

Tenga en cuenta que la fe es una virtud teologal, y una virtud teologal puede aumentar hasta el infinito, porque tiene por objeto al propio Dios; no hay, por tanto, límites para la fe. En este sentido, ser extremistas sería una virtud. Teniendo esto presente, le puedo citar las palabras de Nuestro Señor cuando dijo, por ejemplo, «quien no está conmigo está contra Mí», o lo que dijo San Pedro de que no hay otro nombre que nos pueda salvar que el de Jesucristo. Dígame usted si le parecen palabras extremistas. Y si tenemos también en cuenta a los mártires, que prefirieron morir antes que traicionar la fe, ¿cómo los juzgaremos? ¿Los calificaremos de extremistas? Yo diría que se está perdiendo el sentido de la fe.

¿Qué opinión le merece el debate doctrinal en torno a Amoris laetitia?

Al hacerme esta pregunta me obliga a repetirme. Si por un lado han sido dignas de elogio las numerosas iniciativas para corregir dicho documento y defender la familia cristiana indisoluble y sacralizada por un sacramento, el verdadero problema viene de más atrás. ¿Sabe usted dónde hunde sus raíces Amoris laetitia? Las encontramos en un documento del Concilio, Gaudium et spes. Así pues, como le decía, la horrorosa crisis que atraviesa la Iglesia se remonta al Concilio Vaticano II, que se podría decir que es su ADN. Si en lugar de Gaudium et spes se hubiera publicado la encíclica de Pío XI Casti connubii, ¿cree que tendríamos ahora la catastrófica Amoris laetitia? A mí me parece que no.

¿Y qué me dice de la rehabilitación de Lutero?

¿Qué quiere que le diga? Rehabilitar al mayor heresiarca de todos los tiempos, a quien volvió laica toda la religión cristiana, a quien hizo perder pueblos enteros a la Iglesia, es un suicidio doctrinal y una falsedad histórica. La rehabilitación de Lutero es parte de la utopía ecuménica de los últimos cincuenta años. Utopía que lleva a los católicos a una apostasía que ya no es silenciosa sino ensordecedora. Aconsejo leer un libro que se acaba de publicar sobre el tema: Il vero volto di Lutero (el verdadero rostro de Lutero), escrito por un sacerdote de nuestra congregación que enseña eclesiología en el seminario de Ecône. Al leerlo se comprende lo absurdo de esta pretendida rehabilitación.

¿Ve posible una futura reconciliación doctrinal con el Vaticano?

No soy profeta. Esperamos que se consiga, más que nada por el bien de tantas almas que corren el riesgo de perderse por la eternidad. Pero, si me lo permite, me gustaría decirle lo que podemos hacer actualmente para contribuir al triunfo de la tradición de la Iglesia. Nosotros mismos, todo católico, los obispos, sacerdotes y fieles, debemos volver a la tradición católica de siempre, y nadie debe temer que vaya a sentir que actúa contra la autoridad de la Iglesia. Porque en realidad no es oponerse a ella; todo lo contrario: es la manera más eficaz de ayudar a entender que hay que volver a la tradición, porque la Santa Iglesia no tiene otro futuro.

(Traducido por J.E.F. Artículo original)

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Edición en español de The Remnant, decano de la prensa católica en USA
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