Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitó de entre los muertos, según mi evangelio, por el cual sufro estas cadenas como un malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada. Todo lo soporto por amor de los elegidos, para que éstos alcancen la salud en Cristo Jesús y la gloria eterna. Verdadera es la palabra: Que si padecemos con Él, también con Él viviremos. Si sufrimos con Él, con Él reinaremos. Si le negamos, también Él nos negará. Si le fuéremos infieles, Él permanecerá fiel, que no puede negarse a sí mismo. (2 Tim. 2, 8-13)

Queridos hermanos, algunos de ustedes preocupados por la situación de la Iglesia, y por la fortaleza de su propia  fe,  se sienten solos en sus inquietudes y preocupaciones. Pero no lo están. Es el momento de pensar cómo estaba el Señor en la Cruz.  ¿Cómo está cada día en  todos  los Sagrarios del mundo? Eso es la soledad. Más nosotros le tenemos a Él siempre dispuesto a hacernos compañía. No te sientas solo.

Junto a la Cruz de Jesús estaba su Madre y la hermana de su madre, María la  de Cleofás, y María Magdalena (Jn. 19, 25). ¿Dónde estaban los demás? ¿Dónde estamos los demás? Recuerda lo que dice San Pablo: el atleta no recibe el premio si no lucha según las reglas (2 Tim. 2, 5). El Señor te ayudará a entenderlo en tu caso particular. Acuérdate de Jesucristo, que resucitó de entre los muertos y es descendiente de David. Esta es la buena noticia que el apóstol  predica, por la cual sufre y está encadenado. Pero, la Palabra de Dios no  está encadenada.

Sigue el apóstol diciendo, y diciéndonos a cada uno, por eso soporto estas pruebas por amor a los elegidos, a fin de que ellos también alcancen la salvación que está en Cristo Jesús, y participan de la gloria eterna. Esta doctrina es digna de fe: Si hemos muerto con Él, viviremos con Él. El mismo San Pablo nos habla y nos alienta en nuestro esfuerzo por seguir viviendo la fe y  mantenerla viva.

El Señor nos da libertad para hacer el  bien o para hacer  el mal, nosotros elegimos. Pero se da el caso de que el que obra solamente el bien y nos deja hacer libremente, a ese se  le recrimina, se  le cuestiona Su enseñanza, se le pone en entredicho. Es el tiempo de construir lo que otros destruyen. La enseñanza del Señor se mantiene viva, actual, porque es perenne.

Te preguntarás, ¿quién me confirma en la fe? Estoy solo. Te confirma en la fe la tradición de la Iglesia católica, las Sagradas Escrituras, el Magisterio. La fuerza de la Palabra de Dios cuando condena el pecado de sodomía, o el de adulterio. Lo dice el Señor,  nuestro Dios. Es la Palabra de Dios, está en las Sagradas Escrituras. ¿No estaba solo San Pablo? ¿Tuvo miedo? ¿Qué miedo hemos de tener? Nadie nos puede cerrar la boca, porque el Señor está con nosotros, porque predicamos Su Palabra divina, su Palabra de vida eterna. Los Apóstoles murieron por amor a Dios. ¿Vamos nosotros a asustarnos? Este tiempo no es peor que el de San Pablo, que denunció a los que vivían en pecado. ¿Y nosotros nos asustamos ante un grupo de Pastores que pretende asustarnos?

Hemos de alzar la voz para decir la Verdad, cada uno en el lugar que le corresponde, y de la forma que el Señor quiere que lo hagamos. Tenemos que evangelizar. ¿Evangelizar? Sí. Todo lo que la Iglesia nos enseña en la tradición, el Catecismo, las Sagradas Escrituras. Porque si no, sólo encontraremos la palabra del hombre y no la Palabra de Dios. Conocemos la Palabra de Dios, el Señor nos la muestra en el Magisterio de la Iglesia que hemos recibido, y quiere que la llevemos a los demás.

Queridos hermanos, actualmente da la sensación que el Señor ha soltado las riendas de la Iglesia, pero Él nunca las ha soltado. Estos tiempos no son peores a otros. No podemos quejarnos  cuando hermanos nuestros mueren mártires por la fe. Hemos de encabezar una lucha con la Palabra.  Y en el Santo Sacrificio de la Misa encontramos la fuerza. En nada debe importarnos el mundo y sus pobres  poderes, porque el  Señor está con quienes defienden Su Palabra y Su Verdad. El que está angustiado es que mira a la tierra y no al Cielo.

Te preguntarás, ¿Cómo sé que actúo según la Voluntad de Dios, si me encuentro solo y sin apoyos de nadie? Pues, porque el Señor está con nosotros, y, además, nos avisa del peligro. La Iglesia nos dice perfectamente lo que está bien y lo que está mal. La autoridad incuestionable de la TRADICIÓN. Aquí tienes la respuesta. Sigue la fe que la tradición nos ha legado, y el Señor estará contigo.

Es tiempo de predicar la Palabra de Dios, las enseñanzas que hemos recibido que, inalterables, permanecen tan actuales ayer, como hoy y como mañana. Es tiempo de luchar con nuestra  palabra, es tiempo de correr nuestra carrera sin medir el esfuerzo, es tiempo de pensar sólo en la corona final.

Este es el tiempo de construir lo que otros destruyen.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa.