ADELANTE LA FE

Sobre el fin del año

Señor, dame a conocer mi fin, y cuál es el número de mis días, para que conozca su brevedad. Sal. 38.5.

Has encerrado mis días, los has reducido a una medida muy corta, y  la duración de mi ser es como nada a tus ojos. Sal. 38. 6

El tiempo es para aprovecharlo en nuestra salvación

Queridos hermanos, qué importante es considerar al paso del tiempo. Qué afortunado es aquel que sabe aprovecharse del tiempo, porque sus días estarán llenos de  Dios, y no sentirá el pesar del paso del tiempo, como lo sienten los que viven aferrados al mundo y sus placeres y vanas esperanzas. Nuestros días están contados, y nuestro tiempo no se nos da sino para una sola cosa: gestionarlos para nuestra salvación. El año que termina no se nos dio sino para que trabajásemos en nuestra salvación. Gran consuelo sentirá el que supo emplear sus días, ya pasados, en este negocio de la salvación de su alma, santificando su tiempo;  pero quien no lo hizo sentirá la tristeza del tiempo pasado.

Quitémonos la venda de los ojos, el tiempo de la vida no nos lo ha dado el Señor para amontonar riquezas, y aún más, tampoco para ser “felices”, Dios tiene otros fines para cada uno de nosotros, pretende que el empleo que hagamos de un tiempo corto tenga una eternidad bienaventurada. Daremos cuenta al Señor del tiempo empleado en nuestra vida, de las horas perdidas, de las ocasiones desaprovechadas para santificarnos. Algunos escucharán el reproche del Señor y Juez:

Siervo malo y perezoso, ¿con qué sabías que yo quiero cosechar donde no sembré y recoger dónde no esparcí? (Mt. 25, 26).

Y les quitará el tiempo que desaprovecharon como siervos infieles, y escucharán: No hay más tiempo (Ap.6). Entonces, aquellos que desaprovecharon su tiempo,  serán abandonados a los rigores del  Justicia divina y precipitados  a las tinieblas exteriores: Allí habrá llanto y crujir de dientes (Lc. 13, 26). Ya no habrá tiempo para recuperar lo perdido, y lo desearán; pero será en vano hacer revivir unos de esos momento de salvación, de los cuales tan mal uso hicieron de ellos.

Tomemos en este mismo instante la firme decisión de aprovechar todo el tiempo del que dispongamos desde hoy en adelante, el resto de nuestras vidas. 

El tiempo que nos queda pasará rápido como el vivido

El fin del año nos debe recordar el fin de nuestra propia vida, cuya duración es verdaderamente corta e incierta. El tiempo que nos queda por vivir pasará tan rápidamente como el que se acaba de ir. ¿Viviremos este nuevo  de año que entra hasta verlo terminar? Todos pensamos vivir  más años, pero ninguno de nosotros estaría dispuesto a responder con sus bienes, o con su propia vida, de la vida de otro, aunque sea por unos pocos días: ¿Y si fallece? Escuchemos las palabras de San Pablo a los Efesios (5, 15-16):

Mirad, pues, con gran cautela cómo andáis; no como necios, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días con malos.

Nos previene el Apóstol a vivir no como hombres sin razón que dejan escapar las ocasiones para su salvación, sino como hombres que todo lo sacrifican para sacar provecho del tiempo, cuyo precioso valor conocen. Si perseveramos en el bien y aprovechando santamente nuestro tiempo, cosecharemos los frutos; es lo que les dice San Pablo a los Gálatas (6, 9-10):

Porque a su tiempo cosecharemos si no desmayamos. Por tanto, según tengamos oportunidad, obremos lo bueno para con todos, y mayormente con los hermanos en la fe.

En la primera Carta a los Corintios (7, 29 y ss.), les recuerda que el tiempo es corto, y sólo hay una decisión que tomar, y se trata, que todos los que usan de las cosas de este mundo, vivan como si no usaran de ellas; porque el atractivo de este mundo pasa, debiendo llevar nuestros pensamientos muy por encima de esta vida, mirando los bienes eternos que serán nuestra recompensa.

Sin hablar de nuestros pecados, cuántas inutilidades y superficialidades hay en nuestra vida. Cuántas horas, y días enteros perdidos en banalidades, ociosidad, dejando de hacer lo que deberíamos haber hecho. Mantengamos una postura decididamente por aprovechar santamente nuestro tiempo, nunca más desperdiciar el tiempo, y acabemos santamente la vida que iniciamos mal.

Que nuestra vida esté llena de días empleados en nuestra salvación, que el tiempo de vida que nos queda lo empleemos en servir a Dios, adquirir las virtudes que nos faltan, y en merecer el premio que nos tiene preparado en las moradas eternas.

Como dice el sabio:

No te prives de un buen día; y del buen don no dejes perder ninguna parte

(Ecle. 14, 14).

Ave María Purísima. 

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo "Mysterium Fidei" sobre la Misa tradicional.
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