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Otro Evento de C.C.M.V.D – Francisco/Ortodoxos en Cuba – Actualización

El ecumenismo no es realmente una unión de religiones. Es la unión de sentimentalistas sin doctrina que se encuentran dentro de varias religiones, cuyo principio de unidad es C.C.M.V.D. (Cualquier Cosa Menos Verdadera Doctrina).

Actualmente, el ejemplo más visible de la actividad C.C.M.V.D es la enormemente publicitada reunión entre el papa Francisco y el patriarca ortodoxo Kirill de Moscú. El encuentro ocurrió en el aeropuerto internacional José Martí de La Habana, el 12 de febrero, en una breve escala previa a la visita del Papa a México.

Francisco, siguiendo el principio de unidad de C.C.M.V.D que emana del Vaticano II, no tiene intención de llamar a los ortodoxos a una “reunión corporativa formal”[1] basada en la doctrina perenne de la Iglesia. En noviembre 2014, sujeto a la visión ecuménica post-Conciliar, Francisco dijo en cuanto a los ortodoxos, “el restablecimiento de la comunión… no significa ni sumisión del uno al otro, ni absorción.[2]

En otras palabras, Francisco no ve necesaria la sumisión doctrinal o jurisdiccional de los ortodoxos al Vicario de Cristo en la tierra, el cual la Iglesia siempre insistió que es el principio de unidad.

En cambio, la operación C.C.M.V.D de hoy es un “viaje”, un “caminar juntos”, hacia una “comunión” indefinida que, según palabras de Francisco, implica “aceptar los dones que Dios nos dado a cada uno de nosotros.”

Compare este enfoque sentimentalista con la clara doctrina del papa San Pío X.

“Será en vano…”

El papa San Pío X dijo específicamente que es necesario que los ortodoxos cismáticos regresen a la Iglesia Católica para la unidad y la salvación.

En la poco conocida encíclica Ex Quo de 1910, Pío escribió que todo trabajo por la reunión de los ortodoxos cismáticos “será en vano a menos que primero, y por sobre todo, ellos [los ortodoxos del Este] sostengan la verdadera y completa fe católica tal como se nos ha transmitido y consagrado en las Sagradas Escrituras, la tradición de los padres, el consentimiento de la Iglesia, concilios generales y los decretos de los Sumos Pontífices.”

San Pío X rogó que Dios ““apresurara el día en que las naciones del Este volvieran a la unidad católica y, unidas a la Sede Apostólica, después de abandonar sus errores, entraran al puerto de la salvación eterna.”[3]

Vemos que San Pío X reitera que los ortodoxos orientales:

1.
 Sostienen enseñanzas heréticas que deben abandonar;

2.
 No están unidos a la verdadera Iglesia de Jesucristo debido a su cisma;

3.
 No llegarán al puerto de la salvación a menos que abandonen sus errores y se unan a la única y verdadera Iglesia de Jesucristo, sometiéndose a la legítima autoridad apostólica del papado.

Las palabras de Pío concuerdan con la enseñanza católica de todos los tiempos.

Nuestro Señor dio a Sus Apóstoles el mandato de “id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos” para traer a todas las personas dentro de la única y verdadera Iglesia que Jesucristo fundó. El ecumenismo hace lo contrario. Tal como se lamentó el eminente teólogo, el padre Edward Hanahoe, en 1959, el ecumenismo de hoy tiene el efecto de “perpetuar el estado de separación, sirviendo más para mantener a la gente fuera de la Iglesia que para traerla dentro.”[4] Esto deja a las almas de los no católicos en un grave peligro.

Ya desde 1865, el Santo Oficio del papa Pío IX insistía en que la unión debe estar basada únicamente en la verdad — es decir, el cuerpo completo de la verdad enseñada por la Iglesia. El Santo Oficio advirtió a los gremialistas anglicanos de aquellos tiempos, “…deben tener cuidado no sea que al buscarla [unidad], se alejen del camino.[5]

El Cardenal de Inglaterra Henry Edward Manning, al comentar este texto, observó, “…tal como afirma el Santo Oficio, no hay unidad sin verdad. La verdad primero, la unidad después, la verdad es la causa, la unidad el efecto. Invertir este orden es derrocar el procedimiento Divino. La unidad de Babel terminó en confusión; la unidad de Pentecostés fusionó todas las naciones en un Cuerpo y un dogma de fe….sólo la Verdad genera unidad.[6]

El ecumenismo C.C.M.V.D suele buscar una temática secundaria o terciaria que sirve de principio de unidad sustituto. Tal es así que los encuentros pan-religiosos de Juan Pablo II en Asís proclamaban “oraciones por la paz” como principio de unidad de C.C.M.V.D.  Ambos, el papa Juan Pablo II y especialmente el papa Benedicto XVI establecieron un “testigo común” como principio de unidad C.C.M.V.D entre católicos y el judaísmo contemporáneo.

Siguiendo los pasos de estos pontífices revolucionarios, en noviembre de 2014 el papa Francisco listó tres puntos de potencial intersección C.C.M.V.D entre católicos y ortodoxos provenientes de diversas voces del mundo de hoy. Éstas son:

1.
 “La voz de los pobres,” aquellos que “sufren por grave malnutrición… el alto porcentaje de jóvenes sin trabajo…,” la defensa de la “dignidad de seres humanos,” y otros intereses humanistas similares a fin de construir una nueva e indefinida “civilización de amor y solidaridad.”

2.
 “Víctimas de los conflictos… cualquier tipo de violencia… una guerra atroz e inhumana” que nos impulsa a avanzar diligentemente “por el [indefinido] camino de reconciliación y comunión entre católicos y ortodoxos.”

3.
 El llanto de los “jóvenes” que “viven sin esperanza” y se encuentran “vencidos por la desconfianza y la resignación,” y recurren al materialismo y a la “satisfacción de las emociones del momento.” Francisco prosigue felicitando a los jóvenes que congregan en la Comunión Ecuménica de Taizé, un lugar donde una “multitud de jóvenes ortodoxos, católicos y protestantes” se reúnen. “Y esto,” celebra, “no porque ignoren el significado de las diferencias que aún nos separan, sino porque saben ver más allá… son capaces de percibir lo esencial que ya nos une, que es tanto, Santidad.”[7]

En este meritorio palabrerío de sentimentalismo C.C.M.V.D, Francisco niega efectivamente los principios de unidad católica enseñados por el Cardenal Manning y San Pío X: “No hay unidad sin verdad. La verdad primero, la unidad después, la verdad es la causa, la unidad el efecto. Invertir este orden es derrocar el procedimiento Divino.”

Según los reportes de noticias previos al evento, el principio C.C.M.V.D. que impulsaba la reunión Francisco-ortodoxos, era la “afinidad” en relación a la “persecución de cristianos de varias regiones del mundo” — similar al punto #2 de arriba (aunque la “Declaración Conjunta,” que discutiremos brevemente luego, cubre más que esto). El conjunto de esfuerzos para combatir las actuales persecuciones de cristianos no es una empresa no loable, pero representa poco la necesaria unidad de fe reiterada por el papa Pío X.

Es cierto que puede argumentarse que esta reunión podría ser un primer paso en la conversión de los ortodoxos a la unidad católica, pero Francisco directamente evade este objetivo, como lo hizo todo el impulso ecuménico a partir del Vaticano II, manifestado especialmente en la infame Declaración de Balamand de 1993. De hecho, los ecos de la declaración de Balamand resuenan en la Declaración Conjunta de Francis/Kirill.

Una “Eclesiología Obsoleta”

En cuanto a la unión católicos-ortodoxos, Francisco mencionó en 2014 el anhelo de una “profesión de fe común,” un término que, a la luz de fiascos ecuménicos tales como la “Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación” católico-luterana, perdió todo sentido.  Mientras expresa el deseo de “comunión con las Iglesias ortodoxas,” insiste, como hemos dicho, en que “el restablecimiento de la comunión… no significa ni sumisión del uno al otro, ni absorción.”

Francisco parece seguir la línea de conducta C.C.M.V.D enunciada por la pérfida Declaración de Balamand de 1993.[8] Este documento de la Comisión Conjunta Internacional, que trabaja directamente sobre los nuevos medios para la unidad con los ortodoxos, establece que gracias a que “han cambiado radicalmente las perspectivas y, en consecuencia, las actitudes” maquinadas por el nuevo enfoque Vaticano II, la Iglesia Católica formará a los sacerdotes para “allanar el camino para las futuras relaciones entre las dos Iglesias, que pasa más allá de una eclesiología obsoleta de retorno a la Iglesia Católica.” (#30)

El documento también afirma que la Iglesia Católica y la Ortodoxa “se reconocen entre sí como Iglesias hermanas, ambas responsables por mantener la Iglesia de Dios fiel a su propósito divino.”  (#’s 12 & 14)

En otra parte, este documento establece que a la luz de que la Católica y la Ortodoxa son consideradas “Iglesias Hermanas”, el “apostolado misionero” que busca conversiones de la Iglesia Ortodoxa a las de Rito Oriental en la Iglesia Católica “que se ha llamado ‘uniatismo,’[9] ya no será aceptado ni como método a seguir ni como el modelo de unidad que nuestras Iglesias están buscando.” (#12)[10]

Por lo tanto, la doctrina verdadera enunciada por San Pío X resulta despreciada como eclesiología obsoleta que ya no tiene lugar dentro del nuevo entendimiento de las “Iglesias Hermanas” Católica-Ortodoxa. Esta es una manifestación del error modernista que sostiene que varios aspectos de la verdad católica pueden cambiar de una época a otra.

Lo peor de todo es que, esta infame Declaración de Balamand recibió una muy favorable mención en la encíclica Ut Unum Sint de Juan Pablo II. (#60)

La Política “Anti-Conversión”

Durante décadas, el Vaticano post-Conciliar ha encontrado difícil abrazar la “vida ecuménica” que estas nuevas actitudes demandan. Siendo la primera el que todo rastro de proselitismo – trabajar por convertir a los ortodoxos al catolicismo — debe detenerse. Los ecuménicos C.C.M.V.D de la Roma de hoy consideran esta renuncia como crucial para demostrar a los líderes ortodoxos que el nuevo principio del clero católico “unidad en la diversidad” no demanda a los ortodoxos convertirse al catolicismo para su salvación.

En otras palabras, durante décadas, los sacerdotes han sido ordenados por el Vaticano para desalentar la conversión de los miembros ortodoxos al catolicismo, para no quedar mal con el clero cismático.

Esta “nueva misión” de la  “anti-misión” tiene un efecto desastroso.

John Allen, editor de Crux Now escribió el 5 de febrero: “… un estudio del 2002 descubrió que se dieron sólo 800 conversiones en toda la década de 1990. Mientras tanto, el cristianismo evangélico y pentecostal explotó en Rusia, tanto que un libro de 2012 se refirió a ello como ‘fiebre del oro post-Soviética’.”

Allen continúa, “en los años 2000, en otra señal de apaciguamiento, el Vaticano impuso una política informal de ‘no-crecimiento’, instruyendo a los pastores que dijeran a cualquier ruso que quisiera convertirse al catolicismo que regrese a su parroquia ortodoxa.”[11]

Este es el precio pagado por los líderes ecuménicos, que posan como clérigos católicos, por su tan ansiada reconciliación en la forma de fugaz encuentro con un metropolitano cismático en un aeropuerto cubano.

La prensa asegura que esta reunión ha sido planeada durante dos años, pero que los preparativos llevaron más tiempo aún. La reunión es fruto de la traición sistemática de almas católicas (y potencialmente católicas) en Rusia y otros lugares durante décadas: hombres, mujeres y niños rechazados por la Iglesia Católica y empujados de nuevo a los brazos de una empresa cismática — o peor, terminando en las garras de protestantes “Evangélicos y Pentecostales” cuyos números han explotado en Rusia desde que el clero católico lanzó su política anti-conversión.

La Declaración Conjunta

La Declaración Conjunta firmada por el papa Francisco y el Metropolitano Kirill el 12 de febrero contiene más elementos católicos que las declaraciones pan-religiosas emanadas de otros encuentros ecuménicos, como las reuniones del Espíritu de Asís.  La Declaración comienza con una nota de veneración a la Santísima Virgen María, y habla de las creencias compartidas como la de la Trinidad y la Eucaristía.

El impulso del documento es predeciblemente ecuménico, con un foco en ser “testigos comunes” del Evangelio, y tratando varios problemas que enfrenta la humanidad. Lamenta la persecución de cristianos en Medio Oriente, el norte de África y otros lugares, el aprieto de “millones de migrantes y refugiados que tocan a las puertas de los países ricos,” el “consumismo,” las amenazas a la “libertad religiosa,” la “hostilidad en Ucrania” y otros males.

La Declaración también repite el mantra post-Conciliar, “El diálogo interreligioso es indispensable en nuestros tiempos inquietantes.” (Recordamos al lector que la palabra “diálogo” no aparece en ningún documento de la Iglesia previo al Vaticano II – representa una orientación completamente nueva).

Algunas organizaciones pro-vida celebran la aparente defensa del verdadero matrimonio en la Declaración, así como el llamado a respetar el derecho inalienable a la vida de todas las personas, incluyendo los no nacidos (#s 20-21). Sin embargo, para mí, este aspecto positivo de la Declaración se encuentra empañado por el hecho de que desde los tiempos del Concilio, el Vaticano ha permitido – y continúa permitiendo – que los políticos católicos que apoyan el aborto, la experimentación embrionaria, la eutanasia y los matrimonios del mismo sexo continúen siendo católicos respetables con acceso total a los sacramentos.

Considero que ningún católico puede tomar seriamente esta sección aparentemente pro-vida de la Declaración hasta que el Vaticano respalde sus elevadas declaraciones con la implementación del Canon 915 existente, que prohíbe que los políticos católicos a favor del aborto y de la homosexualidad reciban los sacramentos. [12] Actualmente, las jerarquías del Vaticano y las nacionales ignoran la ley vigente en la Iglesia, y hacen de cuenta que este importante Canon no existe.

A menos que las bellas palabras de la Declaración Conjunta sean respaldadas con actos correctivos correspondientes por parte de la jerarquía, las palabras son poco más que decoración de vidrieras para apuntalar otra celebración ecuménica más.

Finalmente, observamos que la Declaración Conjunta del 12 de febrero reitera la nueva política de no-conversión: “Hoy en día es obvio que el método de “la unión” de los siglos pasados que implica la unidad de una comunidad con la otra a costa de la separación de su Iglesia, no es la manera de restaurar la unidad.” (#25). Esto hace eco de la infame Declaración de Balamand ya mencionada.

La reunión “histórica” no es un gran hito. Es probable que cualquier Papa de los últimos 1000 años habría conseguido algún tipo de reunión con el patriarca ruso de estar dispuesto a renunciar al punto central de la verdad, que los ortodoxos “vuelvan a la unidad católica y, unidas a la Sede Apostólica, después de abandonar sus errores, entren al puerto de la salvación eterna.”[13]

Muchos en la Iglesia pueden estar celebrando el encuentro C.C.M.V.D entre Francisco y Kirill, pero yo no puedo.

Francisco puede seguir parloteando acerca de la “diversidad reconciliada” de su ecumenismo C.C.M.V.D, pero a mí no me engaña.

Toda esta empresa es un fraude de pies a cabeza, construido sobre las almas carbonizadas de aquellos rechazados por el catolicismo en base a una falsa unidad completamente ajena a la de la Iglesia de Jesucristo.

John Vennari 

[Traducido por Marilina Manteiga. Artículo original.]

Texto completo de la Declaración Conjunta.

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[1] Palabras utilizadas por el padre Edward Hanahoe en Ecumenismo Católico, Una Disertación, padre Edward Francis Hanahoe, S.A., S.T.L. [Washington: Catholic University of American Press, 1953], p. 124.

[2] “Papa Francisco: busco la comunión con los ortodoxos,” Radio Vaticana, 30 de noviembre de 2014.

[3] Ver Ex Quo, por el papa San Pío X, 26 de diciembre de 1910.

[4] One Fold: Ensayos y Documentos para Conmemorar el Jubileo de Oro de la Octava de la Silla de Unidad, 1908-1958. Del ensayo, “Que todos sean uno”  por el padre Francis Connell, C.SS.R., S.T.D., LL.D. [Graymoor: Chair of Unity Apostolate, 1959],p. 121.

[5] Santo Oficio, Quod vos, ASS, 667.Traducción al ingles por el cardinal Henry Edward Manning, Inglaterra y Cristianismo (London: Longmans, 1867), p. 346. Citado de Ecumenismo Católico, Una Disertación, padre Edward Francis Hanahoe, S.A., S.T.L. [Washington: Catholic University of American Press, 1953], p. 62.

[6] . Citado de Ibid, p. 65

[7] “Papa Francisco: busco la comunión con los ortodoxos” (ver nota #2).

[8] “Comisión Internacional Conjunta para el Diálogo Teológico entre la Iglesia Católica Romana  la Iglesia Ortodoxa,” Balamand School of Theology (Líbano), 17 – 24 de Junio, 1993 (sitio web del Vaticano).

[9] “Unisimo” o “Uniatismo” es el término dado a los católicos del Rito Oriental que mantienen sus tradiciones litúrgicas, sacramentales y eclesiásticas (La Liturgia Divina de San Juan Crisóstomo,” etc) y se han unido formalmente a la Santa Sede.

[10] .Negritas fueron agregadas.

[11]  “Por qué ocurre finalmente una reunión entre el Papa y el patriarca ruso,” John Allen, Crux News, 5 de febrero de 2016 [negritas agregadas].

[12] Canon 915, “No deben ser admitidos a la sagrada comunión los excomulgados y los que están en entredicho después de la imposición o declaración de la pena, y los que obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave.” El Cardenal Raymond Burke es uno de los pocos prelados que llaman a la observancia de este Canon en el caso de los políticos pro-abortistas, tal como dijo públicamente respecto a los políticos católicos de Irlanda que apoyan el aborto, y la pro-abortista “católica practicante” Nancy Pelosi. Acerca de Pelosi, el Cardenal Burke dijo en 2013, “Ciertamente este es un caso en que debe aplicarse el Canon 915, se trata de una persona que obstinadamente, luego de varias advertencias, persiste en un pecado grave — cooperando con el crimen del aborto — y aún profesa ser una católica devota.” Burke dijo que este es un ejemplo claro de lo que el papa Juan Pablo II “refirió como la situación de católicos que separaron la fe de su vida pública y no sirven a sus hermanos y hermanas como debieran – salvaguardando y promoviendo la vida de los inocentes e indefensos no nacidos, salvaguardando y promoviendo la integridad del matrimonio y la familia.” (The Wanderer, September, 2013)

[13] Dejaré asentado que soy consciente de los siglos de problemas y hostilidades surgidos entre católicos y ortodoxos, y no intento minimizarlos. Sin embargo, Pío X reiteró el principio de unidad irreemplazable que es central y no puede ser ignorado. Debieran realizarse todos los actos prudentes que podamos para hacer esta reunión posible, aunque parezca difícil.




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