II Domingo de Pascua
“La Parábola del Buen Pastor”
Jn 10: 11-16
Jesucristo creó pastores (Iglesia docente) y ovejas (Iglesia discente) en la Iglesia fundada por Él. Esta estructura no se puede cambiar como quieren algunos debido al influjo protestante. Los pastores son también parte del rebaño pero su oficio es distinto. Un rebaño necesita de un pastor para que las ovejas no se descarríen. Cuando el pastor no ejerce sus funciones entonces se produce el caos entre las ovejas.
Del hecho de que el pastor sea bueno o malo depende que muchos se salven o se condenen.
El Señor nos habla también en esta alegoría de cuáles han de ser las cualidades del buen pastor. Estas no han de ser otras que las mismas que tiene el Buen Pastor, Jesucristo. El pastor ha de actuar, pensar y vivir como Jesucristo.
– El Buen Pastor va por delante de sus ovejas, eso quiere decir dar ejemplo. Como decía San Agustín: “Haz lo que puedas, y lo que no puedas, pídelo”. Se echa de menos cuando el pastor no va delante, incluso a veces no está ni junto a sus ovejas.
– Las ovejas conocen la voz del pastor y le siguen. La voz de Dios la escuchamos en la intimidad de la oración y también a través de las Escrituras Pero no sigue al asalariado. El mal pastor sólo busca sacar provecho de las ovejas
– El Buen Pastor llama a cada oveja por su nombre. Da la vida por ellas.
– El Buen Pastor defiende a las ovejas del lobo y no las abandona en el momento del peligro.

No confundamos la voz del Señor con la de los falsos profetas. Tengamos criterio pues podrían engañarnos.
Caso concreto de las revelaciones privadas. Las únicas revelaciones en las que es obligatorio creer son aquellas públicas que han sido aprobadas por la Iglesia. En cuanto a las revelaciones privadas, incluso aquellas que han sido aprobadas por la Iglesia, podemos creer en ellas o no. Es decir, no son obligatorias para nuestra salvación.
Hay ciertas revelaciones privadas en la que yo sí creo como Lourdes, Fátima. Y hay otras que no me gustan tanto como la “Divina Misericordia”.

Hoy día se habla mucho de la misericordia, pero contraponiéndola a la justicia divina. Eso no es posible, pues en Dios misericordia y justicia se confunden. Dios perdona a los hombres siempre que se arrepientan. Dios perdona a los homosexuales si se arrepienten; pero si no se arrepienten, no hay perdón.

La poesía es capaz de expresar mejor que la prosa cómo es la voz del Esposo…

Padre Alfonso Gálvez
Nació en 1932. Licenciado en Derecho. Se ordenó de sacerdote en Murcia en 1956. Entre otros destinos ha estado en Cuenca (Ecuador), Barquisimeto (Venezuela) y Murcia. Es Fundador de la Sociedad de Jesucristo Sacerdote, aprobada en 1980. Desde 1982 reside en El Pedregal (Mazarrón-Murcia). A lo largo de su vida ha alternado las labores pastorales con un importante trabajo redaccional. Ha publicado Comentarios al Cantar de los Cantares (dos volúmenes), La Fiesta del hombre y la Fiesta de Dios, La oración, El Amigo Inoportuno, Apuntes sobre la espiritualidad de la Sociedad de Jesucristo Sacerdote, Esperando a Don Quijote, Homilías, Siete Cartas a Siete Obispos, El Invierno Eclesial, Los Cantos Perdidos y El Misterio de la Oración. Para información adicional visite su web http://www.alfonsogalvez.com