ADELANTE LA FE

¿Tu Fe se enriquece con otras creencias?

No escuchéis lo que os profetizan los profetas. Os engañan. Lo que os dicen son visiones suyas, no proceden de la boca del Señor. Jer. 23, 16.

Queridos hermanos, nos encontramos ante lo que bien podríamos llamar borrachera de diálogo-interreligioso; y como suele ser en estos casos “etílicos”, muchos desvarían en lo que dicen. Oímos cosas, propias de quien no está con plena lucidez. Este asunto, totalmente desbordado, alocado, que llega a lo esperpéntico, no deja de dar continuos titulares bochornosos, que nos avergüenzan por su ofensa a la Verdad del único Dios Creador, la Santísima Trinidad: Dios padre Todopoderoso, fuente de todo origen; Hijo Todopoderoso, Palabra eterna del Padre, y Espíritu Santo Todopoderoso, amor del Padre y del Hijo.

La motivación que me ha empujado a escribir estas líneas ha surgido tras la finalización de mi santa Misa votiva de los Ángeles. Hacía mucho tiempo que no la oficiaba, y ha sido para mí un inmenso gozo, pues ellos –todos los coros angélicos, y en especial mi Ángel de la guarda, San Miguel Arcángel que me libra de los espíritus malignos, y el Arcángel San Rafael que me protege en mis desplazamientos- me han “hablado” de la inmensidad, infinitud y gloria de nuestro Dios.

Es importante hacer hincapié el texto del Apocalipsis (5, 11-14) que se lee en la Epístola de esta Misa: En aquellos días, oí la voz de muchos Ángeles en derredor del trono y de los animales y de los ancianos, y su número era de millares, los cuales decían en voz alta: ¡Digno es el Cordero, que ha sido sacrificado, de recibir el poder, y la divinidad, y la fortaleza, y el honor, y la gloria! Y a todas las criaturas que hay en el cielo, y sobre la tierra, y en el mar; a cuantas hay en él, a todas les oí decir: ¡Al que está sentado en trono y al Cordero, bendición y honra, y gloria, y potestad por los siglos de los siglos!  Y los cuatro animales respondían: Amén. Y los veinticuatro ancianos se postraron y adoraron a Aquel que vive por los siglos de los siglos.

Basta meditar un poco este  texto maravilloso, misterioso, lleno de sabiduría divina, de profunda ciencia teológica, texto que excita la fe, la fortalece, la enriquece. Texto que penetra en el alma zarandeándola por la belleza del misterio de amor y poder de nuestro Dios, que inflama el corazón de deseos de amar a Dios. Texto que nos ha de llenar de compunción por nuestros viles pecados que han llevado al matadero al Cordero divino, y a la vez de gozo indescriptible por el poder del Cordero, que resucitado, reina eternamente en el Cielo.

Queridos hermanos, ¿han pensado en el misterio de la frase: El Cordero que ha sido sacrificado? Es meditar en la Obra de Redención de Dios, Uno y Trino; en la Encarnación del Verbo de Dios; en la vida de Nuestro Señor Jesucristo, en su Pasión, muerte y Resurrección. Es meditar, a su vez, en el misterio de la Iglesia, en el misterio de los medios de salvación del alma –los santos sacramentos-, el misterio de la Revelación divina, el misterio de la fe. Toda esta grandeza de Dios la podemos resumir en el Amor, el Amor infinito de Dios Padre que ha sido capaz de entregarnos al Cordero para que sea sacrificado por la salvación de todos los hombres. Es tal el misterio del Amor de Dios, que toda la eternidad será insuficiente para penetrarlo. Sólo en el Cielo podremos extasiarnos de tal grandeza de Amor, de tal belleza de la Obra Redentora, de la grandeza e omnipotencia de nuestro Dios que, sin principio ni fin, todo lo puede, todo lo transforma y todo lo crea; y  todo la Creación está bajo su Providencia.

Recuerda el texto: ¡Al que está sentado en trono y al Cordero, bendición y honra, y gloria, y potestad por los siglos de los siglos! Aquí se hace referencia al que está sentado en el trono, es decir, se pone a un mismo nivel a Dios Padre y al Cordero, cuya divinidad se proclama. Estamos ante una alabanza universal, cósmica, en honor al Cordero, alabanza que abarca todo el texto, y versículos anteriores. Todo el cosmos ha de alabar al Cordero de Dios, al Cordero que ha sido sacrificado.

No es cuestión de hacer una exégesis del texto, sino sólo  de darnos cuenta de la grandeza y sabiduría de Dios, su misterio infinito que todo lo abarca y comprende. Siendo así la realidad de nuestro Dios, del Cordero, ¿puede alguna otra creencia añadir algo al misterio de Amor infinito de nuestra fe católica? ¿Puede alguna religión extraña a la católica aportar una brizna de conocimiento a la Sabiduría infinita? ¿Puede algún católico que se ha adentrado en este profundo misterio de Amor de Dios, del Cordero que ha sido degollado, encontrar riqueza en otra religión  o creencia? ¿Quien posee el Tesoro más valioso se preocupará por un trozo de latón?; ¿Quien posee la Belleza infinita se preocupará por embellecerse más? ¿Quién tiene la Sabiduría infinita buscará complementarse con algún pobre conocimiento?

Queridos hermanos, ¿si de verdad tienen fe, si de verdad han meditado el misterio de Amor infinito del Cordero que ha sido degollado, si de verdad  han quedado consternados ante el Amor de Dios y su Omnipotencia, ¿cómo pueden pensar que su fe pueda enriquecerse con otras creencias? No. El Cordero de Dios no se complementa con falsas creencias y religiones. Él es el Alfa y el Omega. Él es el único que da sentido a todo lo creado, y todo lo creado tiene sentido en Él, y a Él tiende. Todo sistema de pensamiento sino converge en el Cordero y lleva a Él, de nada sirve, sino para ser tirado. Él es la plenitud absoluta; es la plenitud del  alma; es la plenitud de nuestra existencia.

Sólo en nombre de Jesús es suficiente para llenar de gozo al hombre,  satisfacer todas sus necesidades, sus aspiraciones, sus preguntas y dudas, es la respuesta al sufrimiento, al dolor. El nombre de Jesús es la plenitud del hombre. Es el Cordero que ha sido degollado que reina en el cosmos y el mismo cosmos se inclina ante Él, y todos los vivientes, todo lo creado. Y el Cordero se ha quedado entre nosotros, y ya lo tenemos TODO.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo “Mysterium Fidei” sobre la Misa tradicional.