“Et Verbum caro factum est”

I. El 25 de marzo la Liturgia de la Iglesia celebra la Anunciación de la Virgen María, fiesta que este año de 2024 se traslada al 8 de abril al coincidir con la Feria Segunda (Lunes) de la que llamamos Semana Santa porque en ella se celebra la memoria de los más grandes misterios que Jesucristo obró por nuestra redención, comenzando por su entrada triunfal en Jerusalén y continuando con su pasión, muerteen Cruz y Resurrección.

La Encarnación de Jesús es inseparable de los demás misterios que celebramos en Semana Santa y en todo el tiempo de Pascua porque Jesucristo se encarnó para salvarnos reconciliándonos con Dios. Muchas veces se dice en la Escritura que el Verbo se encarnó para salvarnos del pecado y los Santos Padres dan todos por supuesto que el motivo de la encarnación fue la redención del género humano.

«En el presente orden de cosas, o sea, en virtud del presente decreto de Dios, la encarnación del Verbo se ordenó de tal modo a la redención del género humano, que, si el hombre no hubiera pecado, el Verbo no se hubiera encarnado. (Sentencia más común y probable)[1]».

En el mismo momento en que la Virgen María dio el consentimiento para ser madre de Dios diciendo: «He aquí la Esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra» (Lc 1, 38), la segunda Persona de la Santísima Trinidad se encarnó en sus entrañas, tomando cuerpo y alma, por obra del Espíritu Santo.

«Mas lo que excede al orden de la naturaleza y toda inteligencia humana, es que en el mismo instante en que la bienaventurada Virgen, dando su consentimiento a las palabras del Ángel, dijo: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según vuestra palabra”, en ese mismo fue formado el santísimo Cuerpo de Cristo, y se le juntó el alma adornada del uso de la razón, y así en un mismo momento fue perfecto Dios y perfecto Hombre. Y que esto hubiese sido una nueva y admirable obra del Espíritu Santo, nadie lo puede dudar, porque ningún cuerpo puede, según el orden de la naturaleza, ser informado por el alma racional, sino dentro de cierto determinado espacio de tiempo.

Pero lo que aún es digno de mayor admiración es que luego que el alma se juntó con el cuerpo, se unió asimismo la Divinidad con el alma y el cuerpo, de suerte que en el momento mismo en que el cuerpo fue formado y animado, se juntó también la Divinidad con el alma y el cuerpo: de donde se infiere que en un mismo instante de tiempo era perfecto Dios y perfecto hombre, y que en ese mismo la Virgen Santísima se llamaba propia y verdaderamente Madre de Dios y del hombre, porque en el mismo instante concibió a Dios y al hombre»[2].

Contemplar la Encarnación del Hijo de Dios, nos lleva a considerar que la Virgen María es Madre de Dios, puesto que engendró según la carne al Verbo de Dios encarnado. En Cristo hay dos naturalezas (divina y humana) pero una sola Persona, la Persona divina del Verbo. Y como Maria fue Madre de la persona de Jesus, hay que llamarla y es en realidad propia, real y verdaderamente Madre de Dios.

Todos los dones, gracias y privilegios que le fueron concedidos a Maria, lo fueron en orden a su condición de Madre de Dios. El hecho más grande y trascendental de la vida de Maria, que fundamenta y explica todos los demás, es su divina maternidad, que por medio de Ella, Jesucristo ha recibido la naturaleza humana.

II. Además, la Santísima Virgen María tiene una intervención propia en la obra de la Salvación en relación con nosotros, los miembros del Cuerpo místico de Cristo que es la Iglesia, como Madre de la Iglesia y Madre espiritual de toda la humanidad, porque en la Cruz Jesús dio su sangre por todos, y desde la Cruz a todos nos encomendó a los cuidados maternos de la Virgen María.

Por la maternidad virginal de santa María, Dios entregó a los hombres los bienes de la salvación eterna  y por medio de Ella sigue llegando a los hombres la gracia que es la misma vida divina en nosotros, la nueva vida de los hijos de Dios que se inicia con el Bautismo, nuestra filiación divina.

«Dios, que por la fecunda virginidad de la bienaventurada Virgen María diste al género humano los premios de la eterna salvación, haz te rogamos, que experimentemos en nosotros la intercesión de Aquella, por quien merecimos recibir al Autor de la vida, Jesucristo nuestro Señor…»[3].

Por el Bautismo, no somos simples criaturas sacadas por Dios de la nada, sino hijos de su amor. ¡Para esa obra de la Redención y de nuestra elevación a la condición de hijos de Dios, la Omnipotencia divina hizo de una mujer su propia Madre! Por eso procuremos ajustar nuestra vida a la dignidad de nuestra vocación cristiana de hijos de Dios.

III. Al rendir culto a Nuestra Señora, nos dirigimos a Ella con confianza de hijos, para que nos ayude a vivir santamente; para que nos impulse a la conversión cuando caemos; para que interceda ante su Hijo y nos alcance las gracias necesarias para crecer en amor de Dios y a nuestro prójimo, siendo así fieles testigos del Evangelio con nuestras palabras y, sobre todo, con nuestras obras.

«Dios, que al anuncio del Ángel quisiste que tu Verbo tomase carne en el seno de la Santísima Virgen María, accede a nuestras humildes súplicas, y pues la creemos verdaderamente la Madre de Dios, seamos por su intercesión ayudados ante Ti. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor…» (Ibíd, 1125. Oración del 25 de marzo).


[1] Antonio ROYO MARÍN, Jesucristo y la vida cristiana, Madrid: BAC, 1961, 33.

[2] Catecismo Romano promulgado por el Concilio de Trento. Comentado y anotado por el R.P. Alfonso Mª Gubianas, O.S.B. Barcelona: Editorial Litúrgica Española, 1926, I, 4, 4.

[3] Eloíno NÁCAR FUSTER; Alberto COLUNGA, Misal ritual latino-español y devocionario,              Barcelona: Editorial Vallés, 1959, 118. Oración del 1 de enero.

Padre Ángel David Martín Rubio
Padre Ángel David Martín Rubiohttp://desdemicampanario.es/
Nacido en Castuera (1969). Ordenado sacerdote en Cáceres (1997). Además de los Estudios Eclesiásticos, es licenciado en Geografía e Historia, en Historia de la Iglesia y en Derecho Canónico y Doctor por la Universidad San Pablo-CEU. Ha sido profesor en la Universidad San Pablo-CEU y en la Universidad Pontificia de Salamanca. Actualmente es deán presidente del Cabildo Catedral de la Diócesis de Coria-Cáceres, vicario judicial, capellán y profesor en el Seminario Diocesano y en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas Virgen de Guadalupe. Autor de varios libros y numerosos artículos, buena parte de ellos dedicados a la pérdida de vidas humanas como consecuencia de la Guerra Civil española y de la persecución religiosa. Interviene en jornadas de estudio y medios de comunicación. Coordina las actividades del "Foro Historia en Libertad" y el portal "Desde mi campanario"

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