ADELANTE LA FE

Fiesta de la Inmaculada Concepción

Eres toda hermosa, amada mía, y no hay mancha alguna en ti. Cant. 4, 7.

Queridos hermanos, hoy se celebra la fiesta más grande de la Santísima Virgen María, el dogma más gozoso y hermoso, la Inmaculada Concepción de María. María fue concebida sin pecado original. Misterio entre los misterios. Grandeza entre las grandezas. Reinado entre los reinados. Madre entre las madres. Virgen entre las vírgenes. Pura entre las azucenas. Bellas sin parangón. La toda llena de Gracia, esa es María nuestra Madre, y  Madre de la Iglesia. La Concepción Inmaculada de María, necesaria para su divina maternidad, es el misterio de María. Ella es un misterio de amor insondable, inabarcable e inagotable. Nunca será bastante lo que se diga de Ella, y siempre será poco. Nunca sin María.

El  8 de diciembre de 1854, el beato Pío IX, confirmado en su designio por 484 respuestas claramente conformes del episcopado entre 543 recibidas (sólo 18 rechazaban la definición), procede a la solemne proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción de María. La significación y alcance de la solemnidad de este día brilla a los ojos de todos. En este día los homenajes de la Iglesia Católica suben al Cielo impregnados de la fe en la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios. Hoy el Cielo goza especialmente, la Iglesia militante exulta de alegría por tal solemnidad, y en el Infierno hay una consternación absoluta.

Fiesta en el Cielo.

¿Con qué inefable mirada de amor no mirará el Padre Eterno a su Hija predilecta? Dios Hijo le dirige los conmovedores nombres del Cantar de los Cantares: hermana mía, esposa mía, mi única amada, complaciéndose en ver en Ella a su digan Madre, asociada con Él a la Obra de Redención, Corredentora con su Hijo. El Espíritu Santo admira las riquezas de las cuales, con su gracia, ha llenado el templo vivo escogido por Él para establecer su morada predilecta.

Los ángeles, los arcángeles, los nueve coros de los espíritus celestiales acuden a presentarle sus homenajes como a su gloriosa Reina, y bendicen a Dios por no haber permitido en ella la menor mancha. Podemos imaginar al arcángel San Gabriel y los arcángeles repitiendo con sumo respeto: Ave María, gratia plena, Dominus tecum, benedicta tu in mulieribus.

Los santos, a su vez, se juntan con los ángeles, y un gozo especial se descubre en aquellos que durante su vida honraron y defendieron la Concepción Inmaculada de la Virgen María.

Además, ¡qué gozo para aquellos que acaban en este mismo instante de hacer entrada solemne en el Cielo! ¡Qué gran día para las almas del Purgatorio!

Fiesta en la Iglesia militante.

En Roma el Papa, tradicionalmente,  invoca de rodillas a María Inmaculada; los templos se llenan de fieles; los sacerdotes se revisten con ornamentos de las grandes solemnidades; se habla en las iglesias del privilegio de María. María debe sonreír con benevolencia a su Iglesia, al recibir estos modestos honores de sus hijos, y sobre ellos descienden, por su mano, las gracias de predilección.

Confusión en el Infierno.

Si el contraste de los enemigos humillados puede completar un triunfo, pensemos en la extrema confusión del mismísimo satanás y de los ángeles malos. Ellos habían perdido al mundo por el orgullo y por la sensualidad. Una humilde Virgen triunfa sobre ellos, y, tras María, innumerables hijos de Adán y Eva no cesan de triunfar. ¿Qué día tan funesto para el demonio!

Día de triste desesperación para las almas condenadas, víctimas de sus pasiones, de las que, bajo la presencia de María, tan fácilmente hubieran podido alcanzar la victoria.

En cuanto a nosotros, vayamos al combate con María; esgrimamos tras Ella las dos poderosas armas de la humildad y de la abnegación.

Aprendamos de María.

Dicen los Doctores y Padres de la Iglesia, que si se hubiese dejado a la elección de María, o ser Madre de Dios, o ser concebida sin pecado, hubiera preferido la Inmaculada Concepción a todas las otras preeminencias, y a la misma maternidad divina. Conociendo a Dios la Santísima Virgen, y amándole en aquel alto grado en que le conocía y amaba, ninguna gracia, ninguna dignidad la hubiera compensado de la desgracia de haber estado un solo momento en la enemistad de su Dios. Aprendamos de María la idea que debemos formarnos del pecado, cuánto debemos luchar contra él y aborrecerlo firmemente. Cuánto hemos de amar la santa pureza.

María en su Inmaculada Concepción estuvo llena de una santidad que jamás perdió, y que era incapaz de perderla, no por naturaleza, sino por gracia. Desde el primer instante de su vida, fue abrasada del más puro amor de Dios, inmutablemente unida a Dios, y por un particular favor exenta toda su vida de las faltas aun más leves. ¡Qué gracia, qué gloria la de María en este primer momento! No se puede decir, ni aun se puede comprender este privilegio. ¡Cual debe ser, Dios mío, nuestra admiración, nuestra ternura, nuestra veneración para con nuestra Madre!

Hoy es día de gozoso amor y de ferviente oración. Si amamos a María, su privilegio debe penetrar en nuestro corazón; la fe en este privilegio debe excitar la alegría del amor. Este privilegio ha sido reconocido a costa de trabajos y de luchas sostenidas en la Iglesia. Debe, pues, este día llenarnos de un santo gozo; la confianza debe dilatar nuestro corazón; lejos de nosotros los vanos temores, las angustias  las tristezas; excitemos en nosotros la alegría que, olvidada de sí misma, se goza espiritualmente en la dicha santa de la Madre de Dios. Digamos con frecuencia este gozo, y repitamos el cántico de María: Magnificat.

Este día debe ser un día de plegaria ardiente, confiada, frecuente, de forma tal que, por toda nuestra vida, inicie en nosotros una devoción especial a la Inmaculada Madre de Dios.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo “Mysterium Fidei” sobre la Misa tradicional.