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Entrevista en exclusiva al profesor Roberto de Mattei sobre la Tradición y la autoridad en la Iglesia

Matt Gaspers  2 de abril de 2020

« Así pues, hermanos, estad firmes y guardad las enseñanzas que habéis recibido, ya de palabra, ya por carta nuestra» (2ª Tes. 2,15).

Desde el Concilio Vaticano II (1962-1965), y sobre todo en vista de los numerosos cambios que han afectado prácticamente a todos los aspectos de la vida de la Iglesia, imperan la confusión y la polémica con respecto a la naturaleza de la Tradición (la palabra no escrita de Dios) y su relación con el Magisterio vivo de la Iglesia, es decir, con los sujetos vivos (Papa y obispos) instituidos por Dios como custodios y maestros de la Divina Revelación (Escrituras y Tradición).

Durante los aproximadamente cien años que precedieron al Concilio, una avalancha de errores conocidos colectivamente por el nombre de modernismo, «conjunto de todas las herejías» (San Pío X, encíclica Pascendi Dominici gregis, 38) zarandeó la Iglesia hasta los cimientos, porque los modernistas «han aplicado la segur no a las ramas, ni tampoco a débiles renuevos, sino a la raíz misma; esto es, a la fe y a sus fibras más profundas», de modo que «no hay parte alguna de la fe católica donde no pongan su mano, ninguna que no se esfuercen por corromper» (Pascendi, 2). La raíz del modernismo está en «la suposición herética de la evolución de los dogmas, según la cual estos dogmas cambiarían de sentido para recibir uno diferente del que les ha dado la Iglesia en un principio» (San Pío X, Juramento antimodernista). A pesar de los denodados esfuerzos de San Pío X y sus sucesores antes del Concilio, el veneno del modernismo ha terminado por calar hasta la jerarquía eclesiástica causando desde entonces numerosas rupturas entre la Tradición perenne de la Iglesia (doctrina, moral, liturgia, etc.) y el Magisterio vivo (Papa y obispos). La consecuencia sigue siendo un grave deterioro en la transmisión de la Tradición de la jerarquía (Eclessia docens, Iglesia docente) a los fieles (Eclessia discens, Iglesia discípula).

Al católico de a pie que se da cuenta de tan grave crisis se le plantean inevitablemente varias cuestiones de conciencia:

¿Cómo puedo saber si algo pertenece realmente a la Tradición?

• ¿Qué tiene más valor, las enseñanzas de los papas anteriores o las del actual?

• ¿Estoy obligado a obedecer a la Jerarquía aunque desprecien lo que siempre creyó, enseñó y practicó la Iglesia?

• ¿Cómo hago para mantener la Fe y transmitirla en medio de tanta confusión?

Como siempre ha hecho a lo largo de la Historia de la Iglesia, el Señor sigue suscitando voces claras en nuestros tiempos para afianzar las almas en su verdad inmutable. Una de tales voces es la del profesor Roberto de Mattei, historiador italiano amigo de  Catholic Family News consagrado a defender la Fe de siempre por escrito, de palabra y organizando actos públicos. Indudablemente es más conocido por su libro Concilio Vaticano II: una historia nunca escrita (Homo legens, Madrid 2018), obra monumental que cuenta con el aval del cardenal Walter Brandmüller, presidente emérito del Comité Pontificio de Ciencias Históricas y signatario de los famosos dubia  planteados al papa Francisco en 2016 con relación a Amoris laetitia.

Hace poco planteé al profesor algunas preguntas sobre su obra y le pedí que expusiera su opinión a los lectores. Seguidamente reproducimos nuestra entrevista con él.

*****

Catholic Family News: Gracias, profesor, por concedernos tiempo para responder nuestras preguntas. Sin duda, muchos de nuestros lectores estarán familiarizados con su obra pero, ¿le importaría explicar un poco su currículum para quienes no lleven mucho tiempo leyéndonos?

Profesor De Mattei: Mi trayectoria profesional es de historiador. He sido profesor adjunto y más tarde he ocupado la cátedra de profesor de historia moderna, y posteriormente de historia del cristianismo en la Universidad de Roma – La Sapienza, la Universidad de Cassino y la Universidad Europea de Roma. De 2003 a 2011 ejercí como vicepresidente del Consejo Nacional de Investigación, la más prestigiosa institución científica italiana. Durante aquellos años trabajé con Bruce Cole, director del National Endowment for Humanities. Bruce falleció en 2018, y guardo un grato recuerdo de él por la armonía que había entre nuestras convicciones políticas y religiosas.

¿Cómo llegó a intervenir en la lucha por defender y promover la Tradición en la Iglesia?

Aparte de las actividades académicas que he realizado en universidades, desde muy joven he estado entregado a la batalla católica por la defensa de la Tradición. Entre 1972 y 1981 participé en el movimiento Alianza Católica, y en 1982 fundé el Centro Cultural Lepanto, y la Fundación Lepanto, de la que soy presidente. Un momento decisivo de mi formación espiritual fue cuando en 1975 hice los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola con el P. Ludovic Barrielle. Otro fue conocer personalmente un año más tarde al profesor Plínio Corrêa de Oliveira, al que considero el máximo especialista del siglo XX en la contrarrevolución católica. Le he dedicado dos libros míos, ambos traducidos al inglés: The Crusader of the 20th Century (1998) y Plinio Corrêa de Oliveira: Prophet of the Reign of Mary (2019).

Su libro Apología de la Tradición se divide en dos partes principales: un estudio sobre las diversas crisis que ha habido a lo largo de la historia de la Iglesia, y  un tratado sobre la naturaleza e importancia de la Tradición, sobre todo en épocas de crisis. La obra se inicia con una introducción en la que explica la relación entre historia y teología. ¿Nos podría explicar más sobre la naturaleza interconectada de ambas disciplinas?

Le respondo con las palabras de Dom Prosper Guéranguer (1805-1875) en su célebre Ensayo sobre el naturalismo: «Así como para el cristiano no existe la filosofía en sí y de por sí, tampoco hay para el cristiano una historia meramente humana. Dios ha llamado al hombre a un estado sobrenatural; ese es el fin del hombre. La historia de la humanidad debe dar testimonio de ello». Eso quiere decir que la investigación histórica no se puede desligar de la filosofía, y asimismo, que la filosofía no puede prescindir de la teología, porque como explica el P. Guéranguer, «No existe ni puede existir verdadero conocimiento del hombre sin la Revelación. La Revelación sobrenatural no era necesaria en sí; el hombre no tenía derecho a ella, pero Dios se la dio y la dio a conocer. Desde entonces ya no basta la naturaleza para explicar al hombre. La presencia o ausencia de la Gracia, así como la propia gracia, ocupan el lugar preeminente en el estudio antropológico del hombre».

La segunda parte de Apología de la Tradición, La regula fidei de la Iglesia en épocas de crisis de fe,  incluye una sección en la que se plantea y responde qué es la Tradición. ¿Nos podría dar una definición elemental de la Tradición conforme a la doctrina católica?

En el sentido teológico de la palabra, Tradición es la palabra revelada de Dios en lo que se refiere a Fe y costumbres que no ha sido escrita sino transmitida oralmente de Cristo a los Apóstoles y de ellos a nosotros a través de sus sucesores. Los protestantes negaron la existencia de la Tradición y sostenían que la única regla de fe era la Biblia. El Concilio de Trento, por el contrario, definió que existen dos fuentes de la Divina Revelación: las Sagradas Escrituras y la Tradición Apostólica (Denzinger 783). El cardenal John Baptist Franzelin SJ (1816-1886), citando a San Ireneo de Lyon, define la Tradición como la regla inmutable de la Fe en su clásico tratado teológico Sobre la Divina Tradición, ya que no es otra cosa que la doctrina integral de la Iglesia que hemos recibido de los sucesores de los Apóstoles con la asistencia del Espíritu Santo. En un sentido más amplio, la Tradición, preservada por las familias y por la élites sociales, constituye el cimiento de la sociedad, al ser lo que permanece estable e inmutable en la existencia perenne de las cosas.

Usted habla en detalle de los diez lugares teológicos que señaló el dominico Melchor Cano (1509-1560), explicando: «La doctrina de los lugares teológicos ( …) no contempla el Magisterio, porque no es un lugar ni una cuestión teológica, sino una función ejercida por el Papa, por los concilios y por la Iglesia docente, incluida en el poder de jurisdicción». Este punto, que el Magisterio (Papa/obispos) no es un lugar teológico, parece fundamental. ¿Podría explicarlo?

El Magisterio se puede entender de dos maneras: como el ejercicio de la autoridad eclesiástica que enseña una verdad (magisterio subjetivo) y como el objeto de lo creído, las verdades complejas que se enseñan (magisterio objetivo). En el primer caso, se trata de una función ejercida por las autoridades eclesiásticas con miras a enseñar verdades reveladas; en el segundo, es un depósito objetivo de verdades que coinciden con la Tradición. En tiempos de crisis, cuando surge una evidente contradicción entre el magisterio subjetivo y el objetivo, o sea entre las autoridades que enseñan y la verdad de fe que deberían observar y transmitir, el sensus fidei mueve al creyente a rechazar toda ambigüedad y falsificación de la Fe apoyado en la Tradición inmutable de la Iglesia, que no se opone al Magisterio, sino que lo incluye. Normalmente el Magisterio es la regla próxima de la Fe, pero en caso de contradicción entre las novedades propuestas por el Magisterio subjetivo o vivo y la Tradición, pesa siempre más la Tradición, que cuenta siempre con la asistencia de Dios. El magisterio vivo sólo cuenta con asistencia divina cuando se pronuncia de forma extraordinaria o cuando, en la ordinaria, enseñauna verdad de fe o de costumbres que no se aparta de la Tradición.

Usted describe el sensus fidei como «la capacidad para creer ls verdades de fe como por instinto, incluso adelantándose al razonamiento teológico»[2], que puede «llevar a los fieles en algunos casos excepcionales a negarse a aceptar ciertos documentos eclesiásticos e incluso enfrentarse a la autoridad suprema en una situación de resistencia o de aparente desobediencia». ¿Podría darnos algunos ejemplos de cómo ha actuado el sensus fidei a lo largo de la historia de la Iglesia?

Con el Bautismo y la Confirmación, el cristiano recibe una luz sobrenatural que los católicos denominan sentido común católico o sensus fidei. Esto es, la capacidad para adherirse a las verdades de Fe por instinto sobrenatural, incluso adelantándose al juicio teológico. Puede considerarse que la primera manifestación histórica del sensus fidei tuvo lugar durante la crisis arriana. Según la minuciosa reconstrucción histórica que hizo el cardenal John Henry Newman (1801-1890) en su magistral The Arians of the Fourth Century, los modelos del sensus fidei los encontramos en San Atanasio y San Hilario de Poitiers, a los que siguieron en siglos posteriores San Bruno de Señi, San Pedro Damián, Santa Brígida de Suecia, Santa Catalina de Siena y San Luis María Griñón de Monfort, que fueron iluminados por el Espíritu Santo en momentos dramáticos de la historia de la Iglesia.

En tiempos más recientes Benedicto XVI definió el sensus fidei como «la capacidad infusa del Espíritu Santo, que habilita para abrazar la realidad de la fe, con la humildad del corazón y de la mente», e invitó a los teólogos a prestar atención a esta fuente de la fe y conservar la humildad y la sencillez de los pequeños que conocieron este misterio, como Santa Bernardita Soubirous y Santa Teresita del Niño Jesús.[4]

Además del sensus fidei de los católicos individuales, usted habla también del sensus fidelium o sentido de los fieles en general, y afirma que «la Iglesia discente [la Iglesia discípula] está sujeta a infalidad pasiva».[5] Es decir, que el Espíritu Santo protege al conjunto de los fieles para que no yerren en lo que creen (o sea, no pierdan la verdadera Fe). ¿En que se basa esta afirmación? ¿La ha enseñado algún teólogo en particular?

Junto con la infalibilidad de la Ecclesia docens para enseñar existe una infalibilidad de la Eclesia discens para creer, porque ni el corpus docendi, que está investido de potestad para enseñar a toda la Iglesia ni la totalidad de los fieles al creer pueden incurrir en error. Si la grey pudiera realmente errar creyendo como Revelación lo que no es tal, se incumpliría la promesa de la asistencia divina a la Iglesia. Santo Tomás de Aquino habla de la infalibilidad de la Iglesia en su conjunto con estas palabras: «Es imposible que yerre el juicio de la Iglesia universal en materia de Fe» (Quodlibet, 9, q. 8 a 1). En 2014, la Comisión Teológica Internacional, presidida en aquel entonces por el cardenal Gerhard Ludwig Müller (ex prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe), publicó un estudio titulado El sensus fidei en la vida de la Iglesia,en el que expone todas las referencias teológicas que fundamentan esta doctrina.[6]

Tengo un par de preguntas con relación a su conferencia de 2018 Tu es Petrus: la verdadera devoción a la cátedra de San Pedro, que reproduce en su libro Love for the Papacy and Filial Resistance to the Pope in the History of the Church.[7]

Como explica en esa conferencia, tenemos que distinguir entre la verdadera y la falsa devoción al Papa, como hizo San Luis María Griñón de Monfort con respecto a Nuestra Señora. Usted ha calificado de papolatría esa falsa devoción al Romano Pontífice. ¿Puede explicarnos este término?

Papolatría es el culto indebido a un hombre que es Vicario de Cristo en la Tierra y debe como tal ser objeto de respeto y admiración. Pero no es el sucesor de Cristo. La papolatria se da cuando se cree que todo cuanto dice y hace el Papa es perfecto e infalible, sin distinguir entre el hombre y la institución que representa. Repudio toda forma de conciliarismo o de galicanismo. Aunque ambos de dichos errores tienen por objeto limitar la autoridad del Romano Pontífice, la papolatría los favorece, porque tiene como consecuencia que se atribuya injustamente al Papa o a la Iglesia la responsabilidad por todos los errores, escándalos y faltas cometidos por los hombres que gobiernan o han gobernado la Iglesia. La Iglesia es divina, pero el Papa no es Dios; es humano, capaz por tanto de pecar y hasta de perder la fe si no corresponde las gracias que ha recibido y no cumple su elevada misión.

¿De dónde surge la falsa devoción de la papolatría? ¿Por qué cree que este error se ha difundido de forma tan virulenta en nuestros tiempos?

No creo que el origen de esta falsa devoción se encuentre en el ultramontanismo del siglo XIX como muchos creen. Los ultramontanos, empezando por Pío IX, conocían bien los límites de la autoridad pontificia. En 1875, en su oposición al canciller Bismarck, los obispos alemanes declararon que el magisterio del Papa y de los obispos «se limita al contenido del Magisterio infalible de la Iglesia en general, y al contenido de la Sagrada Escritura y la Tradición». Pío IX apoyó totalmente esta declaración con su carta apostólica Mirabilis illa constantia dirigida a los obispos alemanes del 4 de marzo de 1875. La papolatría surgió después del Concilio Vaticano II; es un culto hipertrofiado a la persona del Papa que ha ido en paralelo a la humillación del Sumo Pontífice. El 13 de noviembre de 1964 tuvo lugar tuvo lugar un hecho decisivo: Paulo VI depuso su tiara, renunciando a la ceremonia de coronación. En realidad no se trató de un acto de humildad por parte del Papa, sino de una humillación al Papado.

Me gustaría concluir con una nota mariana: sé que es muy devoto de Nuestra Señora, y en particular de su mensaje de Fátima. ¿Qué papel cumplirá a su juicio Nuestra Señora en el restablecimiento de la Tradición en la Iglesia? ¿Cree que dicha restauración está implícita en la promesa de que al final triunfaría su Inmaculado Corazón? (13 de julio de 1917)

La bienaventurada Virgen María es Madre y custodia de la Tradición, porque en su Inmaculado Corazón guarda todas las palabras y enseñanzas de Jesús y las transmite a los Apóstoles. La Fe de todos los siglos encuentra en Ella su más noble cimiento después de Jesucristo, como afirma San Pío X en su encíclica Ad Diem Illum Laetissimum. Dice San Luis María Griñón de Monfort que con el aval del Altísimo en la Gloria María ha conservado la Fe a fin de mantener en la Iglesia Militante a sus más fieles siervos. El triunfo del Inmaculado Corazón de María prometido en Fátima será el triunfo de la Fe y la Tradición de la Iglesia, que resplandecerá una vez más en toda su pureza e integridad, como resplandeció en las tinieblas del Sábado Santo, cuando –como afirman los teólogos– la fe de María compendió la de toda la Iglesia. «Apostolis fugientibus, fides Ecclesiae in beatissima Virgine sola remansit» (al huir los Apóstoles, la fe permaneció sólo en la Santísima Virgen).

[1] Roberto de Mattei,  Apología de la Tradición. 

[2] Íbid.

[3] Íbid.

[4] Benedicto XVI, audiencia general del 7 de julio de 2010.

[5] Roberto de Mattei,  Apología de la Tradición. 

[6] Comisión Teológica Internacional, El sensus fidei en la vida de la Iglesia (2014). Entre los números 22 al 42 hay un resumen histórico del concepto del sensus fidelium y la infalibilidad de la Ecclesia discens o Iglesia que aprende desde la época patrística hasta mediados del siglo XX.

[7] V. Roberto de Mattei, Love for the Papacy and Filial Resistance to the Pope in the History of the Church (Brooklyn: Angelico Press, 2019), pp. 131-156.

(Traducido por Bruno de la Inmaculada)

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