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El espíritu de la Cuaresma y el espíritu del 68

Queridos amigos:

Con frecuencia oímos hablar de secularización. Es un término extendido, de moda. Hay quien la critica y quien, por el contrario, considera la secularización un proceso irreversible al que incluso la misma Iglesia debería adecuarse. Pero mientras que el debate no se sale del plano abstracto de conceptos filosóficos o sociológicos, la secularización es un fenómeno que tiene que ver ante todo con nuestra vida diaria.

Para entender qué es la secularización no hace falta leer un tratado de sociología. Basta con reflexionar sobre la Cuaresma, que acaba de comenzar. La Cuaresma es un tiempo litúrgico de preparación para la Pascua, así como el Adviento es una preparación para la Navidad. Esta época del año, antes se vivía como una especie de retiro importante, que se exigía a todo hijo de la Iglesia, que en cuarenta días de recogimiento y de penitencia se preparaba para la gran festividad pascual. Y para apartar a los cristianos de las atractivas lisonjas efímeras del mundo, durante los cuarenta días de la Cuaresma la Iglesia siempre ha mandado practicar la oración, el ayuno, la limosna y la penitencia.

La Cuaresma se inaugura con la imposición de las cenizas sobre la cabeza de los fieles mientras se les dice: «Recuerda, hombre, que polvo eres y en polvo te convertirás». Se trata de la certeza más absoluta que tenemos, la de la inevitabilidad de la muerte. Aunque hoy en día se ha eliminado la idea de la muerte, el espíritu de la muerte y la cultura de la muerte se ciernen sobre la sociedad en que vivimos, que, desde el aborto hasta la eutanasia produce muerte, inflige la muerte, más de lo que lo haya hecho jamás ninguna otra sociedad. Y esta sociedad no sólo rechaza la idea de la muerte; rechaza la idea misma del sufrimiento. Esto es la secularización: el hombre debe huir de toda forma de sufrimiento para buscar la felicidad, entendida como una pura forma de bienestar psicofísico. Y sin embargo, nunca como en estos tiempos ha sufrido tanto en el hombre en el plano psicofísico. Basta con pensar en la devastadora enfermedad de la depresión, típica del hombre contemporáneo. El hombre deprimido sufre, pero está deprimido porque no sabe dar un sentido a su sufrimiento, y sufrir sin saber por qué es el mayor sufrimiento que pueda haber.

La sociedad secularizada, la sociedad depresiva, desconoce la Cuaresma. Ha desterrado su espíritu, ha desterrado su sentido, porque la Cuaresma da sentido a nuestro sufrimiento al asociarlo al sufrimiento de Dios hecho Hombre, Jesucristo, que nos redimió por medio de sus dolores. Por tanto, la Cuaresma nos llama a la penitencia y al sacrificio mientras que en la sociedad actual todo nos impulsa al placer y al hedonismo. Actualmente, incluso en el Viernes Santo, están abiertos los cines y las discotecas, y se come carne en viernes, desconociendo el sentido de la Cuaresma. Esto es secularismo, esto es secularización. Un proceso que no es espontáneo, sino que ha sido programado deliberadamente para arrancar las raíces cristianas de nuestra sociedad. Hay un proceso revolucionario en curso, con unos ingenieros que lo han planifican, pero que tiene sus orígenes remotos en el fondo de nuestra alma cuando la búsqueda del placer, esto es, de la propia satisfacción, sea física, psicológica o intelectual, sustituye a la búsqueda de la verdad y del bien, búsqueda que en muchos casos supone lucha y sacrificio. Fue éste el principio de la revolución del 68, el principio de la búsqueda del placer, el hedonismo.

Este año se cumplen cincuenta de la revolución del 68. El 68 proclamó la liberación de los instintos frente a toda forma de ascética, de autoridad y dominio de las pasiones desordenadas. En este sentido, la Cuaresma es el antisesentayocho. Es el principio de la ascética cristiana, que se opone al hedonismo pagano de nuestros días. En vez de discutir sobre el secularismo, combatámoslo en nuestra vida diaria. Para el cristiano, la Cuaresma es el tiempo de lucha por excelencia. De esa forma, nos prepararemos para la santa Pascua, que es la resurrección del Señor en nuestra vida y en la de toda la sociedad. No hay necesidad de adoptar una actitud lúgubre o triste. Con alegría, les deseamos una buena Cuaresma.

Roberto de Mattei

(Traducido por J.E.F)




Roberto de Mattei
Roberto de Matteihttp://www.robertodemattei.it/
Roberto de Mattei enseña Historia Moderna e Historia del Cristianismo en la Universidad Europea de Roma, en la que dirige el área de Ciencias Históricas. Es Presidente de la “Fondazione Lepanto” (http://www.fondazionelepanto.org/); miembro de los Consejos Directivos del “Instituto Histórico Italiano para la Edad Moderna y Contemporánea” y de la “Sociedad Geográfica Italiana”. De 2003 a 2011 ha ocupado el cargo de vice-Presidente del “Consejo Nacional de Investigaciones” italiano, con delega para las áreas de Ciencias Humanas. Entre 2002 y 2006 fue Consejero para los asuntos internacionales del Gobierno de Italia. Y, entre 2005 y 2011, fue también miembro del “Board of Guarantees della Italian Academy” de la Columbia University de Nueva York. Dirige las revistas “Radici Cristiane” (http://www.radicicristiane.it/) y “Nova Historia”, y la Agencia de Información “Corrispondenza Romana” (http://www.corrispondenzaromana.it/). Es autor de muchas obras traducidas a varios idiomas, entre las que recordamos las últimas:La dittatura del relativismo traducido al portugués, polaco y francés), La Turchia in Europa. Beneficio o catastrofe? (traducido al inglés, alemán y polaco), Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta (traducido al alemán, portugués y próximamente también al español) y Apologia della tradizione.

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