Domingo Infraoctavo de Navidad
(Lc 2: 33-40)

El evangelio de hoy nos narra los acontecimientos que ocurrieron inmediatamente después del nacimiento de Jesús.

El profeta Simeón al ver al Niño dijo: “Este Niño ha venido para ser luz y gloria de su pueblo Israel”. Cristo es el que nos hace ver las cosas claras y como son. Aunque muchos no lo quieran reconocer, la Iglesia de hoy está ciega y se encamina al abismo y a su perdición. Sólo Cristo es luz, y sólo el que le sigue no anda en tinieblas. Elegir a Cristo supone tener los ojos abiertos y ver las cosas como son. El mundo de hoy, incluso la predicación de la Iglesia oficial, está lleno de falsedad y mentira. Cristo también dijo de sí mismo que Él era la Verdad. Él es el único que nos puede llevar hasta la verdad completa.

Cuando yo era joven, aunque no era perverso, me sentía vacío, fue cuando Cristo se tropezó conmigo cuando comencé a ver. Mi corazón encontró la felicidad y el camino.

En el cristianismo no hay grises ni término medio. “Yo he venido a este mundo para que los que no ven, vean; y para que los que creen ver, se vuelvan ciegos” (Jn 9). Jesús es pastor bueno, pero también juez justo.

Muchas veces he pensado en el episodio del ciego de Jericó: ¿Qué quieres que haga contigo? Maestro, que vea. Esta frase también se la tendríamos que decir nosotros al Señor. “Señor, cógeme de la mano y condúceme por el camino”. También es curiosa la curación del ciego de Betsaida. Cuando Jesús lo aparta de la muchedumbre para poder hablar con él a solas. Jesús fue curándolo poco a poco; que es lo que normalmente ocurre con cada uno de nosotros si nos dejamos llevar de la mano.

Maravillosa poesía de Tolkien. ¡Oh la grandeza de la existencia cristiana y la maravillosa aventura que nos propone el Señor!

Y vosotros sois también la sal de la tierra y la luz del mundo.

Este Niño, dice Simeón también, será signo de contradicción para caída de muchos y salvación de muchos otros.

Y sigue Simeón, hablando ahora a María: “Una espada de dolor atravesará tu corazón”. María es modelo, especialmente para la mujer (aunque también para el varón). Modelo de humildad y de sufrimiento; de humildad, pues pasó toda su vida como desconocida. Y de sufrimiento, porque tuvo que sufrir de modo indecible, especialmente al pie de la cruz de su Hijo. La mujer está revestida de un modo especial para soportar el sufrimiento mucho más que el varón. En cambio la mujer de hoy, busca más la comodidad y los placeres de la vida. María es pues ejemplo de esas virtudes para todos, especialmente para las mujeres.

Padre Alfonso Gálvez
Nació en 1932. Licenciado en Derecho. Se ordenó de sacerdote en Murcia en 1956. Entre otros destinos ha estado en Cuenca (Ecuador), Barquisimeto (Venezuela) y Murcia. Es Fundador de la Sociedad de Jesucristo Sacerdote, aprobada en 1980. Desde 1982 reside en El Pedregal (Mazarrón-Murcia). A lo largo de su vida ha alternado las labores pastorales con un importante trabajo redaccional. Ha publicado Comentarios al Cantar de los Cantares (dos volúmenes), La Fiesta del hombre y la Fiesta de Dios, La oración, El Amigo Inoportuno, Apuntes sobre la espiritualidad de la Sociedad de Jesucristo Sacerdote, Esperando a Don Quijote, Homilías, Siete Cartas a Siete Obispos, El Invierno Eclesial, Los Cantos Perdidos y El Misterio de la Oración. Para información adicional visite su web http://www.alfonsogalvez.com